miércoles, 21 de julio de 2010

La naturalidad de Belmonte cuando torea al natural







Corrochano,

ABC, 29 Junio 1919



El pase natural es el más discutido de todos los pases. No por su mérito,que todos los espectadores estiman como el más importante, el pase matriz, el pase cumbre, sino acerca de cómo debe darse. Hay varias opiniones, según el modelo que se elija, porque cada torero le da una interpretación. Yo creo que hay que distinguir entre torear con la mano izquierda y torear al natural, pues la mayor parte de las veces que se torea con la mano izquierda no es al natural. Si yo tuviera que definir el pase natural no me perdería en descripciones, que serían confusas, conectaría con un ejemplo: Pase natural es el de Belmonte. No faltaría quien me contestase: `Pues yo he visto a Belmonte en cinco corridas, en diez corridas, en veintisiete corridas, y no le he visto dar un pase natural´. Y yo le replicaría: `Seguramente le ha ocurrido eso porque los da muy pocas veces: pero si usted no lo ha visto, no sabe lo que es dar un pase natural´.


En el centro de la plaza hay un toro del duque de Veragua. Su pelo es colorado; su nombre, Chimenero. Un toro bravo, un toro mu guapo, como diría Guillermo, el viejo vaquero del duque. El toro, fino y recortadito, se había arrancado bien a los caballos, y como era pegajoso, le habían castigado mucho. Como ves, amigo Guillermo, hablo del toro antes que del torero, para que no me preguntes en la primera ocasión; `¿Pero porqué no se habla más que del torero? ¿Y el toro? ¿Es que no tiene madre? ¿Es que no tiene amo?¿ ¿Es que no tiene vaquero que quie saber como se porta, porque pa eso pelea con él desde que nace?´´ Pues ese toro, con madre, con amo ilustre, y con un vaquero de noventa años, que llevó corridas al Chiclanero y al Tato, se encontró ayer en los medios de la plaza con Juan Belmonte. Yo no sé qué hubieran hecho el Chiclanero o El Tato; pero, te contaré, Guillermo, lo que hizo Belmonte. Después de un pase ayudado por alto, tres o cuatro pases naturales, unos cuántos con la derecha y, como adorno, un intercalado de molinetes y pase afarolado. Pero ¡cómo los dió, querido Guillermo! Los pases naturales no sé cómo explicártelos. Es una cosa tan sencilla, tan natural, que no encuentro término de comparación adecuado. Es tomar al toro, que está en la derecha del torero, y trasladarlo a la izquierda, sin violencia, con un suave movimiento de mano, como si no hiciese más que indicarle el lugar que desea que ocupe. Es un diálogo en el que se pregunta el torero y responde el toro. Pero no uno de esos diálogos tan frecuentes en que toro y torero hablan por el métido Ahn: `Que buena tarde hace´. `No tengo más que dos pesetas´. En este diálogo de Belmonte y Chimeneo había congruencia, mutuo acuerdo. Belmonte, con la naturalidad del que verdaderamente dialoga con el toro, decía al engendrar el pase: `¿Por qué no pasas a este lado?´; y el toro, pasando también con naturalidad, sin violencia, asentía, como si contestara: `Lo mismo me da, y puesto que lo deseas... No tengo preferencia por ningíun sitio´. En esto de la preferencia no fue franco Chimeneo. Tenía preferencia por las tablas, adonde se quería ir después del pase natural. Por esto, y por llegar algo agotadillo, la faena no fue ligada, continua, seguida; éste fue el único cabo suelto para que fuera una faena redonda, definitiva, caso que no perdono a Chimeneo, porque, como detalles aislados, momentos de arte insuperable, pueden contarse tantos como pases. ¡Qué naturalidad, qué expresión, qué fuerza, qué manera tan suave, tan sencilla, tan natural de llevar al toro en la muleta con un ligero movimiento de la mano!


Cuando le veo torear así a Belmonte -con menos frecuencia de la que yo deseara- me acuerdo de una frase suya que dice el concepto que tiene Belmonte del toreo.

Un día le preguntaron: `¿Cómo puede usted torear si no puede usted correr?´Y Belmonte contestó: `Es que yo creo que quien tiene que correr es el toro´.




Belmonte estoqueando un Pablo Romero. `Ahora sale el toro más grande de la historia´. `Antes sólo toreaban becerros´. Una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en verdad. La foto es de PG Macías.







Después de esta faena reposada, tranquila, como correspondía a un toro que no dió motivos de intranquilidad, se perfiló, entró a matar con estilo y dió una estocada, de la que rodó el toro. A esto es a lo que yo llamo un torero completo. Por esto digo yo que es un lugar común inaceptable eso de que Belmonte es un torero corto, que no hace bien más que unas cuantas cositas. No, Belmonte es un torero corto, cortísimo, microscópico en los toros difíciles, en los que no se arrima, como cada hijo de vecino. Pero en los toros que se confia, en los que torea a gusto, es completísimo, porque llega hasta el final: los torea y los mata. Y pone en el volapié tanto estilo como en el pase natural. Es decir, que en estos toros, tan elitista, tan personal y tan artista es en uno y otro momento; luego no se puede negar que es completo. Lo que es, es desigual, como lo fueron todos los de su temperamento, todos los que acusaron una personalidad. Pero ¿completo? Al toro que torea le mata. Después de esto, ¿queda algo por hacer? ¡Como no lo arrastre!

7 comentarios:

Enrique Martín dijo...

Antonio:
No se puede decir más en estos parrafos. Unas cuantas líneas que deberían leer más de siete. Dice que el que no ha visto un natural de Belmonte, no ha visto dar un natural, y le faltaría decir que, pese a todo, discute sobre la forma de dar un natural. Eso es lo que les pasa a muchos, que no han visto torear y hablan de los magníficos, que no torean, pero que hacen crear esa ilusión. Y lo peor es que a algunos se les pone el toreo delante y lo desprecian porque no lo hace su torero y porque no se parece en nada a lo que éste hace. ¿Cómo se va a parecer si no lo ha hecho en la vida?
Hace hincapié en la naturalidad, bendita virtud, lejos de esos retorcimientos, esos amaneramientos y esas posturitas fingidas delante del toro. Y curiosamente, cuenta los magníficos naturales de una faena, que resultó afeada por la condición del toro y no se vuelve loco obviando algo tan importante como es el toro, precisamente en las corridas de toros. Si fueran de burros o mulas, igual la cosa cambiaba, pero es que es de toros, mire usted.
De lo del volumen de los toros no voy a hablar, porque salta a la vista. Y te voy a revelar un secreto, yo suelo fijarme en fotos antiguas para aprender los movimientos y las proporciones y nunca me he encontrado cabritas cuando tomo de modelo a los maestros de siempre y si lo centramos en Joselito, Belmonte o el Gallo, entonces no cabe discusión posible.
Como podrás comprobar, tu entrada me parece que da mucho juego y además me parece fundamental el volver al pasado siempre que haya una desviación en la autenticidad del toro o del toreo. Es el único modelo que ahora no varía dependiendo de gustos o intereses.
Un saludo

Antonio Díaz dijo...

Enrique, un buen amigo, que pierde los papeles con Juli y Morante, me dice, todo serio, que las fotos de antes engañan, que lo que pasa es que se ve grande el toro porque los toreros entonces no tenían para comer y estaban más `esbirriaos´.


Yo lo que creo es que no se puede generalizar, antes había toros grandes y becerrotes. Las figuras en las grandes ferias daban la cara y en sitios de menor categoría se aliviaban. Ahora el alivio es constante. Como también es mentira lo del toro `mastodonte´. Han salido algunos mastodontes en Madrid, en Pamplona y supongo que en Bilbao alguno saldrá. Ahora bien, en la gran mayoría de plazas españolas sale un toro impresentable, enano y bobo. En Sevilla, Valencia y Zaragoza, también. Así que por que hayan visto alguna bueyada enorme en Madrid o Pamplona no me vengan con el cuento del tamaño...




PD: Si te dieran un euro por cada comentario que haces serías, por lo menos, Jeque. Te veo en todos lados...



Saludos

Enrique Martín dijo...

Antonio:
Tú tampoco te quites méritos, porque en muchos caso me veo detrás de ti, en cuanto a colocación, en lo otro siempre iré a la zaga, lo que ya es bastante orgullo para mí. Será porque no nos interesa nada esto de los toros.
Un saludo

Gómez de Lesaca dijo...

Francisco Alameda describe el toreo de Belmonte con un criterio que complementa muy bien lo que dice Corrochano.

Siempre le atribuían a Belmonte una superioridad con el capote que no se correspondía con la muleta, así como la brevedad de sus faenas.

Lo del uso de la fuerza del toro más que de las propias facultades físicas es de un tono casi oriental, de artes marciales (cosa sobre la que no entiendo nada, todo sea dicho).

Saludos

Gomez de Lesaca dijo...

Corrijo: es José Alameda no Francisco.

Antonio Díaz dijo...

Sr. Gómez de Lesaca, que alegría me da de verle a usted por aquí. Aprovecho para hacerle una consulta. No sé si se acuerda, en el blog de Paco Abad, por motivos del fallecimiento de Francisco de Cossío y Corral, se abrió un pequeño debate. En él usted aconsejaba un libro sobre la Guerra Civil, escrito desde un punto de vista humano -no partidista- de su tío Francisco de Corral. Tomé nota, pero no la encuentro por ningún lado. ¿Sería tan amable de decirme el nombre del libro? Estoy interesado en adquirirlo.




Muchas gracias, le mando un saludo

Gómez de Lesaca dijo...

Me refería a "Manolo". Fue escrito por Francisco de Cossío Martínez-Fortún, hermano del autor de Los Toros, en memoria de su hijo Manuel de Cossío Corral voluntario en el ejército nacional, muerto en el frente en Quijorna.

Es un libro muy bien escrito, profundamente doloroso, desgarrado incluso, y hay que leerlo teniendo muy en cuenta las circunstancias en las que se escribió. Recuerdo también, en concreto, la descripción del frente que es muy expresiva.

Recientemente se ha reeeditado. Sin embargo yo he leído una edición del 39. (En uniliber.com se pueden encontrar ejemplares de ésta por un precio muy razonable).

Yo también me alegro de poder saludarlo a usted.