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jueves, 1 de marzo de 2012

El demonio












Derribando al picador Manuel Cid, que hacía puerta. 



















Victoriano Caneva, en una estampa tan dura como antigua. 




Piquero a la enfermería.















Esplá no quiso banderillearlo















Y tampoco se dió coba con el elemento



Las peñas le tiraron a Esplá el diluvio universal de botellas, naranjas
 y toda clase de armas caseras arrojadizas. El alicantino juró no volver... Y volvió.

 


Chivito, un Pabloromero endiablado from Mariano P. on Vimeo.


 

12 Julio 1987
El País


Chivito, un Pablo Romero endemoniado


El segundo toro era un impresionante ejemplar, de 651 kilos, que nada más aparecer impuso respeto en el redondel. Unos minutos más tarde lo impuso en el callejón, al que saltó dos veces, limpiamente, una por la parte de sombra -y aún quería colarse en uno de los burladeros interio.res-, otra por la de sol, pegándose una costalada. Habría saltado más veces al callejón, pues trotaba continuamente hacia las tablas, mirándolas con codiciosa avidez, pero aparecieron los picadores y entonces, nada más advertir su presencia, se arrancó a los caballos, con endemoniada furia.Parecía endemoniado el Pablo Romero, por la saña con que se iba a los caballos, cruzando vertiginosamente el ruedo de parte a parte, sin atender al revoloteo de los capotes. En la primera embestida tiró por los aires al caballo y al picador, Victoriano Cáneva, cada uno por un lado, y aún volvió cinco veces más sobre el caballo, volteándolo de mala manera. Montó de nuevo Cáneva la vapuleada cabalgadura y para su desgracia, porque el Pablo Romero endemoniado, en la acometida brutal de latiguillo, le hizo saltar de la silla y lo atrapó en el aire, campaneándolo en los buidos pitones.

En la plaza quedó la sensación de que se había producido una cornada fuerte. Pero también quedó la sensación engañosa de que había en la arena un gran toro. El público confundía la velocidad con el tocino. El toro era un mansazo, que hacía cuantas 5echorías definen a los de su especie: se arrancaba a oleadas contra el artefacto de picar, comet~ía el desaguisado, huía despavorido. Y los saltos aquellos al callejón, tan vergonzantes para una ganadería brava. Saltos y oleadas, sin embargo, el público los iríterpretó al revés, y, puesto en pie, aclamaba al toro, pedía su indulto. Qué barbaridad, qué delito de lesa tauromaquia.

Esplá no quiso tomar los palos en ese toro y a la gente le ofendió en lo más profundo. No se lo perdonó en toda la tarde. Desde llamarle cobarde hasta tirarle botellas, de todo hubo de soportar Esplá. El manso llegó a la rriuleta sin codicia alguna. De poco le sirvieron a Esplá los ayudados toreros, los cambios de mario floreados, algún que otro redondo ceñido. La plaza estaba en contra suya, ¡por no banderillear!

En el quinto sólo quiso prender un par, pues volvieron a tirarle botellas. Recogió del suelo dos -una de cerveza, otra de charripán-, y se fue a la zona de sol, desde donde se las habían arrojado, para dejarlas bajo el estribo. Recibió entonces una rociacla de fruta y pan, y aguantó el chaparrón como si le lloviera agua de rosas. Ahí sí le echó valor Esplá. Pretendió arrimarse en la faena de muleta, empezó sentado en el estribo, continuó embarcando en redondo. Pocos pases pudo dar. No había nada que embarcar, no había toro. Lo que había era manso-buey, género descastado.
Así de desesperantemente mansa fue toda la corrida. Ya podía Campuzano intentarle los dos pases a la burrería de su lote, que el toreo resultaba imposible. Y aún más imposible para Lucio Sandín, valentísimo con el tercero, derrochando generosidad torera al cargar la suerte y apurar al máximo la estética del muletazo con un Pablo Romero que no sabía embestir, sino topar.
Lucio Sandín intentaba que su torería entrara en la cerrazón del morucho de 670 que salió en último lugar, y fue una temeridad. Fue una temeridad, por la ralea del toro y por la actitud de gran parte de un público que no tomaba en consideración el gesto, pues toda su fuerza se iba en cantar y cantar.
Los cánticos, las duchas de champán, las pozaladas de agua y tinto, los dimes y diretes, no podían ocultar, sin embargo, la sordidez de la tarde, el fracaso ganadero, la tragedia del cornadón que le tiró el Pablo Romero al picador con sabiduría asesina, la desolación de los diestros, que sobre el peligro vívido, no contaron ni con la comprensión del público. Y para remate, Esplá, cuya actuación había sido torerísima -al estilo de los matadores antíguos que hicieron historia- aún tuvo al marcharse un altercado en el patio de caballos, con un grupo que lo asediaba violentamente. Tarde aciaga para todos, y para la feria del toro, peor.



Fotos extraídas de Feria del Toro. Pertenecen en su mayoría a M. Castell.


sábado, 21 de enero de 2012

El F-1*

Zigor Alkorta


Compuesto por un torero que se levanta a entrenar a las cinco de la mañana, que es cuando otros se van a la cama; que no reconoce otra filiciación que no sea el fandiñismo; capaz de recelar, sin miedo, públicamente del jédiez; con la personalidad suficiente para no dar coba ni al aficionado, tan dado a mentar la bicha del miura y esperar a que le regalen los oídos; un matador de toros en medio del desierto de artistas.


Lo cuenta con pelos y señales Patxi Arrazabalaga 



*Con permiso del Fundi.

martes, 27 de diciembre de 2011

Ruiz Miguel apunta a los sanfermines


Paco Ruiz Miguel, a pesar del daño que autoinfringe a su imagen con el micrófono, como torero sigue estando presente en los altares del aficionado. Todo esto a pesar de que ahora son tiempos en los que el toreo se quiere equiparar con deportes verbeneros y espectáculos de masas, como si fuese otra bufonada de esas que salen en el Marca o el Hola y cuya reunión de cabales, como un triste cafe gijón de nuevo cuño, son el Punto Pelota y la Noria. 

Son muchas las ocasiones en que pretenden, mediante la fría y ambigua estadística, hacernos comulgar con ruedas de molino, hablándonos del espléndido fulanito, capaz de cortarle tres orejas a un toro, como escuché anoche al ganadero de Palla en uno de esos reportajes multidifundidos del Plus; son otras las veces en las que nos piden que nos descubramos ante las decenas de indultos de un matador que es maestro en la virtud hispánica de no cumplir con su obligación; y, por estos días dan el Premio Paquiro, al acontecimiento taurino del año que, como no puede ser de otra manera, es una efeméride más cercana a los focos, la purpurina y las lentejuelas que a los pitones, la arena y el miedo.

Pues aquí está este Ruiz Miguel, con sus números redondos, para que el que no haya estudiao no tenga que darle muchas vueltas al caletre ni se gaste los cuartos en calculadoras científicas: cien corridas, cien, de Miura. Que se dice pronto. Con este dato no haría falta decir nada más. Aunque siempre es bueno recordar, para aquellos que no se sacan de la boca el "hoy se torea mejor que nunca", sus cinco tardes consecutivas en Bilbao, amén de las ochenta y seis corridas de Victorino Martín y casi cuarenta de Pablo Romero que pasaportó con sufrimiento y gloria.

El hombre, que ha toreado algún festival en los últimos años y alguna corrida de escaso fuste -y gran expectación-, con poco toro, pero gran maestría, anda empatado con Rafael González, Machaquito, como matador que más veces ha paseado la coleta por Pamplona. Lleva con esa espinita clavada muchos años, se ve con fuerza, ganas e ilusión y no va a haber quien lo pare. Si no lo ha habido ya, en los próximos días va a haber un ofrecimiento a la Meca para matar este mismo año un festejo en San Fermín. Hay rumores, que yo no me termino de creer, que dicen que por ahí podría venir el porqué de las corridas de Torreherberos y de Juan Pedro. Los hay más osados todavía, que anuncian que el cartel en el que debuta la casa jiennense estará compuesto por Ruiz Miguel, Cid y otro. Eso es mucho adelantar pues lo primero es saber si la Meca está por la labor...

Ver al veterano Ruiz Miguel en diciembre con la misma ilusión que un niño que estrena zapatos por ir a Pamplona, mientras la mayoría absoluta del jédiez ya tiene clarito que a los sanfermines, ni locos, da la medida real de la taleguilla de los toreros de antes y los de ahora.




viernes, 12 de agosto de 2011

El loco Galán

Tercio de muerte en Interior. Jim Hollander. REUTERS


















 Hoy hace diez años que Antonio José Galán nos dejó. Valga como homenaje, el recuerdo  de Carlos Polite de la diabólica tarde, julio del 73, con los Miuras en Pamplona:


...A partir de la lidia del quinto burel las nubes de tono tenebroso se aposentaron encima de nuestras cabezas y alguien dio la orden de apertura de las compuertas de aquella masa acuífera . Anocheció súbitamente y los alamares del torero mostraban fulgores parecidos al fuego fatuo de San Andrés . Entre rayos, truenos escalofriantes y centellas, Galán se enfrentó al negro mulato que chapoteaba por el coso al trotecillo lento y extrañado de que aquel extraño ser bípedo le enseñara en sus belfos un trapo deslucido con el que le estaba tomando el pelo en plan fino . Importuno embestía con cadencia y los pases se repetían con cadencia . Los tendidos asemejaban bancales por donde la pañí se deslizaba sin desmayo .Este menda chirriado estaba resguardado en grada observando alucinado cómo Galán toreaba sin zapatillas, y cuando ya la muleta era un pingo inservible, la arrojó a la badina, se perfiló a cuerpo limpio, adelantó el estoque a la altura de su bravo corazón y buscó y encontró la cuna de la cornucopia del noble burel.

Galán consiguió una estocada de época y salió despedido hacia la grupa del toro . Todos pensamos que la frágil anatomía del matador se había partido en dos . Nada de eso . Galán reapareció entre los cuartos traseros de su agónico enemigo, que se limitó a mirar al héroe y morir despatarrado a sus pies .Aquello fue lo más telúrico que vieron los siglos . Le otorgamos al de Bujalance las orejas, el rabo, y si se empeña, el solomillo del toro . Todo el planeta de los Toros se hizo eco del suceso . Fueron momentos inolvidables, que recuerdan a los héroes que soñamos siendo niños . Son los gestos que solamente los toreros con el valor de un titán son capaces de interpretar . Nos consta que Antonio José Galán guarda en su memoria como un tesoro, el momento cumbre de su tarde pamplonesa y sanferminera . Que así sea.

viernes, 15 de julio de 2011

A su plín (y II)

Emilio Méndez























Ya la cosa era mosqueante desde que se anunciaron los Cuvillos en la Feria del Toro, que es como anunciar a Belén Esteban en un comité de sabios de la OTAN. Los cuvis, ahora que no tienen padrino, tendrían que estar colocados en sus ferias, como las que hay en Sopuerta en honor a San Cosme y San Damián, o la que se organiza en Calviá en primavera, y que vienen a llamarse cosas así como "Feria Caprina y Ovina" o "Feria Internacional de la Cabra, FICAB". Así que como no podía ser de otra manera, estos adulterados sanfermines han finalizado con una charlotada en toda regla. Se podía esperar, con el importancias y su banda de por medio y con la llegada a la Meca de Álvaro Nuñez de Benjumea, con sus niños bajo el brazo: el de la movilidad que termina echándose del desgaste, ¿o era descaste?; el tontorrón que le embiste igual a un motosierra sin cadena que a un dos caballos tuneao; el manso e  inválido que se asusta de la voz de Castella ¡!; el de la cara de zagal, con acné en vez de barba; o el quinto y sexto, que no pasaron el reconocimiento en Madrid hace mes y pico y que han dado el estirón para venir a Pamplona.., que lo mismo en el Grullo ya se han inventado el pienso de Petisuís... Otro grave error a apuntar a los mandamases de la Casa Misericordia, y la lista lamentablemente este año es larga.


La de ayer ha sido una tarde con cuatro toreros, el July, Castella y los dos Juan Moras. El de antes de la cornada y el de después. El primero interesó poco, se perdió en la búsqueda constante de un superfluo abandono del cuerpo para torear con el alma -o algo así, que ahora se lleva mucho- y lo único que consiguió fue firmar una obra llena de barullo y no dar un pase limpio. En el cuarto llegaron los mejores y peores momentos del festejo. Al recibir al cuvi de capa, a pies juntos en una especie de delantales, en lo que puede ser una forma descuidada y temeraria de hacerlo, se llevó la cornada en los cojones. El toro ayuda desparramando un tanto la testa, pero es el mismo torero placentino el que no saca los brazos y se lo echa encima. Herido, más en el orgullo que en la entrepierna, vuelve a ponerse delante, y no sin más sustos, logra sacar la lidia adelante. Llegados a esta parte merecen mención especial sus compañeros de escalafón, muy atentos en todo momento, prestos al quite. Ya en el tercio de muerte, la torería y el valor al servicio del toreo, empieza a asomar: rodilla en tierra le pega tres o cuatro doblones de castigo, cautivadores y colmados de rabia y serenidad en partes iguales. A eso siguieron naturales marca de la casa, menos elegantes que de costumbre pero más embaucadores por la sensación de peligro y el toque de arrebato. La obra de Juan Mora en Pamplona, taytantos años después emociona, llega a los tendidos con verdad... hasta que sucede lo que parecía inevitable: el matador, en un remate, no puede irse de la cara y acaba siendo empalado estrepitosamente. En cuestión de minutos un torero honrado, con defectos y virtudes propios de hombres, hizo pasar a los tendidos del pánico a la excitación, para volver al espanto, y unos instantes después al entusiasmo, toreando sin embustes, jugando a la ruleta rusa con los nervios del aficionado, hasta que el chorro de sangre que dejaba a su paso la camilla humana que lo llevaba en volandas, detuvo el juego en el estado de angustia...

Y con angustias también nos ha dejado el July. A cada pase que le pegaba a su primer marmolillo, una arcada. Y a cada tanta, una señora potada. El becerrote, a pesar de no ser picado, y llevar una lidia de ahorro, se echó a mitad de faena y tuvo que ser apuntillado sin entrarle a matar. Todavía nos preguntamos como en las peñas de sol no se le pidió la oreja... Con el quinto, que como dijimos antes, no valió para Madrid por falta de trapío, firmó una faena en plan bregador, con oficio, dando pases a favor del toro y todo eso. Para que se entienda, lo mismo que hace Sánchez Vara con Palhas en cualquier pueblo de Guadalajara, pero sumándole todo lo que le pone el torero de Velilla a sus faenas: la importancia. Le pegó un caponazo con la espada que entró en el toro, que es lo que cuenta, y le dieron dos orejas, que es lo que le importa. Salió a hombros por la Puerta Grande, con un compañero grave en la enfermería, buen detalle.


Si hay un lugar en el mundo dónde un pase cambiado por la espalda puede tener emoción es Pamplona. Pues Castella no hizo ninguno, que también es casualidad. Veinte años con el tancredo y el trapazo, y el día que tiene que sacarlo, se pone académico. Le tocó un primero que se acobardó y reculó en tablas a las primeras de cambio, y amenazó con echarse. Ya en el sexto, otro de los inválidos para Madrid, con 600 kilos y hechuras amorfas, como de vaca marimacho, se justificó un poco más, pero justificar no es torear...

jueves, 14 de julio de 2011

El pilar de la lidia

Carioca en las Ventas. Rosa Jiménez Cano






















Que ayer se lidiaron seis toros del Pilar, procedencia Raboso, es un tópico taurino que, como casi todos, pertenece a una realidad paralela que sólo existe en los libros antiguos. De lidia, nada de nada. En la época del "hoy se torea mejor que nunca", también se lidia peor que nunca. Una fórmula que deja cojo el auténtico leit motiv de la tauromaquia: dominar, vencer y preparar para la muerte a un Toro. Y así es imposible que los pilares, muy medianos en comportamiento, fueran a más. Resulta que vemos cada tarde zapatillas con tacos; banderillas a las que se le parte el palillo; petos de materiales compuestos en laboratorio; puyas con formas cuasi aerodinámicas; rocines cruzados de razas que ni Noé sabía que existían, que encima drogan; telas de todos pesos, rellenos y medidas; estoques de mentira; espadas con empuñaduras esponjadas, con o sin gavilanes: descabellos cortos, otros más largos, con más cruceta, con menos; y sobre todo, el Toro más pesado, parado y noble que hubo nunca. Pues con todas estas ventajas, en el momento en el que el morito dice de moverse con mala clase, el ruedo se transforma en una anarquía absoluta. La corrida se ha picado mal, con una alevosía impropia de personas que se supone aman al animal. El quinto, corrido de turno, que era el segundo del lote del Cid, se desangró en varas, el sexto también recibió lo suyo, y el resto de hermanos han sido tratados practicamente de la misma manera, pero sin tanta crueldad. No se explica de otra forma que no sea desde la óptica de la ignorancia, el desinterés o la maldad del profesional, esa manera de barrenar y de tapar la salida por decreto a los toros, que no pueden escapar de la trampa. Y no pedimos jinetes como Don Álvaro Domecq, sino personas con la capacidad motora suficiente en el brazo, como para tirar unos centímetros de una cuerdecita y hacer que un caballo se gire los grados suficientes como para que se le abra una puerta de salida al bicho. Lo fácil hoy es atizarle estopa al ganadero, por que su ganado, bien presentado y serio, no valió para el triunfo. Aún siendo cierto que los aldeanuevas estaban limitados de casta y poder, a excepción del quinto, con otro trato, el asunto hubiera distado bastante del resultado final.


El Cid y su cuadrilla, por mal que pese, no estuvo a la altura, ni del primero, un manso que sólo era eso, manso, y con el que estuvo aperreado; ni del quinto, que como hemos comentado antes llegó al tercio de muerte ya en la UVI.

Los mejores momentos de la tarde han correspondio al Fandi, ante el segundo, un animal con más genio que casta, y cuyas embestidas no eran lo bonacibles a lo que estamos acostumbrados. Le hizo una faena con oficio, sin florituras, sometiendo e imponiéndose un animal al que bajó los humos y mató de buena estocada. Faena para aficionados. El otro, el del morbo, el atleta de la mañana, era encastado a gasolina y no a diésel, con lo cual se dejó todo el reprís en el encierro y en la plaza ha dado un juego mediocre.

Y Luque ha trajinado con dos caramelos, sobre todo su primero, con los que no ha sabido templarse ni construirles faenas. Queda la sensación de que la única manera de ver al sevillano bien es con un toro con más viveza y menos dulzura, que le permita llegar a los tendidos por la vía del ojedismo.

miércoles, 13 de julio de 2011

A su plín



















Veníamos avisados: ¡lagarto, lagarto!, que anda por aquí el Juli. Y efectivamente, lagartos salieron seis. De Guadalix de la Sierra, los que dejaron embarcar al ganadero, y que viajaron a Pamplona para vergüenza de la tauromaquia y de todos que parasitan de ella. Culpables hay muchos. Inocentes, ninguno. Unos por mangonear más de la cuenta, otros por consentir el abuso, y los que están en medio, por mirar para otro lado. A lo largo de la tarde nos hemos enterado que, además del lío con el toro burraco que se fué para casa, dos de los toros lidiados, el 49 y el 54, que han ido a parar respectivamente a Curro Díaz y Perera, estuvieron hace un mes en la Beneficencia de Madrid, dónde fueron rechazados por falta de trapío. Si estuviesemos hablando de otro sitio daría igual, porque la batalla está perdida, pero como estamos en Pamplona, en la Meca, nos encontramos convencidos de que todo esto no va a caer en saco roto y el próximo año se tomarán medidas. Es nuestro deseo.

No merece mucho comentario la tarde, que ha ido transcurriendo entre la capacidad casi innata del Juli para estar por encima de unos oponentes cuya capacidad innata reside, a su vez, en estar por debajo de su contrario. Con lo cual, ya me dirá usted, en dónde está la gracia, el arte o el poderío, si todo está conchabado desde un principio para que el final sea siempre el mismo: uno se va con las orejas que le faltan al otro. No pienso desgastar una tecla más de este teclado en describir las formas julyanas, todas las sabemos, a unos les gustan, y a otros no...

Completaban el cartel Curro Díaz, con sus destellos y su muleta eternamente retrasada, sin llevar al toro en un sólo muletazo, circunstancia que ya aburre. Cerraba la terna Miguel Ángel Perera, que dista aún mucho de ser aquel torero poderoso y mandón de antes de la gravísima cornada venteña, pero que está más entonado e inteligente que el año pasado. Sin triunfos -ni animales que le hayan dado posibilidades-, ha pasado con firmeza por Madrid y Pamplona, aunque pocos se hayan dado cuenta.

Hoy toca la del Pilar, y mañana, el fin de traca, con los Cuvillos -uno de 600 kilos no ha pasado el reconocimiento por falta de cara a las primeras de cambio-, que viene muy desiguales de presentación, anovillados, en lo que viene siendo su tipo, por otra parte. Y no creo que sea necesario advertir el nombre del torero que viene con ellos...

martes, 12 de julio de 2011

July, Torquemada del Toreo

Torosysanfermines



















Esta tarde se lidia en Pamplona la corrida de Victoriano del Rio. La primera, y casi  última, en la que asoman miembros del G-10. En este caso, son Perera y July, que es nuestro hombre.

Nos vamos a remontar unos meses hacía atrás cuando la casa de la Misericordia reseña en el campo, por medio de su conocedor, Miguel Criado, el hijo del Potra, una corrida muy seria de Victoriano del Rio. Entonces se apartan doce toros, de los que, normalmente, viajan ocho y se matan seis... Entre esa docena había de todo, unos que bajaban más pero que se adivinaba se podrían tapar por la cara, otros muy hermosos;  también tíos en toda regla; y, los demás, de Pamplona, sin exageraciones, pero con trapío. Pero delante de todos ellos, como patriarca de la camada, sobresalía un 26, que hoy es cinqueño, burraco, Bravucón de nombre y amplio de velas. Un toro como para enamorarse. Y allí que se quedó, aguardando junto a sus hermanos destino a Pamplona...

...hasta que llegaron a el Palomar los verdaderos dueños de las ganaderías: los toreros y su gente. En este caso, la de Julián López, el Juli. Que, como es normal en su caso, repudió el 26, se negó tajantemente a que fuera cargado en el camión, haciendo caso omiso de la gente de la Meca y sobre todo, de Victoriano y su hijo Pablo, dueños del toro y, que al fin y al cabo, son los que ven su nombre y apellidos anunciados en el cartel. Le tenían fé al burraquito, cuya imagen como uno de los protagonistas de los sanfermines ha sido publicada en revistas del sector, como 6 Toros 6 o Aplausos, amén de algún blog taurino más. La jugarreta se completa con que ese Bravucón, que han dejado tirado hace sólo algunos días, tiene ya díficil salida. Por edad y por trapío es difícil que pueda ser lidiado en un festejo ordinario. Casi imposible a sabiendas de lo que se mata en el ferragosto español y de los vómitos de sudor que le entran a las figuras cuando ven un pavo así. Su destino puede estar en el matadero o bien en una tienta a puerta cerrada.

Hasta aquí todo "normal" -por desgracia-, no es un hecho extraordinario. Aunque sí de poca categoría taurina y humana por parte del matador. Lo "gracioso" viene a partir del día nueve, en el que en el primer reconocimiento veterinario se desecha un victoriano por una cojera. Y ahí que el camión vuelve a Guadalix a por un remiendo que sustituya al cojito. Y no se les ocurre otra cosa al Potra y a los ganaderos, que embarcar, y digo embarcar cuando quizás debería de decir "secuestrar", a Bravucón, ese galán que el July no quería ver ni en pintura. En el más absoluto secretismo, como si fueran papeles de Estado, se lo traen a los corrales. Esperan a que se haga de noche, a eso de las doce, y con mucho sigilo, lo meten en un corral aislado, solitario, escondido del público, en el que nadie se pudiera percatar de su extraordinaria presencia. Y ahí, en un zulo al resguardo de los profesionales que lo repudian, pasó la noche.



Hasta que por la mañana se realiza el reconocimiento definitivo, y sale todo a la luz. Con el equipo del Juli por allí -desconozco si estaba el matador-, que cuando vieron al burraquito se les cambió la cara. Sólo faltó en el cuadro a Isabel Gemio soltándoles un "¡sorpresa, sorpresa!". El malestar fue grande, porque el malestar de los toreros cuando ven toros que asustan también es cultura. No hace falta decir que volvieron a repudiarlo, por segunda vez, como San Pedro a su Jesucristo, pero que medio aceptaron, a regañadientes, en un principio, ponerlo como sobrero.

Lo que pasó después, lo desconocemos, aunque lo imaginamos, ¿un telefonazo o una conversación con el matador, tal vez?. La verdad es que no lo sabemos, y aquí sólo hablamos de hechos concretos. El caso es que un rato después, la negativa a que se reseñara, ni siquiera como sobrero, fue tajante. Sin lugar a la negociación. Órden y mando de la figura que, además, en hecho insólito en la Historia de la tauromaquia, dejó ordenes dadas de impedir que Bravucón saliera de su zulo, que fuera visto por la gente y, sobre todo, prohibió que le echaran fotos al galafate. Sí. Eso mismo. Prohibir las fotos. De risa.

A estas horas del mediodía no sabemos si sigue allí o está en el camión, de vuelta a casa... Como aficionado, sólo me queda solidarizarme con el ganadero y su familia, que están que fuman en pipa, como los indios; y con Andrés Tirado, el mayoral, que ha vivido días amargos, y al que no le ha quedado otra, tal y como está montado el sistema, que tragarse la amargura para adentro. Cinco años criando toros para esto... para que luego sólo valgan para esconderlos...

Y de aquí un rato, a la plaza, a ver como le dan orejas a este Torquemada del Toreo que es el Juli, principal juez de ese Tribunal de la Inquisición Torista que es el G-10. Y que ya, medio año después de su formación, no engaña a nadie. Panda de antitaurinos.



Nota: No hace falta decir que dos de los victorianos que saltarán al ruedo, el 49 y el 54, están muy justitos de presentación...

Fuente Fandiño

Maurice Berho















Contrario a la corriente de la crítica, y seguramente equivocado, no comparto la alta nota que se le ha dado a la corrida de Gallardo. En presentación, nada que reprochar, un ejemplo, con cornamentas pavorosas, seriedad de caras y remate de los cuartos traseros. Trapío. En cuanto a comportamiento, muy buenos para el torero, excelentes para el corredor de la mañana, pero flojos, al límite de lo permisible, dos de ellos perdieron las manos varias veces durante su faena de muleta, y en el caballo no se les pudo castigar. Fuenteymbros como la Coca Cola sin burbujas, mucha marca y poco gas, a los que los toreros les suministraron el toreo de enfermería que tanto necestitan los negritos hoy. Dicho esto, como es normal, si llegan a estar mejor Ferrera y Jiménez, les cortan un chorro de orejas.

Porque no estuvieron bien, Ferrera acelerado, que lo raro sería verlo templado, en plan pegapases, con su número de banderillas, variado, pero demasiado circense, con los recortes al quiebro, con esa carrerita que parece un legionario jurando bandera y con ese salto del tigre que hiciesen Bien de Interés Cultural Pajares y Esteso. El torero extremeño sigue entrando en ferias, viviendo de las cornadas -una cosa es dar valor a la sangre derramada y otra vivir exclusivamente de ella-, sin apenas cosas que contar con su toreo.

Jiménez estuvo algo mejor, que no es decir mucho. Se puso a darle, a un toro tela de noblón, pases y más pases, unos despegados, otros a media altura, los hubo también templaditos, y hasta unos muy playeros, con el madrileño descalzo y con los juanetes bien plantados en la arena. Ya puestos, podría traerse unas chanclas. En fin, demostró tener un amplio vademecum médico de remedios para cuidar inválidos. En el quinto, peor aún, se pasó el jandillo una y otra vez lo más lejos que le daba el brazo, sin ninguna apretura. En este cabe destacar que lo lidió vestido de torero, circunstancia que el público no supo apreciar y no le pidió la oreja.

Claro, y a estas, que después de ver al legionario y al capataz de la Hermandad de los Descalzos, sale Fandiño y se pone, así como el que está esperando un taxi, enfrente de toriles, con el capote a la espalda, a recordar a Gaona, y ahí que le sale eso, que más que taxi era un tanque de la Segunda Guerra Mundial, y lo despacha el tío, como el que no quiere la cosa, con cuatro lapas y un remate casi sin enmendarse, sin tener que darle marcha a las zapatillas. Eso es tener ganas de ser torero. En la faena, que no pudo ser más brillante porque le tocó sin duda el peor lote, hubo momentos de interés y emoción, en los que Fandiño se pasó el toro cerquísima, rematados con unas bernadinas muy emotivas, con tanto velamen, y una estocada a ley, que le han valido una oreja de las que saben bien. El sexto fue un manso, con el que se justificó, derrochó nuevamente valor y ganas, llevándose una voltereta y matando horriblemente, en los bajos, que todo hay que contarlo. Sale reforzado, igual que su alma gemela, David Mora.

lunes, 11 de julio de 2011

La Miurada Yé Yé

Maurice Berho
























Llevamos demasiado tiempo viéndolo: esto de Miura, de hierro de leyenda ha pasado a ser una chapa de alcantarilla. Poco queda de esos miuras que dieron fama a Zahariche como embajada oficial del infierno en la Tierra. La pena, que es lo que dan, que no entiende de tamaños ni de arrobas, es la misma que cualquier ganadería de las repudiadas por el aficionado. Se despitorran con tanta facilidad como cualquier bicho de ganadería enfundadora, sus hechuras no son diáfanas, aunque todos amplios, unos salen más apretados de carnes, los hay zancudos, como los ha habido siempre, otros con las caras abiertas, paletones con pinta de moruchos, un gazpacho de refrescos y procedencias que no hay por dónde cogerlo. En cuanto a comportamiento, quitando los dos últimos, que han recordado -lejanamente- lo que era un miura infundiendo respeto, ha resultado ser una colección de animales nobles, apáticos en casta, con los toreros respetuosos, que se han dejado hacer, que estarán los huesos de los viejos jerarcas de la familia Miura revolviéndose dentro de sus cajas de pino. Algo bueno si tuvieron, en el caballo se emplearon, les dieron leña y no doblaron una pezuña. Pero de éstas, no queremos ni una más.

Los matadores tampoco se puede decir que estuvieran de aúpa, venían bien comidos del hotel y el hambre no lo trajeron consigo. No fue una corrida de triunfo, pero tampoco hicieron por triunfar. Padilla vino con su número, basado en el trapicheo y los trajines con los tendidos de sol. Por destacar, un par al violín, con un vaco de casi setecientos kilos a galope y cortando, que no se lo llevó por delante de puritito milagro. Hay que reconocer que algo de justicia poética hubiera habido si le pega el revolcón. Es que son ya demasiados los violines, a la remanguillé y lejos de la cara del toro, sin darle oportunidades para defenderse del menda que le clava los arpones a distancia.

De Rafaelillo poco que comentar, anduvo fajador e inteligente, como siempre en las duras, pero ha perdido el cable de tensión que le hacía conectar con el público. En su primero además, se excedió de faena y acabó aburriendo.

Y Serafín Marín, que debutaba con el ganado loreño, apenas si ha estado voluntarioso. Ni en sus mejores sueños podía pensar que un debut con Miuras y en Pamplona pudiese ser tan light. En peores se ha visto. Como es normal, y denunciable también, mandó a sus dos picadores, los magníficos -ayer no- Manuel Molina y Romualdo Almodóvar acabar con la vida del lote.

domingo, 10 de julio de 2011

Vuelven por sus fueros

Emilio Méndez

















Buenos Toros estos de la Doña. Bien comidos, sanos, de patas y cabezas duras, con casta, siempre casta, en la sangre, gazapones y briosos, más nobles de lo normal, pues también. En el caballo no se emplearon, o sea, que cumplieron con la obligación que manda su linaje de bravo, que tira al manso, para apretar en banderillas y poner en no pocas dificultades a las lidias. Al tercio de muerte llegaron con emoción y si algunas faenas carecieron de interés fue más defecto de los coletillas que de los Aguirres. Resumiendo, que vimos seis encastados muestrarios de lo que debe de ser un Toro con su diversidad y complejidad de comportamiento. Eso a lo que el maestro Esplá llamaba algo así como "animalidad". Que es lo contrario a la famosa toreabilidad que propagan los toreabiliadores de esta última época. Pelearon también su muerte, agonizando, tragándose su propia sangre, tirando cornadas con tres cuartas de acero atravesándole las carnes. Muerte con honor, como el que no tienen aquellos animales que no respetan la solemnidad del instante en el que la bestia rinde su bravura a los pies del hombre. Corrida de nota.

Salvador Cortés está para no estar. Que este torero tenga la legión de partidarios que tiene es uno de los mayores enigmas de la actualidad taurina. No tiene nada. Destaca en no destacar y torea sin torear. Los años de alternativa han ido curtiéndolo en un diestro más siniestro, cada día un poco más inexperto, que en vez de madurar va enverdeciendo hasta mostrar deficiencias casi de becerrista en conceptos y conocimientos. No ha dado una durante toda la tarde como director de lidia, incapaz de poner orden, ha destoreado a cada Toro en todos los terrenos posibles menos en el que debía, para terminar aburriendo hasta a los del Sol, que ya es decir. Se lleva de los sanfermines un esportón bien cargado de dudas.

Un segundo encastado, que no fue comprendido, pues su condición de manso pedía guerra en otros terrenos, no los medios, se fue al desolladero sin ser visto. Las pocas veces que se fajó por abajo Aguilar con él, demostró que carbón había, además embistiendo con profundidad, hasta el final. Tenía, y se llevó con él a la carnicería, quince pases, no más, como para poner la Monumental boca abajo. En el quinto estuvo más "en profesional", que es una de las peores cosas que se les puede decir a un torero, ya que suele ser sinónimo de no decir nada, de que dentro de diez minutos nadie te recuerde ni un maldito pase de pecho. 

El triunfador de la tarde fue Joselillo, un torero cabal y comprometido, que suple con mucha verdad su notable falta de arte. Ni maldita falta que le hace. Se llevó un lote que era como el ying y el yang. Su primero noblón, si bien transmitiendo, le permitía hacer ese toreo de quilates que no está al alcance de este decoroso obrero del escalafón. Cortó una oreja, que es lo de menos, por una faena aseada a derechas y deficiente a izquierdas. El de la Dehesa de Frías mereció más. En el sexto, un julandrón que se lo quería llevar al catre de la enfermería, dió la verdadera dimensión de su arte, que no es ni más ni menos que el de jugarse la vida y no perderla sin echar mano de las trampas ni el enredo. Como además es capaz de triunfar en las malas, sólo nos queda mostrar nuestro más absoluto respeto hacía José Miguel Pérez Prudencio, Joselillo. 

sábado, 9 de julio de 2011

Rey de la morería

Emilio Méndez
























 Uno de los tópicos taurinos por excelencia reza que no hay nada más transparente que un traje de luces. Y bien cierto que es, ayer lo pudimos comprobar de primera mano con David Mora, que ha vuelto a darle a la palabra "importante" el cariz relevante que el July le ha robado en los últimos años, con la condescendencia de la RAE y la de los que mutilan la crítica taurina.

Ha demostrado, y no es la primera vez, tener valor para torear aquello que salga por toriles, y oficio para saber darle las distancias, comprender los terrenos y capacidad para adecuarle la velocidad y altura a los chismes de torear. Sin monerías ni cucamonas, respetando al rival -¡nunca colaborador!- cumpliendo con la parte más trivial y punzante del rito, la que obliga al matador a presentar en ofrenda sus femorales en cada pase, a rifar la vida, joven, rico y gallardo, durante los tres tercios de la tragedia.

Mora merece otro trato. Como Fandiño. Como Sergio Aguilar. Como Urdiales. Como tantos otros que huyen como la peste del toreo apócrifo, el de olés enlatados y musas encoñadas con torerillos cobardes. Tardes como la de David Mora con los cebaditas engrandencen el Toreo, o por lo menos, frenan su súbito empequeñecimento. No hay cosa más bella que un Tío delante de un Toro.

Si acaso, un Toro delante de un Tío.

viernes, 8 de julio de 2011

Mucho Zen y pocas nueces

Publicidad de Esaú en las galletas.     L.C.A.




















Lo decíamos un rato antes de la corrida: era la hora de Esaú. Mentira. Como Nostradamus taurino no tengo precio, porque el junco camero no se presentó. Abdicó de su profesión y renegó de su oficio para bochorno del personal, al que la ceguera vitivinícola no impidió que se pispara del petardo. Corbacho tiene faena. Y no creo que sea suficiente con meterle al chaval de Camas dos mil años de Filosofía Zen entre pecho y espalda. Ni que toda la bibliografía junta de Yukio Mishima le vaya a ayudar más que el ¿Que es torear? de Corrochano. Menos budismo y más gallismo.

La corrida de Torrestrella se prestó al triunfo, que no quiere decirse que fuese un dechado de casta y bravura, ni que mandara al veterinario doce caballos, pero mantuvo el interés, que viniendo de la sangre que viene, no es poco. Por poner un pero, la desigualdad en la presentación, o mejor dicho, en la romana, con multitud de pesos en escalera. Leña tuvieron, en especial el asardinado cuarto, que lucía perchas en las que se podían colgar, como esos souvenirs para chinos que venden en la Venta el Garrote, todas las cabezas disecadas de las cabritas mamonas que matan los del G 10.

Pinar se llevó el lote manejable, y lo bordó: manejó a sus toros de aquí para allá, con soltura, temple, mano baja y todas las aptitudes que se quieran buscar. Pero no toreó. Vale que ha pulido la trampa, como el trilero que esconde el As en el aletear centelleante de una mariposa,  que retrasa la pierna menos, que abre el compás -en exceso- y que intenta darle una largura -que no profundidad- al muletazo que haga olvidar, con el óle, tan chanchullero embroque. Pero no cuela.

El hidrocálido Saldívar, que tan buenas sensaciones ha ido dejando a su paso, sobre todos en plazas de categoría, leáse Madrid, no ha hecho honor a la fama de toreros de sangre caliente que tienen, merecidamente, los mexicanos. Tenía un lote para apostar. Complicado, también. Con la guasa de la casta. De esos, como el segundo, que si es el July al que le toca en suerte, los portales hubieran escrito eso de "complicado, peligroso, imposible para el torero, que vió toro dónde no lo había y bla, bla, bla.., que importante ha estado el July..." Al azteca le faltó oficio, le sobraron ganas, pero todo quedó en un fastusoso punto intermedio, en el que no se sabe si el torero estuvo bien tirando a mal, o mal tirando a bien.

De Esaú está casi todo dicho. Aburrió, y se asustó, con un toro grande y lustroso, el sexto, que era el de menor trapío de la corrida. Un alvarito muy tranquilón, que se movió, sin humillar, sin clase ni empuje, un carretón que admitía cualquier tipo de faena, desde el arrimón pro-peñas de sol, hasta un toreo más clásico pro-cuatro gatos. Lástima que no tuvo suerte en el sorteo, el bicho, digo. En el tercero no nos dijo nada, ni a nosotros, ni al Toro, ni a él mismo, que lo mismo somos injustos, por creer sólo en aquello que vemos, y con todo eso del rollo zen, el bueno de Esaú estaba toreando para su "yo" más interior.

Culpa nuestra, por no haber estudiao para ir a los toros.

martes, 4 de mayo de 2010

¿Qué ven los veedores?




Vestigios de un triunfo de JT en Albacete. Como se puede imaginar el lector, al veedor de la empresa Serolo, podrían ponerle un kiosco para vender cupones en cualquier esquina. Vía: Salmonetes




¿Donde se estudia para veedor? ¿Hace falta el antiguo COU o te vale ya con la ESO? Y sobre todo, para aclarar las dudas de aquellos agnósticos que sólo creemos que lo vital para la Fiesta es un Toro y un hombre que quiera ponerse delante con un mínimo de ortodoxia, ¿qué es lo que ve un veedor?


Buscando un poco información del tema, pues este oficio permanece a unos de esos ministerios creados por el taurinismo de los que poco o nada me importan, he leído, no sin cierta incredulidad, que es uno de los personajes más importantes del mundillo, que su sabiduría es magnánime y que actúan como agente engrasador del triunvirato ganadero - empresa - torero. Vamos, que la próxima vez que pase delante de mi un veedor, me postraré ante él como si estuviese ante el mismísimo José Tomás, hijo predilecto de la Virgen de Guadalupe e hijo pródigo de Aguascalientes.


Ahora bien, la realidad, la de verdad, o lo que es lo mismo, la que paga el aficionado es bien diferente. Véase este mismo año, por no ir más allá, Valencia y Sevilla. Qué de un ciclo como el sevillano de dieciseis festejos, en sólo cuatro o cinco los animales estén en consonancia con el caché de la plaza, es una vergüenza mayúscula. Lo peor de todo es que hay cierto sector de aficionados sevillitas que presumen de ser los únicos en saber apreciar `el toro bonito y armónico´.En Valencia van a peor las cosas. Simón Casas, erúdito, autonombrado por él mismo, de la cultura y el arte mediterráneo se va a ocupar de sustituir las corridas de toros por erizadas populares. Total, si los hay negros, son chiquititos y pinchan, en algunas zonas costeras ya estan llamando a estos equinodermos como cuvillos de mar. Feria de.., bueno, primera de las muchas y malas ferias que programa Choperita en Las Ventas: las dos corridas desechadas. Tal cual, ni interés del aficionado ni gaitas. Si no se aprueba el gato como animal de lidia pues se llama a otra ganadería gatícola, a poder ser barata, y a trincar. Que ya lo dice el refrán: el que tiene vergüenza ni cena ni almuerza. Un año, me cuentan, que se tiran los veedores por esos campos de Dios, pasando fríos y calores, reventando cuentakilómetros por carretera, barro y páramos, para que luego un veterinario, que apenas ha estudiado unos cuántos años en la Facultad, venga y te diga, a ti, con tu currículum lleno de faenas y favores a los taurinos, que ese toro, el coloraíto pitorrito, no vale para esta plaza. Y lo mismo con el burraco bajito, el negrito que es un tacazo y el jabonero que es una pintura.



Existen unos cuántos tipos de veedores, también llamados por los más modernos equipo de campo. Los que van asalariados con los toreros, o con las figuras, son los más competentes. El serrucho, los muecos, las visitas antes de los embarcaderos, los mangoneos y en ocasiones, hasta el soborno, lo manejan con maestría. Supongo que es a esta clase de veedor a los que se refieren cuando los llaman `elementos´ importantísimos de la Fiesta. Sus consignas en la finca: `ese tiene mirada de loquito, quitámelo´, `un poquito descarao, no me lo eches´o `el bastito ese desiguala la corrida por arriba, amos a no cargarlo´.


Los que trabajan para una empresa, como lo era Florito, podríamos decir que tienen el amargo encargo de bajar a la dehesa como el que va al Corte Inglés en enero: buscando el descuento, un polito que se vea que es de Lacoste, pero que sea de saldo y no se le vea mucho el costurón . Esta es la única razón viable por la que se explican los líos de corrales que se sucecen cada dos por tres en Madrid, por ejemplo. Pudiera ser que hubiera otras razones, pero quedan desestimadas, porque como todo el mundo sabe, los taurinos son honestos y no hacen negocios por amiguismo ni se aprovechan del momento de debilidad que pueden estar pasando algunas determinadas ganaderías. ¿Cuántas cabezas de camada acaban en Las Ventas? ¿Y cuántas ganaderías con toros en stock, por tanto baratos, lidian en Madrid? ¿Porqué ha vuelto, este año sí, Partido de Resina? ¿Porqué nos quedamos sin ver El Pilar? Dinero, dinero y más dinero. Y los billetes cuántos más gordos, mejor. Eso es lo único que quieren ver.



Placa en honor a El Potra colocada en el Patio de caballos de la plaza de toros de Iruña.





Por último, cabe hacer una excepción ante la cantidad de conocedores, que es como hay que llamarlos, de verdad que han cabalgado y envejecido por todos los rincones de la piel de toro. El último de esta especie, Miguel Criado Barragán `El Potra´, fue uno de los culpables de que los San Fermines sean conocidos como La Feria del Toro, una placa con su nombre en el patio de caballos le recordará para siempre. Con su muerte se dio finiquito a un oficio noble y respetable que muchos mercaderes de moruchos han terminado por prostituir.




Aquí, los únicos veedores que hacen falta, son los que nos sentamos en el tendido, a los que por desgracia, cada día que pasa, se nos va contagiando la ceguera de los taurodélticos.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Pestes ganaderas

Foto: Manolete y Atanasio en Campocerrado. ¡Si levantaran la cabeza! El autor es Botán.


¡ Como cambian los tiempos !, y en este mundillo, a peor. Toreros que nos van dejando, casi siempre los mejores, y ganaderías históricas y queridas por el viejo aficionado que se van. Esta semana, sin ir más lejos, se ha anunciado que tres ganaderías tan antiguas y señeras como Sánchez Fabrés, Clairac y Atanasio Fernández, echan el cierre. En cada caso, se dan motivos diferentes: problemas sanitarios, económicos o simplemente será la ley de la vida, ésta en la que los hijos heredan de sus padres parte del genoma, dineros y haciendas, pero no la afición desmedida al toro. La única certeza es que el problema principal de todas estas ganaderías es el holocausto al que están sometidos todos los animales que no se ajusten al prototipo Domecq. Como en tiempos del alemán bajito del flequillo, todo lo que no sea de la ``raza superior´´, debe de ser exterminado por completo. Algunos se aferran al exilio francés, pero no está al alcance de todos.


Dicen por ahí, que el vuelo de una mariposa en el hemisferio sur puede producir un huracán en el hemisferio norte. Todo en esta vida tiene sus consecuencias, a corto o largo plazo, todo está interrelacionado, fluyendo como una corriente migratoria. Por eso, cada vez que Ponce, El Juli, El Fandi, Perera y tantos otros se ponen delante de un Juan Pedro o derivado están siendo cómplices de la desaparición de encastes y ramas importantes del toro de lidia. Cada vez que matan un JP están condenando a morir, por ejemplo, a un Atanasio en un pestilente matadero de Salamanca, rodeado de cerdos, pollos, terneros o corderos; arrodillado y rendido ante un matador sin traje de luces y sin estoque, que lo manda al otro mundo, al mundo de los bravos, de un certero y traicionero disparo con una maldita pistola. Ni siquiera le otorgan el privilegio de irse como se van los suyos, de un torero puntillazo. Cuanta agonía nos están haciendo pasar...

Dejo el video, en dos partes, a modo de homenaje, de la faena realizada por Julio Robles a un Atanasio en los Sanfermines de 1990. Sería su último toro en Pamplona. No hace falta irse al blanco y negro para ver toreros que ya no están y ganaderías que sólo forman parte del recuerdo, y del Cossío.




lunes, 24 de agosto de 2009

Corridas Generales de Bilbao. Parte de defunción


Otra gran pérdida. Otra gran feria y gran afición de las que nos toca despedirnos para siempre. Para los aficionados de verdad , Bilbao era la última oportunidad para el resurgir de la Fiesta de siempre , la de la integridad y la de la emoción. Se nos ha ido junto a sus tres hermanas grandes : Sevilla , Madrid y Pamplona.
Sevilla fue la primera en irse , si es que alguna vez estuvo , la ciudad hispalense sucumbió ante el desgaste de un fatal cáncer : el de los Domecq , que al no acabar de tratarse en condiciones acabo metastatizandose hasta el resto de España. En Sevilla hace tiempo que no se ve un toro de verdad.
El turno después le llegó a Madrid , enferma de varias cosas a la vez , a cual mas grave. Desde hace años Las Ventas padecía una enfermedad crónica : la empresaritis aguda , que este año ha tenido un rebrote y ha ido a peor, dejando al enfermo muy tocado. Pero lo que terminó llevándose por delante a tan señorial plaza fue la falta de aficionados cabales , de los de verdad y el exceso de público alborotador , servilista hacia el torero y pueblerino. Orejas como las regaladas a Tejela, El Capea o Pinar lograron hacer expirar al enfermo. Uno menos.
Pamplona en teoría era la más sana de todas , la que más llena de vida estaba , nada hacia presagiar tan fatal desenlace. Su padecimiento y dolor fue el que llevará a la muerte a muchas otras plazas , sino todas : la falta de aficionados y la desdicha de ver los tendidos llenos de gente de juerga o botellona , como se llama ahora. Una plaza que idolatra a Padilla mientras se bañan en kalimotxo es un sitio con poca salud taurina . Una impresentable corrida de Jandilla dejó al enfermo en coma , dias después murió al verse atacado por una becerrada de Nuñez del Cuvillo. Ya sólo nos quedaba una hermana: Bilbao.

Bilbao se presentaba como la feria con más figuras , que son las que traen gente a la plaza y parné a los empresarios. Pero las figuras tienen un hándicap: la bravura , que es a los toros lo que el oxígeno a las personas , les gusta bien rebajadita y si no hay bravura , aún mejor. Aunque también hay que tener cuidado , ya que mansos tampoco los quieren , no vaya a ser que salga un manso encastadito y nos haga sudar la gota gorda. Ganaderías totalmente desoxigenadas como Torrestrella , Ventorrillo o Hnos. García Jiménez dejaron al enfermo en parada cardiorespiratoria. Tras sufrir la corrida de Jandilla y ver al Juli en acción el paciente sufrió graves daños cerebrales que terminaron por llevárselo por delante. Descanse en paz.


El resultado del año es éste , mueren nuestras mejores ferias y nacen espectáculos como los de Las Vegas. Quien no quiera verlo que no lo vea , pero La Fiesta , como todos la conocíamos , está con las últimas orejas puestas.