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miércoles, 4 de abril de 2012

Feria de la (mala) Salud de Córdoba





Torrealta, Cuvillo, Juan Pedro; Ponce, Jiménez Fortes, Manzanares, Morante, Juli, José Luis Moreno, Finito, Padilla y Fandi. Una plaza de primera categoría con una feria de tres festejos de a pie, que son tres festejos que vemos en Don Benito, Olivenza o Cantalejo y en setecientos pueblos más.

Si esto no está muriéndose que venga dios y lo vea.



martes, 28 de junio de 2011

... Y seguimos con la mentira. Burgos, en un rato.

Este es el lote de Torrealtas que le ha tocado en suerte para esta tarde a José Mari Manzanares, el Presidente de la Unión de Toreros. Feria de Burgos. No hace falta ser muy "avispa" para darse cuenta de la manipulación y merma de las astas, amén del escaso trapío para una plaza de segunda. El fraude sigue corriendo como la pólvora...


El Presidente del festejo es D. José Manuel del Barco Barriuso, acompañado por el Delegado D. Raúl Gutiérrez del Cos y asesorado por D. Alfredo Manzano Gete. Los veterinarios que han echado la corrida para adelante han sido D. Juan Carlos Díez, D. Pedro A. Pascual y D. José Félix Ruiz. Que conste en acta que todos ellos son cómplices en el timo a unas pocas miles de personas.


Imágenes: Tauroburgos.com

sábado, 2 de octubre de 2010

Naturalidad Mora

Puerta Grande con media docena de naturales. Iván de Andrés.



Madrid. Plaza de Toros de Las Ventas. Feria de Otoño. Tercera de ciclo. Tres cuartos de plaza. Toros de Torrealta, y un sobrero -tercero bis- de Martín Lorca para Juan Mora, Curro Díaz y Morenito de Aranda.



Por órdenes del rey Alfonso VIII de Castilla reza en el escudo de Plasencia el lema, que vino a darle nombre a la ciudad, ``Ut Placeat Deo et hominibus´´, que en el lenguaje de fulanos como Cervantes o Quevedo viene a significar `para que plazca a Dios y a los hombres´´. Nacido, crecido y venido de la tierra placentina, y con el fin de honrar la leyenda de su pueblo, hizo el paseillo Juan Mora, perdón, Don Juan Mora, uno de los últimos supervivientes de la gloriosa estirpe de la torería añeja. 


El bueno de Juan volvía una vez más a su casa, al único sitio tal vez en dónde su cátedra es valorada como lo que es: la maestría de un matador de toros bravos. Casi cincuentón, achaparrado, vestido en torero, corbatin negro sobriedad, traje con pinta de desgastado, aliviado de oro, sin petulantes bordados, las tela livianas, el estoque en la mano y la vergüenza por montera. Pura torería. Anhelo de tiempos que inequivocadamente fueron mejores.




Nos recetó, como buen doctor de la tauromaquia que es, dos faenas llenas de verdad, pureza y clasicismo.  Basadas ambas en la naturalidad, el toreo fluido como una cascada de arte capaz de emborrachar veinte mil almas y la inteligencia del que conoce todas las suertes, terrenos y rincones del toreo. Veinte pases, algunos majestuosos, otros bellamente imperfectos, naturales desmayados, con las plantas asentadas en la arena, con la derecha templado y parsimonioso, con esos pases de pecho verticales tan de la casa, un ramillete de remates digno de los mejores, y la manera cabal de salirse de la suerte al finalizar las series, despidiéndose del toro como la pareja de enamorados que se dicen adiós en la estación del ferrocarril. Todo ello coronado con dos grandes estocadas, fabricadas y asestadas nada más salir del último remate de la tanda, como antaño. Tres orejas, para muchos excesivas, pero que carecen de todo valor, tardes como esta no se pueden medir, contabilizar ni premiar numericamente. Estas faenas van directamente al recuerdo, al cajón de las cosas buenas de esta Fiesta que merecen la pena. 




A Curro Díaz lo hemos visto en dos versiones: la mala, la del mediopegapasismo, y la más seria, la de jugarse la pelleja con un bicho descastado cruzandose al pitón contrario, metiendose en la cuna, para sacar muletazos sueltos, pero limpios y bellos. Un cañonazo con la espada le valió para que le pidieran una oreja minoritariamente, que Muñoz Infante concedió. Tampoco es que me estorbe. La ejecución de la estocada por sí sola la valía.




El mejor toreo de la tarde lo ha realizado Moreno de Aranda, en el sexto, al natural, respetando todas las normas ortodoxas, cargando la suerte, toreando con profundidad y templanza, llevándolo siempre embebido en la franela. Le hubieran dado las dos orejas de matar bien, pero como lo hizo de bajonazo infame se tuvo que conformar con una. Lo que se convierte, indudablemente, en un error clamoroso del usía, que si es menester, debe incumplir las leyes, por mucha mayoría de moqueros que haya, para salvaguardar el caché de la exigencia de Madrid. Oreja tras bajonazo, no. Si usted ha toreado como los ángeles, dé dos vueltas al ruedo si es necesario, pero de tocar pelo ni hablar.






Los toros, Torrealtas de los que hemos hablado poco, resultaron colaboradores, anónimos en el caballo, descastados y noblones en lineas generales. No dieron problemas. Seis de esos mal llamados medios-toros que han tenido la suerte de ser clientes de tres toreros con muchas cosas que decir. Y bien que se las dijeron, cada uno con su lenguaje.





sábado, 28 de agosto de 2010

La tarde de las lamentaciones

Un zalduendo que no se merecía el lujo de morir en la plaza, al igual que todos sus hermanos. Maurice Berho




Plaza de Toros de Vista Alegre. Bilbao. Corridas Generales. Sexta del ciclo. Lleno. Toros de Zalduendo y dos sobreros de Torrealta -1º y 4º- para Morante de la Puebla, El Juli y Jose María Manzanares.



Carrusel de lamentos y lloros, esta tarde en Vista Alegre, como si estuvieramos en la Novena a San Expedito. Expiraciones y flagelos por los que se fueron al desolladero entre pitos y desprecio: que si tenían buenas hechuras; que si venían de buena reata; que si con tanto aficionado talibán en los corrales alguno le habrá echado el mal de ojo; que si la suerte, los vientos y los viajes; que si va a ser cuestión de llamar a Eduard Punset para que resuelva el dilema científico de porqué un toro rechazado en Málaga no embiste en Bilbao; y por qué tenemos tan mala suerte que siempre que hay figuras no salen las cosas como uno espera... Y venga, dale que te pego, a sonarse los mocos en los pañuelos blancos con los que iban armados para rebajar Bilbao de posición y poner a Matías entra la espada y la pared. Pero no, ilusos, el que va a ver una corrida de Fernando Domecq sabe a lo que va, a ver un toro en su versión más lastimosa, podrida y descastada. Así, que no caben lamentaciones, la próxima vez que vean encartelada una corrida de este señor, directamente no vayan, quedense en su casa y no sean partícipes de un fraude al espectador y de la tortura a un animal indefenso.




Morante pechó con un lote de Torrealtas, y continúa así con la racha de mala suerte en los sorteos que lo azota desde tiempos inmemoriales. ¿Casualidad? ¿Fatalidad? Ni lo uno, ni lo otro. La suerte te tiene que pillar trabajando, y la cuadrilla del ruiseñor de la Puebla, empezando por su apoderado, carece de método, eficacia y compostura. No le valen los toros, primeramente por la pulcritud de colegio de pago para pijos con los que los seleccionan. Es más fácil encontrar una aguja en un pajar que un toro en un lote de Morante. Después, por la quimera que supone enrolar en tu cuadrilla primero al amigo antes que al profesional. Capotazos, embrollo, toros por los suelos, un disparate. En su primero bis, un torrealta muy de andar por casa que se tapaba por ser jabonero, empezaron con la carioca preceptiva, acabando con el picador y picado en el centro del ruedo prácticamente. Luego le dieron de lo lindo y trasero. A un toro con la fuerza justa que cabeceaba y pegaba tornillazos. Las tauromaquia, boca abajo. Con la muleta se justificó por ambos pitones y poco más, santo Tomás. Las musas, que no todas son artistas ni putas, también las hay con el FP de Imagen y Sonido, le echaron un cable -nunca mejor dicho- al ciclón de la Puebla, subiendo misteriosamente en la retransmisión del Plus la señal ambiente en medio de una pequeña ovación. ¿Casualidad? ¿Picardía de la musa bigotuda? Curiosamente, cuando se protestan los toros o hay voces altisonantes con los diestros el audio de la plaza desaparece. En el cuarto, otro de Borja Prado, manso sin codicia, intentó hacer faena, pero pronto desistió ante el cabreo del público de toros, que es el único animal que tropieza siete mil veces con la misma piedra. Ir a ver a Morante con expectación es un error, cuando todos sabemos que le sale algo medio digerible cada equis tiempo, donde menos te lo esperas. Y nunca será en una ciudad con más de quinientos habitantes. Lo suyo son los pueblos, los fandangos y los puros.


El Juli, que repetía, recibió de capa con buenas intenciones al impresentable segundo. Ganandole un paso en cada lance, rematando casi en los medios. Destacable hoy día. Se le pica poco y mal, un par de refilonazos muy aplaudidos desde los tendidos, que han perdido el norte, a pesar de vivir en él. Con la muleta, ventajista, cobista, industrial, como siempre. Nada nuevo en el horizonte. Si acaso más vulgar, citando al toro a grito pelao, con zapatillazo y toques brusquísimos de la pañosa. Por el pitón izquierdo para más dolor de la tropa juliana, se lleva enganchones, por lo que decide por montar el circo. Molinetes, martinetes, circulares, desplantes y conexiones inalámbricas con el tendido. Mató de un bajonazo al julipié, que es el summum de la cobardía, y se llevó una gran ovación. Ver para creer. Con el quinto, en el que también le tocaron la música, señal de que no se estaba toreando, estuvo rematadamente mal, perfilero como de costumbre, pero sin el temple que es marca de la casa. Atropellado, descompuestos toro y torero, incapaz de sacar un muletazo por lo menos limpio. Hacemos un paréntesis para comentar que esta ha sido la tónica habitual de la tarde, el cabeceo y la descomposición de la embestida en cuanto el zalduendo ve que puede cornear las telas. Como si no tuvieran una buena percepción de las distancias. ¿Fundas? Ahí lo dejo. Mató al segundo julipié y se quedó sin cortar orejas, lo que determinará que esta madrugada haya un gabinete de crisis en Mundotoro analizando causas y porqués de la catástrofe.


Más vale caer en gracia que ser gracioso -reza el dicho-, y eso le pasa a Manzanares Chico. Menuda tardecita que nos ha dado. En el tercero, bobo de solemnidad, se dedicó a meter pico y barriga, a dar muchos pases a tontas y locas y a engatusar al personal, que parecía venido de Pamplona. O de Sevilla. Se pegó en las postrimerías de la faena tres o cuatro invertidos que eran un monumento a Salvador Távora y esas cosas delirantes que hace en el escenario con flamencas, caballos, novillos criados a biberón y guitarras españolas. Que cosa más ridícula por Dios, a la altura del Salto de la Rana, que por lo menos no engaña a nadie. Al sexto le instrumentó una faena mala de solemnidad, pero como era hecha por él, míster Alicante, tendremos que decir que fue empacada, pinturera y rebosante de torería. Si esta misma la hace Sánchez Vara, por poner un ejemplo, el aficionado bilbaíno hubiera llamado a los de la kale borroka para que hicieran la crónica.


martes, 20 de abril de 2010

Una sardina de la Costa Brava

Ese torito... Arjona



Esa patita... Matito

Esa muletita... Matito

Esas dos orejitas... Matito



Según la Real Academia de la Lengua Española:

Zurcidor: adj. que zurce.
Zurcir: tr. coloq. Combinar varias mentiras para dar apariencia de verdad a lo que se relata.


Sevilla. Plaza de toros de La Maestranza. Feria de Abril. Duodécima de feria. Lleno de no hay billetes. Toros de Torrealta para El Juli, José Mari Manzanares y Daniel Luque.


Hoy, que tengo uno de esos días, me he puesto melancólico y me han venido a la mente, en recuerdo relampagueante, Bastonito y César Rincón. Después de leer los diferentes portales, fue Joaquín Vidal el que tiñó de gloria mis recuerdos. Don Joaquín comenzaba así su relato sobre aquella tarde que guardamos todos los aficionados en la retina:

Salió un toro de casta brava a eso de las siete y media de la tarde, y eran las tantas de la madrugada cuando aún discutía la afición si mereció la vuelta al ruedo que le dieron las mulillas...



Como el destino y una puta enfermedad no quisieron dejar que Vidal siguiera sentando cátedra, tapando bocas y alimentado de conocimientos al sediento aficionado; haciendo desde aquí un ejercicio de imaginación y osadía, reponemos el inicio de aquella crónica, en versión sevillana 2.0:



Salió una sardina de la Costa Brava a eso de las ocho menos diez de la tarde, apenas veinte minutos después, y durante el pasar de un minuto, la sabia afición sevillana pasó de pedir el indulto, a escatimarle la vuelta al ruedo para despedirlo con una ovación calurosa. Después, hasta las tantas de la madrugada, a fardar al real de la feria con lo bien que está Don Julián y los vestidos bien bordados que lleva el niño de Manzanares...




El protagonista de la feria, hablando desde el lado que no interesa a casi nadie, el de los toros, ya tiene nombre y fecha de caducidad: Zurcidor, 20-Abril-2010. Un gatito de angora, con los pitones acunados, pasaba los 48o kilos y tenía cinco años y medio. En otros tiempos, este ejemplar pariente de micifuz, hace algunos meses se hubiera lidiado en alguna novillada anunciado como desecho de tienta y defectuoso. Pero eran otros tiempos, ahora con esa presentación te lo ponen en Sevilla, en farolillos y con dos monstruos de la gatunomaquia.



Hablar de El Juli, o de tantos otros que repiten la misma faena las decenas de tardes de las decenas de años que se tiran haciendo como que torean, ya cansa. Es repetir siempre lo mismo, por mucho que los revistosos del puchero hablen de evolución o cambio. El de Velilla sigue siendo el mismo de siempre. En lo que llevamos de feria, han salido tres toros, muy poca cosa ellos, que necesitaban una báscula de precisión para pesarlos. Cuatro cientos y pico kilos, pesándolos con alegría. ¿Adivinan a quién le han valido dos de esos tres para entrar en los anales del toreo? Mientras tanto se preparan la cruz y los clavos para cruxifixionar a unos cuantos porque crían toros que son peligrosos. A otros, los lapidarán por no poderles. Mientras tanto, a El Juli nos lo quieren vender como la resurrección de Joselito El Gallo. Cómo no sea de Joselito, el Niño Ruiseñor...



Tengo que pedir disculpas anticipadas porque no he podido ver la faena, de mucha bragueta cuentan las viudas de Manzanares, del alicantino al quinto de la tarde. Después de la deshonra a Zurcidor, negándole el derecho a volver a la finca, mi televisor empezó a emitir unos sonidos raros: gruñidos dejaban sitio a bufidos de otro mundo. Opté por apagarla directamente a sabiendas de que nada bueno me iba a perder, y con la duda me quedé si el extraño fenómeno de los ruidos se deben a la nube de humo volcánica o a los berridos que pegaba el papanatas de Manuel Caballero pidiendo indultos como fantas de limón.



De Luque, sólo comentar lo ya resabido, cada corrida que pasa le quedan dos toros menos de aquellos diecinueve que le hacían falta para ser figura. Si le gusta apostar, que lo haga hasta el final, y una vez pasada la taurina cuentra atrás, se corte la coleta y deje andar por las plazas a los pocos que quedan que saben de ésto.