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martes, 12 de octubre de 2010

La bravura no hace al Cuvillo


Burladero.com

Maite Fernández

Maite Fernández



Sin noticias en el cuartel general. Esta de Cuvillo sigue siendo una ganadería para débiles, para hacer el toreo que tanto gusta a los de la menistra, para que se les derritan las neuronas a aquellos que gozan del toreo sin toro y del toro sin pinta de toro. Que piensa uno, que ya puestos a meternos en lides políticas y culturetas, podrían haber cogido a Pregonero, Ventoso, Ropalimpia, Espoleta, Lanudo o Campanillo, colocarles un cascabel que suene en si bemol, para que parezcan lo que son, mininos con los que culturear, y sentarlos a comer con la ministra, que seguro que será vegetariana y seguidora de José Tomás, como sus seis comensales del Grullo.


Tapados casi todos por los cuernos, algunos ni eso, escurridos de carnes, escuchimizados de los cuartos traseros, `en tipo´o con `hechuras para embestir´, que se dice ahora. ¿En tipo de qué? ¿ con hechuras para qué? El cuento del toro bajo, casi liliputiense, como sinónimo de embestidas portentosas ya no cuela. Zaragoza. Plaza de Primera. Se exige una presentación, un trapío, que va mucho más allá del tamaño de los cuernos. Tampoco se les dió en varas, exceptuando el lote del Tato, que fue tratado en el caballo como si fueran los Victorinos de sus tiempos.  Me sorprende que haya gente, experimentada y con muchos negros en sus retinas, que puedan decir que la corrida de hoy ha sido brava en el caballo. Entiendo que alguno empujó, romaneó, rabeó, mostró fijeza y hasta derribó, aunque hay que decir que más por anemia del equino que por poder del bovino. Pero todas estas cualidades no pueden sostenerse como principal medidor de la bravura. Aquí viene el castigo. Si no hay castigo no hay nada a lo que sobreponerse, y la bravura no es otra cosa sino la desobediencia genética a la derrota, la capacidad del organismo para vencer a la adversidad hasta fallecer si es necesario. Y a estos cuvis apenas si se llevan un refilonazo. Llegará el día en que la suerte de varas se haga sin vara, y  comprobará la bravura del cliente un gordo vestido de gitano con un báculo con la punta del fieltro. Entrarán quince veces al caballo, que llevará un peto de lunares y faralaes, y los cronistas dirán que ha sido más bravo que Bravío. Mientras eso pasa a nosotros nos nos quedará otra que defender la evidencia: estos toros de Cuvillo, mientras no demuestren lo contrario, no son tan bravos como los pintan.


Bravos no, máquinas de embestir, sí. O artefactos de movimiento, porque es imposible imaginar la embestida de un toro sin naturalidad, animalidad o incertidumbre, y los parientes de Idílico no la tienen. Se mueven pero no embisten, o por lo menos no se mueven como toros -en realidad ya casi ninguno lo hace-. 


Con semejante percal, muy favorecedor para el torero en los tiempos que corren, el Tato ha demostrado que segundas partes nunca fueron buenas, y que no tiene suficientes espolones para retarse con los gallos del corral. Faenas fuera de cacho, inseguro, dando más pingüis que un canguro, y lo que es peor, mal pensadas, haciendo todo a la contra, toreando al revés, de abajo a arriba, sin sentido del temple ni de la altura, cosa que no se le puede perdonar a un hombre curtido en mil batallas. 


El Juli se ha visto desbordado en su primero, un novillote impresentable, por la velocidad a la que se movía, y el cabeceo constante de Ventoso, con esas hechuras, seguro hijo de la vaca Ventosidad. Le ha recetado varias decenas de pases, eléctricos, ventajistas y variados. Un popurri de la julimaquia. Curiosamente, el famoso temple del Juli, para una vez que lo necesitaba, no ha aparecido. Orejita de La Misericordia.

Con el jabonero, más grandote y cariavacado, y que también se va de rositas del encuentro con el picador, volvió a reincidir en la cantidad más que en la calidad y en el efectismo antes que en la hondura. En resumidas cuentas, en el toreo barato que es el que proporciona despojos y dineros a los monstruos de la Tauromaquia. No pudo redondear la actuación porque en el tradicional julipié se abrió más de la cuenta y al de Velilla le faltaron dos cuartas de brazo para llegar al morrillo.


Luque fue el Luque que todos conocimos de novillero, pinturero con la capa, arreando, con la yerba en la boca, pero también acelerado y dislocado. Cuasi perfecto en lo accesorio, torerísimos los aperitivos, toreando por bajo, al buen tercero, Ropalimpia, que fue el que más tuvo que torear, y que se ha ido para el desolladero sin saber lo que significa verbo tan extraordinario. Si acaso, son recuperables, ademas de los citados adornos, tres o cuatro naturales de mano baja, compás abierto y pata retrasada en el inicio de faena. Después la cosa se diluyó, mérito de Ropalimpia, que no se dejó engañar por la muleta del sevillano. Ganó la partida. Un metisaca y una estocada entera de efectos fulgurantes hicieron al público pedir la oreja, que el presidente tuvo a bien no concederla. 


En el sexto, volvió Luque sobre sus pasos recientes, sobre las gestas de mentira, el destoreo y las ganas de agradar sea al precio que sea. Luquesinas, arrimones, medios pases, banderazos, desplantes y algun beso, para cortar una oreja sin trapío de plaza de primera.

martes, 5 de octubre de 2010

El toreo, a sus pies







                                  



                                         
                                                      


Nota: Falta El Cid, del que no he podido encontrar foto con toro a tierra. Como es esto del Google, que pones Cid y empiezan a salirte Victorinos y cosas de esas...


Nota 2: J.Carlos me envía una foto del Cid, en Las Ventas el año pasado. Se lo agradezco.



sábado, 28 de agosto de 2010

La tarde de las lamentaciones

Un zalduendo que no se merecía el lujo de morir en la plaza, al igual que todos sus hermanos. Maurice Berho




Plaza de Toros de Vista Alegre. Bilbao. Corridas Generales. Sexta del ciclo. Lleno. Toros de Zalduendo y dos sobreros de Torrealta -1º y 4º- para Morante de la Puebla, El Juli y Jose María Manzanares.



Carrusel de lamentos y lloros, esta tarde en Vista Alegre, como si estuvieramos en la Novena a San Expedito. Expiraciones y flagelos por los que se fueron al desolladero entre pitos y desprecio: que si tenían buenas hechuras; que si venían de buena reata; que si con tanto aficionado talibán en los corrales alguno le habrá echado el mal de ojo; que si la suerte, los vientos y los viajes; que si va a ser cuestión de llamar a Eduard Punset para que resuelva el dilema científico de porqué un toro rechazado en Málaga no embiste en Bilbao; y por qué tenemos tan mala suerte que siempre que hay figuras no salen las cosas como uno espera... Y venga, dale que te pego, a sonarse los mocos en los pañuelos blancos con los que iban armados para rebajar Bilbao de posición y poner a Matías entra la espada y la pared. Pero no, ilusos, el que va a ver una corrida de Fernando Domecq sabe a lo que va, a ver un toro en su versión más lastimosa, podrida y descastada. Así, que no caben lamentaciones, la próxima vez que vean encartelada una corrida de este señor, directamente no vayan, quedense en su casa y no sean partícipes de un fraude al espectador y de la tortura a un animal indefenso.




Morante pechó con un lote de Torrealtas, y continúa así con la racha de mala suerte en los sorteos que lo azota desde tiempos inmemoriales. ¿Casualidad? ¿Fatalidad? Ni lo uno, ni lo otro. La suerte te tiene que pillar trabajando, y la cuadrilla del ruiseñor de la Puebla, empezando por su apoderado, carece de método, eficacia y compostura. No le valen los toros, primeramente por la pulcritud de colegio de pago para pijos con los que los seleccionan. Es más fácil encontrar una aguja en un pajar que un toro en un lote de Morante. Después, por la quimera que supone enrolar en tu cuadrilla primero al amigo antes que al profesional. Capotazos, embrollo, toros por los suelos, un disparate. En su primero bis, un torrealta muy de andar por casa que se tapaba por ser jabonero, empezaron con la carioca preceptiva, acabando con el picador y picado en el centro del ruedo prácticamente. Luego le dieron de lo lindo y trasero. A un toro con la fuerza justa que cabeceaba y pegaba tornillazos. Las tauromaquia, boca abajo. Con la muleta se justificó por ambos pitones y poco más, santo Tomás. Las musas, que no todas son artistas ni putas, también las hay con el FP de Imagen y Sonido, le echaron un cable -nunca mejor dicho- al ciclón de la Puebla, subiendo misteriosamente en la retransmisión del Plus la señal ambiente en medio de una pequeña ovación. ¿Casualidad? ¿Picardía de la musa bigotuda? Curiosamente, cuando se protestan los toros o hay voces altisonantes con los diestros el audio de la plaza desaparece. En el cuarto, otro de Borja Prado, manso sin codicia, intentó hacer faena, pero pronto desistió ante el cabreo del público de toros, que es el único animal que tropieza siete mil veces con la misma piedra. Ir a ver a Morante con expectación es un error, cuando todos sabemos que le sale algo medio digerible cada equis tiempo, donde menos te lo esperas. Y nunca será en una ciudad con más de quinientos habitantes. Lo suyo son los pueblos, los fandangos y los puros.


El Juli, que repetía, recibió de capa con buenas intenciones al impresentable segundo. Ganandole un paso en cada lance, rematando casi en los medios. Destacable hoy día. Se le pica poco y mal, un par de refilonazos muy aplaudidos desde los tendidos, que han perdido el norte, a pesar de vivir en él. Con la muleta, ventajista, cobista, industrial, como siempre. Nada nuevo en el horizonte. Si acaso más vulgar, citando al toro a grito pelao, con zapatillazo y toques brusquísimos de la pañosa. Por el pitón izquierdo para más dolor de la tropa juliana, se lleva enganchones, por lo que decide por montar el circo. Molinetes, martinetes, circulares, desplantes y conexiones inalámbricas con el tendido. Mató de un bajonazo al julipié, que es el summum de la cobardía, y se llevó una gran ovación. Ver para creer. Con el quinto, en el que también le tocaron la música, señal de que no se estaba toreando, estuvo rematadamente mal, perfilero como de costumbre, pero sin el temple que es marca de la casa. Atropellado, descompuestos toro y torero, incapaz de sacar un muletazo por lo menos limpio. Hacemos un paréntesis para comentar que esta ha sido la tónica habitual de la tarde, el cabeceo y la descomposición de la embestida en cuanto el zalduendo ve que puede cornear las telas. Como si no tuvieran una buena percepción de las distancias. ¿Fundas? Ahí lo dejo. Mató al segundo julipié y se quedó sin cortar orejas, lo que determinará que esta madrugada haya un gabinete de crisis en Mundotoro analizando causas y porqués de la catástrofe.


Más vale caer en gracia que ser gracioso -reza el dicho-, y eso le pasa a Manzanares Chico. Menuda tardecita que nos ha dado. En el tercero, bobo de solemnidad, se dedicó a meter pico y barriga, a dar muchos pases a tontas y locas y a engatusar al personal, que parecía venido de Pamplona. O de Sevilla. Se pegó en las postrimerías de la faena tres o cuatro invertidos que eran un monumento a Salvador Távora y esas cosas delirantes que hace en el escenario con flamencas, caballos, novillos criados a biberón y guitarras españolas. Que cosa más ridícula por Dios, a la altura del Salto de la Rana, que por lo menos no engaña a nadie. Al sexto le instrumentó una faena mala de solemnidad, pero como era hecha por él, míster Alicante, tendremos que decir que fue empacada, pinturera y rebosante de torería. Si esta misma la hace Sánchez Vara, por poner un ejemplo, el aficionado bilbaíno hubiera llamado a los de la kale borroka para que hicieran la crónica.


viernes, 27 de agosto de 2010

Aquellos barros trajeron estos lodos

Obligado de pecho de El Juli. Maurice Berho



Obligado de Manzanares. Si estos son los obligados, como serán los voluntarios... Maurice Berho




Plaza de Toros de Vistalegre. Bilbao. Corridas Generales. Sexta del ciclo. Lleno. Toros del Ventorrillo para Enrique Ponce, El Juli y José María Manzanares.



Hace ya algunos años Espartaco, Ojeda y El Capea llenaron plazas como los Rolling Stones, crearon tendencias estrambóticas y cimentaron las bases arenosas del toreo vanguardista. Aquellos barros trajeron estos lodos. Enfangados de mediocridad y nulidad, Ponce, El Juli y Manzanares han vuelto a demostrar que pueden ser figuras de este algo, esta cosa bonita a veces, y aburrida en otras, a la que nunca se le puede llamar toreo. Tres maestros que no tienen nada que enseñar, nada bueno por lo menos. Toreros a los que les repele el Toro; no les interesa la lidia y sí el resultado, el cuadrito telegráfico de todas las crónicas en las que se rebaja el toreo al nivel de una quiniela. Es triste ver como con la experiencia y número de corridas que llevan en sus esportones aún no son capaces de colocar a un toro en el caballo, poner orden en el ruedo o simplemente, intentar que sus peones hagan el trabajo con eficacia y disciplina. Vergonzosos los tercios de varas, donde directamente no se ha picado, se ha metido debajo del peto, al relance a varios toros y no se han cortado con las cariocas ni las varas traseras y paletilleras. A las figuras hay que exigirles menos poses y más cátedra. De no enmendar la plana, estos lodos terminaran por sepultarnos para la eternidad.


No merece la pena perder el tiempo en hablar de los del Ventorrillo, con fachada de palacete renacentista e interiores e intenciones de poblado chabolista. Blandearon, hubo que cuidarlos con mimo, emplear la técnica no para dominar, sino para ayudar, pegarles los capotazos justitos, dos picotazos ligeritos por barba y no bajar la mano ni atacar con la muleta.



A Ponce no lo vimos con el primero, que pareció dar la sensación de tirar más hacía Caín que hacia Abel, pero que no dejó de ser eso: una sensación reflejo del virulento pico poncista. `No va metido en la muleta y se tira para adentro´ -taurinos buscando excusas-. Mentira cochina. Metió el catedrático tal cantidad de pico y oxígeno (hueco) entre su cuerpo y el toro, que él mismo se descubría, con torpeza novilleril. En el cuarto, manso, de los que le gustan al maestro, hizo una faena de las que gustaría ver a la señora de Obama en Torremolinos. En toriles, zapatilleando, correteando como una flamenca, buscandole las vueltas que se dice ahora. Menuda mariconada. ¿Dónde están los pases de castigo de toda la vida? Me recordó, con esa manera de andarle al toro, con tantos pasitos cortos y con tanto movimiento a los buenos tiempos de Chiquito de La Calzada. O a Cantinflas. Le recetó un bajonazo infame, a los blandos, apuntando ahí, que casi le vale para tocar pelo.



Al Juli le tocó en primer lugar un importante manso, que en cada muletazo se iba como a ocho metros, volviendo como el perrillo que busca a su amo para que le devuelva el hueso, con el mismo trotecito canino y la misma lengua fuera que un chiguagua. Volvió a abusar del toreo mezquino, mecánico, colocándose en cada muletazo de canto, lo que le permite alargar los muletazos hasta donde guste, porque ni toro ni torero van exigidos y no existe ninguna ley física que impida con un simple giro de los talones que esa rotonda en sentido único que forman toro y matador no siga girando hasta que uno de los dos se muera de viejo. A dios gracias, el ventorrillo se rajó, con la música a toda pastilla y el público más asevillanado que nunca. Ya acariciaba un nuevo triunfo importante.

El remiendo de Ortigao Costa, que le va a dar un toque exótico y diferente al curriculum del madrileño, aún siendo más bobo que un juanpedro, le proporcionó tranquilidad, comodidad y una oreja. ¡Qué más se puede pedir! Volvió la burra al trigo, y Julián al martilleo muleteril, al natural fácil y templado, y al derechazo largo, que no profundo. Para no ser menos que Ponce, se llevó un susto arriesgando su vida temerariamente haciendo un circular invertido con el toro ya derrengado. Mató al julipié, pero con bajonazo. Y para bajonazo, el de Matías, que me lo han cambiao, dando una oreja pedida mayoritariamente, legal entonces, pero indigna de este coso.


Cerraba la terna Manzanares, que ha podido hincharse de orejas, rabos y patas, dada la receptividad que tiene ultimamente, y Bilbao no es excepción, el público por lo bonito, lo bello y lo metrosexual. Palabra esta última que define perfectamente el concepto de toreo del alicantino. Guapo, elegante, limpio, depilado, afeitado y pedante. Lo de este chaval clama al cielo. Considerado figura, triunfador de la temporada por detrás de Julián, sin torear en Madrid ni Pamplona. En realidad no torea en ningún sitio. Lo suyo es como en el sexto, lucir la piel tostada, el añil de sus ojos, los trajes tan cargados de oro, la expresividad de su cuerpo, los desplantes desplomados con tintes de tragedia griega mientras la bestia se mueve de aquí para allá. El pobre -me refiero al animal, o sea, al toro- realiza un trabajo más de borrico de los que daban vueltas para sacar agua de la noria que de toro de lidia, que es por lo que se le contrata y da vida. Creo que cortó una oreja, que pudieron ser dos -dicen-. Antes otra faenita de la casa, que le permitió gustarse, sentirse torero, dar lo que lleva dentro, demostrar que está en buen momento, y blá, blá, blá, blá... Pico, hueco y fachada.

domingo, 8 de agosto de 2010

El toreo de capa (caída)



-Sin comentarios-




Decía Unamuno que hay algo de dulce y sosegador, y sobre todo de sabio, en eso que los hombres del mundo llaman aburrirse. Por esa regla de tres tengo que ser el hombre más sabio del mundo. Tal era mi aburrimiento esta tarde, con ese calor gazapón en las calles que no te deja respirar, que no se me ha ocurrido otra cosa que montarme mi propia orgía taurina. He pasado por Telemadrid, que daba la corrida de Vinarós, con Fuenteymbros para Cid, Tejela y Valls. Todo muy bueno, toros muy bravos y toreros muy toreros, todo muy bonito -según Moncholi y la compañia-


A la misma vez, gracias a la tecnología seguimos por esto de internet el enésimo cachondeo de El Juli, Morante y Cayetano, que parece ser que han sido robados y ultrajados nuevamente por un presidente, que les ha faltado al respeto por no dejarles torear unos novillos afeitados y arreglados para la ocasión. Se ve -y me descojono- que han amenazado con no torear, con un plante por semejante violación de sus derechos de figura. A estos sinvergüenzas -esa es la palabra- que no hicieron una triste nota de prensa para EFE o Reuters cuando el Parlament prohibió los toros, y que son sospechosos y alguno, como El Juli, ha sido condenado por un juez por torear animales afeitados, no se les ha ocurrido otra cosa que emitir un comunicado aclarando que los nuevos toros, unos caínes, de los Hermanos Sampedro no tienen el suficiente trapío ni peso para la categoría del Puerto. Qué benditos y qué santos se han vuelto estos cabrones en un par de horas. Les ha crecido la conciencia en un rato. Pues con todo y con eso, las palabras grande, torería, empaque, toreo caro, inicio de faena para recordar, labores compactas, buenos niveles, estética, pinturería o belleza llenan y adornan de mentiras y manipulación las críticas -o eso que escriben- los plumillas. ¿Hasta cuando vamos a soportar esto?









Cambio de canal mientras hago hora para ver la nocturna de Las Ventas, y me encuentro en Canal Sur con Romero y Ruíz Miguel, en Torremolinos con toros de Osborne para Jesulín, el Cordobés y Javier Conde. Hay que ver en lo que han quedado estos toros de Osborne, en modelos publicitarios de las carreteras y para las charlotadas de la costa. Mañana mismo me voy para Navalagamella, el cuartel de Antoñete, y le pregunto a Atrevido -o lo que queda de él- que qué opina de todo esto. Qué cómo ve a sus parientes y sobre todo, que cómo le ha sentado el giro de ciento ochenta grados que ha dado su amo. El sexto, de nombre Camarero, fue indultado por Conde. En realidad, fueron los seis indultados, pero del caballo. No tengo la estadística, pero el tanto por ciento de toros indultados cuando está Canal Sur , ya sea en radio o televisión, en las plazas andaluzas tiene que estar por las nubes. Si a esta gente les pusieran a trabajar en una oficina del Inem lo mismo hasta acababan con el paro.


Han pasado más cosas: a Ponce le han dado una oreja en Vitoria por el cariño; a Barrera en Barcelona por la actitud; a Morenito en A Coruña por las meigas; un rejoneador ha dado tres vueltas al ruedo por ahí; mientras que Rafaelillo, en Francia, ha tenido que apretar las nalgas y tirar la moneda con dos alimañas de Miura para que le den una oreja. Cuánto hay que aprender del señorío taurino de los franceses.


Ya de noche, en Madrid, poco que contar, una de esas novilladas a las que el público por no llevar no lleva ni pañuelos; que protesta a un toro manso; al jabonero lo aplaude porque es jabonero; y que se extraña -y se ríe como si estuviera en el circo- porque el toro da un salto al llegar a la jurisdicción de las rayas de picar. Tampoco es normal que tres o cuatro novillos sean ovacionados en el arrastre por el único hecho de que no hayan sido inválidos. Una nueva novillada que se ha dejado hacer, toreznos criados aposta para que ensayen los de las academias taurinas. Poca emoción y muchos pases, que es la fórmula invertida del toreo bueno. El salmantino Castaño, con agallas pero muy verde resultó herido; Juan Pablo Sánchez ha cortado una oreja de las que se dan hoy día y Espaliú ha demostrado que es de los poquísimos novilleros que saben manejar el capote.



Ahora, la culpa a Zapatero, al Rey, a los ecologistas, a Montilla, a la yerba del campo, a las vacaciones de Obama y al cambio climático...


Por cierto, las figuras venga exigir, exigir y exigir, y ninguna plaza llena.

martes, 27 de julio de 2010

Domingo sin fútbol y sin toros



DOMINGO 25 JULIO 2010



19:30 Plaza de Toros de Roquetas de Mar (Almería). Toros de Cuvillo para El Juli, El Fandi y Ruíz Manuel.




Mundotoro.



Así nos cuenta la actuación de El Juli Juanjo Aguilera, en el Ideal:


Dicen que se torea como se es y por lo visto ayer casi que sí, si bien es cierto que pueden aparecer excepciones. Puede que la de El Juli sea una, porque el 'acelero' de tener que torear en Roquetas de Mar a las 19.30 y tener que hacerlo en Atarfe a las 22.30 no 'casa' con quien aplica tanto temple a su toreo. Por esas formas de expresarse en la plaza, el madrileño salió ayer por la puerta grande y por esas formas acumula muchos triunfos esta temporada.

Una demostración

Lo de El Juli es la confirmación del cambio que el diestro madrileño ha experimentado de hace varias temporadas acá y en la presente parece haber llegado a ese momento de forma que todo profesional ansía. Ayer, en Roquetas, dio una exhibición de poder y maestría para, en el primer toro, hacer una gran faena. Compró un metro cuadrado de terreno y en él ejecutó su doctrina.
Siempre utilizó la medida exacta, ni se pasó ni se quedó a medias a la hora de pisar terrenos -siempre en los justos-, de poner la muleta en el sitio, de sentir y de sentirse torero. Ya se le vio a la hora de recibir a su enemigo, con excelente toreo a la verónica, para lucirse luego con un buen quite. Lo mejor, sin embargo, estaba por llegar. Julián López demostró que ese camino que recorre en la actualidad lleno de éxitos no es fruto de la casualidad, sino de su oficio y, por supuesto, de sentirse a gusto delante de la cara del toro. Ahí compuso su faena, con desmayo, profundidad y temple y, por si le falta algo, de menos a más en intensidad.
Ante el quinto, sacó buenos lances con el capote e intentó cuajar una actuación similar, pero el toro, que se le echó en mitad de la faena dos veces, no quiso darle más gloria al madrileño, si bien es cierto que consiguió un par de tandas con mucho 'peso' por el pitón derecho.




Nota: Aguilera es el único cronista que se ha referido a la endeblez de la corrida, con colofón en el quinto, que se echó dos veces, no sabemos si por inválido o por borrego.




22:30 Plaza de Toros de Atarfe (Granada) Toros de Daniel Ruíz para López Chaves, El Juli y El Fandi.



Así se los ponían a Felipe II. Ramón L. Pérez. (pinchar para agrandar)


María Dolores Martínez, ilustre pregonera del Corpus de Granada, emperifolló la crónica para Mundotoro así:


Emocionante y valentísima la faena de Julián López El Juli frente al parado segundo. El duende y el quejío en la soleá que le dedicó El Parrón fueron el acompañamiento perfecto para una labor plena de conocimientos en la que El Juli apuró al máximo los terrenos para imponerse con suficiencia a su astado. Refrendó su importante obra con un pinchazo y estocada hasta la bola que pusieron en sus manos dos orejas pedidas con muchísima fuerza.

El Juli tampoco perdonó con el quinto, en el que encontró mejor material por su fondo de nobleza y mayor entrega. Exhibió una vez más la naturalidad y suavidad de su capote y muleta en mano exprimió al máximo las posibilidades de un astado que acabó entregando la cuchara. Otra estocada y oreja a ley. El arte de Marina Heredia y el de El Juli se fusionaron esta vez con la letra de un poema de Benitez Carrasco.



Nota 2: Tampoco aquí se hace referencia al supuesto afeitado de alguno de los toros. El de la foto, por ejemplo.



Resumiendo: Domingo 25 de Julio, tarde-noche, dos plazas de tercera, dos ganaderías comerciales, cuatro toros bobos, uno afeitado, otro inválido que se echó dos veces a media faena, cinco orejas, dos puertas grandes y otros dos triunfos importantes. Desplazamiento por carretera de 162 kilómetros, más de cinco horas -con sus cuatro faenas y algunos quites- , con el mismo traje de luces, que termina en la lavandería sin una sola mancha de sangre. ¿Figura de qué?


domingo, 25 de julio de 2010

La muerte del toro


En la corrida el toro muere necesariamente, pero no es abatido como en el matadero, es combatido. Porque el combate en el ruedo, aunque sea fundamentalmente desigual, es radicalmente leal. El toro no es tratado como una bestia nociva que podemos exterminar ni como el chivo expiatorio que tenemos que sacrificar, sino como una especie combatiente que el hombre puede afrontar. Tiene, pues, que ser con el respeto de sus armas naturales, tantos físicas como morales. El hombre debe esquivar al toro, pero de cara, dejándose siempre ver lo más posible, situándose de manera deliberada en la línea de embestida natural del toro, asumiendo él mismo el riesgo de morir. Sólo tiene el derecho de matar al toro quien acepta poner en juego su propia vida. Un combate desigual pero leal: las armas de la inteligencia y de la astucia contra las del instinto y la fuerza.


Francis Wolff,
Filosofía de las corridas de toros





El Julipié es la rúbrica más ruín y cobarde de una liturgia que gira en torno a un sólo elemento: el respeto al Toro. Sin éste cortés afecto, nada tiene importancia, por mucha belleza que desprenda la obra, será hueca como un támbor al que golpea la vida.


Obsérvese atentamente en las dos fotos:

Arriba, el Fundi, 365 días al año honesto matador de toros que, ocasionalmente, y de manera adicional, cuando la condición del Toro, siempre un Toro, se lo permite, es capaz de aunar la estética a la ética. Gloria a los héroes.






Debajo, El Juli, vanguardismo torerista en estado puro, 365 días al año censurando la bravura, vetando al Toro, cerrándole las puertas del paraíso dónde está escrito tienen que ir a luchar o morir. Cínico verdugo, sus mutilados antagonistas son condenados a muerte, como el guillotinado, sin posibilidad ninguna de defender su vida y/o atacar a su ejecutor.


Véase también en ambas instantáneas la expresión, la mirada del toro en el momento del embroque. El Miura lidiado en Pamplona, con la mirada viva, sabiéndo y acertando en su presa que, de manera leal, entiende que la suerte suprema es el momento en que Toro y Torero tienen que luchar cada uno con sus armas, asumiendo el riesgo de la propia muerte. Es el momento cumbre de la lidia: matar o morir.




Zurcidor, de Torrealta, mantiene la inexpresividad en el gesto del encaperuzado que no sabe lo que se le viene encima. Únicamente tiene algo de savia su mirada, con el ojo ampliamente abierto, signo de sorpresa, señal de sobresalto ante lo desconocido, asustado por lo que no es capaz de ver, culpa de una amplia muleta cegadora.












viernes, 23 de julio de 2010

Las virtudes memorables de don Daniel

Manolo Moreno.



Así nos contó Javier Villán el triunfo de El Juli en Valencia con los toros de Daniel Ruiz.




Javier Villán,

El Mundo
23, Julio, 2010




Ayer fue una tarde gloriosa y ciertamente digna de recordación; para el ciclismo español y el ciclismo en general, quiero decir. Desde lejanos tiempos asocio, indefectiblemente, San Fermín y la Fira de Juliol al Tour de Francia. En parte la culpa de esta afición mía al ciclismo la tiene Carlos Ilian, el de Marca -la Marca que decía la gente allá por los cuarenta, cincuenta, sesenta e incluso los setenta-. Carlos Ilian sabe de ciclismo casi tanto como de toros; a veces le digo que esa erudición por la bicicleta se le ha contagiado Don Mariano Rajoy; y entonces, el crítico taurino, se revuelve como un santacoloma de aquellos que mataba hace años su admirado y admirable Paco Camino, Don Francisco de Camas. Ante esta procelosa aventura encastada, cambio el tercio diciéndole que José Tomás también es aficionado al ciclismo; tanto que, una vez, para ver la ascensión del Tourmalet o del Mont Ventoux -no recuerdo muy bien- un amigo fletó un avión para que el fenómeno de Galapagar llegara a tiempo desde Málaga a las nieblas o los vientos franceses. Nebulosas y ventarrones oscurecieron las mentes de los matadores, menos la de El Juli, firme y contundente.



Los torillos de ayer de Don Daniel que, ¡oh milagro!, se movieron pese a su blandura y, a veces, con dudosas intenciones; era como si las citadas nieblas y ventiscas les hubieran reblandecido los huesos. Las reses de don Daniel Ruiz, ilustre ganadero albaceteño, me ponen. Veo anunciados estos toros y me sobreviene enseguida una descarga de adrenalina que me produce un subidón.

Los toros de los señores Ruiz, padre e hijo, son previsibles. Mas dentro de esa previsibilidad tienen cierta incertidumbre; por ejemplo, en qué momento de la lidia van a derrumbarse, qué tipo de noblota mansedumbre desarrollarán, si la rectante de la babosa o la lanuda del ovejo. Y, sobre todo, qué siniestra mano traidora les ha toqueteado los pitones, que no digo que estén tocados, pero por si acaso. Dejémoslo en grado de sospecha para no herir sensibilidades, que los taurinos son muy suspicaces.


A veces, amagaban la cornada como el segundo, quizá, con el quinto los de más trapío. O sea que a El Fandi le tocó bailar con la más fea sin que pudiera redimirse con las banderillas. Se descubrió Fandila y el danielruiz le pegó una gran paliza. Por lo demás, algunos de los animalejos resultaron indecorosos para una plaza de primera. El tercero era un chota sin cara ni pitones; y al cuarto, se le simuló la suerte de varas.


Esa es otra de las incertidumbres de los toros del señor Ruiz: adivinar cómo se van a simular los puyazos; si con un picotazo o un refilonazo. Como diría un castizo madrileño, `sangre ni para un análisis´. Con estos animalejos, la técnica torera de El Juli anduvo a gorrazos; Manzanares, en cambio, fue desbordado y le rompieron a menudo su exquisita imagen de torero esteta.


In memoriam: es la primera feria en Valencia, desde hace veinte años, que no me encuentro con Jaime Marco, El Choni. Sus amigos echamos de menos su sabiduría, su tomasismo radical y hasta su leve amargura de torero insuficientemente valorado al que le dió alternativa Manolete. Requiescat un amigo y un torero cabal.

jueves, 15 de julio de 2010

Don Distinto

Toreo distinto. Manolo Moreno



Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Décima de feria. Lleno. Toros de Jandilla para El Juli, Sebastien Castella y Perera.



Llegaba el primer, y único, cartel de campanillas de la Feria del Toro. Y lo que faltó fue precisamente eso. Jandillas indignos, por inválidos, chicos y feos. Borja Domecq, con la complacencia de la autoridad, ha envenenado todo lo que ha querido por los corrales. Las explicaciones sobre el porqué salió al ruedo el toro embotado, que parecía un hormonado portero de discoteca, son vergonzosas. Había dos toros con cornada antes del sorteo. En vez de echar los dos para atrás, y sustituir con un remiendo, aunque sea de otra ganadería, deciden seguir adelante. Dice el ganadero, por llamarlo de alguna manera, que el jabalí tenía una cornada, pero que por ser en la barriga se veía menos, y que por eso decidieron seguir avante. Es vergonzoso que pase esto con el tropel del medios que hay cubriendo San Fermín y que nadie sea capaz a denunciarlo. Lo que ha pasado hoy no viene a ser otra cosa que la confirmación de la poca vergüenza y nula torería de la que hacen gala las figuras. Cuando no hay toreros con fuerza en los despachos para exigir, como ha pasado en esta feria, aparece el toro. Y hemos visto, cada tarde, algo que se puede parecer a lo que muchos soñamos: trapío, casta, interés, emoción. La penitencia que tenemos que pagar: apechugar, en muchos casos, con toreros que no son capaces de aprovecharlos. La cuestión es la siguiente: ¿Toro o Torero? ¿Queremos ciclos con Manzanares, Morante, Ponce o José Tomás, con becerrotes de cinco arrobas? ¿O preferimos ver Toros que parecen Toros, en manos de modestos? Yo lo tengo claro: ¡Viva el Toro! ¡Viva San Fermín!




Si días atrás, en la de Peñajara, vimos a un sardo, Paquetito, que era un estampa de La Lidia; el domingo, los miuras nos hicieron volver al blanco y negro; y los Fuenteymbro, tan grandes como caballos, podían haber salido en una pintura de Goya; hoy hemos visto torear al Juli un toro de Botero. Con toro y torero heridos, además por un asta de la misma familia, la posibilidad de ver algo que se pareciera lo más mínimo a torear era nula. Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. En el quinto hemos visto al mejor Julián de los ultimos años, haciendo una faena como la que soñamos todas las tardes en verle: abreviando y quitándose pronto del medio. ¡Que alivio!




Dice Castella, tras su éxito de hoy, que quiere ser distinto. Como distinto es un cartón de Don Simón de una botella de Faustino. Si quisiera ser diferente, para empezar, se hubiera apuntado a la de Miura, por ejemplo, que es cosa poco usual entre la mayoría de coletudos, que prefieren ser importantes a distintos. Dos orejas, dos, les cortó a un burraquito almibarado y medio inválido, al que desde los primerios capotazos ya tuvo que estar cuidando, subiéndole las manos y midiendo. Todo lo que se saliera de esa dinámica hospitalaria, era dar con los huesos del jandilla en la arena. Empezó con pases por alto, sereno como una esfinge, para seguir muleteando con la diestra, con la que se siente más seguro. Lo intentó con la izquierda, su mano tonta, sin ponerle un gramo de salero. Para calentar al personal, que es de lo que se trata en Pamplona, dió unos cuántos circulares, que yo no sé ni como se llaman, de los invertidos, que son dando el trasero al toro y enroscandóselo hasta que el bicho acabe con la testa apuntando a tablas y el culo al torero. Como un 69, más o menos. Como ven, entre el dicho y el hecho hay un trecho. Que me expliquen que tuvo de distinta la faena de Castella. Con el quinto, descastado y bronco, que no alimaña, se llevó una fea voltereta, por el simple hecho de que no sabe torear al toro distinto.



El extremeño Perera, ha dado un curso de vulgaridad durante toda la tarde. Pudimos ver las dos dimensiones de su toreo: la templada, concebida especialmente para cuidar y mimar al enemigo inválido. Los colores de su bandera son el perfil, el pico y el hueco. Y la ojedista: inventada para enemigos que además de inválidos, son descastados. El trapazo y el péndulo son sus señas de identidad. Extremadura era hace años la capital del toreo, con Talavante y Perera en figura, hablándole -o eso dicen- de tú a tú a José Tomás, y con Antonio Ferrera triunfando en las duras. Ahora, en las maduras, son tres toreros que no tienen nada que decir, ni a nosotros, ni al toro, lo que es más grave aún.


lunes, 12 de julio de 2010

Se les van como vinieron: sin torear

Con un cuerno por dentro de la muleta y otro por fuera. Esto ya no es ni pico. Se puede decir que lleva toreado el 50% del toro. Manolo Moreno.



Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Octava de feria. Lleno. Toros de Victoriano del Río para Curro Díaz, El Juli y Alejandro Talavante.



Debutaban los toros de Victoriano del Río, con sangre Domecq, en la plaza navarra. Y no lo han hecho con mal pie. Ganaderías como ésta o la de Fuenteymbro demuestran que el encaste Domecq, por sí sólo, no deja de ser un encaste más, tan válido como cualquiera. El problema está en manos de sobre quién recae la decisión de seleccionar y trazar la linea de una ganadería. De los de esta tarde, que han sido toros de plaza de primera categoría, pero no de Pamplona -exceptuando el lote del Juli-, que es de categoría especial, han embestido, con posibilidades para el torero, cinco, que no es cuestión baladí. Primero, especialmente bueno, empujó con fijeza en varas, y embistió con transmisión y nobleza. El toro de la feria, por ahora. Los demás, quitando el sexto, se fueron con demasiadas orejas al desolladero. Se repite la historia de este año, en cuánto sale un toro con algo que torear deja desnudo al torero. La terna, por debajo de la corrida. Y eso que salir premiado en esta plaza es cosa de niños. Puntúa alto Victoriano en su presentación en Iruña.



Curro Díaz se ha empeñado, con ahínco, en perder el buen lugar que ocupa en el corazón del aficionado. Se ha negado apostar de verdad, por el toreo del bueno, sabedor de que es un matador que gusta, como pocos, y que la gente se conforma con las cuatro cositas pintureras, llenas de gracia, pero vacías de autenticidad. El que abrió el festejo, se le fue sin torear, y para más inri, lo desbordó en muchos momentos en la faena de muleta. Le repetía una y otra vez y el linarense no pudo, o no supo, dejarsela puesta, se la traía a la cintura, dónde con medio pase, y una composición un tanto exagerada pretendía que aquello pasara como bueno. Con el cuarto, que tenía la misma clase pero no esa transmisión, volvió a estar por debajo. No se puede cimentar una faena en el trincherazo y el pase de pecho. Curro Díaz, y su concepción de toreo, necesitan una reflexión.



Volvimos a ver la dimensión de torero que tiene el Juli. Tuvo enfrente dos toros imponentes, los mejores presentados de un mal enlotada corrida, que tuvieron sus posibilidades, pero a los que el bueno de Julián no los quiso ver por dónde torean los hombres. Torear al natural, frase bella, en peligro de extinción. A su primero le instrumentó una faena basada en el pitón derecho, en la ligazón de innumerables pases, cosa que gusta a las gentes de casi todos los lugares, pero que nada tiene que ver con parar, templar, mandar y cargar, que eso son cosas para Frascuelo, que no sabe ligar, cuidar, medir, ni estar importante. Cuando se la cambió a la zurda, y se puso a acompañar la embestida del toro, pasó el autobús de la selección española con la Copa del Mundo, entre el toro y Julián. Qué malo es -sin paños calientes- toreando al natural. Una estocada a capón le valió para pescar una oreja, con fuerte petición de la segunda y robo presidencial según el movimiento taurino. Con el quinto, el más grande de la tarde, y el más inválido, anduvo porfión, profesional, que se dice ahora, y poco más. El burel, cuya condición boyar se fue acrecentando con el paso de la larga faena, no sabemos si por descaste o por aburrimiento, le pegó una cornada en los testículos, en un exceso de relajación. Mató nuevamente a capón y le dieron otra oreja que le valdrá para seguir rompiendo todas las clasificaciones y escalafones importantes. Lo que no se espera es que rompa a torear bien.



Ver a Talavante se ha convertido en un mal dolor de muelas. Vale que el sexto no tenía juego como para estar mucho más que dispuesto, pero con el tercero no tiene excusas. Nobles y sosos, toro y torero, de ahí no podía salir nada apetitoso. Con una vulgaridad extrema y una falta de amor propio más que preocupante, el camino se le pone cuesta arriba. Y maneras de alpinista no tiene.



No quiero acabar sin presentarle todos mis respetos, a Pedro Muriel, tercero de la cuadrilla de Curro Díaz, que hace unos días ha recibido una brutal cornada de la que le mandamos fuerzas para que salga adelante, sabiendo que hay huellas que nunca se borran. Un profesional como la copa de un pino y un torero de los pies a la cabeza. El primero de julio enterró a su hija, con ocho meses de edad. Que descanse en paz. Y mucho ánimo para la familia.

domingo, 13 de junio de 2010

Juli: Patrimonio de la Humanidad




La UNESCO, que es la organización encargada de promover la ciencia, la educación y la cultura para ayudar a la contribución por la la paz, trabajo que lleva años haciendo el presidente Manolo Muñoz Infante, acaba de poner en marcha todos sus mecanismos internos para nombrar a Julián López Escobar, 27 años, natural de Velilla de San Antonio, conocido, y padecido, por el aficionado como El Juli, como la Octava Maravilla del Mundo.



Su toreo, que no voy a describir otra vez por no repetir enfermizamente aquello de mecánico, fraudulento, mentiroso y patán, es un monumento, el Monumento al Derechazo. Este obelisco vanguardista y chirrioso, es sustentado por tres pilares fundamentales: el ventajismo, la euforia pueblerina y la ausencia de enemigo. Con esos cimientos, como supondrán ustedes, cualquier cosa que se construya encima, por muy esplendoroso y mayestático que sea, no deja de ser un cachivache banal e intrascendente. Justo lo contrario de lo que era tauromaquia, rito serio y solemne.



Ayer, no fue capaz de obtener algún rédito con todo a favor: unos toros inválidos y bobos que pasan los reconocimientos veterinarios con matrícula cum laude; un público entusiasta que confunde el tocino con la velocidad y la diversión con las orejas; con un torero tan malo por delante que te haga parecer Ordoñez cuando sales y con todos los revistosos loando las gestas julinianas: el atrevimiento y la osadía, catorce días después de acabar San Isidro, de venir a encerrarse con dos ventorrillos con el gallo Manolo Sánchez por delante, el triunfo orejil y perejilesco con los fieros garcigrandes y el gran Finito revolucionando a las masas catalanas, las importantes actuaciones de toda la temporada y la ausencia de baches durante su importante carrera. El viento le era favorable, pero es tan malo que ni por esas.



A su primero, un torete, o un satanás según algunos charlamentarios julianistas, que explicaban mientras el burí perdía las manos, sin ningún rubor ni meditación, que el ventorrillo era hermano del mejor toro de la Feria de Almeria del año pasado, -una referencia pavorosa-, le instrumentó una faena a la altura de las circunstancias. Casi siempre al hilo, cosa que ahora es de sabios; toreando para afuera, reservado para los que tienen el don de la técnica y metiendo pico sin cortarse un pelo, le instrumentó al feto bovino gran cantidad de pases, casi todos con la derecha -todavía hay toreros anticuados que lo hacen con la zocata, que sólo merecen ser pitados- terminados en pases de pecho desplazadores o mantazos similares. Todo se jaleaba, todo era bueno, ¿estariamos entrando en ese mismo momento en la Historia, sin saberlo? El camarón de Velilla ha conseguido rebajar los oooles a la categoría del bieeen o del vaaamos, que son los extraños sonidos guturales que manejan ahora los modernos para elogiar y vanagloriar a la mortadela con aceitunas, a la que pretenden poner a la altura del jamón de bellota. Como estos publicos festivaleros tampoco comprenden demasiado la diferencia entre pinchar una aceituna, acción que requiere temple, decisión y firmeza, y la de reventar un grano, que no requiere de nada, sólo de un sujeto con la cara horadada por la adolescencia, le pidieron una oreja por un julipié marca de la casa.



El presidente, señor César Gómez Rodríguez, estuvo mal no concediendo la oreja. Hay que ser muy malísima persona, carente de caridad cristiana para no hacer feliz a las masas, que bien visto y bien pensado, si aquí se han dado orejas hasta a Perico, el Capea, porque no se las vamos a dar a Julián, que no torea mucho peor que el hijo del inventor del destoreo moderno. A uno, que tiene su corazoncito, le duele y le apena ver quejarse y lloriquear a un chaval que ha dado todo lo que tiene, -no es su culpa no tener más- piensa que hay que ser malage, Don César, para ponerse escrupuloso con la ley para no contentar al público bullanguero. Además, sepa usted, que hoy muchos le echan la culpa de que en el quinto el Juli estuviera triste, pasota y enfurruñado, porque le habían robado su orejita, que la necesita como el comer para ir mañana a Villarrubias del Condando o Tinieblas de la Sierra con la vitola de figurón del toreo. Dón César, que sepa usted que con su perversa conducta, esta deteriorando la fachada del monumento vanguardista al que más chinos y turistas van a ver al año.



viernes, 11 de junio de 2010

El rabo de un Dios

Baco. El padre de Idílico.



Seis bizcochos borrachos, que es el bizcocho más fácil de comer y digerir, de la pastelería del Ventorrillo, están ya preparados para que sus apéndices auriculares, con sus respectivos rabos, sean amputados como ofrenda al Dios Baco. Deidad de la mitología romana con unos cuernos pequeñitos, patron del teatro y la agricultura, un diablillo que utilizaba sus divinos poderes para liberar al uno de su ser normal, induciendo a las masas a grandes momentos de éxtasis, locuras y bacanales, casi siempre a través del vino. Se podría decir, sin temor a equivocarnos, que el Dios Baco fue el primer Cuvillo de la historia. Esa sería la cuadratura del círculo: Idílico hijo de un diós, vencido y perdonado por un mortal de Galapagar, descendiente directo de victorino, el hombre primitivo.



Pero los que estamos vencidos de verdad, atados de pies y manos, esperando el golpe de gracia final, somos los cuatro aficionados agnósticos al torero, beatos del toro que asistimos a la plaza con la ilusión y la falsa promesa por parte de la autoridad, de reencontrarnos con la emoción, la casta, la fiereza o el peligro. Toros. Cualidades que tenían en la antigüedad, y que ahora han ido desapareciendo, en pos del toreo moderno y cobarde, ése en el que en los carteles se escribe con letra pequeña, tipo contrato de hipoteca, el nombre de la ganadería titular, pero en el que salen las fotos de los toreros mostrando sus nuevas ortodoncias como si fueran caballos en la feria del ganado. Para realizar sus faenas de público progre, las figuritas necesitan colaboradores con cuernos teledirigidos: que si son muy grandes no caben en la muleta, y si son muy cortos, son más certeros; más bien bajitos, que grandes sólo quieren ver los billetes del Banco de España; que no humillen mucho, porque se les acaba el carbón enseguida, pero que no cabeceen porque molestan; que no sean mirones, porque te descomponen; que no escarben, por lo mismo; que no anden, porque te sacan el aire de los pulmones, pero que no se paren porque entonces no se liga; que sean mansos para que se vayan largos, pero no demasiado porque se rajan; que hagan el avión, pero con la fuerza de un pajarillo... Se matan y se pirran por los toros estúpidos, tan vacíos de casta están los unos como los otros. En el fondo, su postura es entendible, ¿a cuántos de los que van a la plaza les interesa el toro? A unos pocos que según los que, sin falsas modestias,
se autoproclaman buenos aficionados, están muertos por dentro, ayunos de alegría, y sólo van a la plaza pensando en protestar, con el maldito pañuelo verde, con sus pancartas cutres, con sus pitos, sus frases y sus comentarios hirientes para el torero. Y que duren...



Mañana es el gran día para dos hombres: El Juli y Roberto Domínguez, que a poco que les salgan unos cuantos circualares invertidos, un par de molinetes, un kirikikí y, muy importante, un martinete, verán su nombre escrito a fuego junto al de Palomo Linares. Lo tienen todo a favor para instaurar, definitivamente, las nuevas reglas de la tauromaquia: la patita ya no tiene importancia (igual que el toro); lo del pico es una manía de los inquisidores del siete y de Joaquín Vidal; el dominio, como tal, no existirá, pues el toreo pasa a ser una SL de dos que se muestran desde un principio de mutuo acuerdo. Además, con los medios de comunicación actuales no hacen falta ni los sobres. Moncholis, Romeros y demás vienen trucados ya de casa, y aunque quisieran, no sabrían hacer una crítica medianamente veraz. El Sábado es tu dia, Juli, en tus manos estamos, Señor...




Operaciones Rabo anteriores han salido de manera defectuosa.


martes, 25 de mayo de 2010

Los fuera de la ley


2 de Junio de 1904. Undécima de abono. El público baja, e invade el ruedo para impedir la lidia del primer toro. Todo tiene fin en este mundo, hasta la paciencia de los aficionados a los toros.




Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. San Isidro. Corrida de la Prensa. Lleno. Toros de La Quinta, Nuñez del Cuvillo, Domingo Hernández, Victoriano del Rio, El Ventorrillo y Toros de Cortés.





Estos señoritos que se visten de luces, se compran cortijos y yacen con nobles señoritas con tetas enfundadas en silicona o polietileno, cómo los cuvillos y demás, han tenido la osadía y desfachatez de faltar al respeto a la mayor afición del mundo, además de menospreciar y pervertir un arte que cuenta con más de tres siglos de historia. Trescientos y pico abriles que estos pollos, que suman entre los tres veintidós años de alternativa y la friolera de tres Puertas Grandes de Madrid, se quieren cargar, a vuelapluma, porque a fuerza de repetirles que son los nuevos gallitos del toreo se han subido a un trono del que no hay quien los baje. Y van ellos, tan valientes, tan honrados, con sus caras de sacacuartos y sus almas de ladrones y nos meten toda la mierda que han sido capaz de rebuscar sus cuatreros o veedores por la piel de buey. Por encargo, las paellas. Los toros, sorteados, como manda la ley y la razón.




El Juli ha vuelto a salir de Madrid, si es que alguna vez entró. Con mala cara toda la tarde, rumiando el desastre. No es fácil, ni mucho menos, camaleonizar el delito, son pocos los cacos a los que no les casteñetea el labio o le sudan las manos cuando les toca ser interrogados. Pues imagínense hoy como estaba Julián, a sabiendas de que casi cincuenta mil ojos y veinticinco mil gargantas estaban atentas, dispuestas a no seguir tragando, que bastante anchas se nos han quedado las tragaderas después de veintitantas tardes de burla. Trajo debajo del brazo, para callar bocas, un toro de La Quinta, un santacoloma, para intentar pulgar su culpa. No cuela. Un santacoloma al que se suministra dos medidos picotazos mosquiteros y que sale medio inválido. Algo no cuadra. O sí, estando el Juli de por medio. Con el vaco de Victoriano del Rio, al que no quiso que se le picara, no se complicó la vida y su faena se argumentó en unos cuantas tandas derechistas que terminaron de crispar al personal. Todavía hay quienes disculpan a Juli, poniéndolo como triunfador de la tarde. Julián siempre se va de rositas... Como dice un proverbio árabe: los buitres sacan provecho hasta de la peste.



Perera se trajo, entre otros que se volvieron a sus fincas con el rabo entre las patas, a un Cuvillo, de nombre Utrerete, un acierto, el nombre, y un Ventorrillo con el que se hartó de dar mantazos con un trapo rojo. El Cuvillo, mientras perdía las manos y camballeaba de un tercio a otro cantaba la coplilla: `a la iglesia no voy porque estoy cojo, y a la taberna, poquito a poco´. Hasta tres veces probó la arena: la primera porque resbaló, la segunda porque tropezó y la tercera para despejar las dudas. Con Perera tampoco las hay: es un mediocre.



¿Y Cayetano? Cayetano para lo único que tiene que pisar esta plaza es cuando haya tenis y eventos progres, dónde van los guapos de España a lucir el body. Otro al que le echaron para atrás unos cuántos en los corrales, trayéndose de remiendo un toro de Cortés que más bien parecía un cabro montés. Anteriormente se las vió con uno del segundo hierro de Garcigrade con el que dió la verdadera dimensión de su toreo. Según Manuel Caballero, el speaker del Plús, la faena careció de uniformidad y unión porque el toro no era `monorítmico´. Pues va a ser cuestión, a partir de ahora, de poner a esos toretes artistas a estudiar solfeo desde añojos. Todo sea por el bien de la tauromaquia.

sábado, 15 de mayo de 2010

Las Ventas es una escombrera

Juli, pasándose el toro por el punto kilométrico 343. CABRERA



Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. Feria de San Isidro. Novena de feria. Día del patrón. Lleno. Toros de Garcigrande - Domingo Hernández para El Juli, Sebastien Castella y Daniel Luque.




Antiguamente era otra cosa, pero ahora, de tierras salmantinas vienen estos animales amodorrados, regordíos y tiernos que son los que le dan la fama al torero y la lana al ganadero. Sin trapío, con los pitones justitos, descastados, sin ningún interés para el aficionado, y lo que es casi peor, casi sin posibilidades para el torero. Definitivamente se les ha ido el asunto de la mano, una cosa es criar y sacar toros nobles, humilladores y toreables y otra cosa es que te empiecen a salir engendros boyares con los que no triunfaría ni Javier Conde en el Rocío.



El toreo está en ruinas, y Las Ventas es la mayor escombrera que existe. A fuerza de tanto terremoto y tanta sacudida, el aspecto de la tauromaquia es la viva imagen de Haití. Cualquier tarde es menester que Curro, Antoñete, Dámaso, Rincón y compañía vuelvan a echar un rato, y lidien un festival al beneficio de la reconstrucción de Las Ventas. De camino, les pueden explicar a sus coétaneos lo que es cargar la suerte, irse al pitón contrario o la dignidad del torero. Porque, éstos, los que se visten de luces y se hacen llamar toreros, no están ni para festivales. El uno, porque es un ladrón de carta blanca, sablista de circos; el francés, por tétrico imitador ojedista y Luque, por eso mismo, por luque, lo cual ya es bastante denigrante.



Abrió la corrida del día del patron Julián, que recibió al garcigrande con su verbigracia capotera: con capote no; capotón y a dar verónicas mecánicas, sin aire ni gracia ninguna. Supo poner orden en la lidia, lo cuál se agradece en estos tiempos de estampidas y anarquías en los primeros tercios. Pero en la muleta, volvió a aparecer el torero ruín de siempre, ése en el que sólo el primer muletazo de cada serie es auténtico, el segundo y los siguientes: la patita atrás, el compás abierto, el mentón al pecho, el gesto retorcido y el toro para afuera. Todo este conjunto de aspavientos, de composición del gesto y de contoneos pueriles son los que demandan ahora los públicos, tan iletrados, que son incapaces de ver y asimilar que si rascas debajo del maquillaje de la figura te encuentras a un triste y falso Cuasimodo. Faena basada en la mano derecha, que es la mano de los mediocres, dejando pasar al toro, sin llevarlo, al circular, cuatro y cinco y el de pecho, la gente rasgándose las vestiduras, como si en esta plaza no hubieran visto a El Cid, Rincón o Antoñete. Con la zurda, que es la de los dineros y los toreros, la cosa se diluyó, muchos enganchones, el toro, descaradamente, arrojado por la franela hacia la periferia, sin acople. Los entendidos, hablando del tornillazo, de la cara arriba, del genio, de las teclas del toro... pero a ninguno de éstos, que rebosan sabiduría taurómaca con sus amigos del Circulo de empresarios, o de periodistas, le ha dado por pensar que las teclas el que las toca es el torero y que la tauromaquia se inventó, o se descubrió, con el fin de dar soluciones a los problemas que tiene -tenía- el toro. Menos excusas para el torero y culpas para el toro. Afortunadamente, y me alegro, con el julipié no estuvo acertado y perdió una oreja que no se merecía de ninguna de las maneras. Con el cuarto, un toro feo y basto de hechuras, y a los que nos querían pintar como Belcebú, pero que no era más que otro popurrí de kilos, descaste y pitones romos, no se cortó y se puso en plan pegapasista, que es lo que era antes de rejuvencer diez años en este versión depurada que nos quieren vender muchos juntaletras. El caso es que Julián no tendrá otra oportunidad más fácil para salir por la Puerta de Madrid. Hoy era el dia, su dia.




Unos cuantos cascotes cayeron desdes los tendidos al ruedo después de acabar la faena de Castella al segundo. Forma parte del derrumbe de la plaza, que no terminó de cuajar porque el salmonete no sabe matar. Si lo hubiera hecho hubiera cortado la oreja más pequeña, más vergonzosa y más asquerosa de la historia del toreo. Qué temblores, y qué sudores, me entraron cuando después de dos desarmes consecutivos con la izquierda y tras machetear al toro y pegarle cuatro trapazos al- arrimón (que es como al alimón pero haciendo el ganso) la gente se rompía las manos a aplaudir. Quiero pensar que el abonado, el aficionado serio, ante la basura de feria programada se ha puesto a convidar a las amistades. Me niego a pensar que el nivel de afición ha caído tanto, en esta plaza, en tan pocos años. Con el quinto, manso y descastado como sus hermanos, se puso a dar pases, y fijate como serían, que no puedo hablar de ellos porque ya están olvidados. Como casi todo el toreo del gallipavo francés, ya se encuentra en la papelera de reciclaje de la mente de todos los aficionados.




Daniel Luque ha vuelto a cosechar dos silencios sepulcrales, y van, hablo de memoria, quince este año entre Madrid y Sevilla. ¡Si es que no tiene suerte con los sorteos el chaval! Su tarde, rotundamente mediocre, redondamente triste. Plano, inexpresivo, a ratos mecánico, más que mecánico daba la sensación de tener una tecla, que los toreros también las tienen, para torear en modo piloto automático. Lo mejor es que cada vez queda menos para quitarnoslo del medio, que vuelva a sus pueblos, a sus insultos y sus indultos y entre en competición con los suyos, que son los cordobeses, finitos, pinares y demás enjundiosos pegapasistas.

jueves, 29 de abril de 2010

Héroes y figuras II

Viene de aquí, Héroes y Figuras




Vinilo, de la ganadería de Bernardo Quirós, lidiado por El Juli en México DF el 31 de Enero en su esperada vuelta al coso de Insurgentes.



Este es Bocinero, de la ganadería de García Marchante, que se lidiará este 9 de mayo en la plaza `torista´de Pegalajar, oasis en Andalucia. Será corrido en una novillada SIN picadores por los novilleros Antonio David, Álvaro Pérez y Juan Reyes.




jueves, 22 de abril de 2010

Dos cromos repetidos

¿Quién es El Juli y quién es Pinar?




Solución: tenemos que esperar a los resultados de las pruebas de ADN.



Sevilla. Plaza de toros de La Maestranza. Feria de Abril. Decimocuarta de feria. Tres cuartos de plaza. Toros de Alcurrucén para Curro Díaz, Matías Tejela y Rubén Pinar.



Toros, lo que se dicen toros, no ha saltado ninguno al ruedo de la Maestranza esta tarde. Hubo alguno que se le pareció, ya saben, en eso de tener dos cuernos, dos orejas, un rabo, pelajes distintos al negro, buenas hechuras y todo eso que compone lo que los taurinos llaman un toro bonito. En este caso el adjetivo calificativo bonito es sinónimo de gatuno. Mansos descastados, varios antes de rajarse regalaron unas cuentas embestidas que mal que bien aprovecharon hasta cierto punto. El tercero, manso durante toda la lidia, se dejó mancillar con la muleta. En general, otro punto negro para el empresario que compra esta basura y el presidente que lo tolera.




Se esperaba, o yo por lo menos, un triunfo sincero de Curro Díaz, uno de esos toreros que son capaces de aunar el mal llamado arte con la emoción en una misma obra. Ha demostrado varias veces que es capaz de hacerlo, sin tener que echar mano a números baratos de arcanista del tiempo. Primero torero, y después, si se puede, artista. A su primero, un torete impresentable, que no tardó en rajarse, le dió un puñado de muletazos sueltos, con empaque, sin encontrar respuesta en el público. Si los cuatro detalles del linarense, tampoco conviene exagerar ya que no fueron más, los hubiera realizado el niño de Manzanares la plaza de pone boca abajo hablando de la bragueta que tienen los artistas para enfrentarse al manso incierto. Pero es Curro Díaz, que a estas alturas de la película, igual que a Fundi, Urdiales, Rafaelillo, José Luis Moreno y algun otro, tiene que saber que no le van a regalar nada. Es más, le tocará luchar contra vientos, mareas y tramas supercamorristas para que no le roben más de lo debido y necesario. Es el destino del torero sobrio. El cuarto no le dió opción, por mucho que se empeñen en decir lo contrario algunos gacetilleros que llevan quince días con la incapacidad permanente, que debería de remunerarles Zapatero, para ser críticos con algún torero. Y hoy, les da por poner la mansada y bazofia de corrida por las nubes. El día de los mulos de Gavira, tan descastados como estos, todo fueron flores para Morante, el hombre del tiempo. Será por eso que ha vuelto a salir el sol.



Tejela tampoco tuvo demasiadas opciones con el lote, mas hay que sumar en su debe los mismos errores de siempre: toreo periférico, pico y muleta retrasada. Así no se puede torear ni a una monja, por bendita y huérfana que sea. Otro de los que son incapaces de salir del sistema de siempre: dos, tres tandas con la derecha; me la cambio a la zurda: una para justificarme; dos si el animal es un dulce relleno de nobleza; tres si a la gente se le va la cabeza y por lo que sea, soy capaz de formar hoy un sindiós. Y vaya si son capaces de liarlo, uno cada cuatro o cinco años, si hay suerte. Pero hoy no tocaba.



Rubén Pinar es la mejor falsificación, realizada por un genio de la misma como Santiago Martín, que existe hoy día de El Juli. Es emotivo ver como los que vienen arreando por detrás aprenden de sus ídolos. Se te estremece el cuerpo al ver a ese Pinar descargando la suerte, abriendo el compás y llevándolos tan lejos del cuerpo, allí donde si te tiran una cornada no hay peligro, y además, sale bonito el derrote en la foto. Mañana, cualquiera que abra el periódico y vea que ha dado una vuelta al ruedo después de siete descabellos pensará que ha toreado como Antoñete con el toro blanco. En el sexto, que no valía nada, hizo una faena de pueblo, sacó toda la artillería en la solanera, que supo agradecérselo con una des-merecida ovación que no merecía su des-toreo.