Hace un par de días que Milinko recordó a Marquito, toro de Ana Romero, que Ortega Cano indultase en la granadina Feria del Corpus del 94.
Mucho nos quejamos -en gran parte con razón- pero también en las plazas menos exigentes se han pasado buenos ratos, y no sólo gracias al orejismo y el verbenerío. De vez en cuando hay una conjunción de astros que se alinean y hace que se tropiecen el toro y el torero que queremos ver todos. No es lo corriente, por eso las pocas veces que se da hay que contarlo.
El año pasado, en Granada, ya volvió a pasar con Robleño y Victorino. No faltará mucho para que se anuncien los carteles de este año, habrá que cruzar los dedos.
Padilla en Pamplona con Miuras, en una de sus victorias sobre la vieja de la guadaña
Padilla es la sonrisa del hombre que vive acampado al filo de la navaja. Legionario romano al paso marcial de los jaleos de Jerez. Un tipo sin fisuras, hecho de una sola pieza que no deja indiferente a nadie. Misterio pendenciero de un hombre pegado a unas patillas, que diría Quevedo. Un héroe con espiritu de boy scout capaz de matar la camada cinqueña de Miura con su navaja suiza. Un ciclón que, como buena tormenta tropical, deja huella imborrable a su paso: a veces desertiza, otras arrasa. Maestro que se equivocó de época al nacer, por hacerlo un siglo tarde perdió un reino al sur de Despeñaperros, aunque en el norte ganó trato de Lehendakari. Ahora, al tatuaje de torero que le hizo un tatuador de Zahariche en Pamplona, le va a sumar otro parche en el ojo, distintivo de jerarquía como pirata de los mares, su otra gran pasión.
El bueno de Juan José, al que nunca aguanté como torero, ha vuelto a esquivar la parca. Parece Caronte, el barquero que por un óbolo cruzaba de orilla a las almas errantes, de la costa caribeña de la vida al fondeadero de la muerte, y al que unos pintaban como demonio alado y otros como un viejo desaliñado con ropajes extraños. Quizás Padilla tengo algo de eso, de picardía de diablo y del saber de viejo estrafalario, por cojones curado de espanto. Tal vez la explicación a sus aventurados viajes reside ahí: en la chulería de ver como en cada uno de ellos coloca la guadaña al cuello de la afición del más pintao. En sentirse dueño de dos mundos. En ponerselos por montera.
*Última hora: 02:46: Acaba la operación. Es pasado a la UVI aunque su vida no corre peligro. No son buenas noticias, es practicamente seguro que perderá la visión en el ojo afectado y tiene parálisis total facial al verse nervios afectados -arrancados-.
23:55. Patricia Navarro, de la Razón, afirma que los doctores creen que aún puede salvarse el ojo. Anuncian otras tres horas más de operación (seis en total).
23:40: Según Carrusel Taurino, es muy difícil que pueda salvar el ojo izquierdo.
21:45. Van a operar a Padilla. Preocupa que pueda perder el ojo.
20:40: la lesión cerebral está descartada. Sufre, en términos médicos, una afección maxilar cigomática orbito-ocular izquierda. Esperemos que lleguen buenas noticias en las próximas horas...
Sergio Aguilar y Diego Urdiales en Dax (Victorino Martín)
Le cyclone
Padilla, Dax. (Dolores Aguirre)
Que mal repartido está el escalafón y cuántas mentiras nos engalanan como verdades aquellos escribas chupasangres de la Fiesta. A Tomás lo encumbran a los cielos por torear de aquella manera, en Bayona, una collera de novillas de Jandilla. Con obra similar, incluso mejor, y con los Santa Coloma de Ana Romero, primos hermanos de la Quinta en borreguno comportamiento, el Cid triunfó en tono menor. Mis emociones y yo, que a veces compartimos el mismo destartalado corpachón, no entienden, o sí, la paranoia de la crítica ante EL uno y los otros. Julyan se ha empeñado en hacer rico a Álvaro Conradi en tres o cuatro años a cambio de enviarle la ganadería completa al matadero dentro de diez, como ya ha pasado en otras ocasiones con otros protagonisas. En Dax terminó de liarla, el sexto toro de la Quinta fue devuelto por falta de trapío -bendita ilegalidad, digna de los grandes tiempos en Interior, QEPD-, tras una gran bronca del público, que despidió a los toreros entre gritos de "toros, toros, toros". Al César lo que es del César, de ésto sólo ha dado fé Burladero. Los demás a callar. Lo de Manzanares y Morante es para hacerselo mirar: la explotación manufacturada de su arte no compensa el tercermundismo al que someten al toro. Una verónica por aquí, media por allá, una hiperbólica torería, exagerada hasta en tardes de bronca y fraude, siete cambios de mano requetetráidos de casa, las estocadas "esperando", que no recibiendo, como bien dice Paco Abad, el twitter, el puro, y a vivir en figura, que son dos días.
Mención aparte merecen Urdiales y Sergio Aguilar, que parecen destinados a tener que matar la descendencia del toro Ratón para que les echen cuentas. Gloria también para los Victorinos, que llevan una temporada alcista, usando jerga económica, echando buenos toros aunque sus triunfos han sido "sordos". Los grises de moda ahora son otros.
Fuera de concurso, como siempre, Padilla, con torazos de la Doña, a su manera, antítesis de la torería, pero, al fin y al cabo, matando toros que es de lo que se trata.