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lunes, 19 de marzo de 2012

Fandiño encendió la mecha

Rullot. Aplausos














Una de las principales diferencias entre las ganaderías buenas y las menos buenas sale a relucir cuando les salta el toro malo. La de Ricardo Gallardo es de las primeras, y bien que se notó en el transcurso de la corrida, poca gente se aburrió y los coletas siempre estuvieron que estar ojo avizor con las embestidas de los fuenteymbros. El género, de lo más rescatable del campo bravo hoy y máximo exponente en bravura de un encaste denostado por los sectores más duros de la afición, estuvo por debajo de las altas expectativas creadas en todo momento. Empezando por la presentación, que sin ser malísima, se esperaba mejor, un par lució caritas anovilladas, que les restaba seriedad y lo que es más preocupante, y esto va también para otros hierros que pasaron por Fallas y colocan con mimo fundas a la camada, hubo pitones, dañados y bananeros, no dignos para un coso de primera. ¿Para qué fundas, pues? Por el fielato del caballo pasaron de puntillas y lo más destacable que se pueda escribir sobre ellos, y no es poca cosa, es que mantuvieron el interés, gracias a sus diferentes condiciones: descastados, mansos, encastaditos, bravucones, todas ellas lógicas en la naturaleza del toro, y no de las cabrillas que vemos habitualmente. Una corrida mala de un hierro bueno que posibilitó el triunfo, sin monerías, a los que se pusieron enfrente. 

Y enfrente estaba Fandiño, con su contagioso terno verde esperanza, brote verde del toreo clásico, empeñado en hacer una raya en medio entre los pintamonas del arte, y los tíos que se visten de luces para jugarse la pelleja. Pechó con dos garlopos difíciles, con muchas teclas que tocar, que se dice ahora, para apostar y tirar la moneda, que se decía antes, y carajo, vaya si lo hizo. Al segundo bis, Escribiente, que fue a más en la voladora muleta, le enjaretó una faena vibrante, de tu a tu, sin trampas ni cartón, una serie la ganaba Escribiente, aliado con eolo cabrón, y la siguiente tanda el orduñés, empecinado en salir victorioso de ese toma y daca constante que algunos llamamos toreo. Combate a los puntos para el coleta, que paseó por el platillo una oreja.

La nit del foc vino en el quinto, indefinido, ni manso ni bravo y todavía hoy desconozco si fue un toro bueno o del montón, que tuvo la inmensa suerte de caer en las manos de un Fandiño que rompió, y de qué manera, con la monotonía de la dictadura impuesta por el derechazo ramplón. Toreó con la diestra como el mejor con la zocata, con empaque, cargando la suerte, invandiendo los terrenos del toro, pasandóselo cerquita y, a veces, cuando la batalla dejaba un respiro, hasta lento, templado, pero del temple de verdad, el que frena la velocidad de la peluda masa durante el tiempo eterno que el hombre expone las femorales. Se tiró a matar a cara de perro, que es una suerte no escrita en los tratados de clasicismo, pero que permanece tan pura y virgen como la primera vez, hace tropecientos años, que a un hombre se le ocurriese dar, para mayor honra del animal, la muerte más bella que jamás haya existido.

Puerta grande, enorme, para Fandiño y todo el respeto del mundo para Urdiales y David Mora, que cumplieron con creces, con la sobriedad por bandera, sin pegar un mal martinete ni querer quedarse con la peña a fuerza de circulares inversos. Rotundos y firmes con lo que había enfrente, que no eran las hermanitas de la caridad de casi todas las tardes.

A última hora, Fandiño ha encendido la mecha de las Fallas, y quién sabe si la de una temporada en la que podría desnudar la marujona hegemonía de los chicos del jédiez.





sábado, 17 de marzo de 2012

La bacalá nacional

Bacalá en la Plaza de "toros" de Valencia



No digo yo que en otros tiempos no lo hubiera, y no descarto que en estos aún haya goterones errantes de torería por ahí desperdigados, pero esto del arte me parece una bacalá que han reinventao de aquella manera cuatro interesaos para tapar las carencias de tres cuartas partes de la cabaña brava y las vergüenzas, miedos e incompetencias de lo más granado del escalafón, sea quien sea el que ocupa esos lujosos puestos. Para ello no han dudado en provocar el derrumbamiento de los pilares de la tauromaquia, los sabios quehaceres delante del negrito, las maneras clásicas de mandar en el toro, de llevarlo y traértelo, de presentarle la muleta, el dar ese pasito más allá que convierte las femorales, a cada lance, en una ofrenda ritual, que recalifica los sacrificados terrenos de invasión en un altar que eleva al torero, como un dios, sobre el común de los mortales.Torear, leches, que parece que ya nadie recuerda, o no quiere recordar, lo que toda la vida de dios ha sido torear.

En Valencia estamos viendo mucho de esto, de la mentira que se traen con el toreo del bueno, ese que nosepuéaguantá y que aún así, aguantamos como estoicos, pagando como primos, una tarde, una feria y una temporada tras otra, con un arte masacrado por la pena y poco respeto que imponen los toros, cuyo descaste, asola como una puta leucemia, las millones de vetas tocinosas en las que se ha convertido el toro de lidia, y no es sólo la sangre que viene de tal o cual casta, que vistó está, y por desgracia con cada día menos excepciones, que la peste de la nobleza chochona es una mal endémico y generalizado. 

Ayer fueron los garcicumbres, el otro los atanasiardos de Valdefresno, hoy le toca a Zalduendo y mañana será otra, si es que antes no acaba en el matadero, una más de tantas que nos esperan, las que protagonizan, y no muy a su pesar, si no todo lo contrario, que lo hacen con el ganadero sacando pecho y el mayoral grabando con la Polaroid desde el callejón, el triste descenso a los infiernos de un espectáculo estremecedor, selvático y real como la vida misma, a categoría de pasatiempo gore para verduleras fanáticas de todo lo que tenga tufillo a moderno.

No hay crítica, ni crónica, ni telegrama posible al festejo de ayer, fotocopia de antié y de mañana, las tardes se han convertido en monotemáticas, la gente acude al tendido pensando que se van a lidiar doce orejas en lugar de seis toros y los maestros no están muy por la labor de desdecirlos trayendo consigo seis láminas antiguas de la Lidia que ponga al público, en vez de a beber cubatas, a cavilar.

Así, en cuatro líneas, dejamos constancia de como con el toro de carretón, las distancias entre el duro fajador, Padilla, y los finos estilistas, los compañeros, se estrechan, tanto que al jerezano ahora se le ha descubierto un arte, sí, del mismo que nosepuéaguantá, que en veinte años no se le ha visto y que de buenas a primeras, como por gracia del espiritu santo, aparece irremediablemente cada vez que el panaderito se apunta a una merienda de figuras. Al contrario pasa igual, en la escasa medida en la que se arriesgan, que no suele ir más allá de probar el producto de un nuevo semental de su ganadería fetén, cuando Justo, Álvaro o el Juan Pedro de turno, se equivoca y embarca un atún mansito o complicadillo y ahí que vemos tomar el olivo a la mejor cuadrilla de artistas de la historia, dudar al Alejandro Sanz del toreo, y andar aperreado, como un tejela más, al mismísimo Talavante.

Quizás la diferencia no esté en el arte con que se manejan unos u otros; sino en el que demuestran temporada tras temporada sus mentores, esos artistas.


viernes, 16 de marzo de 2012

El coscurro.

Joao Silva. Sol e Sombra
















Entre los claroscuros barrocos de Curro Díaz y la eterna impotencia de Tejela para torear con mijita de gusto y mando algo que no sea un hombre encorvado, braciabierto y cojitranco que simule de salón la movilidad de un juampedro, se han perdido los mejores Núñez de la tarde. Una corrida la de Alcurrucén, magnificamente presentada, cinqueña y astifina, que ha sido asesinada, literalmente, en varas, entre la displicencia del artista medroso y el autismo lidiador del obrero alcalaíno. El lote de Alberto Aguilar, brusco y geniudo, no fue propicio para seguir la triunfal racha fallera de sesgo de despojos, pero mantuvo hasta la última bocanada de aire el interés en el ruedo. 

Lo más reseñable del festejo, las estocadas de Curro Díaz, que se va haciendo un maestro en dar la muerte en pureza, y algunos trances del linarense al natural, tan templado, con esa muleta que más que látigo para dominar, es un velo de tul que amaina tempestades. Tejela, que estaría en huelga china, pegó el doble de mantazos que otros días, que ya son, y cortó orejita para lucir palmito. Y el madrileño Aguilar, huyendo de las duras, topó con un lote de alcurrucenes que nada tenían que envidiar a hierros proscritos, estuvo siempre a la altura de la situación, en ningún momento perdió la cara y salió victorioso del trago, a pesar del descalabro con la tizona.

El coscurro de arte con que raciona cada tarde Curro el hambre del aficionao es un manjar casero que nada tiene que envidiar la pija neuvelle cousine que a partir de hoy llega a Valencia con los pelmas del jédiez. ¡Que les aproveche!


jueves, 15 de marzo de 2012

Juventud marchita


Rullot para Aplausos

















Dejando Castaño a un margen, el sopor continúa siendo el común denominador de este arranque petardeante de Fallas. Ayer, los atanasiardos de Valdefresno, mal presentados, anovillados, una pareja tuvo que soplar las cuatro velas de la tarta -el 141, Fardero, guarismo 3/8, y Manzano, 130, del 12/7-, además acusaron manifiesta invalidez, tanta que, de los seis, cinco, perdieron varias veces las manos durante la lidia. Sólo se salvó Lisonjero, cinqueño aleonado, que si bien pecó de falta de fuerzas, quiso comerse por abajo los engaños, abriendo surcos con el hocico en la tierra valenciana. Ni éste ni sus hermanos fueron colocados al caballo con un mínimo de torería, y a más de uno, y de dos, se les simuló el segundo puyazo. Al flojo y noble Lisonjero le sacaron en el desolladero ciento veinte pajuelas de semen, cuestión que marca claramente el tipo de toro que se busca en Valdefresno, y que me da, visto lo visto, que no va a ser muy de mi agrado. 

Los jovenzuelos Dufau y Silveti aburrieron al más paciente, a base de mantazos recetados a gran distancia, con el toro en Elche y las nalgas del torero en el palo de la bandera valenciana, demostraron saberse la teoría de los circulares, los martinetes y el teléfonillo de memoria, pero carecieron de hambre, valor y ambición. El mexicano se dejó ir un triunfo gordo, viendo el nivel del público y solo pudo rescatar la honrilla de la tarde con algún natural arrastrapanza de la muleta y con el deseo, más que hecho, de querer darle brillo a la capa, como buen manito, en quites. El francés llevó durante toda la tarde un paso más allá el destoreo, que no es ya no cargar la suerte o retrasar la pata, sino adelantar la pierna que no es, resultando cómico como en el remate de alguna tanda y en lances sueltos, la descolocación y ese retorcimiento lo llevan a darle la media espalda al garlopo y el culo a la muerte. De conocimientos, y mira la reata de apoderados y ayudantes que llevan, tampoco es que lleven estos jovenzuelos de escuela taurina la lección muy aprendida. El bleu se fue a los lomos, incomprensiblemente, de un Atanasio, abanto, al que de salida quiso darle, sin sacarle los brazos para más calamidad, una chicuelina para los adentros. Si esperpéntico es el presente, ni imaginarnos el futuro.

Jiménez Fortes fue el "triunfador" de la tarde, a pesar de hartarse también a echar la patita atrás y darle vidilla al pico de la muleta, pero hay que reconocerle cierto temple a su labor, temple a lo ya templado, se entiende, y ganas de agradar, que debería ser lo mínimo, pero que tal y como están las cosas, muchas tardes se convierte en lo máximo. Con el manso de la tarde se fajó de lo lindo, hasta que cantó la gallina, momento en el que el Manzano se agrió y para cuya muerte hizo pasar las de Caín al verde coleta. A éste lo picó muy bien Tito Sandoval, que domeñó el mal son, los testarazos y la rabieta que vertió el mansito contra el peto.

 Lástima de juventud torera, de patita pa'trás en vez de paso al frente.


miércoles, 14 de marzo de 2012

Lo corriente como excepcional

Rullot para Aplausos



Llegué nada más salir el tercero. Del primero me dijeron que salió dando unos tumbos raros y que no valió, y que el segundo fue así asao. El resto de la corrida del Parralejo salió noblona, quitando el manso y encastado quinto, para mi gusto, el mejor de la corrida, a pesar de la mansedumbre que, como hemos intentado explicar en muchas ocasiones, es una condición más del toro de casta brava, y no siempre tiene porque ser un defecto imperdonable. Fue el que más arreó desde que salió hasta que cantó la gallina, que no fue más allá de la tercera o cuarta tanda, que digo yo que para que quiere uno más. Además, pidió papeles y torero más que sus cinco hermanos juntos. A Brevito y Vejado, ni más ni menos, les dieron la vuelta al ruedo, por el simple hecho de ser buenos para el torero, que aquí nadie habla de caballo, casta, poder y fiereza, esos cuatro términos que ya sólo sirven para quitar el mal humor durante un rato a los perennemente enojados toristas. En fin, que nos venden como extraordinaria una corrida que cumplió, con dos novillos boyantes para hacer con ellos lo que a los aspirantes a figuras les diera la gana, el arte, el arrimón, el estar en novillero, el pino, el salto de la rana, lo que sea, que lo permitían todo en nombre del palabro ganadero de moda: la clase. Una corrida buena, sin más, que debiera ser para el aficionado una cosa corriente, ha sido encumbrada a los altares de la bravura. Y eso no es.

Con los novilleros, tres cuartos de lo mismo: salió uno, nuevo, muy verde, como Román, un gran desconocido, pero que traía consigo algo muy importante para aspirar a ser torero: la pinta de torero. Bien vestido, sonrisa pícara y melena de torero antiguo. Todo de casa. Su toreo, muy templado y de mano baja con un animal que, como hemos dicho antes, lo permitía todo, por la clase, ya se sabe. Despegado y en ese tono menor modernista del toreo perfilero, pues también, pero no le vamos a pedir a un chaval que lleva media hora en esto que haga lo que los maestros no han hecho en su vida. Román, nombre a tener en cuenta, le puso orgullo y arrojo al asunto, componiendo una mezcla cada vez más rara: un novillero que está en novillero. Y volvemos a las andadas, tanta extrañeza produce ser testigo de algo que tendría que ser normal, que terminamos elevándolo a niveles desaforados.

Si con moritos que cumplen y novilleros que están en novilleros, nos volvemos locos de remate, hay que reflexionar sobre el nivel al que han arrastrado los taurinos esto de los toros cada tarde.


domingo, 11 de marzo de 2012

Castaño y sanseacabó.

Toro y Torero. Rullot para Aplausos


















Normalidad. Abrumadora normalidad, calma chicha, rutina cascabelera, con esas calificaciones, que descarrian de la senda por la que con tan buen nombre camina Adolfo Martín, ha salido echando humos el aficionado -ayer no había público- por la calle Xátiva abajo. La corrida no ha sido mala ni buena; ni mansa ni brava; ni inválida ni poderosa; ni morucha, ni enclasada; ni de Adolfo, ni de Martín, sino todo lo contrario. Si quitamos el segundo, de crueles intenciones, el encierro traído desde los Alíjares podría pasar perfectísimamante por ganado comercial en una de sus multiples y variopintas versiones bodegueras. Nobleza excesiva, para lo que viene demandando el escaso personal que acude a este tipo de corridas. En general la presentación fue buena, muy pareja, salvo dos grises cuya fachada lucía términos opuestos: el quinto, Monería, qué tino y qué arte tuvo la vaca, un galán de cine del blanco y negro, y el cuarto, que salió ya de chiqueros con la mengua de medio pitón. Poco después nos enteraríamos de que la calamitosa merma de sus defensas fue producida en un derrote por la mañana en corrales, y que los excelentísimos señores veterinarios de un montón de ilustres colegios acompañados por la regia autoridad competente, que como es sabido, pierden el sueño por velar por el pagador, decidieron aprobar el mutilado sin discusión. En el caballo la corrida cumplió, y en estos tiempos, cuando uno utiliza ese verbo, quiere decir poca cosa, más que nada que no se pareció a la corrida portuguesa, y que no hubo nada a destacar, a pesar del entrañable esmero de Castaño por fomentar la suerte de varas.


La buena nota de la tarde se la lleva el salmantino, que con su montera calada y su abnegación por una tauromaquia en desuso, cada tarde se le aparece al aficionado, que lo ha tomado como ojito derecho, como un espíritu atormentado, como los grandes románticos, que reniega de la decadencia y reta sin titubeos al resto de la terna, al de las patas negras -lo haya engordao quien lo haya engordao-, y a la dama de la guadaña. Merced a lo visto por la tarde, en el sorteo mañanero su bolita parece que fue sacada del sombrero por la docta mano del señor Jeckyll y míster Hyde. En el lote se llevaría una alimaña de las de ahora, se ha bajado el nivel y la expresión ya agrupa cualquier tipo de toro con comportamiento complicado o que salga de lo habitual, y el Monería, que era de garabatillo para el torero. Con el primero, el malo, estuvo valiente, buscándole las vueltas, robando pases aquí y allá, siempre por encima del prenda, que fue arrastrado por las mulillas habiendo conocido torero, cosa que no muchos de sus colegas podrían decir. Y con el bueno, más completo que sus hermanos, pelín noblón de más, quizás, y que generosamente intentó hacer mejor en un tercio de varas en el que el adolfo no cumplió con su parte del trato, estuvo sensacional, gustándose allá hasta donde aguantó el toro, templado, con cabeza, muy alejado de ese tremendismo de cercanías que gozosamente parece formar parte ya del pasado de Javier Castaño. Cortó una oreja, que es lo de menos, y nos deja cavilando hasta Abril, con Cuadri, en la Maestranza. Que Dios nos dé salud hasta esa fecha.

Sus compañeros de cartel dieron de sí lo que se esperaba, que tampoco era gran cosa. A David Esteve, en su día novillero puntero, no se le puede achacar su actuación lo más mínimo, es más, a muchos ha sorprendido, pues el asunto, dicho sea con todos los respetos, no pintaba muy bien. De torear en Ticapampa con el toro peruano a hacerlo en Fallas con los grises va un largo trecho que no todo el que se viste de oro es capaz de afrontar, ni todo el que paga entrada tendría que aguantar. El caso es que se dejó ir un tercero muy muy boyante, un caramelo torista, al que en una faena vulgar cortó una oreja al peso peruano. Al sexto, que no valía un duro, lo molió a pases, literalmente.

Y Calvo, que se presentaba nuevamente con ese aspecto bucólico que tanto exaspera, a pesar del buen corte, muy clásico, que tiene, ya tenía perdida la partida antes de inciarse el paseíllo. De salida, la cuadrilla, con el gran rehiletero Montoliú a la cabeza, valiéndose de la asquerosa artimaña del toque de la punta de la capa una cuarta fuera del burladero, estrelló varias veces contra las tablas las ilusiones de un ganadero que cría cinco años un animal, y las del abonado, que llevaba a la espera de ésto un año. En el caballo, se dió la orden, o no se dió, si es que se inhibió, que es casi peor en un director de lidia, de dar leña a base de bien. Aún con esas, pasó las de caín, incapaz de dominar nada, y a pesar de llevar el uy a los tendidos y dar con las costillas en la arena, su labor tuvo más señas de pura inoperancia que de bizarría. Hace falta mucho más que "tener buen corte de torero" para merecer un puesto en ferias.






viernes, 27 de enero de 2012

Por amor al arte




Ayer me hacía gracia algún tuitero que elogiaba la independencia y el desprecio al dinero que habían tenido Juli, Morante, Perera y Cayetano, que han renunciado a una jartá de millones por no anunciarse en Fallas. Quizás sea verdad, y éstos mártires del jediez, que se han empeñado en parecer una banda de trincones, en realidad forman una ONG de la Somalia en que ellos mismos han convertido la tauromaquia. Entonces habrá que pedirles perdón.

Entretanto se aclara si son héroes o villanos, las cifras que nos llegan son diáfanas y creíbles, por lo menos mientras el silenzio stampa del grupo de figuras no finalice y hagan un esfuerzo por dotar de claridad este asunto. Según Pedro Javier Cáceres, son 240.000 euros lo que Simón Casas ha pagado a ASM por el paquete de figuras. Teo y Mazas, en Clarín, subían la cifra hasta los 280.000 euros, casi los cincuenta millones de las nostálgicas pesetas. Esto estaba tratado así, toreara César Jiménez un toro de Capea, o Enrique Ponce los cuarenta y ocho bichos del ciclo. El mensaje era claro: vendían un sólo producto que redundaba en la unión de los más famosos toreros, que son una piña.

Casas ha cerrado a contrarreloj sólo seis, dejando a los cuatro citados más arriba fuera. Existen varias teorías conspirativas sobre la ausencia. La más obvia es que son los llevados por casas independientes, que no regentan plazas, ni están abocados a negociar con otros cromos. Los que defienden esta conjetura ponen a los empresarios como los malos de la película y sostienen que la del productor francés es la primera de las muchas zancadillas que se va a encontrar la facción independiente del jédiez. La realidad difiere bastante, hay que decir que el jédiez en realidad es el jéuno, el padre de el Juli, que es el torero que más empecinamiento está demostrando en defender sus derechos de imagen aunque sea a costa de atacar los derechos de los aficionados, en este caso, de los abonados valencianos. A tal punto está llegando la cosa que éste puede ser el último año de Roberto Domínguez como apoderado del madrileño, harto del contínuo mangoneo por parte del progenitor en la carrera del diestro. Por ahora, sólo han sido capaz de seguirle en el paro obrero los pupilos de Curro Vázquez, Morante, que aún puede permitirse el lujo de perderse Fallas, en la negociación de Sevilla habrá que medir su implicación, y Cayetano, que no puede interesar a nadie. Por lo menos como torero. La baja de Perera se puede entender desde la postura del empresario de ahorrar costes con matadores más jóvenes, y baratos. Al extremeño si quiere torear en los sitios importantes más adelante no le va a quedar otra que tragar.

Ésta es la situación del jédiez, la de ruptura interna, como es lógico, pues nadie puede creer que Fandi o Morante, por ejemplo, compartan intereses, ni que su imagen sea y valga lo mismo. Es una unión con fecha de caducidad porque, independientemente de lobbys empresariales, va contra natura.

Pero, a lo que íbamos, a la cuadratura de las cuentas de la primera feria importante del año, esos 280.000 euros que ingresa ASM en nombre de, por y para el grupo, cuando sólo "trabajará" algo más de la mitad de sus componentes. La duda requiere, a pesar del oscurantismo informativo, rápida respuesta: ¿ese dinero va repartido para todos? ¿o va para los seis anunciados? ¿Pillarán cacho sin pisar tierras levantinas los Juli, Perera, y Curro Vázquez boys? ¿Que pasaría si hipotéticamente en Pamplona solo se anuncia uno de ellos? ¿Ganaría cerca de ochenta o noventa millones de pesetas sumando caché y derechos globales de imagen? ¿o torearía para que cobren también los ausentes? ¿estamos ante una nueva etapa del toreo, en la que se puede cobrar sin torear? ¿o estamos en un marco en el que a pesar de una crisis se pueden batir todos los récords en cuanto a dinero ganado por las figuras?

Éstos son los del jédiez, los de la tabarra del "por amor al arte."



 

lunes, 16 de enero de 2012

El Plan T

Aula Taurina Granada. Málaga 1960



Cosas de los tiempos de cultura. Para anunciar una corrida de toros en condiciones, no digamos ya una feria, más aún si es de postín, tienen que darse en el mismo bucle espacio temporal, lo menos, una múltiple alineación interplanetaria, la unión de dos átomos por el mismo polo y el cortejo más la cópula con resultados biológicamente mostrables al mundo, de Paquirrin con la Preysler. Qué fatiguita, lo que tienen que hacer los pocos empresarios que se lo proponen para satisfacer a la afición. Reunir con el trapío, la edad, la casta y el etcétera, en un mismo lugar a idéntica hora, no ya a una figura, sino a cualquier torero que goce de un número de contratos que le proporcionen el suficiente bienestar, es tarea imposible. Que si los derechos de televisión, el parné, que si las entradas para el autobús de peña y familiares; el ganao, que tiene que ser tal hierro, pero no cualquier herrado, sino el lote que viene del semental que indultó con polémica el maestro mengano en el festival de Esparragosa de los Lares; los compañeros, a éste ni verlo, que me puede mojar la oreja -nunca mejor dicho-, y a aquel pónmelo por delante, que lo lleva mi apoderao, que es cuñao del ganadero cuya hija estoy rondando; y así, hasta el infinito de caprichos en forma de piedras en el camino para el que gusta ver de Toros.



Ayer, en Clarín, el programa radiofónico más decente de la actualidad, se hablaba de los planes falleros de Simón Casas. El A, el prodigado monoplán, con figuras, billete grande y toro pequeño. En la recámara, el Plan T, que diría Mazas, llevado a cabo -aunque aquí tal vez los artistas usarían la conjugación "perpetrado"-, con hierros toristas y toreros honrados.

Y me pregunto yo: ¿si los del Plan T son "toros toristas" y toreros honrados, entonces que son los del A? ¿A tal punto de deterioro ha llegado la Fiesta que el aficionado consiente y tolera, con impunidad para los que viven de ello, que haya toreros que no lo son y toros que sólo lo parecen?




lunes, 21 de marzo de 2011

Aguilar nos reconforta con el Toreo

Foto: Aplausos.es



Plaza de toros de Valencia. Última de Fallas. Media entrada escasa. Toros de Adolfo Martín para Rafelillo, Tomás Sánchez y Alberto Aguilar.



La tarde de ayer lamentablemente sirvió para constatar, una vez más, el verdadero problema de la Fiesta: a la gente, ya no digo afición, el Toro no le pone. Lo que se lleva ahora son las contorsiones de las figuritas con la borrega inválida o ese toreo de salón descafeinado más parecido a una danza del vientre Bere Bere que a la estoica disciplina del toreo. Es así: la única tarde en la que se sabía a ciencia cierta que el Toro iba a estar presente, y no se pasa de un tercio largo de entrada. Vamos, que mientras tres personas pasaron por taquilla para ver los mulos de las Ramblas o los inválidos de Victoriano del Rio, sólo a una, en todos sus cabales, le dió el achaque de apuntarse a los adolfos.

Y con una señora corrida de Toros obsequió el patrono de los Alíjares al tenaz aficionado. Vieja, con años, bordeando la edad reglamentaria, -otra de las trampas legales utilizadas para menoscabar las ventajas al Toro-, con leña por delante, musculada y liviana de romana. Para disgusto de los presentes, blandearon en exceso, en especial el cuarto, inválido en estado terminal, tampoco estuvieron sobrados de casta, acabaron viniéndose abajo, siempre de más a menos, sin fondo dónde rascar. Pero, ¡ojo! que aquí nadie se aburrió.


Rafaelillo se topó con el peor lote de la tarde. También es justo decir que ese lote embisitió a uno de los peores Rafaelillos que se recuerden. A su primero le dió unos muletazos muy a modo, templaditos, consintiéndole, a su altura, acompañando más que mandando, dibujando pases más que toreando. Con el cuarto, un inválido que debió ser devuelto, estuvo aperreado consigo mismo y porfión con la cuadrilla. La única faena que le hizo al adolfo consistió en mostrarle a la afición su lisiadura.


Tomás Sánchez quiere ser gente en esto. Lo malo es que, como muchos compañeros de exilio en la marginalidad, lleva la tira de años queriendo serlo. En mayo hará catorce que tomó la alternativa el buen torero valenciano. Supongo que si la crisis y sus gañafones no le han calado las carnes seguirá en el Mercado Central, levantándose a las cinco de la mañana, mientras otros... mientras otros, compartiendo oficio, ya hemos visto a que se dedican... La tarde, un trago para alguien que no torea, la ha pasado con nota. De menos a más, cosa de la bravura. Si bien es verdad que sus faenas han tenido altibajos, errores en la colocación y distancias, aumentando la sensación de inseguridad en determinados momentos, en los que el coleta estaba a merced del Toro. Pues todo eso y más, se tapó con vergüenza torera, orgullo y mucho corazón. También con toreo bueno, que lo hubo en forma de unos cuantos naturales sueltos, templados y encajados, aunque sin ligazón. Merece más este Tomás Sánchez.


Y el gran triunfador de la feria, a medias con Leandro, es Alberto Aguilar. Aunque los premios de la cátedra revistera vayan destinados a Manzanares, que es la figura que quieren poner de moda esta temporada. A pesar de que no haya visto un Toro como Dios manda en su vida. El caso es que el buen toreo del madrileño, al que maldita falta le hace la interesada propaganda de la televisión de Molés, a muchos no nos pilla por sorpresa. Macho, guerrero, con la mente despejada, resucitando viejos términos talibanes: parar, templar, mandar y cargar. Así lo hizo hasta que en un momento de abandono, de regocijo, ¡zas!, voltereta y cornada en la espinilla. Sangre, que buena falta hacía. ¿Que es duro? Pues sí. Pero habla muy mal del estado en el que se encuentra la Fiesta que en la primera feria importante del año, en la que tendrían que arrear, no haya habido un apuro, una mala voltereta, un puntazo corrido. No hay verdad. Hasta eso ha arreglado Aguilar. Mató como pudo y recogió su más que merecida oreja. 



domingo, 20 de marzo de 2011

Punto sin retorno

El toro de Valencia. Foto: Ignacio Tena





La corrida que se lidió en Valencia es un despropósito además de una ofensa a quienes pagan por asistir a la plaza. Esta chotada de Las Ramblas se preparó para Enrique Ponce en el día grande las Fallas. Y como viene ocurriendo en los últimos años se ha repetido la historia como un calco. Otra vez la retahila de borregas inválidas o de moruchones sin clase, que de todo hubo ayer. Y al final el gran perdedor ha sido, precisamente, quien cayó en su propia trampa, el mismísimo Enrique Ponce.

A estas alturas nadie va a negarle al torero valenciano su indiscutible trayectoria de veinte años en la parte alta del toreo, ni su técnica prodigiosa, ni su profesionalidad. Pero todo tiene su límite y nos parece que Enrique ha llegado a un punto sin retorno. La faena al quinto toro es un canto del cisno, una demostración de que ya no resuelve con la solvencia de siempre. Ayer, en ese moruchón de Las Ramblas anduvo repetitivo, sin frescura, sin ideas, sin su proverbial facilidad. Este Ponce de ayer es un torero que se imita así mismo, que trata de resolver con los mismos argumentos aunque ya los tiene mentalmnte gastados.

Todavía veremos a Ponce por esas ferias pero hace tiempo que se trata de un nombre importante, pero de un torero en retirada.

A Juan Mora le sonó la flauta en la tarde de la feria de Otoño en la que resucitó como torero. Tuvo la suerte de encontrarse aquellos dos toros y de encontrarse él mismo con el buen torero que lleva dentro y de hacerlo en el momento preciso y en Madrid, donde hay coger el tren del triunfo y de los contratos. Pero de esa renta puede vivir una temporada hasta que agote el crédito. Y en las dos actuaciones que le hemos visto este año, en Vista Alegre y aquí en Valencia, nos hemos encontrado con el torero frío y apático que tantas veces nos ha decepcionado. Es verdad que su lote se defendía y derrotaba pero Juan no puede ir tirando las tres cartitas y a salir del paso. Su imagen de torero artista no está reñida con la de un profesional que transmite una imagen de torero solvente y resolutivo. Entre banderazo y banderazo le recordamos algún muletazo de su cosecha, pero leves apuntes, nada más.

A Sebastián Castella han estado a punto de obsequiarle con las dos orejas del sexto, el único ejemplar que metió la cara y repitió las embestidas. Y me preguntarán por el motivo de esa petición de dos trofeos. Y no tengo respuesta, como no sea que el público estaba harto de una tarde plomiza, donde no había pasado nada y quiso recompensar a Castella por una faenita ramplona y de tiralíneas pero que conectó con el público fallero. Por lo demás no recuerdo un solo muletazo de entidad en la labor del francés. En su primero, un novillote impresentable, Castella se defendió del mal estilo de su oponente a base de trallazos y enganchones.

sábado, 19 de marzo de 2011

Los murubes del Capea

Foto: Ignacio Tena





Los taurinos deben estar babeando de gusto ante la corrida de San Mateo y San Pelayo. Ese es el toro industrial que los enanmora. Toros para no pasar fatigas y para cortar las orejas, pero muy lejos del auténtico toro bravo. En todo caso estamos en Valencia y aquí manda el relumbrón sin exigir rigores.
En efecto, El Niño de la Capea envió a Valencia una corridita pobre de cabeza pero noble y suave hasta decir basta. Con tan buen género no es de extrañar que El Cid se sintiera a gusto y nos recordara a su mejor versión, especialmente en unos naturales al cuarto magníficos, de su mejor cosecha. También había estado impecable sobre ambas manos en el primero. Sin embargo habrá que reprocharle ese cambio brusco e injustificado, cuando bordaba el natural, para echar mano del efectismo. Con la espada ha estado muy seguro. Una oreja en cada toro y al final compartió la puerta grande con Perera.

Una puerta grande que el extremeño se ganó a base de temple y también de conocer la psicología de esta plaza. En efecto,su segundo toro se había parado mucho y el torero extremeño recurrió al efectismo de los tres en uno, sin enmendarse un milímetro. Era un recurso lícito ante la falta de casta del toro. Todo lo que hizo en sus dos faenas resultó irreprochable en cuando a temple y ligazón. Estuvo mejor colocado en su segunda faena, porque en la primera abusó de su vicio de ponerse fuera de cacho y dejar retrasada la pierna contraria. Y no olvido el alevoso bajonazo con el que estoqueó al quinto toro. pero eso de los bajonazos no se tiene en cuenta por estos lares y, por supuesto, le dieron la orejita de rigor.Por lo demás faltó la emoción del toro bravo de verdad, pero eso es cuestión del ganadero.

Cayetano abrevió con su primero que se partió un pitón. Tuvo el gesto de matar con la mano izquierda para salir de la suerte por el pitón sano. Un detalle que lo dignifica. Sin embargo en el sexto, un sobrero de Zalduendo dió un recital de incompetencia técnica. El toro tenía algo de genio y mucha mansedumbre. Cayetano parec ía un principiante en una plaza de carros. Con los papeles perdidos optó por no prolongar aquel despropósito. Un auténtico petardo. Pero no importa seguirá en los carteles de lujo.


Nota: Me sorprende un poco, dada mi ignorancia, que en todas las críticas se hable de toros chicos, sin leña, mal presentados. Quizás, no lo sé, estaban en el tipo del encaste, bajos, badanudos, corniplanos y con poca cara. ¿Se puede hablar entonces de mala presentación cuando un toro está en tipo?

viernes, 18 de marzo de 2011

La apreciada peste de Cuvillo






Halcón, Majoleto, Empolvado, Turulato, Fusilero y Billetero. Así se llamaban los cuvillos, que en paz descansen y caguen las moscardas, que han saltado, para bochorno de la tauromaquia, al ruedo de la calle Játiva. Aunque también, merced a sus hechuras, en esa granja escuela que es el Grullo, podrían haberlos bautizado como Gorrino, Micifuz, Pitorrito, Lisiado, Lelo y Retaco. La sádica y exigente afición levantina en el arrastre los despidió con pitos, silencio, pitos, pitos, palmitas (al Lelo, como premio por hacer honor a su nombre) y silencio. Ríase usted del talibán medio del Siete. Cómo se puede ser tan fanático para no reconocer que el presente y el futuro, más grande y lustroso que el fraudulento pasado, es éste, el del bicho que sale ya templado de chiqueros, que de toro no tiene un pelo; que no exige lidia porque, como buena lumbrera, no presenta problemas; cuyo comportamiento y vigor hacen que los dos primeros tercios queden reducidos a un mal tentadero; con embestidas melancólicas que logren sacar el graznido del bieeeeen, arrancado de las fauces del clavelero que no se digna a pisar un tendido y que esa tarde se paga una barrera para presumir de prominencia social; sardinas cuya mayor y única virtud radica en colaborar con el torero para que le sean cortadas las orejas, si es simbólicamente, junto al rabo, mejor. Esta es la peste que nos quieren vender como esencia fetén de los nuevos tiempos. Los clásicos la hubieran llamado por su nombre: mierda.


Tres, cuatro y una media, bordada en el blanco y negro, lo que se llevan los morantistas a la boca. Ninguno de los dos novillotes con los que pechó le dieron opciones, aunque tampoco el ruiseñor de la Puebla hizo mucho porque se las ofrecieran. Con el primero se puso delante con la elegancia de siempre, despacito por si a la borrega con las prisas le da un infarto -e ahí la cacareada "medicina del temple"-, intentando templar la embestida o lo que sea ese movimiento cansino que hacen las bestias en esta ganadería. En el cuarto simplemente dimitió. Se ausentó de la lidia, desastrosa, cuando el toro era un bendito que sólo necesitaba que algun alma cándida lo recogiese. Sólo pedía caridad. Se llevó, como el que no quiere la cosa, tres puyazos y unas cuantas pasadas en falso en banderillas para darnos motivos a los que pensamos que no se puede pretender ser figura en esto con una cuadrilla de segunda fila. No se dió coba con la muleta y con un sainete a espadas final se despidió, otra vez más, sin puntuar en plaza de responsabilidad.


Manzanares ha dado una demostración soberana de como torear sin toro. Que viene a ser algo así como meter un gol sin portero o ganar a los naipes jugando al Solitario. La figura del maestro alicantino crece a pasos agigantados, dicen los revistosos. El pero, y no es pequeño, es que como si de una macabra fórmula aritmética se tratase, para que crezca su dimensión de torero y artista es igualdad obligatoria que mengüe hasta límites caricaturescos el Toro. El quinto de la tarde fue uno de esos animales que parodian al animal que (casi) todos amamos, ex-eje de la Fiesta, y que permitió al Manzana hacerle diabluras, por aquí, por allá, una tanda soberbia de naturales, un pase de pecho de cartel y remates con garbo y donosura. Los taurinos han logrado darle la vuelta a la tortilla: hacer que el fuerte, el que tiene ventajas sea el hombre, y que el débil, que pasa miedo con el oponente sea el Toro. Me pregunto si la Historia se hubiera escrito igual si Goliat le hubiera ganado a David. ¿Donde estaría la gracia para el pueblo de Israel? ¿Dónde reside en esta tarde, y muchas otras, el arte para el aficionado sediento de emociones? 


Para Luque tampoco había toros. Más que decoroso con la capa -no se crean que hay en el escalafón muchos capoteros como él- y voluntarioso con la muleta. Sin opciones.


Como dice el Inclusero: 

"El arte sin emoción no es toreo"

jueves, 17 de marzo de 2011

Y el destoreo se hizo carne

Rubén Pinar. El destoreo se hizo carne. Foto: Aplausos



Plaza de toros de Valencia. Quinta de Fallas. Toros de Fuente Ymbro para Curro Díaz, Matías Tejela y Rubén Pinar.



Inmejorables para el toreo moderno. Carretones de pata negra. Jandillas de escuela taurina. Toros de Gallardo nobles, sin llegar a la bobería que es norma en el encaste, obedientes, humilladores, no tiraron un mal gañafón, con las orejas en bandeja para cualquier coleta que de esto sepa un poco. Cumplidores en varas, sin más. Bravos, ni hablar. Justos de presentación, feos de hechuras, algunos se han tapado por las dos grumias que llevaban por delante. Lamentablemente, los más potables se han encontrado con dos de los más claros ejemplos de jornaleros con alternativa a los que no se les puede llamar toreros: Tejela y Pinar.


Un poco a medias. Ni fú ni fá. No ha sido la mejor tarde de Curro Díaz, tampoco la peor. Con el lote menos aprovechable ha dejado detalles sueltos, remates pintureros, medios pases colmados de temple pero vaciados, y viciados, de autenticidad. Desapegado del toro y desangelado del toreo. Como serán los compañeros de cartel, que habiendo estado regular, en la comparación con ellos -que me perdone por el mal gusto el de Linares - pareció Joselito y Belmonte juntos. Se llevó un tumbo al entrar a matar más derecho que una vela, con vergüenza torera. Nos debe una. Se la apuntamos porque sabemos que solo el que tiene la moneda nos la puede devolver. Curro tiene la talega llena.


El día que Matías Tejela diga adiós, si no le dicen antes hasta luego, podrá ganarse la vida como mozo de espadas de Diego Urdiales. Mientras tanto, gracias al establishment taurino, el pegapases madrileño hará el paseíllo en las mejores plazas del mundo, con las ganaderías más afamadas mientras el maestro riojano, Aguilar o Morenito se abonan al Canal Plus Toros para ver como Molés y compañía lloran sus ausencias con lágrimas del cocodrilo de Lacoste. Mientras tanto, el aficionado, santo y mártir, tambien puta y cliente a la vez, que mantiene este negocio, a tragar con la peste de toreo que hacen estos muchachos. Para qué un almohadillazo, para qué protestar al empresario, para qué hacer una colecta y mandarlo con su arte y sus producciones de vuelta para su tierra, y para qué dejar de asistir a estas pantomimas sacrílegras que se anuncian en nombre de la Tauromaquia. A veces tenemos lo que merecemos.


De Rubén Pinar se puede opinar más de lo mismo, que es uno de los más vulgares pegapases del escalafón, y mira que es largo, que creo que está en más de doscientas coletas. Es un milagro que sin arte, valor, capacidad, hambre y ganas de mejorar -que debería de ser lo mínimo- haya jóvenes que llegan a compartir oficio con Frascuelo, Paquiro o Manolete. Es el prodigio del toreo ignorante enseñado en escuelas taurinas, del compadreo hecho mandamiento y del rigor en la doctrina que brilla por su ausencia. Otro que aguantaremos en Sevilla, Madrid y es de esperar que toreando tan mal, lo haga también en Bilbao, Pamplona y Zaragoza. Asco de vida.





miércoles, 16 de marzo de 2011

Todo a medias (y a veces ni eso)


Foto: Ignacio Tena / Prime Time


Plaza de toros de Valencia. Cuarta de Fallas. Un tercio largo de plaza. Toros de Alcurrucén para Miguel Abellán, Juan Bautista y Leandro.


Buena corrida, bien criada, con el trapío necesario para una plaza de primera categoría, si bien he echado en falta más igualdad en la edad, en la tablilla se ha anunciado desde el cinqueño largo hasta el cuatreño imberbe; también en las hechuras, con un segundo altiricón, montado y anovillado y un sexto que es un Toro de Madrid. Abantos de salida, cobardes en el caballo, ninguno empujó de verdad y complicados para la lidia, sobre todo en banderillas. El quinto, boyante y noblón en el último tercio, acusando sosería, se fue sin torear. Sexto más encastado, sin ser un guerrero espartano, tuvo interés. La nota más negativa es que todos terminaron viniendo a menos.


Abellán topó con la ventolina y la desconfianza en su primero. Más preocupado de torear la muleta que de dominar el toro. No pudo salir de la segunda raya y fue su perdición. El mansito, que tenía poder, arreaba de lo lindo, desarmando en más de una ocasión al torero madrileño, haciéndole perder pasos, dar trapazos y defenderse más de lo aconsejable. En las postrimerías de la faena, con el toro más acabado y el viento calmado, le endiqueló dos series de naturales más que correctos. En los medios tuvo que ser. Le faltó tirar la moneda. Con el cuarto, quizás el más áspero de la corrida, bicho caderero que en cada muletazo se quedaba en la cintura, que iba y venía con la cabeza suelta, no pudo más que justificarse y mostrar ganas de agradar. Con los aceros, mal.

Acudir al tendido a ver a Juan Bautista es jugar a la loto. Lo mismo te puede tocar el gordo, y ver torear con ortodoxia, o no acercarte ni al número del reintegro. Como hoy, en el que el francés ha sacado lo peor de su artillería: el desinterés por ser alguien en esto, las tandas kilométricas de muletazos sin decir nada y el desconocimiento más absoluto de lo que significa anunciarse en una feria de postín. 


A Leandro hay que agradecerle que se dejara venir, hasta en tres ocasiones, al pavo de Alcurrucén al galope, dándole distancia y sitio, protagonizando los momentos más emotivos de la tarde. Templado con la derecha, sin demasiadas apreturas y poco mando, pues esperaba al toro con la muleta siempre retrasada, dejó pinturería, pases bellos y remates barrocos. Toreo bueno a medias, le faltó ganar el paso que sólo pueden dar los elegidos y que fue el que faltó para que la plaza se convirtiera en el manicomio de la calle Játiva. En la segunda mitad de faena, -¡tanto duran ya que tienen mitades, como el fútbol!- con el toro venido un poco a menos, el torero vallisoletano le puso más alma, se ajustó un poco con el burel e hizo adquirir mayor relieve a su faena. Manoletinas ajustadas para rematar más una estocada trasera y tendida, con uso del verduguillo, le hicieron pescar una oreja que debería valerle para abrirse paso. Antes sorteó un animal que se dejó sin más, con el que no pudo pasar de dejar latentes sus buenas maneras, la elegancia y la inoperancia para hacer bien el trabajo por el que cotiza en el fisco: matar toros. 



martes, 15 de marzo de 2011

Tres notas

Foto: Alberto de Jesús.


Plaza de toros de Valencia. Tercera de Fallas. Un cuarto de entrada. Novillos de Javier Molina para Thomas Dufau, Juan del Álamo y Jesús Duque. 


Se lidiaban novillos de Javier Molina, opositores en la teoría al escaño de Fuente Ymbro, en la práctica ganadería que está completamente por hacer, por designar en su sangre si quiere consagrarse entre el aficionado cabal o coquetear con los nuevos ministerios de las figuras de la torerimaquia. Cualquier otro día de cualquier otro año -veintinco o treinta atrás- tendríamos que haber escrito que la corrida de Molina ha sido un pestiño, que han tirado más al mulo, coceador eso sí, que al arquetipo soñado de toro de lidia. Bordeando peligrosamente el límite entre la casta y el genio. Excepciones hubo dos: el segundo, encastado y manso, que cantó la gallina al final; y el tercero, que recibió, sin pesarle en el tercio de muleta, tres puyazos en cuatro visitas al "practicante". No porque las mereciese, ni su casta y fuerza las exigieran, sino por incompetencia de su "colaborador". El caso es que en el adocenamiento, repetitivo y vulgar, en el que se encuentra la Fiesta del presente, todo comportamiento diferente a la nobleza aborregada es recibido como agua de mayo. Hartos que estamos de ver novilladas en las que los utreretes embisten como los carretones de las academias taurinas y jovenzuelos que llevan la lidia aprendida desde casa. Muy interesantes pues los jandillas de Javier Molina. Y muy mal presentados, dicho sea de paso.


Con este material el suspenso se lo llevó un Tomas Dufau que, posiblemente con el lote más noble, pecó de toreo perfilero, mal colocado y desangelado. No se puede pretender ser más pegapasista que el pegapases. Por la mera casualidad geográfica de ser francés no debiera de querer ser como Castella, que parece ser su finalidad como torero. Está muy hecho, a ese estilo, y toma la alternativa en julio. Se le antoja un camino lleno de piedras.
Para examinarse en septiembre se quedará el local Jesús Duque, al que le han hecho la trastada de anunciarlo en Fallas cuando no está ni para un tentadero. Bastante ha hecho con no salir demasiado trasquilado de la encerrona. Hacía mucho tiempo que no veía un novillero con caballos tan verde, con verdaderas dificultades para resolver el jeroglífico de como coger el capote. Con la muleta, a trallazos, medio se defendió. De la lidia de ausentó. Tienen sus mentores mucho trabajo por delante, la buena noticia es que el alumno va sobrado de voluntad y valor.

Y Del Álamo aprobó con solvencia, pero sin brillantez. Tiene hechuras de torero, con todos los vicios del presente, el retraso de la pierna de salida para alargar muletazo y la comodidad en la colocación. También arrecian sospechas desde hace tiempo de su querencia por un encaste y repugnancia hacia otros... Valor, temple y cabeza no le faltan para ser figura en esto. Otra cosa es que alguna vez pueda llegar a emocionar con su toreo.



PD: Debido al poco valor de los trofeos, de esas cosas carnosas y peludas aquí no se habla. Se piden disculpas al personal.




lunes, 14 de marzo de 2011

Orejas de verbena y color rosa

Foto: Moratalla Barba. Aplausos.es






Tarde de domingo. Cartel dominguero. Público facilón y bondadoso. Una mezcla perfecta para que los toreros mediáticos, los que salen todos los días, todos, en los magacines televisivos de por la mañana hagan de las suyas. En este caso el inefable Rivera Ordóñez, con diferencia el más mediático de toda la farándula taurina, se llevó el gato al agua. Y no me refiero al gato que tuvo delante. Me refiero a que consiguió el fervor de su público, ese que todas las mañanas sigue sus andanzas amorosas a través de Ana Rosa y compañía.

El animalejo de Jandilla fue una delicia de nobleza y bondad. Hasta Rivera se dió el lujo de gustarse, él, que es un torero tan tosco como un picapedrero. La gente le ovacionó todo y no le importó que Rivera matara de un alevoso bajonazo en el costillar. El programa de Ana Rosa del que este torero es un personaje diario, puede más que la ortodoxia taurina. Y el presidente en ofensiva actitud hacia la seriedad de una plaza de primera concedió el despojo sin sonrojarse.

Otra orejita infame le dierona El Fandi que puso banderillas, corrió de lo lindo y toreó en la periferia. Dos faenas burdas y de ínfimo nivel técnico. Pero en la tarde de las bondades también tuvo su recompensa en el quinto.

A Talavante le faltó un segundo para escuchar el tercer aviso en el sexto toro. Su lote no fue bueno, porque la corridita de Jandilla se paró, desfondada y sin casta. Pero el torero volvió a las andadas de frialdad y amaneramiento que lo están arruinando artísticamente.

domingo, 13 de marzo de 2011

Regalos envenenados. Barrera y el sobrero.

Puro Berlanga. El maestro buscando a la alcaldesa, para que llame al presidente, para que éste llame al que se sepa el Reglamento, para el que se sabe la norma le dé, o no, permiso para echar otro toro. Foto: Alberto de Jesús




Plaza de toros de Valencia. Feria de Fallas. Primera del ciclo. Lleno de no hay billetes. Toros de Victoriano del Río y de Cortés para Enrique Ponce, Vicente Barrera y el Juli. 



Se celebraba la reinauguración de la plaza de toros de Valencia, un acto pomposo, anunciado a bombo y platillo, con el que algunos políticos se han pretendido apuntar un tanto por el simple hecho de cambiar el aspecto de la gradería de una plaza que cuenta con siglo y medio de historia. Cuando pongan la cubierta es de esperar que hagan otra reinauguración. Ya metidos en faena, antes de empezar el festejo, se obsequió con una placa conmemorativa, supongo, a Vicente Barrera, diestro valenciano retirado como quien dice, y al que se le ha dado la oportunidad de estar en Fallas en detrimento de otros, ¡ay Urdiales!, en forma de homenaje. El caso es que la tarde se convirtió en el Festival pro Vicente Barrera.

El ganado, digno de tan cascabelera cita, con animales feucos, chicos, muy mal presentados, unos entipados en la lagartija serrana, muy abundante por la sierra de Guadalix, otros, como el sexto, amorfo en sus hechuras. En cuanto a presentación, sólo se salva de la quema el cuarto. Un fraude para la afición levantina, que paga a precio de billete de bussines class viajes en clase turista. Eso era por fuera, porque por dentro, yacían la más absoluta podredumbre, estériles de casta, inválidos como un veterano de la guerra del Vietnam, dieron con sus esqueletos varias veces por los suelos. No hemos tenido que lamentar la pérdida de ningún rocín en el tercio de varas. El quinto, tan descastado y parado que no pudo terminar de hacer su trabajo, se murió apuntillado por un tercero después de echarse cuando no iría más de media faena. El garbanzo blanco de la corrida ha sido el buen tercero, cumplidor sin más en varas, y que regaló veinte embestidas francas para terminar rindiéndose al final. En séptimo lugar saltó a la arena el sobrero de Zalduendo, que resultó según tipo y comportamiento de la casa: una porquería soberana.

No merece demasiado la pena explayarse en la labor de los toreros. A Ponce se le vió como siempre, contra el toro de siempre y sus maneras de siempre. Para unos habrá estado bien, sin más; mientras que para otros ha aburrido sin más, pero bien. Vuelve a dejar la sensación de que es un torero que no tiene nada ya que contar, más aún si renuncia a las grandes citas, que es donde se ve más exigido de sacar a reluciar su maestría, que la tiene.

Vicente Barrera, del que decían en la retransimisión que se parece a Manolete, por esa comparación simplista y facilona en la que cualquier torero que haga su eje más vertical ya es el Monstruo*, topó con un lote soso e inválido. El quinto, como hemos reseñado anteriormente, murió de descaste. Su primero, pasaba y se movía con la misma expresión del que oye llover, con la famosa toreabilidad por bandera, se dejó hacer y no se vió correspondido. Sin alma, abúlico, apagado, Barrera no fue capaz de calentar a un personal que no necesita de mucho combustible para caldearse. La vergüenza, indigna, vino con el séptimo, un pitorrito de Zalduendo, regalado en moda importada del otro lado del charco. Con la plaza ya vacía, pues había empezado a llover a la muerte del sexto, seguramente de manera profética, pues estas materias negras de Zalduendo son para la tauromaquia como una de las plagas de Egipto. Dicen los estudiosos del reglamento que tiene un vacío, y que por ello suceden estas cosas. Yo no iría tan allá, pues con un poco de torería y profesionalidad esto no pasaría. No es entendible, ni excusable, que Vicente Barrera negocie en el burladero y barrera con la alcaldesa de Valencia, el padre del Juli -que no tiene porqué estar durante la lidia en el burladero de matadores-, el presidente de la Diputación o Isidro Prieto entre otros. Sólo faltó allí la mujer barbuda. Es de buen compañero, y buen torero, estar atento al ruedo cuando hay un tio jugándose la pelleja. Creo que le cortó una oreja, y tan contento. Tanto que amenaza con volver.


El Juli le dió fiesta al tercero, bravucón y noble. No estuvo por encima del toro. En su haber, la mano baja, arrastrando la muleta, sin perderle pasos al oponente, que por momentos embestía con cierta transmisión. En su contra, el poco ajuste, ninguno, la falsa hondura del muletazo, desplazar al negrito para afuera y lejos no es torear hondo. Sorprendió tambien negativamente la falta de temple, uno de los puntos fuertes del torero de Velilla, que dió muchos muletazos -otro de sus "puntos fuertes"- de una manera muy acelerada y descompasada. No mató a la primera y perdió las dos orejas. Al toro, se le ovacionó, injustamente.  En el sexto, con hechuras más para topar que embestir, estuvo envalentonado, sin volverle la cara a un animal que llevaba la suya por los aires y que no se pirraba por seguir las telas del madrileño. Como no anduvo muy acertado ahora tampoco con los aceros perdió otra hipotética oreja. Tampoco estuvo fino Julián yéndose nada más doblar el séptimo, sin despedirse de la plaza saliendo por la puerta de cuadrillas. Sus motivos tiene: torea el domingo por la tarde en Olivenza y tiene que viajar. Colaría sino fuera porque Ponce torea también el domingo, y por la mañana, en Olivenza y no abandonó la plaza antes de tiempo... 

Detalles, hay que cuidarlos.



* Hará un par de semanas, el bueno de Gerardo Ortega, en el programa radiofónico "Va por Ustedes" (Onda Cero Navarra) comentó que Thomas Joubert "Tomasito" se parece a Manolete hasta hablando. Que ya es coincidencia, que compartan acento un cordobés de principios del siglo XX y un francés de principios del siglo XXI. Y raro que alguien conozca perfectamente el timbre y tipo de voz de Manolete...

martes, 21 de diciembre de 2010

La culpa, de la yerba



Por las rutas del toro. Arse y Azpi


Empezábamos el curso taurino, allá por febrerillo el loco, con los Choperitas en los carabancheles, en esa Feria de Invierno que parecía el Botellón de la Primavera, con unos toritos de Algarra, Garcigrande y Zalduendo despanzurrándose por los suelos, y con las que serían señas de identidad de la temporada: corrida tan chotuna como gloriosa de Cuvillo, Morante "desgraciaíto" en el sorteo, pero triunfando con el sota, caballo y rey del toreo morantiano: el medio pase, el trincherazo y el molinete. También a El Juli los alguacilillos le injertaron tres orejas en las palmas de las manos, injertos que no se podó en toda la temporada. De cómo toreó, ni me acuerdo. Aquí, tan temprano, ya se escucharon las primeras voces de la temporada, cargantes en asilvestrada sabiduría: `la culpa es de la yerba´.

Marzo, Simón Casas se estrenaba en las Fallas, y para ganarse el levante español, como si fuera Napoleón, no dudó en usar la pólvora y mimetizar la feria taurina con el ambiente festivo de la calle: fue un petardo.

Abril y Sevilla, sin José Tomás ni Cuvillo, aliados en los frentes de Olivenza, Granada, Linares o Castellón, sucumben ante el poderío industrial y el toreo mecanografiado del Juli. Los jandillas, fuenteymbros, gaviros o ventorrillos campan a sus anchas, con la lasciva inmunidad que otorga el silencio de la Maestranza. Para los palhas, victorinos o miuras ese silencio es otro ruidoso cantar. El gitanito Oliva Soto se cobra viejas deudas de sangre y triunfa con los condesos.     

Mayo, San Isidro, Madrid, Las Ventas, la finca de los Choperitas. La nada más absoluta. Líos en corrales. Romanas trucadas. Baile de veterinarios. Treinta tardes de toros, treinta cátedras de destoreo. Un grupo de controladores le montan una huelga al Cid. Privilegios de consentidos burgueses. La Corrida de la Prensa, pues eso mismo, una corrida como le gusta a los que la escriben y la cantan. Sálvesen de la deshonra las coletillas de Rafaelillo, Curro Díaz, Robleño, Macías o Abellán. Hierros como Cuadri, Dolores Aguirre, Moreno Silva, los Bayones o el Cortijillo bien que merecieron la pena. Gloria a las cuadrillas. El toreo se engalanó de plata.

7 de Julio, San Fermin, Iruña, el toro -y el vaso- grande. Tanta jarana no hay hígado que la aguante. La Feria del Toro-Toro se convierte en la del Modesto-Modesto. Manzanares, Morante, Ponce, Cayetano, todos fuera, por motivos de planificación, cuando es sabido que la vergüenza no entiende de planes ni de agendas. Sí acude el Juli, con su media naranja, los jandillas, que, ¡lo que es la vida!, son los toros con menos trapío y fuerzas del ciclo pamplonika. A su manera, pero estuvo, como en todas las ferias de la temporada.

Agosto, las Corridas Generales de Bilbao. Arenas cenicientas; aficionados con conocimientos. La Aste Nagusia sigue siendo un oasis, aunque cada vez más pírrico, dentro del desierto de toro en que se ha convertido la vieja Iberia. Vimos una corrida de Alcurrucén como pocas; saltaron al ruedo seis de la A coronada que fueron media docena de obras de ingeniería copyright de la madre naturaleza -en estrecha colaboración con otro ingeniero con gorrilla, el cateto de Galapagar-; Joselito lidió como ganadero una corrida no sabríamos decir si afeitada, manipulada o enfundada, el caso es que parecían murubes para rejoneo; unos cuantos zalduendos recorrieron España de sur a norte para vergüenza de la tauromaquia -hasta la de los modernos, que ya sería grave el asunto-; los escolares nos dejaron, como los malos amantes, los que van por el mundo con la bragueta abierta y sin viagra, a medias, bastante chafados. Sí que hubo tres tíos que honraron el oficio: Rafaelillo, Diego Urdiales y Sergio Aguilar. Mención especial a el Cid, que con una corrida de toros pavorosa estuvo más que digno; a los que le achacan que no cargó la suerte hay que decirles que tampoco descargó la vergüenza. Tenía que estar con los grises y ahí estuvo, sin excusas.  


Llegábamos a octubre con la lengua fuera, sin aire en los pulmones, exhaustos como el Cachorro sevillano, flagelados por esta gazapona afición que por mucho que uno quiera cuadrar para entrarla a matar, siempre te persigue, siempre te tapa su muerte, hasta que te dan los tres avisos y el que termina en los corrales apuntillado eres tú. O lo que es peor, en el tendido el año próximo. Decíamos, octubre, La Pilarica, Coso de Pignatelli, también regentado por los Choperita, como en Vistalegre, ocho meses después de aquella Feria de Invierno, y casi llegando al invierno siguiente, saltan en Zaragoza, moruchos de Montalvo, Juan Manuel Criado o Valdefresno, que se caen como moscas, igual que sus parientes de sangre chochona, aquellos que se lidiaron en la carnavalada de febrero. Los antiguos Pablo Romero, guapos como ellos solos, nos enamoran con su galantería, pero su nómina de bravura no nos convence como para llevarnos al altar. Los cuvillos, en plan gira de los Rolling Stones, cosechan un nuevo triunfo gracias al playback que sus toretes hacen de la bravura. ¿El Juli? Bien, gracias.


Nueve meses, un parto, de toros mendigando la muerte por las plazas de España, con sobreros viajando más que el baúl de la Piquer; zalduendos  pasando más reconomientos que los quintos en la mili; y la proliferación del descaste y la blandura de sesos hasta en las ramas más selectas del torismo. Mil y pico, o dos mil -¡qué se yo!- festejos en los que se ha venido repitiendo lo mismo: ausencia de las dos terceras partes de la lidia; el uso del duende y el salero como merchandising de venta en gasolineras; el sacrificio de la exigencia en pos del arte quincallero; y el definitivo advenimiento al mundo de los vivos de la oreja como verdadero eje de la Fiesta. `Nada tiene importancia si no hay oreja´. 

Y el año acaba con algunos mensajes, si no apocalípticos, sí reveladores, que nos dibujan un futuro encorsetado en un terno de tinieblas y oro. Indultan ilegalmente dos novillos en un par de festivales, uno es de Garcigrande, el otro de Fuenteymbro -encaste vitivinícola-. En eso que van al matadero los patasblancas de Sánchez Cobaleda y los santacolomas de Trifino Vegas. Dos por dos. El Fandi y Enrique Ponce lidiaron dos toros afeitados -no lo digo yo, lo dice la Ley- de Torrestrella y Victoriano del Rio -del encaste de siempre-. El Califa y José Ignacio Ramos, expertos en las duras, con los encastes de casi nunca, se retiran. O medio los echan. Otro cuatro. Mientras tanto, en Dólar, Granada, se da uno de esos festivales de aúpa, con bichos con mala baba, de esos que son los patitos feos de cada casa. Y a eso que va un novillo y manda a tres tíos al hospital. Uno de ellos, el Ruso, banderillero que se sabe de memoria el número de azulejos que hay en las paredes de la enfermería de las Ventas, es sacado a gañafones, trallazos de metralla brava, de un burladero sin poder hacer nada. Le revientan el muslo. Será por aquello del equilibrio del Universo,  que se da la circunstancia de que unos cuantos miles de kilómetros más allá, diez o doce, en las tierras en dónde se produce la contradicción en la cual no existe el toro pero sigue habiendo corridas, se ha armado la de Dios es Cristo, con motivo del enésimo robo a un figurón de la torerimaquia. A tal punto de obsesión ha llegado el afán resultadista de muchos, que ya no se sabe si se pelean por orejas, rabos, escapularios de oro o bacinillas de hojalata. (Más) Malos síntomas, para acabar el año. El nuevo no tiene pinta de empezar mejor.




Conforme voy terminando de escribir este real y descorazonador -aunque algunos nieguen la mayor- memorándum del dos mil diez taurino, y sin olvidarme -colocando aparte, en el tarro donde van las esencias- de la genuina tarde de Juan Mora, ni del gran número de toreros que rozaron la muerte, con Tomás a la cabeza -tampoco me olvido de Adrián, que se nos fue- a servidor no le queda otra que darle la razón a los que echaban pestes en contra de la hierba. 


La culpa es de la yerba. Y del camello que trapichea en los tendidos con las pipas y las pepsicolas. Por no traficar con ella. Porque la única manera de entender y poder consumir lo que acontece en el ruedo es ésa: fumar un poco de ella.