martes, 27 de marzo de 2012

San Isidro 2012: Es lo que hay



Ayer se hicieron oficiales -hablar de acto de presentación de una cosa tan impresentable es un trabalenguas semántico en el que se atrancaría hasta Antonio Ozores- los carteles de San Isidro y el par de feriuchas simbióticas que vampirizan el pescuezo del abonado. Comunidad una, Arte y Cultura la otra, cómo no, estando de por medio, como el jueves, Bernard Domb, alías Simón Casas, simón, piedra y apóstol sobre la que se edificará la iglesia del arte. Al francés, siempre en primera línea del meollo agtístico y cultugal, hay que ponerle un necesita mejorar en el boletín de calificaciones que entrega Abella, ya que se le ha escapado que en este doce, a la primera constitución española, promulgada en Cádiz, hay que ponerle doscientas velas en la tarta. Lo que hubiera fardado el gabacho con una Feria de la Pepa, que es lo único que falta en las Ventas para que el Siete cumpla los deseos del reconfirmado Paquirri Chico y reviente por los aires para gran gusto del personal.

Los revistosos, que no hay quién los entienda, tachan este San Isidro de ser la peor estercolada, la mejor, si se mira desde la poltrona agrícola de Arias Cañete, de la Historia, cuando llevamos la tira de años lidiando con una misma empresa que viene firmando parecidas ganaderías con similares combinaciones de toreros. El eslabón perdido entre isidradas anteriores y la que nos viene encima está en el July. ¡Acabásemos! El levantamiento de las hordas del agit prop taurino es motivado por la frustración de no verle con esos garcigrandes que caben en la muleta o con estos cuvillos que vienen picados y lidiados de fábrica, lo nunca visto en Madrid, oiga, y a treintitantos millones la tarde.

El resto de figuras, sin excepción, vendrán, como siempre, bien acomodadas, en carteles de total descofianza, con el respeto por el toro a niveles tercermundistas y no más codicia que la de sesgar despojos a diestro y siniestro, que es la ecuación simplista a la que ha quedado reducida la tauromaquia. En esas condiciones, la verdad, es preferible que no venga ninguna, pues no son maneras de pisar las Ventas y su larga historia, o lo que queda de ellas. 

Por lo demás, miramos con interés y cariño de aficionado las tardes en las que aparezcan Cuadri, Adolfo, Baltasar Ibán, FuenteYmbro, Carriquiri, Alcurrucén, Escolar o Victorino, guardianes del tesoro genético de la casta, que en estos tiempos de figuras de chichinabo y oro, portan en sus astas la perseguida bandera con la calavera pirata del torismo. Y lejos quedan los deseos de ver por aquí los garlopos de Miura, Dolores, Conde de la Maza, Moreno Silva, Pablo Romero, Barcial o Prieto de la Cal, que como dijo una tarde campera Eduardo Miura, para qué ir a Madrid habiendo pueblos.

Esto es lo que hay, guste más o menos, y ya se sabe que de donde no hay poco se puede sacar. Lo demás es echarle margaritas a los cerdos.