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viernes, 15 de julio de 2011

A su plín (y II)

Emilio Méndez























Ya la cosa era mosqueante desde que se anunciaron los Cuvillos en la Feria del Toro, que es como anunciar a Belén Esteban en un comité de sabios de la OTAN. Los cuvis, ahora que no tienen padrino, tendrían que estar colocados en sus ferias, como las que hay en Sopuerta en honor a San Cosme y San Damián, o la que se organiza en Calviá en primavera, y que vienen a llamarse cosas así como "Feria Caprina y Ovina" o "Feria Internacional de la Cabra, FICAB". Así que como no podía ser de otra manera, estos adulterados sanfermines han finalizado con una charlotada en toda regla. Se podía esperar, con el importancias y su banda de por medio y con la llegada a la Meca de Álvaro Nuñez de Benjumea, con sus niños bajo el brazo: el de la movilidad que termina echándose del desgaste, ¿o era descaste?; el tontorrón que le embiste igual a un motosierra sin cadena que a un dos caballos tuneao; el manso e  inválido que se asusta de la voz de Castella ¡!; el de la cara de zagal, con acné en vez de barba; o el quinto y sexto, que no pasaron el reconocimiento en Madrid hace mes y pico y que han dado el estirón para venir a Pamplona.., que lo mismo en el Grullo ya se han inventado el pienso de Petisuís... Otro grave error a apuntar a los mandamases de la Casa Misericordia, y la lista lamentablemente este año es larga.


La de ayer ha sido una tarde con cuatro toreros, el July, Castella y los dos Juan Moras. El de antes de la cornada y el de después. El primero interesó poco, se perdió en la búsqueda constante de un superfluo abandono del cuerpo para torear con el alma -o algo así, que ahora se lleva mucho- y lo único que consiguió fue firmar una obra llena de barullo y no dar un pase limpio. En el cuarto llegaron los mejores y peores momentos del festejo. Al recibir al cuvi de capa, a pies juntos en una especie de delantales, en lo que puede ser una forma descuidada y temeraria de hacerlo, se llevó la cornada en los cojones. El toro ayuda desparramando un tanto la testa, pero es el mismo torero placentino el que no saca los brazos y se lo echa encima. Herido, más en el orgullo que en la entrepierna, vuelve a ponerse delante, y no sin más sustos, logra sacar la lidia adelante. Llegados a esta parte merecen mención especial sus compañeros de escalafón, muy atentos en todo momento, prestos al quite. Ya en el tercio de muerte, la torería y el valor al servicio del toreo, empieza a asomar: rodilla en tierra le pega tres o cuatro doblones de castigo, cautivadores y colmados de rabia y serenidad en partes iguales. A eso siguieron naturales marca de la casa, menos elegantes que de costumbre pero más embaucadores por la sensación de peligro y el toque de arrebato. La obra de Juan Mora en Pamplona, taytantos años después emociona, llega a los tendidos con verdad... hasta que sucede lo que parecía inevitable: el matador, en un remate, no puede irse de la cara y acaba siendo empalado estrepitosamente. En cuestión de minutos un torero honrado, con defectos y virtudes propios de hombres, hizo pasar a los tendidos del pánico a la excitación, para volver al espanto, y unos instantes después al entusiasmo, toreando sin embustes, jugando a la ruleta rusa con los nervios del aficionado, hasta que el chorro de sangre que dejaba a su paso la camilla humana que lo llevaba en volandas, detuvo el juego en el estado de angustia...

Y con angustias también nos ha dejado el July. A cada pase que le pegaba a su primer marmolillo, una arcada. Y a cada tanta, una señora potada. El becerrote, a pesar de no ser picado, y llevar una lidia de ahorro, se echó a mitad de faena y tuvo que ser apuntillado sin entrarle a matar. Todavía nos preguntamos como en las peñas de sol no se le pidió la oreja... Con el quinto, que como dijimos antes, no valió para Madrid por falta de trapío, firmó una faena en plan bregador, con oficio, dando pases a favor del toro y todo eso. Para que se entienda, lo mismo que hace Sánchez Vara con Palhas en cualquier pueblo de Guadalajara, pero sumándole todo lo que le pone el torero de Velilla a sus faenas: la importancia. Le pegó un caponazo con la espada que entró en el toro, que es lo que cuenta, y le dieron dos orejas, que es lo que le importa. Salió a hombros por la Puerta Grande, con un compañero grave en la enfermería, buen detalle.


Si hay un lugar en el mundo dónde un pase cambiado por la espalda puede tener emoción es Pamplona. Pues Castella no hizo ninguno, que también es casualidad. Veinte años con el tancredo y el trapazo, y el día que tiene que sacarlo, se pone académico. Le tocó un primero que se acobardó y reculó en tablas a las primeras de cambio, y amenazó con echarse. Ya en el sexto, otro de los inválidos para Madrid, con 600 kilos y hechuras amorfas, como de vaca marimacho, se justificó un poco más, pero justificar no es torear...

viernes, 10 de junio de 2011

Toritos, paisa, bueno barato




















Nada queda de aquellas corridas de Beneficencia que eran el mayor estandarte de una fiesta del pueblo, en arte centelleantes como el rayo y rotundas como el trueno, solidarias con la comunidad y justas con la profesión, en la que las figuras compartían -y abrían, ¿por que no?- cartel con modestos triunfadores, y que en muchas ocasiones hacían que se quedara colicorta esa "extraordinaria" que siempre han vestido como coletilla. En definitiva, el mensaje más claro y nítido, sin necesidad de tuiters ni jefes de prensa, que se le podía mandar al resto de la sociedad: aquí lo tenéis, el Toreo es grande, tan grande que es capaz de empequeñecer a todos los que estáis en su contra.

Pero esta de 2011, ha servido, como todo lo que tocan estos que son figuras, para empequeñecer al toro, y mandar de paso el mensaje que firmaría cualquiera de los de la verdura, que esto de los toros es una pijada infame que de auténtico no tiene nada. Anunciados en este rastrillo que tiene de benéfico lo que Molés de Tomasista, los encargados de vender vulgaridad -de varias puestas, de segunda mano- en sus tenderetes han sido el maestro reverendo Mora, Morante, el que escacharra los relojes, y Juli, el torero más poderoso de la historia, en los corrales, claro. Los animalejos, de Victoriano del Rio, del encaste de siempre, seis bichos asquerosos que maldita sea el día en que los parió la vaca y la noche en la que no se los comío la zorra, para vergüenza de todo el que se confiese amante y defensor del Toro.

El de Plasencia, que lanzaba a los cuatro vientos "¡tooo-re-ría, traigo la to-re-riiiía!", resultó ser más que un burdo falsificador, un chanelante que, por llevar más años que la Tana con el chiringuito abierto, cree tener licencia para todo, hasta para adulterar las reglas más básicas del toreo y querer vendernóslas como material de primera calidad. Un tenducho más allá, un hombre de tez morena se empeñaba una y otra vez en vendernos un carro de desidia y otro de pena -la que sentimos por ver como se hunde un torero así-. Regentaba un puesto que tenía de todo y a la vez no tenía de nada. Un poquito de esto, un poco de lo otro, y una mijita de aquello, una macedonia de baratijas que por muy brillantes, chillonas y aparatosas, no dejaban de ser artefactos postizos. Con la sinhueso tampoco se manejaba mucho, un par de eslóganes, de los que se escuchan en casi todas las plazas, y punto; uno, que se da cuando alguién con clavel se interesa por el ganao que allí normalmente se vende, al que se le suele responder con un: "torito, paisa, bueno, barato, medio torito bonito"; el otro, cuando alguno de los del Siete -que miran pero no compran-, le pregunta por el Toro, por uno de Cuadri, Miura o el que sea, y ahí que viene el "morantito no intiende, reloj parao sí, pero Toro no intiende".  Ni lo entenderá, y  menos mal que los que no somos morantistas no tenemos que suicidarnos ni cosas de ésas. Y Juli, que traía el carromato lleno de importancia, poderío, temple, orejas, mando, oficio, y todas esas cosas que tanto se venden en otros mercaos, aquí... como que no.

Pero la culpa de que a éstos les dejaran meterse a quincalleros en la primera plaza del mundo es de Abella, ese al que trajeron para darle señorío y lustre a la CAM, y que por lo visto antier, ha terminado siendo como esa gitana vendefajas llena de verrugas que se erige en matriarca del mercaíllo, la que da el visto bueno al género y elige a los mercaderos. Abella, el autor intelectual de las miserias venteñas.

jueves, 9 de junio de 2011

Beneficencias

De Agustín Hervás

...Pongamos que Morante no tuvo suerte con el lote y pongamos que solo nos deleitó con algunos detalles. Todo parece indicar que a Morante en esta temporada no le acompaña la suerte en los sorteos de las plazas serias. Pongamos que Juan Mora va de pasota y nos alimenta con cuatro tonterías que se inventa sobre la marcha a lo que algunos le llaman torería, y debe ser verdad pues Mora se beneficia de esa torería. Y pongamos que El Juli nuevamente ha sido el único que se ha beneficiado de la tarde de la Beneficencia ya que ha demostrado dentro de las limitaciones de los toros ser el toreo más cualificado y preparado del escalafón, aún sin poder beneficiarse de ello completamente...


De Carlos Ilián

...Y para más abundancia de datos: el ganadero había reservado, por si acaso, una corrida para José Tomás, en el supuesto de que el torero pudiera llegar a tiempo para actuar en Madrid. Y esa corrida no podía ser otra que la reseñada finalmente para la Beneficencia. Entonces, ¿qué pudo pasar para que finalmente se lidiara un saldo, absolutamente desigual, donde había novillotes al lado de zambombos y toros de castita al lado de mansos de carreta?. La sospecha es evidente: allí alguien metió mano y revolvió para elegir a capricho. Al menos eso es lo mínimo que se puede pensar sobre la corrida lidiada ayer en Madrid...

miércoles, 25 de mayo de 2011

Por la cagada se conoce al pájaro

Torosblog


























Baile de camiones, trasiego en corrales, Florito con la vena del cuello como un cantaor, mayorales de las ganaderías bobas de media España, de urgencias, en servicio de guardia, con la garrocha afilada y los cabestros comidos, que mañana torean figuras en Madrid y han de estar listos para los "imprevistos" que puedan surgir. Seis rechazados de Román Sorando -menuda ganadería para Madrid-, nueve del Torreón, que han sido los finalmente anunciados, un camión repleto de Gaviras y otro, en caravana, de una ganadería misteriosa que llevará en sus antecedentes eso de "elimina lo anterior...". Total, más o menos, treinta animales en solfa para que puedan pasar el exhaustivo reconocimiento del señor Muñoz Infante y su áspero equipo de albéitares. Treinta mierdas pinchás en sus respectivos treinta palos, siempre al servicio de la morralla taurina. Ahora que gustan tanto las cifras, treinta movilizados para pasar seis, que no se queda en el veinte por ciento, que en números redondos, para los que sólo entendemos de guarismos en la paletilla, es menos de un cuarto. ¡Cómo serían los animalejos de los camiones que la empresa ya contaba con que no iba a pasar el reconocimiento ni una cuarta parte de ellos! Como era de esperar, para CR-V, el pichichi de los callejones, que es el que marca el nivel de exigencia en esos portales de Dios, ésta del Torreón ha sido una corrida "impecable de hechuras y deslucida de comportamiento", mientras la de los Pablorromeros, fue "pésima en presentación y juego". La única conclusión que se puede sacar es que se hace urgente un estudio sobre la toxicidad de la gomina y sus posibles secuelas sobre la población gominóimana.

Toreaban -es un decir- tres figuras del toreo actual, en el que el término figura adquiere matices circenses. Juan Mora, Manzanares y Cayetano. El primero, que no hace ni tres estaciones resucitó en forma de clásico revolucionario, vuelve poco a poco a las andadas, a darles razón a aquellos que decían que diecinueve años en el dique seco no puede ser sólo casualidad. Lleva un añito para olvidar, y estamos hablando de uno que ha toreado en Valencia, Sevilla y Madrid sin que pase nada. El perdón lo tiene asegurado, pero la gloria más lejos. Lo de los otros dos, el Manza y el Caye, es de juzgado de guardia. Malcriados taurinamente y cobijados bajo el ala de dos pájaros como Matilla, el cabecilla, y Curro Vázquez, el buen samaritano que hizo posible que Morante y Cayetano, que se llevaban como Caín y Abel, se rejuntaran. Nada, absolutamente nada de lo que hagan antes, mientras y después de perpetrar tamaño fraude, puede tener importancia. El más sereno de mis menosprecios a ellos dos y a todos los que juegan con el Toro. Sus cambios de mano, naturales, la ligazón, el temple, el culo de panadero que les hace el vestido, y todo aquello que les cantan, en tardes como esta, que son casi todas las de sus carreras, sólo me puede producir asco. Que es el Patrimonio con el que le están reventando las entrañas al aficionado.

domingo, 20 de marzo de 2011

Punto sin retorno

El toro de Valencia. Foto: Ignacio Tena





La corrida que se lidió en Valencia es un despropósito además de una ofensa a quienes pagan por asistir a la plaza. Esta chotada de Las Ramblas se preparó para Enrique Ponce en el día grande las Fallas. Y como viene ocurriendo en los últimos años se ha repetido la historia como un calco. Otra vez la retahila de borregas inválidas o de moruchones sin clase, que de todo hubo ayer. Y al final el gran perdedor ha sido, precisamente, quien cayó en su propia trampa, el mismísimo Enrique Ponce.

A estas alturas nadie va a negarle al torero valenciano su indiscutible trayectoria de veinte años en la parte alta del toreo, ni su técnica prodigiosa, ni su profesionalidad. Pero todo tiene su límite y nos parece que Enrique ha llegado a un punto sin retorno. La faena al quinto toro es un canto del cisno, una demostración de que ya no resuelve con la solvencia de siempre. Ayer, en ese moruchón de Las Ramblas anduvo repetitivo, sin frescura, sin ideas, sin su proverbial facilidad. Este Ponce de ayer es un torero que se imita así mismo, que trata de resolver con los mismos argumentos aunque ya los tiene mentalmnte gastados.

Todavía veremos a Ponce por esas ferias pero hace tiempo que se trata de un nombre importante, pero de un torero en retirada.

A Juan Mora le sonó la flauta en la tarde de la feria de Otoño en la que resucitó como torero. Tuvo la suerte de encontrarse aquellos dos toros y de encontrarse él mismo con el buen torero que lleva dentro y de hacerlo en el momento preciso y en Madrid, donde hay coger el tren del triunfo y de los contratos. Pero de esa renta puede vivir una temporada hasta que agote el crédito. Y en las dos actuaciones que le hemos visto este año, en Vista Alegre y aquí en Valencia, nos hemos encontrado con el torero frío y apático que tantas veces nos ha decepcionado. Es verdad que su lote se defendía y derrotaba pero Juan no puede ir tirando las tres cartitas y a salir del paso. Su imagen de torero artista no está reñida con la de un profesional que transmite una imagen de torero solvente y resolutivo. Entre banderazo y banderazo le recordamos algún muletazo de su cosecha, pero leves apuntes, nada más.

A Sebastián Castella han estado a punto de obsequiarle con las dos orejas del sexto, el único ejemplar que metió la cara y repitió las embestidas. Y me preguntarán por el motivo de esa petición de dos trofeos. Y no tengo respuesta, como no sea que el público estaba harto de una tarde plomiza, donde no había pasado nada y quiso recompensar a Castella por una faenita ramplona y de tiralíneas pero que conectó con el público fallero. Por lo demás no recuerdo un solo muletazo de entidad en la labor del francés. En su primero, un novillote impresentable, Castella se defendió del mal estilo de su oponente a base de trallazos y enganchones.

sábado, 22 de enero de 2011

Beneficencia S.L.





Tercera semana del año y ya tenemos completo y anunciado a bombo y platillo el cartel del que es, en teoría y por historia, el festejo más importante de la temporada: la corrida Extraordinaria de Beneficencia. Espectáculo cuyos mayores beneficiados ya son, cómo no, los tres matadores que se anuncian en ella: Juan Mora, Morante de la Puebla y El Juli. Los toros -afeitados y manipulados legalmente: fundas- serán de Victoriano del Rio, de los pocos dignos representantes del encaste bodeguero que hay en la actualidad. 

Hay que aclarar que viendo como está el panorama en el escalafón, sonaría a acertada la composición del cartel como uno de los platos fuertes de San Isidro. Juan Mora bien puesto está, por dos motivos: se lo ha ganado con el mejor toreo del año, y porque ha sido readoptado como último representante, una vez retirado Esplá y salvando las enormes distancias entre el toreo de ambos, de una añeja torería y una manera de entender el oficio, que es la que tanto demanda un gran sector de la afición venteña. Morante de la Puebla es, Tomás aparte, el que más pasiones desborda y más público arrastra hacia la demencia y el tendido. Y si el apoderao Curro Vázquez se "equivoca" y sale el toro con pizca de interés -nunca pasará de la pizca estando tan funesto consejero de por medio- es posible que veamos el mejor toreo que se puede hacer en nuestros días. Y El Juli, está bien que venga a dar la cara, como triunfador de la temporada, proclamado por la vanguardia elitista del taurinismo.


¿Dónde radica entonces el problema? Pues en que la corrida de Beneficencia debe de cerrarse con alguno de los triunfadores de San Isidro y alguna de las revelaciones de la temporada. (Casi) siempre ha servido como acicate para que vengan a jugarse la pelleja -toreando, naturalmente- en la isidrada. Habrá quien sostenga que ésta ha sido siempre cita para las figuras, afirmación que es auténtica. Como también es verdad que esas mismas figuras llegaron a serlo gracias a triunfos palpables, a puertas grandes del toreo y a tardes a cara de perro, afrontando la responsabilidad del puesto, acudiendo a todas las citas y sin caer en el tiquismiquismo a la hora de elegir compañeros bípedos y cuadrípedos. Tambien sería bueno adquirir el sano hábito, despojado del ámbito de la tauromaquia, de obrar con justicia: la balanza en la que se mide el reconocimiento del torero debe de estar compensada con los méritos contraidos en la arena. El que quiera Beneficencia tiene Fallas -por decir algo-, Abril y San Isidro para "comprarse" un hueco. Y si no salen compradores hay otras fórmulas: traer a estos mismos, hacer un mano a mano, traer a otros parecidos a los anteriores a sabiendas de que tampoco iba a cambiar demasiado el número taurino. Lo que sí sobra, es tiempo. La plaza de Madrid y la historia de la Beneficencia, cuya primera edición data del 1856, no tienen porque andar corriendo en enero detrás de los toreros, por muy figuras y muy amigos de los políticos que sean.


sábado, 2 de octubre de 2010

Naturalidad Mora

Puerta Grande con media docena de naturales. Iván de Andrés.



Madrid. Plaza de Toros de Las Ventas. Feria de Otoño. Tercera de ciclo. Tres cuartos de plaza. Toros de Torrealta, y un sobrero -tercero bis- de Martín Lorca para Juan Mora, Curro Díaz y Morenito de Aranda.



Por órdenes del rey Alfonso VIII de Castilla reza en el escudo de Plasencia el lema, que vino a darle nombre a la ciudad, ``Ut Placeat Deo et hominibus´´, que en el lenguaje de fulanos como Cervantes o Quevedo viene a significar `para que plazca a Dios y a los hombres´´. Nacido, crecido y venido de la tierra placentina, y con el fin de honrar la leyenda de su pueblo, hizo el paseillo Juan Mora, perdón, Don Juan Mora, uno de los últimos supervivientes de la gloriosa estirpe de la torería añeja. 


El bueno de Juan volvía una vez más a su casa, al único sitio tal vez en dónde su cátedra es valorada como lo que es: la maestría de un matador de toros bravos. Casi cincuentón, achaparrado, vestido en torero, corbatin negro sobriedad, traje con pinta de desgastado, aliviado de oro, sin petulantes bordados, las tela livianas, el estoque en la mano y la vergüenza por montera. Pura torería. Anhelo de tiempos que inequivocadamente fueron mejores.




Nos recetó, como buen doctor de la tauromaquia que es, dos faenas llenas de verdad, pureza y clasicismo.  Basadas ambas en la naturalidad, el toreo fluido como una cascada de arte capaz de emborrachar veinte mil almas y la inteligencia del que conoce todas las suertes, terrenos y rincones del toreo. Veinte pases, algunos majestuosos, otros bellamente imperfectos, naturales desmayados, con las plantas asentadas en la arena, con la derecha templado y parsimonioso, con esos pases de pecho verticales tan de la casa, un ramillete de remates digno de los mejores, y la manera cabal de salirse de la suerte al finalizar las series, despidiéndose del toro como la pareja de enamorados que se dicen adiós en la estación del ferrocarril. Todo ello coronado con dos grandes estocadas, fabricadas y asestadas nada más salir del último remate de la tanda, como antaño. Tres orejas, para muchos excesivas, pero que carecen de todo valor, tardes como esta no se pueden medir, contabilizar ni premiar numericamente. Estas faenas van directamente al recuerdo, al cajón de las cosas buenas de esta Fiesta que merecen la pena. 




A Curro Díaz lo hemos visto en dos versiones: la mala, la del mediopegapasismo, y la más seria, la de jugarse la pelleja con un bicho descastado cruzandose al pitón contrario, metiendose en la cuna, para sacar muletazos sueltos, pero limpios y bellos. Un cañonazo con la espada le valió para que le pidieran una oreja minoritariamente, que Muñoz Infante concedió. Tampoco es que me estorbe. La ejecución de la estocada por sí sola la valía.




El mejor toreo de la tarde lo ha realizado Moreno de Aranda, en el sexto, al natural, respetando todas las normas ortodoxas, cargando la suerte, toreando con profundidad y templanza, llevándolo siempre embebido en la franela. Le hubieran dado las dos orejas de matar bien, pero como lo hizo de bajonazo infame se tuvo que conformar con una. Lo que se convierte, indudablemente, en un error clamoroso del usía, que si es menester, debe incumplir las leyes, por mucha mayoría de moqueros que haya, para salvaguardar el caché de la exigencia de Madrid. Oreja tras bajonazo, no. Si usted ha toreado como los ángeles, dé dos vueltas al ruedo si es necesario, pero de tocar pelo ni hablar.






Los toros, Torrealtas de los que hemos hablado poco, resultaron colaboradores, anónimos en el caballo, descastados y noblones en lineas generales. No dieron problemas. Seis de esos mal llamados medios-toros que han tenido la suerte de ser clientes de tres toreros con muchas cosas que decir. Y bien que se las dijeron, cada uno con su lenguaje.





sábado, 9 de enero de 2010

Retornos



Las segundas partes, además de que nunca fueron buenas, suelen carecer de la grandeza, la vehemencia y la dignidad suficiente como para que el héroe vuelva a ocupar el lugar perdido en el edén de los aficionados. Por no hablar ya, de volver a ser escuchados por los ``rockefeller´´ capitalistas que planchan sus nalgas en las poltronas de algunos despachos.

Son muchos los que vuelven del otro lado, el de lo mundano, donde habitamos las personas de carne y hueso. Ése donde hay que pedir mesa para cenar en un restaurante (cuando se puede), donde hay que tirar de créditos e hipotecas para malvivir en un piso de 80 metros, donde si alguien te reconoce por la calle es para reclamarte alguna deuda, y donde las únicas rubias siliconadas que vemos están en Interviú en formato Din A-4. Y es que cuando te conviertes, o te han convertido, en un semidiós, un titán de leyenda griega, en un Rodrigo Díaz de Vivar, debe de ser un infierno y un serio problema volver a la simpleza del hombre, al salario del obrero y a la docilidad del subordinado.

Ortega Cano, Juan Mora, Jesulín de Ubrique, Victor Puerto o El Tato son los últimos en volver del viaje, casi todos llevan en el esportón un mismo objetivo: la recuperación de la boyantía de sus carteras. Sea al precio que sea. Así Ortega Cano se ha convertido en el hazmerreír del aficionado; la vida de Jesulín la comparten las revistas del corazón y el clan estomagante de los hermanos Romero y Ruiz Miguel; a Víctor Puerto lo escuchamos cada dos por tres, desde hace años, contar lo mismo sobre su hipotética vuelta en la radio de Molés cuando no hay nada más interesante que ofrecer al oyente; a Juan Mora las cornadas y un cambio de apoderamiento, maldito el día, lo dejaron aparcado para (casi) siempre y del Tato se puede decir que fue un torero más que digno que hizo todo lo contrario que José Tomás: anunciarse en La Maestranza, Las Ventas, el Bocho, Iruña, La Misericordia y allá donde se le requirió, encartelado con toreros artistas, lidiadores, jóvenes, veteranos, figuras, paquetes y demás elementos del escalafón. Con encastados clientes como Isaías y Tulio Vázquez, Victorino, Pablo Romero, Miura o Baltasar Ibán.


A continuación, y a modo de homenaje, cuelgo un vídeo de la faena de `` El Tato´´ con un Victorino, el 11 de Abril del 97, en la Feria de Abril de Sevilla. Espero que tenga mucha suerte y el suficiente decoro para dejar un buen sabor de boca a sus partidarios, entre los que me incluyo.