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miércoles, 17 de agosto de 2011

Gallos con arroz. Figuras por la France.




Le mystique

José Tomás, Bayona (Jandilla)




 
Les artistes

Morante y Manzanares en Dax (El Pilar)






L'importance

El July, Dax (La Quinta)





Le du sort

El Cid, Dax. (Ana Romero)






Les proscritos

Sergio Aguilar y Diego Urdiales en Dax (Victorino Martín)



 



Le cyclone

Padilla, Dax. (Dolores Aguirre)






Que mal repartido está el escalafón y cuántas mentiras nos engalanan como verdades aquellos escribas chupasangres de la Fiesta. A Tomás lo encumbran a los cielos por torear de aquella manera, en Bayona, una collera de novillas de Jandilla. Con obra similar, incluso mejor, y con los Santa Coloma de Ana Romero, primos hermanos de la Quinta en borreguno comportamiento, el Cid triunfó en tono menor. Mis emociones y yo, que a veces compartimos el mismo destartalado corpachón, no entienden, o sí, la paranoia de la crítica ante EL uno y los otros. Julyan se ha empeñado en hacer rico a Álvaro Conradi en tres o cuatro años a cambio de enviarle la ganadería completa al matadero dentro de diez, como ya ha pasado en otras ocasiones con otros protagonisas. En Dax terminó de liarla, el sexto toro de la Quinta fue devuelto por falta de trapío -bendita ilegalidad, digna de los grandes tiempos en Interior, QEPD-, tras una gran bronca del público, que despidió a los toreros entre gritos de "toros, toros, toros". Al César lo que es del César, de ésto sólo ha dado fé Burladero. Los demás a callar. Lo de Manzanares y Morante es para hacerselo mirar: la explotación manufacturada de su arte no compensa el tercermundismo al que someten al toro. Una verónica por aquí, media por allá, una hiperbólica torería, exagerada hasta en tardes de bronca y fraude, siete cambios de mano requetetráidos de casa, las estocadas "esperando", que no recibiendo, como bien dice Paco Abad, el twitter, el puro, y a vivir en figura, que son dos días.

Mención aparte merecen Urdiales y Sergio Aguilar, que parecen destinados a tener que matar la descendencia del toro Ratón para que les echen cuentas. Gloria también para los Victorinos, que llevan una temporada alcista, usando jerga económica, echando buenos toros aunque sus triunfos han sido "sordos". Los grises de moda ahora son otros. 

Fuera de concurso, como siempre, Padilla, con torazos de la Doña, a su manera, antítesis de la torería, pero, al fin y al cabo, matando toros que es de lo que se trata.




sábado, 13 de agosto de 2011

Mourantada en Dax


El marrajo de la embestida escondida. Maurice Berho.



Muy mal ha empezado la Feria de Dax con el primer toro devuelto dos veces. Al de El Pilar le sustituyó uno de Moisés Fraile que también a su vez fue reemplazado por uno de Fermín Bohórquez al que Morante no le dió ni un muletazo.

Maurice Berho, en Mundotoro



Dos toros ha visto devolver Morante antes de poder iniciar su faena al primero de la tarde en Dax. El que abría plaza retornó a los corrales porque de salida se le apreciaba una lesión. El sobrero que hacía 1ª bis se rompió una pata nada más acceder al ruedo.

El tercer toro en salir a la arena, un sobrero de Fermín Bohórquez, recibió un fuerte castigo en varas, que lo dejó sin fuerzas. La faena del sevillano tuvo que ser breve y fue silenciado.


Roger Martín, en Burladero





Al final lidió un segundo sobrero de Fermín Bohórquez al que directamente no quiso ni ver, masacró en varas y abrevió de manera ostensible. Ese inicio pareció presagio de una mala tarde en el apartado ganadero y el cuarto apenas permitió al diestro sevillano desgranar detalles de su tauromaquia.


 Jean Louis Harat en Aplausos





jueves, 4 de agosto de 2011

A cada cual, lo suyo

Javier Arroyo. De Blanco y Azabache













Es bueno que el Toreo, ya sea en Cultura, Interior o Hacienda, arrastre siempre una corriente enfervorizada de pluralidad de opiniones. Que grande y profundo debe de ser esto para que no haya torero o ganadería que no tenga partidarios y detractores dispuestos a partirse la cara. Puestos a tener ministerios y regentes inútiles como tenemos ahora, podrían inventar el Ministerio de la Pasión, que iría mejor con la tauromaquia y con las gentes que a ella nos asomamos.

Digo esto por la facilidad con la que nuestra afición, desmedida hacía algunos personajes muchas veces, nubla nuestra razón. La mía, la primera, la más ciega. Consabida es la rivalidad entre Ponce y José Tomás, representantes de dos maneras antagónicas de entender el toreo y manejar el taurineo. Los poncistas, por norma, echan pestes sobre el de Galapagar. Al revés, tres cuartas de lo mismo. También existe un limbo, dónde me hallo, y que ven a estas dos figuras con una mirada de realidad que las sitúa entre las mejores coletas de finales del siglo XX y principio del XXI. Pero que, por mucho que algunos inflen su toreo, no se acercan a las glorias taúricas que siguen toreando -y muriendo- cada vez que echas una ojeada al Cossío.  En pureza, a José Tomás se le han visto tardes con las que jamás habrá podido ni soñar el valenciano. Pero es justo reconocer que Ponce se ha puesto, y ha triunfado, con verdad y oficio, ante galafates que serían la pesadilla de Tomás. Por mucho que las modas y los años vayan creando movimientos antinosequién y pronosecuántos, como en el que estamos ahora, en el que lo sano es atizar a Ponce sistemáticamente y elogiar a José Tomás, el toro, que es el que manda, y el partidario y detractor número uno de cada torero, pone a cada uno en su sitio. Ni José Tomás es Dios, ni Ponce es la serpiente del Paraíso. Ni el primero es tan grande, ni el segundo tan pequeño.

Y para muestra, un botón. Mientras ayer en Huelva, se corrían toros que en otros tiempos se hubieran anunciado en el cartel de una novillada como desecho de tienta, hace unos días, en Mont de Marsan, se repetía una historia mil veces escrita: la de Enrique Ponce con un manso. O con un Samuel, que esa también es otra. Quiero ver a más figuras con los samueles, estén podridos o no, como dicen algunos de los que para adorar a su diós, castigan por actuar como obliga su instinto, a su serpiente del Paraíso. Quiero a July pasando el mal trago de ver, en una cabeza, todos los pitones juntos que vió en el mes de junio. Quiero a Morante escacharrando relojes entre esa cuna. Quiero a Manzanares, con su temple y su trampa, delante del que podría ser el padre del novillote que indultó en Sevilla. Y cómo no, quiero a Tomás, permaneciendo pétreo ante las embestidas descompuestas y encastadas de un bicho menos comercial.


No me puede venir después de escribir esto a la mente otro que no sea el Cid. Un tío que toreó en pureza -lo que decíamos tiene Tomás-, una amplia gama de encastados y pavorosos garlopos -que es la parte fuerte de Ponce- y que, "a pesar" de esas virtudes que son tesoro, va a acabar siendo un torero para malditos.

Quizás sea porque la tauromaquia esté maldita.





Video de Ponce en Mont de Marsan:



Enrique  Ponce a Mont de Marsan por jeanmi_64

miércoles, 3 de agosto de 2011

José Tomás, en Huelva, online en Hispanidad Radio




A través de la emisora local Hispanidad Radio, se podrán escuchar online todas las fiestas Colombinas, que tienen como punto álgido el festejo de esta tarde, en la que José Tomás acompañado del onubense Emilio Silvera y Daniel Luque, dará muerte al ganado charro del Pilar. La homilía tomatera dará lugar a las ocho de la tarde.


Para escuchar el festejo online, click AQUÍ

sábado, 30 de julio de 2011

domingo, 24 de julio de 2011

Se les jodió la Fiesta

Alberto de Jesús

















Escrito por "el Tío Escarchas"


Escríbelo, o titúlalo, así mismo, compadre. Pon bien grande, y en negrita, que me alegro, y no es que sea mala gente, que tu ya me conoces. Pero lo de hoy -por ayer- ha sido de traca, amigo, y sabes que mi menda, como la tuya, tampoco se pirra por el José Tomás. Pero no se me caen los huevos al suelo si te digo que el tío ha estao bien de verdad, a secas, sin fingimientos, y poca gente se ha enterao. Vale que el ambiente era festivo, más que eso, viendo la clase de peña que pululababa en derredor de la plaza, como yonkis que zanganean en la puerta del chabolo dónde venden la pringá, aquello parecía que iba a ser un Sodoma y Gomorra orejero.

Mis ojitos vieron a fulanos que los únicos cuernos que han visto en su vida han sido en los putiferios de Telecinco, una muchacha había, muy afisionada ella, que iba de entendida, y que decía que los toros del Pilar eran de Zaragoza, seguro que la corrochana le reza a la Pilarica del campo charro... El charlatán del Calamaro, que va de filósofo taurino, cuando no deja de ser un trepa más de los que gustan que les llenen la panza en fincas y que los toreros les brinden faenas en Villaconejos, también andaba por aquí, el pobre, haciendose fotos en plan rockero de la puebla. También he visto la élite del snobismo, repeinados culturetas cuyos kilométricos apellidos no caben en los folios de las íelepes ésas. Y que cada día tengo más claro que es la gente más cruel, ignorante y sádica que existe. Firman para que el toreo sea cultura y toda esa parafernalia, y después pagan miles de euros con el único interés y morbo de ver como un animal le saca y le pisotea por la arena, las tripas a un tío. ¿O alguien ha visto a alguno de estos malnacidos pagar siquiera, doce euros -tres paquetes de Winston- de una andanada para ver a Pauloba, Curro Díaz o Luis Vilches? Extranjeros había más que en el festival de Eurovisión, unos venidos desde Londres, un montón de gabachos dejaron las cuestas del Tour para venirse a la huerta valenciana, y los hermanos mexicanos eran legión. Un cachondo bigotudo, emponzoñado en que el monstruo es ya medio manito -será de Hualapagar, digo yo-, porque lleva sangre autleca e hidrocálida, me dió la tarde, con el aliento macho, corrosivo por el tequila y los jalapeños, qué manera de destrozarme los tímpanos, compadre.

Pero como también en Sodoma los hubo justos, he tenido la suerte de ver amigos de otros lugares de la chocha España, aficionados cabales que poco tienen que ver con el colorido zoológico de personalidades que antes te he dicho, y a los que se les adivinaba la ilusión, el miedo y la esperanza. Ilusión por poder firmar como testigos en juicio de tanta expectación; miedo al fracaso, que nos hubiera enterrado a todos, no sólo a Tomás; y esperanza por el toreo, que coge una bocanada de aire serrano y aunque sigue con la bombona, ya por lo menos carraspea, aunque el optimismo del gargajo nos queda lejos.

Lo que pasó en la plaza fue normal, auténtico, aunque claro, ahora que lo pienso, en estos tiempos de corridas de bacalaos, lo auténtico no es lo normal. En fin, que José Tomás, se puso en el sitio y toreó con vocación de héore que no de artista, y ahí es dónde surgió el problema. Estoy hablando del primer toro, bueno, torito, quede claro, en el que no hubo pintamonas, ni toreo de cara a la galería. Quitando mi amigo el mexicano, todos los demás que tenía a mi lado se miraban con cara de besugos. Tenían los probes su pañolico preparado, con el eslógan orejista, que ya podían haberlo cambiado por una frase de Corrochano, y así de camino aprenden algo, pero no, compadre, los gachós se quedaron rayados, de piedra, porque vinieron a ver volar un tio por los aires, a rendir culto a la sangre, si es la del hombre, mejor, que la de la bestia da "como cosa" verla, animalitos míos. "Sólo" pudieron ver a un torero desafiar los límites de la prudencia, quedarse quieto, vencer al viento y supongo, rezar, sí se es ateo, como es el caso, por lo menos se busca el amparo del dios del temple, que la verdad, no lo escuchó. Sí que hubo tropezones, enganchones, pero venimos a ver a Tomás, que carajo, el que quiera ver dar pases a cámara lenta, que eche mano de los del Plus o se haga partidario del Manzana, a ver lo qué emociona más. Tuvo gran mérito, porque el pilarico, que diría la buenorra, fue rabiosillo, encastado como dicen por ahí, no, ni de coña, y lo fue más por su condición de "crudo" en el caballo que de otra cosa. Cabeceaba, se metía y el de Galapagar lo sometió y le pudo, que digo yo que eso es torear, y todavía no entiendo como la basca no se dió cuenta realmente de lo que allí sucedía. Venían a la Fiesta y les dieron toreo. Faena para aficionados, que dirían los clásicos. Pero, amigo, ayer no eramos mayoría.

Con el quinto, más toro, se volvió a repetir la escena de los primeros tercios, quites de infarto, sin musas ni recochinadas de ésas, con muchos aayyss ahogados en saliva amarga, y dos gallos de pelea en competencia, gracias a Saldívar, que no se achantó, y que menudo torero va camino de ser. A este, al novillote adelantao, me refiero, tampoco se le picó, lo que multiplicó sus complicaciones, que hasta esa hora venían a ser la mansedumbre y la embestida recostada, siempre por los terrenos del hombre. Clínicamente, el inicio de faena fue un disparate, una cosa de locos, benditos sean, eso de empezar con estatuarios a un toro con semejantes problemas, pero volvemos a lo de antes, y el que no quiera, que no lo vea, ayer toreaba José Tomás, el que desee buena lidia, que se vaya a ver a... a... a.., bueno, que ponga vídeos de Esplá. Se llevó el porrazo, que estaba cantado, y la peña entró en ebullición, el espiritu de los miles de fanáticos que llevaban dentro los poseyó, muchos tenían lo que venían a ver, en el esportón ya se llevaban el argumento que todo pijo clavelero quiere cuando está el pétreo de por medio: una tragedia para contar. El caso es que se rehizo, como es natural en él, y volvió a la cara del Fraile. La faena hirvió, si te digo la verdad, no recuerdo ya ningun muletazo, sólo sé que estaba resollando en el tendido, y que el mexicano era un inocente niño de San Ildefonso a mi lado. La madre que me parió, que manera de perder los papeles.  Aquello fue el acábose, digno de estudio, la capacidad de persuasión que tiene ese tío en la plaza. Luego llegó el tema de las orejas, que es curioso, se traen aprendido desde casa una especie de consigna que viene a decir algo así como "las orejas son despojos, no importan", y cuando no dan una, a la mierda el lema. Se montó la gorda, los abajofirmantes, los bienpensantes de la cultura, al a limón, se ciscaban en los muertos del usía y se acordaban de su santa madre, lo que le habrán pitado los oídos a esa pobre señora.

Compadre, que salí contento como unas castañuelas de la plaza, porque ví el toreo después de mucho tiempo, me he dado cuenta de que sigue existiendo, de que como en Sierra Morena, todavía queda un lince tirado al monte dispuesto a salvar la especie y que aún hay algo de esperanza. Lo negativo que me traigo de vuelta para Sevilla es lo que envuelve a la tauromaquia, una especie de verbena con criaturas emperifolladas que no saben a lo que van. Por eso mi alegría es doble, porque a muchos los doscientos, trescientos o cuatrocientos napos se les han atragantado. Iban de fiesta y algarabía y han visto torear simple y llanamente. Lo que para mi, y muchos es una fortuna, para ellos es una ruina. La próxima vez, que recapaciten en lo que van a ver y, si no, que dejen el asiento al aficionado. Muchos de los cuales, valencianos, se quedaron sin poder ir a los toros en su feria...

jueves, 21 de julio de 2011

Sobre la corrida del Pilar para José Tomás





Escribe Carlos Ilián en Marca:



...Definitivamente el cartel queda compuesto por los toros de El Pilar para Víctor Puerto, José Tomás y Arturo Saldívar. A propósito, la corrida de El Pilar es un corridón según quienes la han visto en el campo. Una corrida como para Madrid o Bilbao. Y es que el propio José Tomás ha querido que en una tarde tan esperada el primer compromiso sea el de matar una corrida muy seria.

Algunos estaban con la escopeta para disparar contra el torero en cuento los toros no cumplieran con la seriedad requerida. Será interesante el contraste con la que la tarde anterior matarán los tres rivales directos de José Tomás, es decir, Enrique Ponce, El Juli y Manzanares, que lidiarán una corrida de Garcigrande. Ya se sabe cómo son los productos de esta torifactoria. A ver que sale aquí en Valencia.

 Leer artículo completo AQUÍ

jueves, 14 de julio de 2011

El pilar de la lidia

Carioca en las Ventas. Rosa Jiménez Cano






















Que ayer se lidiaron seis toros del Pilar, procedencia Raboso, es un tópico taurino que, como casi todos, pertenece a una realidad paralela que sólo existe en los libros antiguos. De lidia, nada de nada. En la época del "hoy se torea mejor que nunca", también se lidia peor que nunca. Una fórmula que deja cojo el auténtico leit motiv de la tauromaquia: dominar, vencer y preparar para la muerte a un Toro. Y así es imposible que los pilares, muy medianos en comportamiento, fueran a más. Resulta que vemos cada tarde zapatillas con tacos; banderillas a las que se le parte el palillo; petos de materiales compuestos en laboratorio; puyas con formas cuasi aerodinámicas; rocines cruzados de razas que ni Noé sabía que existían, que encima drogan; telas de todos pesos, rellenos y medidas; estoques de mentira; espadas con empuñaduras esponjadas, con o sin gavilanes: descabellos cortos, otros más largos, con más cruceta, con menos; y sobre todo, el Toro más pesado, parado y noble que hubo nunca. Pues con todas estas ventajas, en el momento en el que el morito dice de moverse con mala clase, el ruedo se transforma en una anarquía absoluta. La corrida se ha picado mal, con una alevosía impropia de personas que se supone aman al animal. El quinto, corrido de turno, que era el segundo del lote del Cid, se desangró en varas, el sexto también recibió lo suyo, y el resto de hermanos han sido tratados practicamente de la misma manera, pero sin tanta crueldad. No se explica de otra forma que no sea desde la óptica de la ignorancia, el desinterés o la maldad del profesional, esa manera de barrenar y de tapar la salida por decreto a los toros, que no pueden escapar de la trampa. Y no pedimos jinetes como Don Álvaro Domecq, sino personas con la capacidad motora suficiente en el brazo, como para tirar unos centímetros de una cuerdecita y hacer que un caballo se gire los grados suficientes como para que se le abra una puerta de salida al bicho. Lo fácil hoy es atizarle estopa al ganadero, por que su ganado, bien presentado y serio, no valió para el triunfo. Aún siendo cierto que los aldeanuevas estaban limitados de casta y poder, a excepción del quinto, con otro trato, el asunto hubiera distado bastante del resultado final.


El Cid y su cuadrilla, por mal que pese, no estuvo a la altura, ni del primero, un manso que sólo era eso, manso, y con el que estuvo aperreado; ni del quinto, que como hemos comentado antes llegó al tercio de muerte ya en la UVI.

Los mejores momentos de la tarde han correspondio al Fandi, ante el segundo, un animal con más genio que casta, y cuyas embestidas no eran lo bonacibles a lo que estamos acostumbrados. Le hizo una faena con oficio, sin florituras, sometiendo e imponiéndose un animal al que bajó los humos y mató de buena estocada. Faena para aficionados. El otro, el del morbo, el atleta de la mañana, era encastado a gasolina y no a diésel, con lo cual se dejó todo el reprís en el encierro y en la plaza ha dado un juego mediocre.

Y Luque ha trajinado con dos caramelos, sobre todo su primero, con los que no ha sabido templarse ni construirles faenas. Queda la sensación de que la única manera de ver al sevillano bien es con un toro con más viveza y menos dulzura, que le permita llegar a los tendidos por la vía del ojedismo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Esaú

Arjona


 No ha habido tiempo para juntar demasiadas letras, anoche tocaba fútbol -la mala sangre, el teatro, once pares de tíos con más gomina que Villasuso (hasta que al de siempre le expulsan medio par)-. La "novillada" del Pilar me pareció muy bien presentada, digna para Sevilla, con los tres últimos animales que parecían "toros". Vaya guasa. Un desatino de la empresa y de sus veedores, que no extraña estando la figura del Curro Vázquez apoderado de por medio. Y un palo, y gordo, la actitud de Moisés Fraile, mandando una corrida para plaza de segunda a una feria que lo ha encumbrado como uno de los ganaderos del momento. Es difícil, muy difícil de comprender que no tenga toros con más cuajo el año en el que no va a Madrid. ¿Entendemos que esta es la cabeza de camada del Pilar? A todo esto salió un quinto, encastadito, que no llegaba ni a Barrabás ni al toro Bravío, y que tuvo algo de interés. Pero nada, el que podía optar a ser mejor encierro del ciclo, ha sido el primer fraude gordo del mismo. Con unos cuántos pitones que merecerían ser analizados.


Tomó la alternativa Esaú Fernández, que el hombre habrá respirado, ya en el escalafón de los mayores no tendrá que ponerse delante de los novillos de las Ventas, que son muchos más que el "toro" de su Doctorado. Puede ser "gente" en esto, lo que no lleva implícito que tenga que ser buen torero. Le mojó la oreja a Morante y el Cid en ganas, sangre e ilusión, que tampoco es trabajo demasiado complicado. Pero mucho destoreo, pocas apreturas y cero colocación. Dos orejas, una + una, con estocadas a capón y faenas trabajadas pero vulgares. Es lo que hay.


Morante abúlico, resignado, desganado, como casi siempre. Esta tarde no nos ha dejado ni una bronca, que qué menos. Aunque tampoco haya sido nunca Mariano Haro, vuelve a estar fuera de forma, sin condiciones, y me temo que nos vamos a tener que resignar con verlo delante de toros que le permitan estar. Para empezar, está totalmente fuera de Pamplona, otra vez. No entra en sus planes, y no se ha llegado a hablar de cuernos ni de euros. Manzanares, otro que ha dicho nones a San Fermín. Que cada hijo de vecino vaya tomando nota y sepa de que material están hechos sus ídolos. 


Manuel Jesús Román ha señalado un puyazo la mar de bueno, haciendo la suerte bien, moviendo con donaire el caballo y tirando la vara con soltura, demostrando que picar como se debe es mucho más fácil de como nos lo quieren pintar. Su matador, en cambio, ha vuelto a dejar dudas, o mejor dicho, las ha resuelto. No está. Con el quinto, mal, sin paliativos.

martes, 3 de mayo de 2011

El cartel de esta tarde















Llegan a Sevilla los toros del Pilar, triunfadores recientes en esta plaza. Posiblemente hablamos de la vacada charra en mejor momento. De las ganaderías comerciales, junto a la de Fuenteymbro, es la que más se acerca al prototipo de bravura y seriedad que exige el aficionado. No hay que decir que en muchas ocasiones ha sido repudiada por las figuras. Éste no es el caso, aunque desde los mentideros sevillanos, ya nos han pegado el toque: la corrida viene en escalera, muy dispareja, con ejemplares poco rematados. Veremos.


Son muchos los aficionados que esperan que sea el día de Morante de la Puebla. Hartos de verle siempre con el mismo ganado inválido y descastado, aburridos de tanta falacia sobre la mala suerte en los sorteos, que ya cansa, hoy le puede salir el lote que rescate la verdadera dimensión de su toreo.
 

A el Cid, como el Madrid a la noche, le toca remontar. Se le fue un victorino con el que debió haber estado de otra forma y aún hay aficionados que le siguen esperando. Atentos a las lidias de la cuadrilla, para tomar nota por muchos de sus compañeros.


Esaú Fernández tomará la alternativa con el cartel soñado por cualquier novillero. Que no deja también de ser una enorme responsabilidad. Con buena crítica en Francia, tenemos que decir que hace unas fechas en Madrid, y con novillos que no tienen mucho que envidiar al indultado de Sevilla, dejó muchas dudas. Que tenga suerte.

martes, 21 de diciembre de 2010

La culpa, de la yerba



Por las rutas del toro. Arse y Azpi


Empezábamos el curso taurino, allá por febrerillo el loco, con los Choperitas en los carabancheles, en esa Feria de Invierno que parecía el Botellón de la Primavera, con unos toritos de Algarra, Garcigrande y Zalduendo despanzurrándose por los suelos, y con las que serían señas de identidad de la temporada: corrida tan chotuna como gloriosa de Cuvillo, Morante "desgraciaíto" en el sorteo, pero triunfando con el sota, caballo y rey del toreo morantiano: el medio pase, el trincherazo y el molinete. También a El Juli los alguacilillos le injertaron tres orejas en las palmas de las manos, injertos que no se podó en toda la temporada. De cómo toreó, ni me acuerdo. Aquí, tan temprano, ya se escucharon las primeras voces de la temporada, cargantes en asilvestrada sabiduría: `la culpa es de la yerba´.

Marzo, Simón Casas se estrenaba en las Fallas, y para ganarse el levante español, como si fuera Napoleón, no dudó en usar la pólvora y mimetizar la feria taurina con el ambiente festivo de la calle: fue un petardo.

Abril y Sevilla, sin José Tomás ni Cuvillo, aliados en los frentes de Olivenza, Granada, Linares o Castellón, sucumben ante el poderío industrial y el toreo mecanografiado del Juli. Los jandillas, fuenteymbros, gaviros o ventorrillos campan a sus anchas, con la lasciva inmunidad que otorga el silencio de la Maestranza. Para los palhas, victorinos o miuras ese silencio es otro ruidoso cantar. El gitanito Oliva Soto se cobra viejas deudas de sangre y triunfa con los condesos.     

Mayo, San Isidro, Madrid, Las Ventas, la finca de los Choperitas. La nada más absoluta. Líos en corrales. Romanas trucadas. Baile de veterinarios. Treinta tardes de toros, treinta cátedras de destoreo. Un grupo de controladores le montan una huelga al Cid. Privilegios de consentidos burgueses. La Corrida de la Prensa, pues eso mismo, una corrida como le gusta a los que la escriben y la cantan. Sálvesen de la deshonra las coletillas de Rafaelillo, Curro Díaz, Robleño, Macías o Abellán. Hierros como Cuadri, Dolores Aguirre, Moreno Silva, los Bayones o el Cortijillo bien que merecieron la pena. Gloria a las cuadrillas. El toreo se engalanó de plata.

7 de Julio, San Fermin, Iruña, el toro -y el vaso- grande. Tanta jarana no hay hígado que la aguante. La Feria del Toro-Toro se convierte en la del Modesto-Modesto. Manzanares, Morante, Ponce, Cayetano, todos fuera, por motivos de planificación, cuando es sabido que la vergüenza no entiende de planes ni de agendas. Sí acude el Juli, con su media naranja, los jandillas, que, ¡lo que es la vida!, son los toros con menos trapío y fuerzas del ciclo pamplonika. A su manera, pero estuvo, como en todas las ferias de la temporada.

Agosto, las Corridas Generales de Bilbao. Arenas cenicientas; aficionados con conocimientos. La Aste Nagusia sigue siendo un oasis, aunque cada vez más pírrico, dentro del desierto de toro en que se ha convertido la vieja Iberia. Vimos una corrida de Alcurrucén como pocas; saltaron al ruedo seis de la A coronada que fueron media docena de obras de ingeniería copyright de la madre naturaleza -en estrecha colaboración con otro ingeniero con gorrilla, el cateto de Galapagar-; Joselito lidió como ganadero una corrida no sabríamos decir si afeitada, manipulada o enfundada, el caso es que parecían murubes para rejoneo; unos cuantos zalduendos recorrieron España de sur a norte para vergüenza de la tauromaquia -hasta la de los modernos, que ya sería grave el asunto-; los escolares nos dejaron, como los malos amantes, los que van por el mundo con la bragueta abierta y sin viagra, a medias, bastante chafados. Sí que hubo tres tíos que honraron el oficio: Rafaelillo, Diego Urdiales y Sergio Aguilar. Mención especial a el Cid, que con una corrida de toros pavorosa estuvo más que digno; a los que le achacan que no cargó la suerte hay que decirles que tampoco descargó la vergüenza. Tenía que estar con los grises y ahí estuvo, sin excusas.  


Llegábamos a octubre con la lengua fuera, sin aire en los pulmones, exhaustos como el Cachorro sevillano, flagelados por esta gazapona afición que por mucho que uno quiera cuadrar para entrarla a matar, siempre te persigue, siempre te tapa su muerte, hasta que te dan los tres avisos y el que termina en los corrales apuntillado eres tú. O lo que es peor, en el tendido el año próximo. Decíamos, octubre, La Pilarica, Coso de Pignatelli, también regentado por los Choperita, como en Vistalegre, ocho meses después de aquella Feria de Invierno, y casi llegando al invierno siguiente, saltan en Zaragoza, moruchos de Montalvo, Juan Manuel Criado o Valdefresno, que se caen como moscas, igual que sus parientes de sangre chochona, aquellos que se lidiaron en la carnavalada de febrero. Los antiguos Pablo Romero, guapos como ellos solos, nos enamoran con su galantería, pero su nómina de bravura no nos convence como para llevarnos al altar. Los cuvillos, en plan gira de los Rolling Stones, cosechan un nuevo triunfo gracias al playback que sus toretes hacen de la bravura. ¿El Juli? Bien, gracias.


Nueve meses, un parto, de toros mendigando la muerte por las plazas de España, con sobreros viajando más que el baúl de la Piquer; zalduendos  pasando más reconomientos que los quintos en la mili; y la proliferación del descaste y la blandura de sesos hasta en las ramas más selectas del torismo. Mil y pico, o dos mil -¡qué se yo!- festejos en los que se ha venido repitiendo lo mismo: ausencia de las dos terceras partes de la lidia; el uso del duende y el salero como merchandising de venta en gasolineras; el sacrificio de la exigencia en pos del arte quincallero; y el definitivo advenimiento al mundo de los vivos de la oreja como verdadero eje de la Fiesta. `Nada tiene importancia si no hay oreja´. 

Y el año acaba con algunos mensajes, si no apocalípticos, sí reveladores, que nos dibujan un futuro encorsetado en un terno de tinieblas y oro. Indultan ilegalmente dos novillos en un par de festivales, uno es de Garcigrande, el otro de Fuenteymbro -encaste vitivinícola-. En eso que van al matadero los patasblancas de Sánchez Cobaleda y los santacolomas de Trifino Vegas. Dos por dos. El Fandi y Enrique Ponce lidiaron dos toros afeitados -no lo digo yo, lo dice la Ley- de Torrestrella y Victoriano del Rio -del encaste de siempre-. El Califa y José Ignacio Ramos, expertos en las duras, con los encastes de casi nunca, se retiran. O medio los echan. Otro cuatro. Mientras tanto, en Dólar, Granada, se da uno de esos festivales de aúpa, con bichos con mala baba, de esos que son los patitos feos de cada casa. Y a eso que va un novillo y manda a tres tíos al hospital. Uno de ellos, el Ruso, banderillero que se sabe de memoria el número de azulejos que hay en las paredes de la enfermería de las Ventas, es sacado a gañafones, trallazos de metralla brava, de un burladero sin poder hacer nada. Le revientan el muslo. Será por aquello del equilibrio del Universo,  que se da la circunstancia de que unos cuantos miles de kilómetros más allá, diez o doce, en las tierras en dónde se produce la contradicción en la cual no existe el toro pero sigue habiendo corridas, se ha armado la de Dios es Cristo, con motivo del enésimo robo a un figurón de la torerimaquia. A tal punto de obsesión ha llegado el afán resultadista de muchos, que ya no se sabe si se pelean por orejas, rabos, escapularios de oro o bacinillas de hojalata. (Más) Malos síntomas, para acabar el año. El nuevo no tiene pinta de empezar mejor.




Conforme voy terminando de escribir este real y descorazonador -aunque algunos nieguen la mayor- memorándum del dos mil diez taurino, y sin olvidarme -colocando aparte, en el tarro donde van las esencias- de la genuina tarde de Juan Mora, ni del gran número de toreros que rozaron la muerte, con Tomás a la cabeza -tampoco me olvido de Adrián, que se nos fue- a servidor no le queda otra que darle la razón a los que echaban pestes en contra de la hierba. 


La culpa es de la yerba. Y del camello que trapichea en los tendidos con las pipas y las pepsicolas. Por no traficar con ella. Porque la única manera de entender y poder consumir lo que acontece en el ruedo es ésa: fumar un poco de ella.

 

domingo, 17 de octubre de 2010

Guapos por fuera, feos por dentro





Ver salir a Nerviosillo, guapo como él solo, cornipaso, con las puntas brujuleando en busca del sol de la dehesa,  bajo, bien proporcionado como el Hombre del Vitrubio, rematando en tablas, buscando con ímpetu a los valientes que lo llaman desde detrás del burladero, haciendo tomar tres veces el olivo a Padilla en banderillas, bien vale el precio de una entrada. Estampas y comportamientos de otros tiempos.  




Hasta ahí, una señora corrida de toros de los viejos Pabloromeros, es decir, que sólo son rescatables dos tercios del primer toro. Todo lo demás es descaste, genio, fuerzas bajo mínimos y dificultades insalvables para el torero. 


Hay que salvar de la quema, el tercio de varas al sexto, más por vivo y dicharachero que por intenso. A límites tan paupérrimos en el nivel de la lidia hemos llegado que cuando vemos a un toro bien colocado arrancar con trote cochinero hacia el caballo  se nos antoja que nos acaban de desvelar el tercer secreto del milagro de Fátima. Bien por Alberto Álvarez. La intención es lo que cuenta.




De lo demás, como para que te devuelvan las pelas de la entrada en la taquilla. Disposición de Fandiño, que nunca dió un paso atrás con un lote que no sumó ni una embestida por derecho. El local Álvarez, buena gente por lo que se ve, cortó una oreja que no le debe nublar la vista. El que es valiente para ponerse delante de uno de estos toros también lo es para afrontar nuevos retos profesionales. Haría bien en replantearse el futuro. Y de Padilla sólo podemos decir que no llegó ni a estar `en Padilla´.

sábado, 16 de octubre de 2010

Alcurrucenes con guarnición





A los toros de Alcurrucén hay que esperarlos hasta banderillas. 

Manué, esto es encaste Nuñez y hasta que no llegue a la muleta no se define. 

Cuando se quede sólo con el torero se viene arriba. 

Esto es así, van de menos a más, porque esta ganadería tiene fondo importante de casta. 

*Sacado del libro de estilo del Plús. 
Capítulo III: Cómo vender mulos como toros encastados.




Y son las once y pico de la noche, y todavía estamos esperando a conocer que es lo que se tiene que venir arriba, que es eso que se tiene que desarrollar de menos a más o a que nos presenten al zahorí que demuestre la importancia de los fondos cásticos del Nuñez vía Alcurrucén. Si a las doce, hora de culturilandia, seguimos igual, va a ser cuestión de pegarle un toque -ahora que tenemos confianza- a la otra ministra, Trini, la de Sanidad, para que ponga Zaragoza bajo Alerta Sanitaria. 

No vaya a ser, que con esto de ser encaste Nuñez, y que al descastamiento haya que llamarlo con muchos nombres diferentes menos con el suyo, nos encontremos con una ciudad en fiestas sitiada por la casta. El caso es que nos vamos a la cama sin saber cuándo va a empezar a embestir el primer lozano. Las cosas de los encastes. Y tampoco va a estar la Pilarica siempre al quite, que bastante tuvo con los franceses.

Me duele imaginarme a ese taurino -traje Massimo Dutti, Rolex archirreparado por los efectos de las leyes morantistas de la física temporal, zapato italiano de Prada- comiendo en el Asador La Tertulia, cerquita de la plaza, y que justo cuando vaya a hincarle el cuchillo y tenedor al estofado de Alcurrucén, el filete le pegue un gañafón. Resultado artístico:  a la mierda el Massimo Dutti. Si las comidas fueran televisadas ahí estaría el emiliomuñoz de turno para explicar el alboroto. `Ya te lo he dicho, Manué, que estos tienen fondo de casta importante y cuando ha ido a entrar a matar le ha tapao la salida. La castita, las cositas de la castita´.

Unos metros más allá, seguiría el sitiamiento de las fuerzas encastadas del batallón de los Lozano a la guapa Zaragoza, en el Restaurante Campo de Toro. Allí, el herido sería un exiliado catalán, que habría venido con intenciones de ver al Sera. Rabo de Alcurrucén con guarnición. Se santigua, prepara los aceros, monda, trocea, pincha, y cuando va a la boca... ¡zas! un reguero de salsa que va desde el plato hasta la barbilla del exiliado riega el mantel de colorao. Silencio en la plaza. Ahí es cuando aparecería el manolicaballero de turno para sentar cátedra. `¡Aaaaaaayyy! Lo estamos avisando to la tarde Manué. Que yo con estos toros paso mucho miedo. Se ha pasao de faena, se ha venío arriba, se le ha puesto gazapón y le ha hecho hilo al entrar a matar. La casta, Manué.´


 En Casa Pedro, el clásico grupo de aficionados talibanes integristas, dan cuenta de Batuta, el quinto Alcurrucén. Desorejado, descastado y bobo por más señas. Los efectos no se hacen esperar. A fila de a uno, entran en en evacuatorio, cambiando los pañuelos blancos por papel higiénico. Está claro, tanta cantidad de dulce no puede ser buena. Menos para esta gente, diábeticos perdidos a fuerza de comer siempre lo mismo, cuando lo que van buscando es la sal y la pimienta. Aquí aparecería Chenel e intentaría decir algo, que no tendría que ver con nada de lo que hizo como torero, y que no entendería nadie porque está con el ronquillo. 


Valverde, se ha despedido como llegó y como estuvo: digno, cumplidor, y sin conocer la suerte.

Serafín, decidido, inteligente y templado.

Y Tendero, pegapasista, modernista y más papista que su papa (Caballero).




viernes, 15 de octubre de 2010

El toro es Cuadri


Burladero.com





Tres Cuadris para soñar el toreo, el toreo que todos soñamos, han saltado al ruedo maño, para darle por primera vez en la Feria, la categoría que se merece, la de cartel de Primera. Corrida variada de comportamientos, difícil en banderillas -Fandi ¿dónde estás?-, correosa para la lidia, interesante para el aficionado y muy desagradecida para los toreros. O sea, que ésta es una ganadería que no debe de ser culta, ni Don Fernando Cuadri artista. 


Rafaelillo, por debajo del primero, noble pero no bobo, con muchas teclas que tocar, exigiendo torero con conocimientos y hombre con ínfulas. De lo segundo sí encontró, como siempre, de lo primero, sólo a ratos. No encontró, o sí, pero no pudo dársela, la media distancia, obligatoria con este toro, que cuando venía de lejos venía con prontitud, hondura y, en ocasiones, por el pitón izquierdo, hocicando. Un cheque al blanco para el portador, a cobrar desde principios de la siguiente temporada. Pero Rafaelillo, al que tanto admiramos, no estuvo a la altura con la pañosa, ni con el estoque, que llegó a usar de manera casi testimonial, pues lo despenó como un vulgar carnicero, con el descabello, cuando lo cabal hubiera sido entrar otra vez y mandarlo a tomar taurina sepultura por arriba, como se merecía Berreón. 

Con el cuarto, complicado e incierto en la muleta, descastado con su punta de guasa, demostró el oficio que se le supone, imponiéndose por los dos pitones, cruzándose para rebañar  muletazos de uno en uno, ganándole la partida al burí, que terminó echándose en el prólogo final de la faena. Muy digno.


Javier Castaño se ha tenido que llevar la sorpresa de su vida al `cuajar´-verbo taurino que nunca entenderé- a un Cuadri noble y al límite de fuerzas, como si de cualquier toro comercial se tratase, sin obviar la percha del galafate, serio como Fraga Iribarne, pero sin pitón derecho, que se partió rematando en un burladero. Pulseó, templó, y se empalagó de torear `a gusto´, con cadencia y ritmo, pero con pico y pala -a la pala del pitón, se entiende-. Pues de esto, varias tandas, y de lo otro, de lo barato y popular, otro rato delante de la cara del toro, y digo rato porque no sé cómo medir ni contar los trapazos ni los péndulos en tandas. Eso se los dejo a los de Cultura. Manchó el final de la faena dejándose llegar a la taleguilla el medio pitón escaso y ensangrentado del súbdito de Comeuñas. Pinchó y perdió oreja segura. Éste sería un buen toro para otra ganadería, pero para los que vamos a la plaza con Clavelino o Aragonés en la cabeza nos deja un poco fríos. Se parte un pitón con facilidad, flojo de remos, noble tirando a bobo, diez minutos de faena. Algo no cuadri, o algo no cuadra.


El sexto, un caín, que mató a Abel, y que quiso, por sus intenciones hacer lo mismo con Castaño y la cuadrilla, que las pasó canutas en el tercio de banderillas. El salmantino se puso, lo intentó, enseñó el peligro del toro y lo mató como pudo. Decoroso. Por poner un pero, debió machetearlo, poderle por bajo, ganarle la partida claramente, y no dejar la cosa en un `esperate ahí quieto que voy a por la espada y ahora acabamos´.



Digno con el segundo, aseado con la muleta, si bien siempre fuera de cacho, López Chaves nos recordó al buen torero que fué en tiempos no tan lejanos. Nos recordó en todo, hasta en lo de la espada. 

El quinto merece un punto y aparte, un toro de público -léase con el asco y desprecio con que lo pronuncian los taurinos-. Como si el público no tuviera derecho, aunque sea de vez en cuando, a ver algo que le guste y no tener que compartirlo con los toreros. Arreó en varas, que no quiere decir que fuera bravo, se le pegó, en banderillas -para variar- se hizo el dueño y en la muleta regaló casta, genio a raudales, embestidas portentosas, pero desclasadas, como dirían algunos. Ahí había mucho que torear, muchas cosas que poco tienen que ver con el arte que nos han vendido estos días, y sí con la ciencia para dominar a una bestia, con los conocimientos que otorga el traje de luces y con la capacidad de un hombre con la piel curtida a cornadas. Como pasa en muchos de estos escasos casos, Domingo López Chaves perdió la batalla ante un enemigo con un manantial de casta. Mis respetos. Nunca podré pitar a alguién que pierde con las de la ley contra un Toro íntegro. Pero amigo, un matador de toros no puede usar los aceros diecisiete veces para despachar al rival, que la integridad no es sólo exigible a los negros, si no a los matadores también.



jueves, 14 de octubre de 2010

La fiesta en Cultura y en manos de los taurinos





Carlos Ilián


La noticia taurina no estaba en Zaragoza, como debe ser, tratándose de la última gran feria de la temporada. No, estaba esa noticia en el ministerio del Interior a dónde se acercaron siete señores, vestidos de domingo. Nadie sabe quién los eligió para ese cometido de ir pidiendo que los toros salgan de Interior y pasen a Cultura. Ignoro que representatividad tengan un Talavante, un Perera o el mismo Juli. Cayetano podría representar a Armani o a Loewe pero no al conjunto de la profesión taurina. Ayer se vieron con Rubalcaba quien les prometió que los toros pasarán a Cultura en un tiempo breve, una vez que se hayan coordinado todas las cuestiones relacionadas con comunidades autónomas y sus competencias en materia taurina.

Los toros deberían seguir en Interior. Lo de Cultura es un embeleco con un trasfondo diabólico: que los propios profesionales controlen los resortes de la fiesta. Si eso llega a ocurrir, que Dios nos coja confesados.

No me imagino a los funcionarios de Cultura, gente dedicada a labores relacionadas con la pintura, la escultura, la ópera o cualquier otra manifestación de ese rango, metidos en labores de corrales, sanciones por afeitado, control del registro de nacimientos de becerros, ni en el intrincado y misterioso mundo de las suspensiones. A esos buenos hombres y mujeres los devorarían los taurinos de una dentellada.

Es de imaginar que Rubalcaba no vió por la televisión la corrida de ayer aquí, en Zaragoza donde salieron algunos toros literalmente despitonados. Sería un timbre de alarma para que sepa hasta dónde podrían llegar los taurinos con el control del toreo, una vez que la fiesta pasara a manos de Cultura, un ministerio ajeno a las potestades que ejerce Interior.

De todo lo anterior nos acordábamos en el triste espectáculo de toros de sospechosas defensas, inválidos y descastados que se lidiaron ayer. Con tal género sólo César Jiménez logró algún muletazo decoroso en su primero, el único toro de la tarde que medio aguantó unas cuantas embestidas. En el cuarto, que era una auténtica tora, mansa y rajada, el bueno de César se aburrió y nos aburrió en un intento imposible de sacar algo de aquel bóvido.

El torero local, Serranito, sustituyó a última hora a Uceda Leal, aquejado de ciática. Este muchacho que tiene buen corte de torero, pero al que se le pasó el arroz hace tiempo, tuvo enfrente dos imposibles mansos. Su primero, rajadísimo, y el sobrero de Los Bayones a punto de echarse en cualquier momento por su total ausencia de casta.

Matías Tejela se empeño en lucir a su primer toro,una especie de carretón sin casta que embestía como lo haría una borrega. Brindó la muerte de su segundo toro a su apoderado, Enrique Patón. No pudo ser un brindis triunfal porque el de Valdefresno se rajó, literalmente.

martes, 12 de octubre de 2010

La bravura no hace al Cuvillo


Burladero.com

Maite Fernández

Maite Fernández



Sin noticias en el cuartel general. Esta de Cuvillo sigue siendo una ganadería para débiles, para hacer el toreo que tanto gusta a los de la menistra, para que se les derritan las neuronas a aquellos que gozan del toreo sin toro y del toro sin pinta de toro. Que piensa uno, que ya puestos a meternos en lides políticas y culturetas, podrían haber cogido a Pregonero, Ventoso, Ropalimpia, Espoleta, Lanudo o Campanillo, colocarles un cascabel que suene en si bemol, para que parezcan lo que son, mininos con los que culturear, y sentarlos a comer con la ministra, que seguro que será vegetariana y seguidora de José Tomás, como sus seis comensales del Grullo.


Tapados casi todos por los cuernos, algunos ni eso, escurridos de carnes, escuchimizados de los cuartos traseros, `en tipo´o con `hechuras para embestir´, que se dice ahora. ¿En tipo de qué? ¿ con hechuras para qué? El cuento del toro bajo, casi liliputiense, como sinónimo de embestidas portentosas ya no cuela. Zaragoza. Plaza de Primera. Se exige una presentación, un trapío, que va mucho más allá del tamaño de los cuernos. Tampoco se les dió en varas, exceptuando el lote del Tato, que fue tratado en el caballo como si fueran los Victorinos de sus tiempos.  Me sorprende que haya gente, experimentada y con muchos negros en sus retinas, que puedan decir que la corrida de hoy ha sido brava en el caballo. Entiendo que alguno empujó, romaneó, rabeó, mostró fijeza y hasta derribó, aunque hay que decir que más por anemia del equino que por poder del bovino. Pero todas estas cualidades no pueden sostenerse como principal medidor de la bravura. Aquí viene el castigo. Si no hay castigo no hay nada a lo que sobreponerse, y la bravura no es otra cosa sino la desobediencia genética a la derrota, la capacidad del organismo para vencer a la adversidad hasta fallecer si es necesario. Y a estos cuvis apenas si se llevan un refilonazo. Llegará el día en que la suerte de varas se haga sin vara, y  comprobará la bravura del cliente un gordo vestido de gitano con un báculo con la punta del fieltro. Entrarán quince veces al caballo, que llevará un peto de lunares y faralaes, y los cronistas dirán que ha sido más bravo que Bravío. Mientras eso pasa a nosotros nos nos quedará otra que defender la evidencia: estos toros de Cuvillo, mientras no demuestren lo contrario, no son tan bravos como los pintan.


Bravos no, máquinas de embestir, sí. O artefactos de movimiento, porque es imposible imaginar la embestida de un toro sin naturalidad, animalidad o incertidumbre, y los parientes de Idílico no la tienen. Se mueven pero no embisten, o por lo menos no se mueven como toros -en realidad ya casi ninguno lo hace-. 


Con semejante percal, muy favorecedor para el torero en los tiempos que corren, el Tato ha demostrado que segundas partes nunca fueron buenas, y que no tiene suficientes espolones para retarse con los gallos del corral. Faenas fuera de cacho, inseguro, dando más pingüis que un canguro, y lo que es peor, mal pensadas, haciendo todo a la contra, toreando al revés, de abajo a arriba, sin sentido del temple ni de la altura, cosa que no se le puede perdonar a un hombre curtido en mil batallas. 


El Juli se ha visto desbordado en su primero, un novillote impresentable, por la velocidad a la que se movía, y el cabeceo constante de Ventoso, con esas hechuras, seguro hijo de la vaca Ventosidad. Le ha recetado varias decenas de pases, eléctricos, ventajistas y variados. Un popurri de la julimaquia. Curiosamente, el famoso temple del Juli, para una vez que lo necesitaba, no ha aparecido. Orejita de La Misericordia.

Con el jabonero, más grandote y cariavacado, y que también se va de rositas del encuentro con el picador, volvió a reincidir en la cantidad más que en la calidad y en el efectismo antes que en la hondura. En resumidas cuentas, en el toreo barato que es el que proporciona despojos y dineros a los monstruos de la Tauromaquia. No pudo redondear la actuación porque en el tradicional julipié se abrió más de la cuenta y al de Velilla le faltaron dos cuartas de brazo para llegar al morrillo.


Luque fue el Luque que todos conocimos de novillero, pinturero con la capa, arreando, con la yerba en la boca, pero también acelerado y dislocado. Cuasi perfecto en lo accesorio, torerísimos los aperitivos, toreando por bajo, al buen tercero, Ropalimpia, que fue el que más tuvo que torear, y que se ha ido para el desolladero sin saber lo que significa verbo tan extraordinario. Si acaso, son recuperables, ademas de los citados adornos, tres o cuatro naturales de mano baja, compás abierto y pata retrasada en el inicio de faena. Después la cosa se diluyó, mérito de Ropalimpia, que no se dejó engañar por la muleta del sevillano. Ganó la partida. Un metisaca y una estocada entera de efectos fulgurantes hicieron al público pedir la oreja, que el presidente tuvo a bien no concederla. 


En el sexto, volvió Luque sobre sus pasos recientes, sobre las gestas de mentira, el destoreo y las ganas de agradar sea al precio que sea. Luquesinas, arrimones, medios pases, banderazos, desplantes y algun beso, para cortar una oreja sin trapío de plaza de primera.

lunes, 11 de octubre de 2010

La sobriedad de la plata




A Dios gracias, El Boni no se ha ido de puente, y hemos podido ver en El Pilar las primeras gotas de enjundia torera, de conocimiento de la lidia, de una mente despejada y un oficio y valor espléndidos para no crear, y solventar,  los problemas propios que presenta un toro bravo y que, en ocasiones, se inventan las mismas cuadrillas, empecinadas las más de las veces, en pegarle un tiro en el pie a su propio matador.


En el que abrió plaza, al que vamos a referirnos como utrero -como los seis restantes- porque ese amasijo de carne y pelo no merece llamarse Toro, dió toda una lección de sobriedad. Actitud ante el toro, y la vida, que hoy se lleva poco, y luce menos, pero que rige los cánones de lo que tiene que ser un torero y un hombre. Sacó al utrero del acorazado de picar andándole para atrás, sin abrir la capa, lo sujetó sin necesidad de estrellarlo en el burladero de matadores, sin atosigarlo, dándole su tiempo y su aire hasta que los tanques equinos abandonaron el redondel. Sin un sólo capotazo. El temple, es mucho más que el movimiento rotatorio de una muñeca, o el siseo del pedal de freno del tiempo. El temple es el método a través del cual se ordenan de manera casi geométrica todos los elementos que que intervienen en la lidia. Temple es lo que ha tenido el Boni, para ordenar y mandar, para hacerse con los mandos del timón y dar sentido al desusado término de la lidia. Cuatro capotazos, cuatro, desde que el cuatreño salió del segundo puyazo simulado del jaco hasta que su matador lo recogió muleta en mano.  La lidia del Boni, al Ministerio de Economía.


Lamentablemente, como es uso y costumbre, los muchos que van a los toros y no ven más alla de su propia nariz, se irán a casa con el mensaje equivocado: `hay que ver, la suerte que tiene el Cid con los sorteos´. La lotería es su cuadrilla, y el gordo es el Boni. 


En el cuarto, le puso la gente a rabiar con un genial par de banderillas, más bello en la preparación que intenso en el embroque. Si además de hacer las cosas bien se puede poner a la gente a favor, miel sobre hojuelas. En la brega de este utrero no le anduvo a la zaga el Alcalareño. Bien por ellos.




Así, a El Cid le llegaron dos criaturas que por lo menos se pudieron mover, que no se cayeron, y que dieron sólo una poca de pena, situación que viendo como están las cosas, es casi digna de estudio. Es un Cid que va recuperando confianza, que torea más asentado, que no se arredra y al que la cabeza le sigue carburando. Su muleta no tiene la magia de antes, el pico ha ido sustituyendo a la panza de la tela, y el maestro se situa un metro más acá que antes, en que se ponía allá, en el pitón contrario. Soy de los que piensa que el que hoy, y en la mayoría de las veces en este año,  hemos visto torear es un buen Cid, que no es aquel capitán de la nave taurómaca que no había mar con el que no pudiera, pero que sigue siendo mejor que todos los importantes que cosechan triunfos de los que venden en Enero en El Corte Inglés. Salió por la Puerta Grande, con dos orejas cariñosas que su toreó no mereció, pero que le permiten despedirse de un año tan duro con un buen sabor de boca.


Fandi se llevó una ingrata sorpresa, pues el lote le salió rana, y los bichos negruzcos de cuatro años engordados por Salvador Domecq le han salido más respondones de lo que su genealogía de bobos hace indicar. El quinto le hizo sudar y le devolvió el agravio de las carreras y los brincos en banderillas dándole una voltereta con paliza incluida. No fue capaz de sobreponerse como lo hacen los toreros buenos, con la sobriedad a la que nos referíamos antes, y lo que hizo fue meterse en una absurda guerra en la que un hombre pegaba mantazos y un organismo con masa córnea que tiraba topetazos. Y eso que el organismo cuatrípedo de haber tenido otro delante con algo de inteligencia, por lo menos de la taurina, hubiera embestido hacia delante, con codicia hasta el umbral del cortijo que se le podía adivinar. Pero no. No fue llevado, ni mandado, ni exigido, ni toreado entonces, por la muleta de Fandila. Cuando hay toro... no hay Fandi que valga.




Y Talavante vino con uno de esos días en los que sí, pero no... Otra vez será.











sábado, 9 de octubre de 2010

Tolerancia cero



Esto es una pena. Una tristeza que te cala los huesos. Una afición que te cuesta un ojo y parte del otro, que no te da más que reuma, abatimiento y migrañas. Y todavía vamos diciendo por ahí, con galantería y orgullo, que somos aficionados a toros, como si eso fuera algo. Como si quedaran Toros. Como si quedaran hombres que entendieran lo que es un Toro. 




Tardes como esta, o la de ayer, o la de tantos días, no tienen justificación ninguna. Es una masacre en toda regla. Sí, es una tortura hacia un animal indefenso, que no quiere ni puede luchar. Tortura y barbarie. El toro cada día puede menos, se le niegan las ventajas y se le acotan sus facultades. Por contra, el hombre, se parapeta en más trampas, utiliza armas ilegítimas y extermina las señas de identidad del toro bravo. Es una lucha desigual. De rompetechos contra renacuajos. Una lucha de bárbaros. De troleros disfrazados de bárbaro y oro. 




Siniestros que se siguen poniendo el chispeante por el simple hecho de que se lo permitimos. Con lo cual, pasamos a ser cómplices y verdugos. Hay que dar la espalda a esta Fiesta, no se puede tolerar el fraude y el sadismo. Tolerancia cero. Aficionado, a las almohadillas, las broncas y al activismo desde el tendido. Una de las máximas más repetidas por el taurinismo, y que ha calado hasta en los aficionados más cabales, es esa que dice que el toro es el eje de la Fiesta. Mentira. El motor que propulsa la tauromaquia es el aficionado. Con plazas vacías, por muchos Bravíos y Dianos que salieran, no habría tíos que quisieran torear, ganaderos con ganas de criar toros, ni empresarios si no hay empresa que gobernar. Quizás sea hora apostar doble o nada, de dejar de apoyar esta bazofia, de no ir a la plaza cuando la sospecha del fraude sea palpable. Cada uno de los céntimos con los que pagamos la entrada es un céntimo destinado a subvencionar ladrones. Cada céntimo que va a parar a la caja de uno de estos taurinos, es otro céntimo de esos con los que Anselmi se paga los trajes.




Los toros de Montalvo de esta tarde daban mucha lástima, algunos grima, miedo, pero no por la emoción, sino por la cara de phantasmas que tenían, de moribundos en el mundo de los vivos. Bichos que se lesionan con sólo andar; que se ahogan con un par de trotes; que se asustan de un trapo que pesa cien veces menos que ellos; bestias que se despeñan por el desnivel de quince centímetros de la arena lisa de un ruedo.




Los toreros tampoco se libran. Nunca piensan en el toro sino es para hurtarles las orejas. Ni en que el toreo es cosa de dos, en dónde si falla uno, lo mejor es dejarlo para otro día. No existe una ética del torero. Ni amor por el Toro. Porque una cosa es querer agradar, o justificarse, como se dice ahora, y otra ponerse bonito con toros que cojean; querer sacar tajada artística de bestias que caminan como momias;  martirizarlos a base de faenas de largo minutaje cuando piden la muerte con urgencia; levantarlos una y otra vez para volver a fustigarlos con la muleta, que nos está viendo toda España y necesito contratitos para el año que viene; o matarlos con desidia, alargándoles la agonía, entrando y pinchando las veces que sea necesario, que como no hay oreja, la cabalidad no es imprescindible y prisas no hay.


Mención aparte merece Agustín Sanz, picador de la cuadrilla de Leandro, que picó el quinto de la tarde de manera cruel, cobarde y perversa. Vale que se cayó, o se desmayó -como dicen ahora de todos los artistas que se visten de oro-, del caballo a la primera, cosa que le puede pasar a cualquiera. Lo que no es de recibo es volver a subirte al rocín, coger la munición y hacer pagar con saña por todos tus complejos a un bicho lastimero cuyo única culpabilidad era la de caer en manos de alguien sin escrúpulos que lleva una chaquetilla que no le pertenece.




Con el torero, tolerancia cero.