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martes, 11 de octubre de 2011

Vaquero de pantomima

Javier Arroyo. Aplausos



Con la mosca detrás de la oreja acudía a la plaza el aficionado maño, que regresaba a la etérea semiclandestinidad que otorga tanto cemento en el tendido. El insecto, cargante y cojonero, español pues, que acompaña de cuando en cuando al aficionado suele ser entendido en encastes y materia ganadera. Formando pareja con cada abonado venía una de éstas, cuyo afanoso seseo, propio de la especie a la hora de comer -y todo el mundo sabe que comen las moscas- no vaticinaba nada bueno. Algo se olerían. Y su instinto, el de aficionadas y el biológico, no les falló para reconocer la llamada de la mierda.

Porque eso es lo que esta ganadería que se anuncia como Benjumea vino a traer a la feria del Pilar de Zaragoza. Como si no supiese la familia Cuvillo que aquí se traen toros lustrosos, bien comidos, con sus pitones, bichos que no se caigan como magdalenas en cuánto ven un capote y que no enseñen la lengua nada más salir por toriles, que es por dónde esta bosta cuatreña nunca debió haber salido. Un ganadero de enjundia, lo primero, es lo suficientemente honrado como para no venir a una plaza de primera sin antes haberse probado y en segundo lugar, tiene el señorío de rechazar los cuartos, que serán pocos, que les han ofrecido por venir a hacer el ridículo a una de las plazas más importantes.

Tres le echaron para atrás, que se dice pronto, mientras a los otros hermanos no se les ocurrió otra cosa que ponerse a dar tumbos, pegar saltos y hacer regates como saltinbaquis, en vez de embestir, para vergüenza de todo el que lo haya podido ver. El inválido, anovillado y bobo primero, para más inri, y para que quede constancia de lo que es un ganadero con amor al campo, se llamaba Pantomimo, de lo que la deducción taurina nos sugiere que este hombre no tiene otras labores que hacer en sus fanegas portuguesas que bautizar a una vaca, de mala nota por lo visto, como Pantomima. Menuda carta de presentación al gran público. No se le ocurriría ni al moruchero de Adolfo, ni al anticuado de Tomás Prieto de la Cal, ni siquiera a la familia Miura, a pesar de que tengan todo el ganado para enfilarlo en la manga del matadero. Es por eso que cuando pasan las modas aquí quedan siempre los mismos, los ganaderos de reata, de raza, los que viven, sufren, gozan y mueren por y para el Toro. Los que dentro de unos años tendrán que venir a echarles una mano, en forma de sangre y conocimientos, a todos los colegas que por cuatro perras, dos cariñosas portadas y una palmadita en la espalda están acabando con el rey de la dehesa. Si hubiera morucheros, que no creo que los haya, saque cada cual sus conclusiones de quién es quién en esta historia.

Remendaron la pantomima, sobreros de los Bayones, el primero se dejó, que se dice ahora, y eso le valió para ser ovacionado y desposeído de una oreja, culpa de César Jiménez, que repitió una de esas faenas con que tan buena nota le han dado en la prensa, llena de temple y tramos estéticos, pero vacía de cualquier aptitud o manera que se pueda catalogar como toreo del caro. Quieren vendernos una reinvención del matador fuenlabreño, por su pose más armónica, descalzamientos gílis incluidos, pero sigue faltándole el acople y sobre todo, la actitud de querer comerse el mundo. El mosqueo, que también lo tienen los toreros, que cogió con el mundo al echarle para atrás los dos inválidos titulares, explica muy bien a lo que vienen unos, como David Mora, y lo que quieren otros, como César Jiménez.

Nada pudieron hacer Salvador Vega y el matador Uceda Leal, salvo salir dignamente y a pie de la plaza, esperando por su propio bien no volver a encontrarse con otra pantomima de éstas ni con el vaquero que la crío.

martes, 12 de julio de 2011

Fuente Fandiño

Maurice Berho















Contrario a la corriente de la crítica, y seguramente equivocado, no comparto la alta nota que se le ha dado a la corrida de Gallardo. En presentación, nada que reprochar, un ejemplo, con cornamentas pavorosas, seriedad de caras y remate de los cuartos traseros. Trapío. En cuanto a comportamiento, muy buenos para el torero, excelentes para el corredor de la mañana, pero flojos, al límite de lo permisible, dos de ellos perdieron las manos varias veces durante su faena de muleta, y en el caballo no se les pudo castigar. Fuenteymbros como la Coca Cola sin burbujas, mucha marca y poco gas, a los que los toreros les suministraron el toreo de enfermería que tanto necestitan los negritos hoy. Dicho esto, como es normal, si llegan a estar mejor Ferrera y Jiménez, les cortan un chorro de orejas.

Porque no estuvieron bien, Ferrera acelerado, que lo raro sería verlo templado, en plan pegapases, con su número de banderillas, variado, pero demasiado circense, con los recortes al quiebro, con esa carrerita que parece un legionario jurando bandera y con ese salto del tigre que hiciesen Bien de Interés Cultural Pajares y Esteso. El torero extremeño sigue entrando en ferias, viviendo de las cornadas -una cosa es dar valor a la sangre derramada y otra vivir exclusivamente de ella-, sin apenas cosas que contar con su toreo.

Jiménez estuvo algo mejor, que no es decir mucho. Se puso a darle, a un toro tela de noblón, pases y más pases, unos despegados, otros a media altura, los hubo también templaditos, y hasta unos muy playeros, con el madrileño descalzo y con los juanetes bien plantados en la arena. Ya puestos, podría traerse unas chanclas. En fin, demostró tener un amplio vademecum médico de remedios para cuidar inválidos. En el quinto, peor aún, se pasó el jandillo una y otra vez lo más lejos que le daba el brazo, sin ninguna apretura. En este cabe destacar que lo lidió vestido de torero, circunstancia que el público no supo apreciar y no le pidió la oreja.

Claro, y a estas, que después de ver al legionario y al capataz de la Hermandad de los Descalzos, sale Fandiño y se pone, así como el que está esperando un taxi, enfrente de toriles, con el capote a la espalda, a recordar a Gaona, y ahí que le sale eso, que más que taxi era un tanque de la Segunda Guerra Mundial, y lo despacha el tío, como el que no quiere la cosa, con cuatro lapas y un remate casi sin enmendarse, sin tener que darle marcha a las zapatillas. Eso es tener ganas de ser torero. En la faena, que no pudo ser más brillante porque le tocó sin duda el peor lote, hubo momentos de interés y emoción, en los que Fandiño se pasó el toro cerquísima, rematados con unas bernadinas muy emotivas, con tanto velamen, y una estocada a ley, que le han valido una oreja de las que saben bien. El sexto fue un manso, con el que se justificó, derrochó nuevamente valor y ganas, llevándose una voltereta y matando horriblemente, en los bajos, que todo hay que contarlo. Sale reforzado, igual que su alma gemela, David Mora.

miércoles, 1 de junio de 2011

Las Ventas, rastrojo del toreo

















Con diez pases diez, rodilla en tierra, saliendo de las tablas hacia la república independiente de la segunda raya, dándole dirección al trapo de abajo a arriba, la inversa al toreo, y rematando con uno de esos obligados de pecho, que ni se dan obligados por el ahogo provocado por la fiereza del Toro ni cruzan por la pechera del coletudo, empezó el bueno de César Jiménez una de sus dos faenas de Puerta Grande. Sería normal si estuviésemos hablando de la de Benidorm o Marbella, templos taurinos para guiris que se cuecen como gambas en los tendidos de sol y que son incapaces de distinguir un negro bragao de un piano de cola. Hace tiempo que los cánones del toreo de pueblo, el mezquino en arte y oficio, han acampado en la plaza de las Ventas. Ya no existen esos lemas que otrora se repetían hasta la saciedad: aquello de "pronto y en la mano", lo de "en Madrid es el toreo por abajo", o eso de "aquí con quince o veinte muletazos buenos sobra." Nada de esto pervive en la realidad si nos atenemos a las consecuencias de las inconsecuentes triunfos de Talavante, Manzanares, Castella, Juli, Cid o Jiménez. Con que un toro se te mueva y tu tengas las capacidad de estar por allí, de aquella manera, con algo de temple -tampoco se pide mucho-, apostura y un poco de picardía, te llevas a la gente de calle. Los terrenos, las distancias y la lidia nada importan, en primer lugar porque nadie las exige, y en segundo porque no son tan necesarios con este toro domecqsticado que copa la mayoría de carteles de la feria y cuyo comportamiento, ordenado y civil, no pone en dificultades la labor de los de a pié, y tristemente ni siquiera a los bueyes de Florito.

Tampoco es una cuestión de ortodoxia frente a heterodoxia, ni siquiera caben las perturbadoras discusiones carne de tertulia sobre el cargar la suerte, el cite, la colocación de la muleta o la ligazón, porque en Madrid ya todo vale. Y al que no le valga, puerta. Por talibán, chulo y fantasma. Que estos son los nuevos tiempos, en los que si te metes con los de oro es porque no tienes pizca de sensibilidad, y si gustas del toro encastado y fiero te mandarán a Atapuerca, con el Profesor Arsuaga, que lleva sus años buscando el animal prehistórico, como tú, abonado del siete, del seis o de aquel lugar en el que te estafan año tras año.

La Puerta Grande de César Jiménez es justísima, si la comparamos con la de Manzanares, por ejemplo. También es justa, porque atiende al Reglamento, si el público pide las orejas el palco tiene obligación de condederlas. Pero es de una pobreza argumental casi tercermundista. Ni un sólo natural aceptable, dos espadazos caídos y nada que dos horas después sea recordable ni por una mente como la de Einstein. La segunda oreja perpetrada gracias a un ataque de cuernos del resto de la plaza contra el Siete, por llevar la contraria y protestar el hacer del matador. Entiéndase después de esto quién son los auténticos talibanes, los que van a la plaza con clichés y encorsetamientos, y quiénes mantienen una linea de juicio similar, aunque a veces tengan sus desvaríos -quien esté libre de pecado que tire la primera piedra-. En estos días de hiel y espinas para la plaza con más Historia del mundo, mis respetos para todos aquellos que forman la resistencia.

Eugenio de Mora, que no tuvo oponentes dignos, tampoco se dignó a estar con ellos como marcan sus catorce años de alternativa. Y del joven Cortés, que tiene su aceptación en este plaza, se sigue esperando que demuestre como matador todas las virtudes que le llevaron a triunfar como novillero en Madrid.

lunes, 30 de mayo de 2011

Samueles al matadero

Foto: Aleyda Baz



Con el maestro Ortega Cano en el corazón y la mente de todos los aficionados, transcurrió la samuelada, cuyo juego no creo que a estas alturas haya pillado por sorpresa a nadie. Hace veinte años ya, cómo pasa el tiempo, que Ortega y Rincón dieron una de las mejores Beneficencias que se recuerden, con esta misma ganadería. Pero el presente, y el tiempo que a sus lomos cabalga, que es duro, cruel, y por lo visto, un villano antitaurino, nos tiene con el alma en vilo. Mientras que el torero cartagenero lidia con la dama de la guadaña, en el que es -y va a ser- otro de esos milagros que se encarnan en el pellejo de los toreros, se puede ir amasando el yeso y sacando el palustre para sellar bajo la lápida el cadáver de la vacada de Don Samuel Flores. La corrupción en la selección y el enviciamiento genético al que han sido sometidos desde que a principio de los noventa los eligieran Ponce -sobre todo- y alguno más, se ha llevado a los samueles al nicho. RIP 1928-2011. Sin discusión, es carne de matadero, imposible a corto plazo de recuperar, y a la larga, muy difícil, con la única opción de cruce, cruce y cruce con otra cosa de fuera. No se pueden criar toros más feos, zancudos, cornalones y culopollo. No sé si por malnutridos como criaturas somalíes o estar muy movidos, como los keniatas de la maratón. Eso no gusta a nadie, y que no manchen el diáfano término del Toro Toro mezclándolo con el nombre de esta ex-ganadería de toros de lidia, ni mucho menos poniendo las seis moles de mansedumbre que han salido por chiqueros como prototipo de lo que piden las Ventas y exige el Siete. Que hay algunos que no se enteran todavía, que el Siete no mató a Kennedy ni vendió al Nazareno por un puñado de monedas de plata. Que tienen que mirar para otro lado, como por ejemplo, a la empresa, que trae por segundo año consecutivo a la primera feria del mundo animales que deberían de ser corridos en el ferragosto levantino. Todo lo que escriba sobre la corrida se queda corto, la presentación ha dejado mucho que desear, un gazpacho de cuernos, los unos acaramelados, otros blancos con las puntas negras, los ha habido también astifinos, de la misma manera que algún otro ha exhibido mazorcas tan gruesas que parecían los brazos de un levantador de piedra sestaotarra, eso por no hablar del bizco que tenía un cuerno de su madre y otro de su padre. Un disparate. No han querido caballo, ni capote, huían de su sombra y no han humillado ni una sola vez. Y tildarlos como mulos es menospreciar a estos equinos viejos compañeros del hombre. Porque los mulos por lo menos cocean o tiran bocados, mientras los destartalados samueles no espantan moscas ni con el rabo. Mansos y cobardes a rabiar.


Se salva de la quema coletillera César Jiménez, que ha pechado con el lote más manejable, que medio iba para adelante, y al que le ha recetado dos faenitas modernas, con mucho pase pa'quí y pa'llá, nula colocación y poco compromiso con los terrenos y las distancias. Por lo menos ayer si que tenía la excusa del toro que no cabe en la muleta.

Padilla ha sorprendido para mal, y no por su archiconocida antitorería, sino por su falta de recursos para lidiar dos animales descastados, gazapones y carentes de fijeza. Barriobajero con los aceros, incomprensiblemente se le ha visto desbordado durante toda la tarde. Que extraña, y mucho, en un torero con el callo hecho de las corridas duras. No ha sido su día.


Ferrera, que volvía a Madrid después de un añito de mili por los pueblos, ha hecho lo que se espera de él: poner esas banderillas de forma tan heterodoxa y emocionante -puestos a elegir prefiero el par del retrovisor o los quiebros a las carreras del Fandi-, una sobreactuada exarcebación de la ambición por triunfar, que queda en evidencia cuando le pega -a posta- un navajazo barriguero a su primero para quitárselo del medio y muchos pases, en cantidad industrial, para que no falté de ná. Otro que tampoco ha puntuado.

jueves, 14 de octubre de 2010

La fiesta en Cultura y en manos de los taurinos





Carlos Ilián


La noticia taurina no estaba en Zaragoza, como debe ser, tratándose de la última gran feria de la temporada. No, estaba esa noticia en el ministerio del Interior a dónde se acercaron siete señores, vestidos de domingo. Nadie sabe quién los eligió para ese cometido de ir pidiendo que los toros salgan de Interior y pasen a Cultura. Ignoro que representatividad tengan un Talavante, un Perera o el mismo Juli. Cayetano podría representar a Armani o a Loewe pero no al conjunto de la profesión taurina. Ayer se vieron con Rubalcaba quien les prometió que los toros pasarán a Cultura en un tiempo breve, una vez que se hayan coordinado todas las cuestiones relacionadas con comunidades autónomas y sus competencias en materia taurina.

Los toros deberían seguir en Interior. Lo de Cultura es un embeleco con un trasfondo diabólico: que los propios profesionales controlen los resortes de la fiesta. Si eso llega a ocurrir, que Dios nos coja confesados.

No me imagino a los funcionarios de Cultura, gente dedicada a labores relacionadas con la pintura, la escultura, la ópera o cualquier otra manifestación de ese rango, metidos en labores de corrales, sanciones por afeitado, control del registro de nacimientos de becerros, ni en el intrincado y misterioso mundo de las suspensiones. A esos buenos hombres y mujeres los devorarían los taurinos de una dentellada.

Es de imaginar que Rubalcaba no vió por la televisión la corrida de ayer aquí, en Zaragoza donde salieron algunos toros literalmente despitonados. Sería un timbre de alarma para que sepa hasta dónde podrían llegar los taurinos con el control del toreo, una vez que la fiesta pasara a manos de Cultura, un ministerio ajeno a las potestades que ejerce Interior.

De todo lo anterior nos acordábamos en el triste espectáculo de toros de sospechosas defensas, inválidos y descastados que se lidiaron ayer. Con tal género sólo César Jiménez logró algún muletazo decoroso en su primero, el único toro de la tarde que medio aguantó unas cuantas embestidas. En el cuarto, que era una auténtica tora, mansa y rajada, el bueno de César se aburrió y nos aburrió en un intento imposible de sacar algo de aquel bóvido.

El torero local, Serranito, sustituyó a última hora a Uceda Leal, aquejado de ciática. Este muchacho que tiene buen corte de torero, pero al que se le pasó el arroz hace tiempo, tuvo enfrente dos imposibles mansos. Su primero, rajadísimo, y el sobrero de Los Bayones a punto de echarse en cualquier momento por su total ausencia de casta.

Matías Tejela se empeño en lucir a su primer toro,una especie de carretón sin casta que embestía como lo haría una borrega. Brindó la muerte de su segundo toro a su apoderado, Enrique Patón. No pudo ser un brindis triunfal porque el de Valdefresno se rajó, literalmente.

martes, 11 de mayo de 2010

Que se mueran los feos


El sexto, feo como la foto del DNI de Molés. Por pegarse un arrimón ante esto y rozarle los cuernitos y las astitas, a Macías los tabloides lo colocan como el nuevo Diego Puerta. CABRERA




Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. San Isidro. Sexta de feria. Tres cuartos de plaza. Toros de Martelilla, Navalrosal y un sobrero de Domínguez Camacho. Miguel Abellán, César Jiménez y Arturo Macías que confirmaba alternativa.



A esta horas, las nueve y media más o menos, lo mejor que se puede contar de los Martelillas y sustitutos/remiendos/sobreros es que, aunque ya salieron medio catatónicos, baldados y ajumados, están todos en el desolladero, con las criadillas reventadas y extirpada la posibilidad de que semejantes engendros sigan multiplicandose como hongos por la piel de toro. Aburre escribir todas las tardes lo mismo, que son chicos, anovillados, sospechosos de pitones, inválidos y descastados. Todo esto, también culpa de la yerba. Para la semana próxima se barajan otras excusas. Saldrá Choperita, el chino González o cualquier taurinillo de los que pululan, y pican, por las entrañas de la plaza y dirán que los toros se derrumban por culpa de la nube de humo volcánica que atraviesa España, que para arreglar el grave asunto, necesitan una pequeña subvención de tres millones de euros. Y sin ningún rubor, mirándo fijamente al objetivo de la cámara, con voz firme dirán: `trabajamos las veinticuatro horas del día por el bien del aficionado´.



Para atrás, como los cangrejos, va este Arturo Macías, al que me vendieron, y casi lo consiguen, como el antihéroe, el que vendría desde el otro lado del charco a levantar las alfombras y dejar al descubierto las miserias de las figuras españolas. En Valencia, su debut en España, gustaron su coraje y ganas, que camuflaron su tremendismo y falta de acople. Se presentó en Sevilla, tras la cornada fallera, con los Palhas, a la gente le sonó a gesta mientras en su interior sentían pena por el incierto futuro de su salud. No se le miró con lupa. Pero de hoy no puede pasar, que te coja varias veces un martelilla haciendo el don tancredo no es toreo, ni es nada. A su descastado primero, lo lidió pesimamente, muchos capotazos para preparse los quites, que eran trapazos peores que éstos mismos capotazos de preparación. Vulgaridad, enganchones, un muestrario de pases sin mando, todo el toreo insustancial de adorno lo maneja a la perfección, pero el otro, el que hace rebosar de felicidad al aficionado, ni lo conoce ni se lo han presentado. El sexto, que los eruditos de los revistosos del puchero nos querían vender como el patito feo, porque `lo bueno lo llevaba por dentro´, ha quedado sólo en eso, en feo. Y el mexicano le realizó una faena a la altura de la guapura del torete. Fea, mala y rancia de solemnidad, con un arrimón final de mal gusto, colocándose eso que tenía el toro en la cabeza cerca de la chaquetilla, cosa que por lo mucho que aplaudía la gente, debe de ser cosa reservada para genios colosales. Si quiere desplantes toreros y angustiosos, que le pongan un video de Dámaso.



Miguel Abellán se tropezó con un lote impresentable y tampoco es que se estrujara la cabeza para que allí pasara algo, que al fin y al cabo, al que iba la gente a ver es al tal Cejas. Abellán, y muchos otros, cuentan, con amalgama, estar hambrientos de triunfos y sedientos en número de festejos y que éstas son sus oportunidades para sacar la cabeza. También meten entre medias esas frases que están muy bien para adornar, cual faena de Morante, tales como: `venía muy ilusionado´, `en esta ganadería suelen embestir´o `me queda la del Cortijillo el día cinco, y vengo muy ilusionado´(otra vez, además se pueden imaginar luego lo que pasa ese día). Si de verdad se ilusionan con ésto, una de dos: o tienen más moral que el Alcoyano o no son aficionados.




Cerraba el cartel César Jiménez, que vino a torear los martelillas y ha terminado deshaciéndose de un Navalrosal y el sobre-ro de la afamada ganadería de Hnos. Domínguez Camacho. Lo curioso, es que se cogió un rebote de aupa cuando haciéndole el quite a su toro Miguel Abellán no lo `cuidó´y se lo cargó de un chicotazo. ¿qué es lo que quería Jiménez? ¿Mantenerlo en la plaza a sabiendas de que era imposible lucimiento alguno? ¿No debería, acaso, casi que darle las gracias Abellán por darle otra oportunidad? Entonces, ¿a qué viene usted a Madrid, a cumplir con el expediente, a poner esto boca abajo, a cumplir con la boca o a poner bajo el expediente? Otro que debería de quedarse en casa, viéndolo y sufriéndolo por la tele.





jueves, 15 de abril de 2010

Adiós al torismo

Nuevo espectáculo circense en banderillas. `El par sin cabeza´o `El par de la tortuga´. ARJONA



Sevilla. Plaza de toros de La Maestranza. Feria de Abril. Séptima de feria. Casi lleno. Toros de Victorino Martín para Antonio Ferrera, el Cid y César Jiménez.


Afilando están, el cuchillo, esos representantes del torerismo, que saben de qué color llevaba la pañoleta su torero el día que se cumplían diecisiete años de la faena a un toro bravo en Burgos, pero que de toros no saben, ni quieren saber. Tampoco les importa, son los mismos que piensan, y lo cuentan en la tertulia, que un toro listón es el más inteligente de la camada. Si Joao Folque dejó ayer tocado el titulo del `torismo´, hoy los victorinos lo han terminado de hundir. A ver como explicas tú, que siempre se te ha llenado la boca hablando de casta, bravura y trapío, que las peores corridas presentadas de lo que va de ciclo son las toristas. Salvando lo del Conde de la Maza. El sobrero era de plaza de tercera, otros muy en el tipo pero asardinados. Bonitos, enanos, que parece ser que son los que gustan en Sevilla. Lo del toro bonito y armónico ya cansa. Supongo que a los abonados de la Maestranza, que pagan religiosamente más que en cualquier otra feria de primera, y sin rechistar, preferirán un pitón astifino a uno escobillado, un toro musculado a otro con el culo de un pollo del Pryca y un toro que parezco eso, y no la cabra de la legión. No debería de ser tan difícil. Victorino se debe a sí mismo una reflexión profunda. Por mucho que se niegue, hay cruces, el comportamiento y el fenotipo lo cantan. Hoy han salido dos que por tipo, eran de todo menos victorinos.


Antonio Ferrera ha mutado algo en banderillas, del número circense de la mujer barbuda ha pasado al contoneo tipo Joaquín Cortés. Sigue siendo la misma porquería, por muchos recortes y trompicazos que se pegue delante de los bureles. Con la muleta es la nada. El abismo. Mucho pico, pierna descargada, hueco, sin mando ni temple. Con gente así la tauromaquia es un mundo condenado a la extinción.



En vías de extinción está el Cid. Da pena verle. No para de zapatillerar, de ir de aquí para allá, incapaz de gobernar la lidia, mucho menos al animal. Un torero que estará condenado a retirarse si no se obra el milagro, y en lo que queda de feria de Abril y Madrid, es capaz de levantar el vuelo. ¿falta de ilusión? ¿miedo? ¿demasiado rico ya como para ponerse en el sitio? Con su primero, ni se puso. Con el otro, le obligaron a quitarse. Los públicos empiezan a no comulgar con el saltareño.



Decía la afición que César Jiménez no pintaba nada en Sevilla y no les faltaba razón. Por mucho que sus clubs de fan, al estilo Cristiano Ronaldo, lo veneren como al dios Baco, no deja de ser un torero insustancial, patán con el capote, trolero con la muleta, inválido para la lidia. Se sustenta en las no sé cuántas puertas grandes de no sé donde de las que no se acuerda nadie. Mientras tanto, Aguilar, Robleño, Moreno, Calvo y alguno, torero de verdad de oficio, lo ven como nosotros, por la tele.


Mañana empieza la pasarela de figuras. Miedo me da.





martes, 16 de marzo de 2010

Torear con la barriga llena

Taurinos sonriendo. Peligro.



Plaza de toros de Valencia. Feria de Fallas. Quinta de abono. Menos de media plaza. Toros de FuenteYmbro para César Jiménez, Matías Tejela y Luís Bolívar.


Se lidiaron toritos de Fuentefundas, mal presentados, anovillados, sospechosos de pitones algunos, desiguales y feos en general. Alguno además regordío, como si lo hubiera pintado Botero, que tan de moda lo ha puesto Castella ahora. El primero, bueno. Los demás, tirando a mansitos se dejaron desflorar sin poner ningun impedimento.




Como bien expone José Ramón Márquez en Salmonetes, ver los toros por la televisión es algo que tiene que ver poco con nuestra afición, pero lamentablemente para muchos es la única alternativa. Lo de hoy ha sido de traca, sales de la fábrica o la oficina a las cuatro, rezando para que a Caballero se le haya pegado la ronquera de Chenel y no oirlo más por los siglos de los siglos, y cuando enchufas la caja tonta (nunca mejor dicho) te encuentras ahí, a pelo, sin vaselina ni nada, una faena de Caballero de hace no sé cuantos años a un animalito desmochado. Encima, te lo meten en el espacio que dedican otros días al Viti, Belmonte o Nicanor Villalta. En ese mismo momento saltaron por los aires, humeantes, todas las maquinitas, que existen pero nunca ha visto nadie, medidoras de audiencias. Manolito, el de Albacete, lo había conseguido. Ya es más mediático que el sarasa de Telecinco.



Pero lo que de verdad me aflige, es ver a otros, veinteañeros y sin cortijo, que no valen ni para mediáticos, que ya es decir. Los tres de hoy, por ejemplo, y bien que lo siento por Bolívar, que se ha perdido por el camino. Que tres toreros jóvenes, asentados en un escalón secundario de reconocimiento y caché, con toda una carrera por labrar, no tengan cojones ni vergüenza a hacer una triste chicuelina en toda la tarde es para que no vuelvan a vestirse de luces jamás. Ni un sólo quite. Cuesta recordar cual fue la última corrida en la que no hubo ni un mal chicotazo. Con televisión y en una plaza de primera en el mes de marzo. Qué no harán en octubre en Montoro o Ubrique.


A estos muchachos, que toman la alternativa antes de echar los dientes de leche; que confirman en Madrid como el que se presenta a una entrevista de trabajo en el Telepizza y que poseen representantes, no apoderados, que se encargan de llenarles los bolsillos de oro al precio que sea, deberían de prohibirles torear con la barriga llena. Ni hambre, ni ilusiones, ni ná de ná. Por eso, servidor, que cada día se viene conformando con menos, se puede llegar a remover con ese tal Arévalo, dechado de ganas y de torpeza, o con ese Macías, tan valiente y embarullado a la vez. Por lo menos tienen ganas de ser toreros, no como otros.


César Jiménez es otro de esos toreros, como Aparicio y José Tomás, que atusan una pelambrera con enjundia. Si los primeros triunfaron con la de Jandilla en Castellón, y Jiménez ha tocado el cielo con la de Gallardo en Valencia, cabe la posibilidad de que haya algún tipo de enigma oculto. A torero con melenilla; orejas y rabo de los jandilla. También puede ser que el escalafón esté lleno de sansones y no nos hayamos enterado. Decimotercera puerta grande de César Jiménez, que pasará a la historia como el matador de toros que más triunfó en Valencia y que no recordó nadie.



Matías Tejela se llevó el peor lote de la tarde, cosa que tampoco lo exhonera de responsabilidades ante el aficionado. Con el capote mal, eléctrico, explosivo, no se puede torear peor a la verónica. El argumento de sus dos faenas, largas, cómo no, fue el muleteo periférico, picudo y soporífero. Los taurinos, a los que tanto les gusta cambiar y afeitar reglamentos, deberían de proponer el dar los avisos unos cuantos minutos antes. Si la faena es como la de Tejela o similar, lo recomendable sería dar el primer aviso diez minutos antes de lo que está estipulado ahora.



El que se está terminando de perder definitivamente es Bolívar. ¿Dónde está aquel torero que ponían como discípulo de Rincón? ¿Es el mismo que esperaba a Rachido, de Palha, con el cartucho del pescao? Pues no, ahora tenemos una versión distinta del colombiano: quejica, amargado, atorado, sin ideas. Otro de tantos que trae sus faenas hechas de casa: a los medios, pase cambiado por la espalda, unos cuantos ¡uys!, unos cuantos enganchones y nueve de cada diez veces, bajonazo.


Y para bajonazo, la entrevista del palco del Plus, con el erudito Espeso hablando de toros sobre la faena de César Jiménez: `Los toreros rubios torean mejor´. Admirado Fernando, artífice directo de `Los Bingueros´e indirecto de `Los Fandigueros´, ¿no habrá querido usted decir: `Los toreros con melena torean mejor´?



Mañana, El Juli y Ponce se verán las caras mano a mano. Los que van a joder la tarde llevan el hierro de Zalduendo.