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viernes, 16 de marzo de 2012

El coscurro.

Joao Silva. Sol e Sombra
















Entre los claroscuros barrocos de Curro Díaz y la eterna impotencia de Tejela para torear con mijita de gusto y mando algo que no sea un hombre encorvado, braciabierto y cojitranco que simule de salón la movilidad de un juampedro, se han perdido los mejores Núñez de la tarde. Una corrida la de Alcurrucén, magnificamente presentada, cinqueña y astifina, que ha sido asesinada, literalmente, en varas, entre la displicencia del artista medroso y el autismo lidiador del obrero alcalaíno. El lote de Alberto Aguilar, brusco y geniudo, no fue propicio para seguir la triunfal racha fallera de sesgo de despojos, pero mantuvo hasta la última bocanada de aire el interés en el ruedo. 

Lo más reseñable del festejo, las estocadas de Curro Díaz, que se va haciendo un maestro en dar la muerte en pureza, y algunos trances del linarense al natural, tan templado, con esa muleta que más que látigo para dominar, es un velo de tul que amaina tempestades. Tejela, que estaría en huelga china, pegó el doble de mantazos que otros días, que ya son, y cortó orejita para lucir palmito. Y el madrileño Aguilar, huyendo de las duras, topó con un lote de alcurrucenes que nada tenían que envidiar a hierros proscritos, estuvo siempre a la altura de la situación, en ningún momento perdió la cara y salió victorioso del trago, a pesar del descalabro con la tizona.

El coscurro de arte con que raciona cada tarde Curro el hambre del aficionao es un manjar casero que nada tiene que envidiar la pija neuvelle cousine que a partir de hoy llega a Valencia con los pelmas del jédiez. ¡Que les aproveche!


miércoles, 13 de julio de 2011

A su plín



















Veníamos avisados: ¡lagarto, lagarto!, que anda por aquí el Juli. Y efectivamente, lagartos salieron seis. De Guadalix de la Sierra, los que dejaron embarcar al ganadero, y que viajaron a Pamplona para vergüenza de la tauromaquia y de todos que parasitan de ella. Culpables hay muchos. Inocentes, ninguno. Unos por mangonear más de la cuenta, otros por consentir el abuso, y los que están en medio, por mirar para otro lado. A lo largo de la tarde nos hemos enterado que, además del lío con el toro burraco que se fué para casa, dos de los toros lidiados, el 49 y el 54, que han ido a parar respectivamente a Curro Díaz y Perera, estuvieron hace un mes en la Beneficencia de Madrid, dónde fueron rechazados por falta de trapío. Si estuviesemos hablando de otro sitio daría igual, porque la batalla está perdida, pero como estamos en Pamplona, en la Meca, nos encontramos convencidos de que todo esto no va a caer en saco roto y el próximo año se tomarán medidas. Es nuestro deseo.

No merece mucho comentario la tarde, que ha ido transcurriendo entre la capacidad casi innata del Juli para estar por encima de unos oponentes cuya capacidad innata reside, a su vez, en estar por debajo de su contrario. Con lo cual, ya me dirá usted, en dónde está la gracia, el arte o el poderío, si todo está conchabado desde un principio para que el final sea siempre el mismo: uno se va con las orejas que le faltan al otro. No pienso desgastar una tecla más de este teclado en describir las formas julyanas, todas las sabemos, a unos les gustan, y a otros no...

Completaban el cartel Curro Díaz, con sus destellos y su muleta eternamente retrasada, sin llevar al toro en un sólo muletazo, circunstancia que ya aburre. Cerraba la terna Miguel Ángel Perera, que dista aún mucho de ser aquel torero poderoso y mandón de antes de la gravísima cornada venteña, pero que está más entonado e inteligente que el año pasado. Sin triunfos -ni animales que le hayan dado posibilidades-, ha pasado con firmeza por Madrid y Pamplona, aunque pocos se hayan dado cuenta.

Hoy toca la del Pilar, y mañana, el fin de traca, con los Cuvillos -uno de 600 kilos no ha pasado el reconocimiento por falta de cara a las primeras de cambio-, que viene muy desiguales de presentación, anovillados, en lo que viene siendo su tipo, por otra parte. Y no creo que sea necesario advertir el nombre del torero que viene con ellos...

jueves, 30 de junio de 2011

Curro Díaz, Fandiño y Luque, con Victorinos

















Será en San Sebastián de los Reyes, con motivo del cincuenta aniversario de la inauguración de la plaza. Unos pensaran que es lo que debiera de ser normal y que Curro Díaz o Luque -Fandiño ya mata duras- cumplen con su obligación, tarea que no hacen las figuras. Para otros, este es otro síntoma más de la "comercialización" del toro que parece se puede estar llevando a cabo en casa de los Victorinos y que puede llevar un camino similar al de la Quinta, anunciada a bombo y platillo con las figuras. Sea como fuere, es una gozada que se abran estos carteles a más toreros. Que tomen nota las empresas.

lunes, 25 de abril de 2011

Mucha leña y poca lumbre

Manuel Durán. Larga Cambiada




Viendo la cantidad de palabras facilonas que la cartelería nos ponía a huevo, juntar unas letras muy a modo ayer no conllevaba ningún compromiso. Lo suyo es escribir de la tarde que fue un recital de descaste y blandura y que esa eterna promesa que es Leandro, como Guti en el Madrid, dejó irse un toro que le hubiera valido como resurrección. Aunque pensándolo bien, es más correcto y va más acorde con el resultado artístico y torístico, resaltar que lo único que puede salvar a Leandro Marcos es un recital en los despachos de su apoderado y que no hay resurrección posible para esto de los Recitales, que lleva en la sangre una trilogía más comercial que la de la Guerra de las Galaxias: esto es, Marqués de Domecq, Juan Pedro Domecq y Osborne.

Mucha leña y poca lumbre, afirmación apuntada en la lista negra de ganaderías, y que me da, que viendo el no-criterio de la empresa al contratar ganado, valdrá para resumir lo que será más de la mitad del ciclo isidril. Como ahora lo que se busca es que esto de los toros sea algo snob y vanguardista, guapo e higiénico, no puedo dejar de pensar que esto -por lo menos, lo de ayer- es como la Pasarela Cibeles, en la que circulan por un lujoso entarimado, con movilidad y trote cochinero, una serie de cuerpos bonitos con problemas para no tropezarse, que son vistos y aclamados por miles de almas que en realidad, no tienen ni idea de lo que realmente van a ver, si carne o pescado. 

Total, que Leandro se dejó ir sin torear el quinto, que embistió con cierta transmisión pero sin comerse a nadie. Morenito nada pudo hacer ante un lote de inválidos, si acaso abreviar más para no aburrir, y manejar mejor los aceros. Qué recital de mandobles y navajazos. Y Curro Díaz dejó un buen recibimiento capotero al que abrió plaza y una mala lidia con el cuarto marrajo en los dos primeros tercios. Ya con la muleta, expuso y le pudo al bicho con unos toreros doblones por bajo, para no poder después más que justificarse.

martes, 12 de abril de 2011

¿Epidemia de valor o demasiada agua al vino?





Este año están anunciados con la ganadería de la Quinta Finito de Córdoba, Enrique Ponce, José María Manzanares, el Juli, Curro Díaz y Miguel Ángel Perera. En los ordenadores con los que hacen las importantes críticas los portales de información taurina las teclas correspondientes a las letras G, E, S, T y A  están más desgastadas que las suelas de las zapatillas de un morito de la maratón. Por lo que se puede leer, esta gente viene dispuesta a dejar a la altura del betún aquel verano sangriento de Ordoñez y Dominguín.

Esperemos que si no tanto, sí que puedan dar grandes tardes de gloria, con Toros encastados y serios, y puedan callar a agoreros como yo. Pero mientras eso pasa o no pasa, permítanme dudar -duda que es razonable viendo los últimos experimentos de la Quinta- y expresar mi preocupación por la que fue una ganadería señera y que Dios no lo quiera, dentro de diez años, quizá menos, recordaremos como recordamos hoy la de Samuel Flores, maldiciendo el día en el que las figuras se apuntaron a los samueles y acabaron con una casa con mucha Historia. Tiempo al tiempo.


Nota: Ignacio Sánchez Mejías escribe desde su Tendido Dos sobre "las modas de las ganaderías". Completamente de acuerdo con su opinión.

jueves, 17 de marzo de 2011

Y el destoreo se hizo carne

Rubén Pinar. El destoreo se hizo carne. Foto: Aplausos



Plaza de toros de Valencia. Quinta de Fallas. Toros de Fuente Ymbro para Curro Díaz, Matías Tejela y Rubén Pinar.



Inmejorables para el toreo moderno. Carretones de pata negra. Jandillas de escuela taurina. Toros de Gallardo nobles, sin llegar a la bobería que es norma en el encaste, obedientes, humilladores, no tiraron un mal gañafón, con las orejas en bandeja para cualquier coleta que de esto sepa un poco. Cumplidores en varas, sin más. Bravos, ni hablar. Justos de presentación, feos de hechuras, algunos se han tapado por las dos grumias que llevaban por delante. Lamentablemente, los más potables se han encontrado con dos de los más claros ejemplos de jornaleros con alternativa a los que no se les puede llamar toreros: Tejela y Pinar.


Un poco a medias. Ni fú ni fá. No ha sido la mejor tarde de Curro Díaz, tampoco la peor. Con el lote menos aprovechable ha dejado detalles sueltos, remates pintureros, medios pases colmados de temple pero vaciados, y viciados, de autenticidad. Desapegado del toro y desangelado del toreo. Como serán los compañeros de cartel, que habiendo estado regular, en la comparación con ellos -que me perdone por el mal gusto el de Linares - pareció Joselito y Belmonte juntos. Se llevó un tumbo al entrar a matar más derecho que una vela, con vergüenza torera. Nos debe una. Se la apuntamos porque sabemos que solo el que tiene la moneda nos la puede devolver. Curro tiene la talega llena.


El día que Matías Tejela diga adiós, si no le dicen antes hasta luego, podrá ganarse la vida como mozo de espadas de Diego Urdiales. Mientras tanto, gracias al establishment taurino, el pegapases madrileño hará el paseíllo en las mejores plazas del mundo, con las ganaderías más afamadas mientras el maestro riojano, Aguilar o Morenito se abonan al Canal Plus Toros para ver como Molés y compañía lloran sus ausencias con lágrimas del cocodrilo de Lacoste. Mientras tanto, el aficionado, santo y mártir, tambien puta y cliente a la vez, que mantiene este negocio, a tragar con la peste de toreo que hacen estos muchachos. Para qué un almohadillazo, para qué protestar al empresario, para qué hacer una colecta y mandarlo con su arte y sus producciones de vuelta para su tierra, y para qué dejar de asistir a estas pantomimas sacrílegras que se anuncian en nombre de la Tauromaquia. A veces tenemos lo que merecemos.


De Rubén Pinar se puede opinar más de lo mismo, que es uno de los más vulgares pegapases del escalafón, y mira que es largo, que creo que está en más de doscientas coletas. Es un milagro que sin arte, valor, capacidad, hambre y ganas de mejorar -que debería de ser lo mínimo- haya jóvenes que llegan a compartir oficio con Frascuelo, Paquiro o Manolete. Es el prodigio del toreo ignorante enseñado en escuelas taurinas, del compadreo hecho mandamiento y del rigor en la doctrina que brilla por su ausencia. Otro que aguantaremos en Sevilla, Madrid y es de esperar que toreando tan mal, lo haga también en Bilbao, Pamplona y Zaragoza. Asco de vida.





sábado, 9 de octubre de 2010

Tolerancia cero



Esto es una pena. Una tristeza que te cala los huesos. Una afición que te cuesta un ojo y parte del otro, que no te da más que reuma, abatimiento y migrañas. Y todavía vamos diciendo por ahí, con galantería y orgullo, que somos aficionados a toros, como si eso fuera algo. Como si quedaran Toros. Como si quedaran hombres que entendieran lo que es un Toro. 




Tardes como esta, o la de ayer, o la de tantos días, no tienen justificación ninguna. Es una masacre en toda regla. Sí, es una tortura hacia un animal indefenso, que no quiere ni puede luchar. Tortura y barbarie. El toro cada día puede menos, se le niegan las ventajas y se le acotan sus facultades. Por contra, el hombre, se parapeta en más trampas, utiliza armas ilegítimas y extermina las señas de identidad del toro bravo. Es una lucha desigual. De rompetechos contra renacuajos. Una lucha de bárbaros. De troleros disfrazados de bárbaro y oro. 




Siniestros que se siguen poniendo el chispeante por el simple hecho de que se lo permitimos. Con lo cual, pasamos a ser cómplices y verdugos. Hay que dar la espalda a esta Fiesta, no se puede tolerar el fraude y el sadismo. Tolerancia cero. Aficionado, a las almohadillas, las broncas y al activismo desde el tendido. Una de las máximas más repetidas por el taurinismo, y que ha calado hasta en los aficionados más cabales, es esa que dice que el toro es el eje de la Fiesta. Mentira. El motor que propulsa la tauromaquia es el aficionado. Con plazas vacías, por muchos Bravíos y Dianos que salieran, no habría tíos que quisieran torear, ganaderos con ganas de criar toros, ni empresarios si no hay empresa que gobernar. Quizás sea hora apostar doble o nada, de dejar de apoyar esta bazofia, de no ir a la plaza cuando la sospecha del fraude sea palpable. Cada uno de los céntimos con los que pagamos la entrada es un céntimo destinado a subvencionar ladrones. Cada céntimo que va a parar a la caja de uno de estos taurinos, es otro céntimo de esos con los que Anselmi se paga los trajes.




Los toros de Montalvo de esta tarde daban mucha lástima, algunos grima, miedo, pero no por la emoción, sino por la cara de phantasmas que tenían, de moribundos en el mundo de los vivos. Bichos que se lesionan con sólo andar; que se ahogan con un par de trotes; que se asustan de un trapo que pesa cien veces menos que ellos; bestias que se despeñan por el desnivel de quince centímetros de la arena lisa de un ruedo.




Los toreros tampoco se libran. Nunca piensan en el toro sino es para hurtarles las orejas. Ni en que el toreo es cosa de dos, en dónde si falla uno, lo mejor es dejarlo para otro día. No existe una ética del torero. Ni amor por el Toro. Porque una cosa es querer agradar, o justificarse, como se dice ahora, y otra ponerse bonito con toros que cojean; querer sacar tajada artística de bestias que caminan como momias;  martirizarlos a base de faenas de largo minutaje cuando piden la muerte con urgencia; levantarlos una y otra vez para volver a fustigarlos con la muleta, que nos está viendo toda España y necesito contratitos para el año que viene; o matarlos con desidia, alargándoles la agonía, entrando y pinchando las veces que sea necesario, que como no hay oreja, la cabalidad no es imprescindible y prisas no hay.


Mención aparte merece Agustín Sanz, picador de la cuadrilla de Leandro, que picó el quinto de la tarde de manera cruel, cobarde y perversa. Vale que se cayó, o se desmayó -como dicen ahora de todos los artistas que se visten de oro-, del caballo a la primera, cosa que le puede pasar a cualquiera. Lo que no es de recibo es volver a subirte al rocín, coger la munición y hacer pagar con saña por todos tus complejos a un bicho lastimero cuyo única culpabilidad era la de caer en manos de alguien sin escrúpulos que lleva una chaquetilla que no le pertenece.




Con el torero, tolerancia cero.

sábado, 2 de octubre de 2010

Naturalidad Mora

Puerta Grande con media docena de naturales. Iván de Andrés.



Madrid. Plaza de Toros de Las Ventas. Feria de Otoño. Tercera de ciclo. Tres cuartos de plaza. Toros de Torrealta, y un sobrero -tercero bis- de Martín Lorca para Juan Mora, Curro Díaz y Morenito de Aranda.



Por órdenes del rey Alfonso VIII de Castilla reza en el escudo de Plasencia el lema, que vino a darle nombre a la ciudad, ``Ut Placeat Deo et hominibus´´, que en el lenguaje de fulanos como Cervantes o Quevedo viene a significar `para que plazca a Dios y a los hombres´´. Nacido, crecido y venido de la tierra placentina, y con el fin de honrar la leyenda de su pueblo, hizo el paseillo Juan Mora, perdón, Don Juan Mora, uno de los últimos supervivientes de la gloriosa estirpe de la torería añeja. 


El bueno de Juan volvía una vez más a su casa, al único sitio tal vez en dónde su cátedra es valorada como lo que es: la maestría de un matador de toros bravos. Casi cincuentón, achaparrado, vestido en torero, corbatin negro sobriedad, traje con pinta de desgastado, aliviado de oro, sin petulantes bordados, las tela livianas, el estoque en la mano y la vergüenza por montera. Pura torería. Anhelo de tiempos que inequivocadamente fueron mejores.




Nos recetó, como buen doctor de la tauromaquia que es, dos faenas llenas de verdad, pureza y clasicismo.  Basadas ambas en la naturalidad, el toreo fluido como una cascada de arte capaz de emborrachar veinte mil almas y la inteligencia del que conoce todas las suertes, terrenos y rincones del toreo. Veinte pases, algunos majestuosos, otros bellamente imperfectos, naturales desmayados, con las plantas asentadas en la arena, con la derecha templado y parsimonioso, con esos pases de pecho verticales tan de la casa, un ramillete de remates digno de los mejores, y la manera cabal de salirse de la suerte al finalizar las series, despidiéndose del toro como la pareja de enamorados que se dicen adiós en la estación del ferrocarril. Todo ello coronado con dos grandes estocadas, fabricadas y asestadas nada más salir del último remate de la tanda, como antaño. Tres orejas, para muchos excesivas, pero que carecen de todo valor, tardes como esta no se pueden medir, contabilizar ni premiar numericamente. Estas faenas van directamente al recuerdo, al cajón de las cosas buenas de esta Fiesta que merecen la pena. 




A Curro Díaz lo hemos visto en dos versiones: la mala, la del mediopegapasismo, y la más seria, la de jugarse la pelleja con un bicho descastado cruzandose al pitón contrario, metiendose en la cuna, para sacar muletazos sueltos, pero limpios y bellos. Un cañonazo con la espada le valió para que le pidieran una oreja minoritariamente, que Muñoz Infante concedió. Tampoco es que me estorbe. La ejecución de la estocada por sí sola la valía.




El mejor toreo de la tarde lo ha realizado Moreno de Aranda, en el sexto, al natural, respetando todas las normas ortodoxas, cargando la suerte, toreando con profundidad y templanza, llevándolo siempre embebido en la franela. Le hubieran dado las dos orejas de matar bien, pero como lo hizo de bajonazo infame se tuvo que conformar con una. Lo que se convierte, indudablemente, en un error clamoroso del usía, que si es menester, debe incumplir las leyes, por mucha mayoría de moqueros que haya, para salvaguardar el caché de la exigencia de Madrid. Oreja tras bajonazo, no. Si usted ha toreado como los ángeles, dé dos vueltas al ruedo si es necesario, pero de tocar pelo ni hablar.






Los toros, Torrealtas de los que hemos hablado poco, resultaron colaboradores, anónimos en el caballo, descastados y noblones en lineas generales. No dieron problemas. Seis de esos mal llamados medios-toros que han tenido la suerte de ser clientes de tres toreros con muchas cosas que decir. Y bien que se las dijeron, cada uno con su lenguaje.





lunes, 12 de julio de 2010

Se les van como vinieron: sin torear

Con un cuerno por dentro de la muleta y otro por fuera. Esto ya no es ni pico. Se puede decir que lleva toreado el 50% del toro. Manolo Moreno.



Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Octava de feria. Lleno. Toros de Victoriano del Río para Curro Díaz, El Juli y Alejandro Talavante.



Debutaban los toros de Victoriano del Río, con sangre Domecq, en la plaza navarra. Y no lo han hecho con mal pie. Ganaderías como ésta o la de Fuenteymbro demuestran que el encaste Domecq, por sí sólo, no deja de ser un encaste más, tan válido como cualquiera. El problema está en manos de sobre quién recae la decisión de seleccionar y trazar la linea de una ganadería. De los de esta tarde, que han sido toros de plaza de primera categoría, pero no de Pamplona -exceptuando el lote del Juli-, que es de categoría especial, han embestido, con posibilidades para el torero, cinco, que no es cuestión baladí. Primero, especialmente bueno, empujó con fijeza en varas, y embistió con transmisión y nobleza. El toro de la feria, por ahora. Los demás, quitando el sexto, se fueron con demasiadas orejas al desolladero. Se repite la historia de este año, en cuánto sale un toro con algo que torear deja desnudo al torero. La terna, por debajo de la corrida. Y eso que salir premiado en esta plaza es cosa de niños. Puntúa alto Victoriano en su presentación en Iruña.



Curro Díaz se ha empeñado, con ahínco, en perder el buen lugar que ocupa en el corazón del aficionado. Se ha negado apostar de verdad, por el toreo del bueno, sabedor de que es un matador que gusta, como pocos, y que la gente se conforma con las cuatro cositas pintureras, llenas de gracia, pero vacías de autenticidad. El que abrió el festejo, se le fue sin torear, y para más inri, lo desbordó en muchos momentos en la faena de muleta. Le repetía una y otra vez y el linarense no pudo, o no supo, dejarsela puesta, se la traía a la cintura, dónde con medio pase, y una composición un tanto exagerada pretendía que aquello pasara como bueno. Con el cuarto, que tenía la misma clase pero no esa transmisión, volvió a estar por debajo. No se puede cimentar una faena en el trincherazo y el pase de pecho. Curro Díaz, y su concepción de toreo, necesitan una reflexión.



Volvimos a ver la dimensión de torero que tiene el Juli. Tuvo enfrente dos toros imponentes, los mejores presentados de un mal enlotada corrida, que tuvieron sus posibilidades, pero a los que el bueno de Julián no los quiso ver por dónde torean los hombres. Torear al natural, frase bella, en peligro de extinción. A su primero le instrumentó una faena basada en el pitón derecho, en la ligazón de innumerables pases, cosa que gusta a las gentes de casi todos los lugares, pero que nada tiene que ver con parar, templar, mandar y cargar, que eso son cosas para Frascuelo, que no sabe ligar, cuidar, medir, ni estar importante. Cuando se la cambió a la zurda, y se puso a acompañar la embestida del toro, pasó el autobús de la selección española con la Copa del Mundo, entre el toro y Julián. Qué malo es -sin paños calientes- toreando al natural. Una estocada a capón le valió para pescar una oreja, con fuerte petición de la segunda y robo presidencial según el movimiento taurino. Con el quinto, el más grande de la tarde, y el más inválido, anduvo porfión, profesional, que se dice ahora, y poco más. El burel, cuya condición boyar se fue acrecentando con el paso de la larga faena, no sabemos si por descaste o por aburrimiento, le pegó una cornada en los testículos, en un exceso de relajación. Mató nuevamente a capón y le dieron otra oreja que le valdrá para seguir rompiendo todas las clasificaciones y escalafones importantes. Lo que no se espera es que rompa a torear bien.



Ver a Talavante se ha convertido en un mal dolor de muelas. Vale que el sexto no tenía juego como para estar mucho más que dispuesto, pero con el tercero no tiene excusas. Nobles y sosos, toro y torero, de ahí no podía salir nada apetitoso. Con una vulgaridad extrema y una falta de amor propio más que preocupante, el camino se le pone cuesta arriba. Y maneras de alpinista no tiene.



No quiero acabar sin presentarle todos mis respetos, a Pedro Muriel, tercero de la cuadrilla de Curro Díaz, que hace unos días ha recibido una brutal cornada de la que le mandamos fuerzas para que salga adelante, sabiendo que hay huellas que nunca se borran. Un profesional como la copa de un pino y un torero de los pies a la cabeza. El primero de julio enterró a su hija, con ocho meses de edad. Que descanse en paz. Y mucho ánimo para la familia.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Todo vale, todo se aplaude

Esto bien vale una oreja. Así está el patio. CABRERA




Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. San Isidro. Décimo cuarta de feria. Lleno. Toros de Nuñez del Cuvillo para Curro Díaz, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante.




¡Plasss! ¡Plasss! ¡Plasss! Todavía me duelen los oídos de oir a la gente aplaudir hasta el movimiento de una mosca. Que un subalterno pone un par de banderillas una miaja en condiciones, pues se aplaude. Que se hace un quite mitad chicotazos, mitad saltilleras que sale como Dios quiere, se aplaude. Si un torero mata de un bajonazo mortal, a aplaudir pues. Como también se premia con la música de las palmas a un picador por no picar. San Isidro se ha convertido en una verbena de barrio.



Hay que decir que no ha sido la peor corrida de Cuvillo que se ha visto por estos lares, que estaban mejor presentados que la costumbre de la casa y, que, como los frailes de ayer, se han ido algunos con las orejas tal y como las traían. Pero no se me emocionen, no dejan de ser un manantial de sosería e insustancialidad.



Abrió la parte seria del festejo Curro Díaz, ausente y bucólico hoy, muy por debajo de sus dos cuvillos. Da rabia y es penoso ver la inconsistencia y conformismo del artista, abandonado a su suerte y, de paso, toreando al aficionado. Uno va a los toros, por muchas cosas, pero sobre todo para ver tíos dispuestos y no almas en pena, cual currante en la cola del Inem. Nos debe una el linarense.




El discípulo de Cepeda también ha vuelto. En esta feria, que es la más mediocre que se recuerda en tiempo, resulta que todos vuelven. Luque, El Cid y ahora Perera. Siempre según el bigotudo del 3D, que es el que realmente hace los carteles. El caso es que por llevarse una voltereta fea en una colada del toro por el pitón izquierdo, y que por falta de oficio, no pudo esquivar ni enmendar, más unos cuántos trapazos encimistas sin mando alguno le han valido para cortar una orejita de la talanquera del pueblo de Madrid. Con el quinto, un inválido, que sería de triunfo de garabatillo en plaza de provincias, se puso pelmazo, instrumentando muletazos a diestro y siniestro, que no toreando, a sabiendas de que con un arrimón y una estocada efectista le podían pedir otra orejita que le abriera las puertas de la gloria. Cabe recordar que el año pasado Castella salió a hombros con materiales de la misma ganadería con dos faenitas que firmaría el mismísimo Pedrito Capea.




Y de Talavante podemos decir que no se acopló con un bendito de cuvillo, sorteado en tercer lugar. Por cada pase limpio que le daba surgían dos engachones. Y por cada enganchón, dos muletazos fuera de cacho. Y por cada muletazo fuera de cacho, dos manoletinas atropelladas. Y por cada manoletina, otros dos enganchones. Éste es el ciclo del destoreo, pulido hasta límites insospechosos por Talavante. Con el séptimo estuvo aseadito, con sus cositas y sus detallitos y todas las minucias acabadas en -ito o -ita, que tanto celebran los catedráticos del toro. Pero de toreo fundamental, nada de nada.

jueves, 6 de mayo de 2010

La primera en la frente


Una gran estocada que, mal que bien, le valió una oreja. Cabrera



Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. Feria de San Isidro. Primera de feria. Casi lleno. Toros de Salvador Domecq y un sobrero, sexto bis, de Navalrrosal. Curro Díaz, Juan Bautista y Eduardo Gallo.


Primera de las múltiples apariciones de animales con sangre de la calaña Domecq en San Isidro. Sin novedad en el frente. Atocinados, con más magra que sustancia, con el indicador de la reserva de casta encendido, en rojo. No debió pasar el reconocimiento ninguno, pero ya lo comentabamos el otro día: plaza casi llena + ganado de saldo + toreros con sed de triunfo y poco caché = negocio rentable. Salió un sobrero de Navalrrosal, contagiado en corrales del descaste de sus compañeros de encierro. Algunos derribaron en varas, no por su desmesurada fuerza, más bien porque los caballos parecían que venían de la Ruta del bacalao. No más caballos drogados ni limitados de sus sentidos. ¿Acaso el peto acorazado no es suficiente martirio?



Ni a Curro Díaz ni al ciclo isidril le hacen falta orejas como la de esta tarde. Los argumentos de la gran estocada, llevándo al toro toreado hasta el embroque final, ni los veinte pases desmayados, sentíos y garbosos ante un vaco, tan grande como vacío por dentro, no son suficientes para arrebatar un triunfo en la primera plaza del mundo. La estructura de faena, con el único defecto de no dar una serie completa al natural, es una catequesis para las figuras del cuarto de hora. Tres, cuatro series, dándole su tiempo al toro, una serie de remates toreros, que no es lo mismo que pases adornados, y a cuadrar al toro. En esos cinco o seis minutos a un hombre delante de un Toro, le da tiempo a volver locas a veintitantas mil personas. Esa debe de ser la magia del toreo, y no esa cosa de los relojes parados ni artistas quintaesenciando borregos. No se merece el bueno de Curro el trato que le dan los taurinos, ¿porque anunciarlo con Javier Conde en el Aniversario? Aunque la pregunta lógica sería la misma pero más corta: ¿Por qué anuncian a Javier Conde?




Juan Bautista, es el paradigma del torero funcionario de nuestro tiempo. Metódico, puntual, aburrido y desganado. Nada deja a la improvisación, al talento o al orgullo. Da la impresión de que las faenas las estudia del 6 toros 6. Aún así, está encartelado en las mejores ferias, teniendo la fortuna, a veces, de aparecer en carteles fuertes. Dificilmente será recordada una faena suya, y cuando lo es, no te viene a la mente ningún natural o algún trincherazo. Lo que se recuerda es que aquel día de Otoño, estaba lloviendo. Osea, que se recuerda la lluvia, una condición atmosférica que poco tiene que ver con la bravura de un toro y el poderío de un torero. Recuerdos estériles de toreros invisibles. Hoy ha sido otro de esos días, en los que como funcionario del ruedo, hace el paseíllo; saluda de capote; hace un quite, dos no, para no levantar sospechas; cuatro series de derechazos, al natural, si se puede, un par de ellas; matamos ligero y a la furgona que mañana nos esperan en otro sitio. Qué malo es cuando un torero no dice nada.




El salmantino Eduardo Gallo sigue viendo como, por unas cosas o por otras, los trenes pasan de largo y no termina de subirse. Su último billete es éste, el de 2010. Esta tarde se puede decir que se ha alejado un poco más de la escalera del tren. En un lote sin opciones, el tercero, por cochino, el sexto bis, por mulo, ha sacado lo peor de su artillería. Vulgar, pegapasista, encimista, que es una cosa que no le pega, se empeñó en hacer faenas de pueblo en el mes de agosto. A Madrid hay que venir más despejado y menos bisoño. La afición, con sus virtudes y defectos, es clara y transparente, fácil de detectar: nada de monerías a inválidos, encimismo los justos, artilugios raros como circulares los menos y si no hay toro se abrevia. Con respetar estas cuatro cosas el aficionado sale satisfecho de la plaza, el motivo: ha visto un torero dispuesto. Para que luego, los más ínclitos toreristas, vengan con la murga de que la afición venteña es la más exigente del mundo. Como ven, es todo lo contrario, a las muestras de hoy con Curro Díaz me remito.





jueves, 22 de abril de 2010

Dos cromos repetidos

¿Quién es El Juli y quién es Pinar?




Solución: tenemos que esperar a los resultados de las pruebas de ADN.



Sevilla. Plaza de toros de La Maestranza. Feria de Abril. Decimocuarta de feria. Tres cuartos de plaza. Toros de Alcurrucén para Curro Díaz, Matías Tejela y Rubén Pinar.



Toros, lo que se dicen toros, no ha saltado ninguno al ruedo de la Maestranza esta tarde. Hubo alguno que se le pareció, ya saben, en eso de tener dos cuernos, dos orejas, un rabo, pelajes distintos al negro, buenas hechuras y todo eso que compone lo que los taurinos llaman un toro bonito. En este caso el adjetivo calificativo bonito es sinónimo de gatuno. Mansos descastados, varios antes de rajarse regalaron unas cuentas embestidas que mal que bien aprovecharon hasta cierto punto. El tercero, manso durante toda la lidia, se dejó mancillar con la muleta. En general, otro punto negro para el empresario que compra esta basura y el presidente que lo tolera.




Se esperaba, o yo por lo menos, un triunfo sincero de Curro Díaz, uno de esos toreros que son capaces de aunar el mal llamado arte con la emoción en una misma obra. Ha demostrado varias veces que es capaz de hacerlo, sin tener que echar mano a números baratos de arcanista del tiempo. Primero torero, y después, si se puede, artista. A su primero, un torete impresentable, que no tardó en rajarse, le dió un puñado de muletazos sueltos, con empaque, sin encontrar respuesta en el público. Si los cuatro detalles del linarense, tampoco conviene exagerar ya que no fueron más, los hubiera realizado el niño de Manzanares la plaza de pone boca abajo hablando de la bragueta que tienen los artistas para enfrentarse al manso incierto. Pero es Curro Díaz, que a estas alturas de la película, igual que a Fundi, Urdiales, Rafaelillo, José Luis Moreno y algun otro, tiene que saber que no le van a regalar nada. Es más, le tocará luchar contra vientos, mareas y tramas supercamorristas para que no le roben más de lo debido y necesario. Es el destino del torero sobrio. El cuarto no le dió opción, por mucho que se empeñen en decir lo contrario algunos gacetilleros que llevan quince días con la incapacidad permanente, que debería de remunerarles Zapatero, para ser críticos con algún torero. Y hoy, les da por poner la mansada y bazofia de corrida por las nubes. El día de los mulos de Gavira, tan descastados como estos, todo fueron flores para Morante, el hombre del tiempo. Será por eso que ha vuelto a salir el sol.



Tejela tampoco tuvo demasiadas opciones con el lote, mas hay que sumar en su debe los mismos errores de siempre: toreo periférico, pico y muleta retrasada. Así no se puede torear ni a una monja, por bendita y huérfana que sea. Otro de los que son incapaces de salir del sistema de siempre: dos, tres tandas con la derecha; me la cambio a la zurda: una para justificarme; dos si el animal es un dulce relleno de nobleza; tres si a la gente se le va la cabeza y por lo que sea, soy capaz de formar hoy un sindiós. Y vaya si son capaces de liarlo, uno cada cuatro o cinco años, si hay suerte. Pero hoy no tocaba.



Rubén Pinar es la mejor falsificación, realizada por un genio de la misma como Santiago Martín, que existe hoy día de El Juli. Es emotivo ver como los que vienen arreando por detrás aprenden de sus ídolos. Se te estremece el cuerpo al ver a ese Pinar descargando la suerte, abriendo el compás y llevándolos tan lejos del cuerpo, allí donde si te tiran una cornada no hay peligro, y además, sale bonito el derrote en la foto. Mañana, cualquiera que abra el periódico y vea que ha dado una vuelta al ruedo después de siete descabellos pensará que ha toreado como Antoñete con el toro blanco. En el sexto, que no valía nada, hizo una faena de pueblo, sacó toda la artillería en la solanera, que supo agradecérselo con una des-merecida ovación que no merecía su des-toreo.



domingo, 28 de marzo de 2010

Clínica San Miguel




Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. Domingo de Ramos. Un tercio de plaza. Toros de San Miguel y dos sobreros de Carriquiri para Curro Díaz, Leandro y Morenito de Aranda.



Los seis de San Miguel salieron unos borrachos, otros inválidos y algún otro toxicómano. Se cayeron de todas las formas posibles: perdiendo las manos, sentándose de culo, rodando como pelotas y despeñándose lentamente, que será el summum para el ganadero artista, ver como su animalito pierde las manos y el culo detrás de la muleta deteniendo los relojes. Menuda basura lo de la Clínica San Miguel.

Los sobreros de Carriquiri, mejor presentados, fueron bueyes descastados más aptos para el laboreo de tierras agrícolas que para su lidia como ganado bravo.



El bueno de Curro Díaz no tuvo opción con sus oponentes. La nada más absoluta. No le dejaron ni pasar miedo. Venir a Madrid para esto -pensará el linarense. El que haya ido a la plaza pensará lo mismo.


Leandro aprovechó la tonta y boba condición de sus toros, que fueron sólo un poco menos inválidos que sus hermanos. Se llevó el lote medio pensionista de la tarde. Entonces fue cuando apareció el que todos conocíamos, el Leandro Marcos de siempre, para abusar y ponerse bonito, muleta picuda y pierna retrasada, delante de animalejos que por su humana bondad pensamos que pueden haber sido bautizados por el altísimo Mosterín y sus discípulos.


Y del Morenito de Aranda tampoco podemos decir mucho. A su primero lo toreó con el capote un tanto acelerado, pero volando bien la tela, abriendo el compás y ganando pasos. Después le tocó hacer de enfermero y en el que cerraba la tarde anduvo para aquí y para allá dejando algún estimable muletazo suelto. Debió abreviar y no ponerse pesado.





martes, 9 de febrero de 2010

Valdemorucho 2010

Foto: Iván de Andrés


Los de Peñajara, sospechosos de pitones, formaban una escalera de carne, con casi 100 kilos de diferencia entre el dulzón y empalagoso segundo y el cuarto, tan fofo y regordío que no podía ni moverse. Los demás, más de lo mismo: sin fuerzas, sin casta, pero colaboradores y noblotes en el último tercio. La gripe D(omecq) ha infectado hasta el tuétano a los últimos rincones libres del virus que le quedaban al enfermo.



Los de Antonio San Román, acarnerados, podridos de mansedumbre, alagartijados, feos, inválidos e indignos. Para más inri en algunos medios se ha podido leer la coletilla ``pero limpios de pitones´´, ¡faltaría más! Menuda porquería de ganado, ¿cómo puede llevar un torero la cabeza alta después de ser participe de semejante farándula? Aquel torero tomado como héroe deja paso a ese personaje mitad cupletista mitad tirititero que se dedica a poner posturitas ante animales criados y seleccionados para convertirse en cómplices del artista en vez de fieros contricantes del lidiador.



Algún destello torero de Curro Díaz y Leandro es lo único rescatable de la Feria. Bolívar no estuvo, o mejor dicho, está como bucólico, triste, ido, puede ser achacable al viaje América- Valdemorillo- América que le planearon ¡ay, los apoderados! Tendero y Abellán dejaron muestra de su estilo ``pegapasista´´ y de toreo lineal de siempre. Lo mejor que podría hacer por la afición y por la tauromaquia Alvarez es dejarlo, una retirada a tiempo es una victoria, es un chaval que ha toreado, con poca fortuna, corridas duras y que puede hacer valer esa experiencia para cambiar el oro por la plata. Sin acritud.



Ya tenemos la primera víctima de la temporada: la Feria de Valdemorillo.