miércoles, 28 de julio de 2010

Más vivos que nunca

Hoy me gustan los toros más que las personas.



Fumata blanca. Lo que ya se sabía, lo que era un secreto a voces, la bicha, se ha consumado. La Monumental de Barcelona dejará de dar corridas de toros, a partir de 2012.


De abolir la tauromaquia, nada de nada. Y mira que lo han intentado de todas las formas y medios posibles. Con valdanos argentinos; con filósofos con filosofías de chicha y nabo; el pelón del Dalai Lama, entre ensalada de bambú y petisuís de soja, ha enredado lo suyo; culturetas perroflautas como Alaska; políticas como Rahola, tan carismática ella, con cátedra en el Crónicas Marcianas, junto a Boris -y su pene-, Ramoncín, Yola Berrocal o la Bruja Lola; o la activista -que al parecer ahora es una profesión, como médico o maestro-, ex cantante de Amistades peligrosas, aquella que se hizo millonaria cantando esa letra tan lorquiana de hoy voy a ir al grano, te voy a meter mano... Menuda panda.


Tengo 28 años, nací en democracia, en una familia en la que los rescoldos de la guerra aún abrasan. Con gente de mi misma sangre enterrada en alguna cuneta, en algún punto entre los límites de Almería y Granada. Son muchas las veces que me han contado las miserias de la vieja España, que para mí más que vieja, era lejana. Tan lejana como Júpiter. Oía esas historias de vecinos amargándose -y quitándose- la vida entre ellos, pepitos que disfrutaban con la desgracia de los juanillos, comités del pueblo -alcalde, cura, médico- organizando Fiestas Patronales en dónde días antes la bala y el cuchillo habían ajusticiado a los que pensaban diferente a ellos. Y yo, que apenas atendía, siempre lo escuchaba como el que oye llover.


Esta mañana por fin he entendido algo. La vieja España no estaba en Júpiter, estaba ahí y no la hemos querido ver. La España de los ganadores y los perdedores. En ese momento, justo después de conocerse el resultado oficial, toda la mezquindad, todo el veneno de la casta humana ha tomado por suyo el hemiciclo. Personas, vecinos, amigos, familiares, representantes, paisanos, conocidos, camaradas, compañeros, colegas, todos nuestros, dando brincos de alegría, mofándose y riéndose del vecino, pavoneándose del sufrimiento ajeno. Reales y duras las imagenes de esos animalistas botando como energúmenos mientras sentados a su lado hay personas llorando desconsoladamente. Los mismos que nos culpan de no tener compasión por el Toro no han tenido por bueno hacer gala de ese sentimiento para con el prójimo. Cómo si el prójimo les importara. El problema quizás subyace en que sus prójimos son los burros, los periquitos, los marranos o el camarón de agua salada. Son animalistas porque piensan y sienten como bestias, y de ahí su comportamiento. Tirando al asno.


Hace un rato he vuelto a hablar con mi amigo Tolo, que sin ser catalán ha luchado -desde su modesta posición de aficionado- con todas sus fuerzas porque la Monumental no se muera. A porta gaiola se ha ido, al Parlament, a ver a los puntilleros pasar en sus Mercedes con chófer, lujo que curiosamente antes sólo se podían permitir los toreros.
Se salieron con la suya -me dice casi gimoteando-. Un tio criado en Almería, a caballo entre el desierto de Tabernas y el mármol de Macael. Un tipo duro y apretado como la risca al que esta mañana lo he imaginado llorando por segunda vez en su vida. La primera fue cuando le tocó darle sepultura a un hermano. Sus sueños de torero, ese torerillo que saltaba con la luna las vallas de las dehesas creyendo que al otro lado estaba el paraíso y que por la noche las vacas no podían dar cornadas -pobre, que se le creyó-, hace años que se desvanecieron. Y no se le ocurrió otra cosa que dejar su casa, su familia, su tierra, para largarse, como muchos andaluces, a Catalunya, en busca de un trabajo, de una nueva vida. Hoy hay muchos tolos, hay gente padeciendo, sufriendo, sintiéndose extraña en su propia casa, preguntándose que es lo que ha hecho mal para que los vecinos con los que comparte tantas cosas de pronto lo señalen como maldito. Me vuelvo pa'llá, ¡que cojones me van a decir a mí lo que tengo que hacer o como tengo que vivir! -fin de su historia en Barcelona- Mi casa la tiene abierta.



Tanto empeño, tanto derramamiento de dinero, energías y gilipollez, para adelantar la muerte, dejando víctimas millonarias, de una plaza que llevaba condenada desde hace tiempo. Mi enhorabuena a todos ellos, por demostrarle al pueblo que no es necesario el graduado escolar, la decencia o el esfuerzo para tener un minuto de gloria en esta vida. Constituyen todo un ejemplo de superación personal, como el loro que dice
hola después de un año de adiestramiento o el mono que aprende a distinguir un platano de Canarias -el de las motitas- de una banana. Saben perfectamente que en Catalunya a los toros le quedaban dos o tres años, o hasta que se retire José Tomás, ¿Por qué tanto empeño en provocar dolor? ¿Por qué esas prisas por enterrar todo? El afán de notoriedad y la erótica del poder son las respuestas. Se ven ganadores, se creen revolucionarios a los que los libros dentro de tres siglos los van a cubrir de gloria. Si tanto saben de ecología deberían de saber que su destino está con el mío, con los gusanos, la podredumbre y la peste. Y si existiera Dios, a mí me da igual dónde me mande, pero que a estos los encierre -nunca mejor dicho- en el paraíso de los toros, con Bastonito, Bravío, Diano, Islero o Pocapena, que ya sabrían lo que hacer con ellos.


En Catalunya seguirá habiendo toros, en el nord, en Cèret. Capital mundial de la suerte de varas. Catalunya auténtica, la que recibe con los brazos abiertos, sin mirar el acento ni la partida de nacimiento del visitante. Gentes de Graná -Granada, en los mapas- los montes de Toledo, la baja Andalucía, las dos castillas o el norte, se reúnen bajo una misma bandera, sin colores ni franjas: la del Toro. Cuando estamos en Cèret el habla catalana suena diferente, a lengua de hombres. La naturaleza es sabia; el cuerpo humano una maquina perfecta -menos en algunos casos, como el mío-, y no pueden permitir que suenen igual las cuerdas vocales de un sujeto que habla y vive en total libertad, cómo y dónde quiere, que las de un fulano al que le imponen una lengua, a través de leyes y estatutos, desde que se destetó, viviendo siempre bajo el yugo de unos cuantos rabinos integristas que no son multitud. Cèret es nuestro Perpignan y así va a seguir siendo. Ahora les toca dar un paso a las figuras, aquellas que decían a Zabala o a Molés que siempre defenderían las corridas en Catalunya -defenderlas de ellos mismos, que irónico-. El año que viene, y el otro, y el siguiente, los de la barretina, el de la encerrona, los del duende y el puro, todos para allá, para Cèret, con la Fiesta, el Pueblo y el Toro. Es hora de que algunos demuestren de verdad de que material están hechos.



Pero hay mas: el planeta de los toros, y los satélites que lo rondan: la emoción, el peligro real de muerte, las cantidades ingentes de adrelina recorriendo esos cuerpos serranos -las hormonas no entienden si la serranía es de Ronda o del Penedés-, la admiración y veneración -real- del pueblo por el toro van a seguir girando por las Tierras del Ebro. El Correbous sigue -y seguirá- en órbita.



Como creen saberlo todo -hasta lo que prohiben-, piensan los pobres que acaban con la tauromaquia desposeyendo a José Tomás de su plaza talismán; al Juli de una plaza de primera categoría en la que seguir sumando o multiplicando números; o dejando con la miel en los labios a cinco mil personas, viudas de Morante. El arte de torear es algo mucho más profundo y serio que todo esto. Para empezar, es algo imborrable. Pueden derribar plazas, gasear ganaderías, castigar al aficionado, sobornar a taurinos, pero nunca, nunca, podrán borrar las huellas que ha ido dejando a su paso. Huellas en el lenguaje, en las costumbres, en la cultura, en el carácter, y sobre todo, en el corazón y en la mente de millones de personas. Digo personas y no aficionados, porque abolicionistas al margen, todo el mundo, alguna vez en su vida se ha emocionado, se ha visto ensimismado por la obra de un torero.


Si por prohibir es, nos pueden prohibir el acceso a una calle, las vuvuzelas, el burka, a fumar habanos, a circular como aviones, lo que quieran, que para algo son los ejecutores de esta democracia vestida de buenas intenciones, debajo de cuyas ropas se cobija una dictadura, la de las mayorías. Sin embargo hay dos cosas, que vienen a ser la misma, que se les escapan de las cadenas que intentan ponernos: enamorar y torear. Decía Curro -un próscrito a partir de ahora, casi un terrorista- que torear es acariciar; verbo que a su vez aclara lo que es tratar a alguien con amor y ternura. ¿Hay pues, alguna manera más loable y respetuosa de tratar a un Toro que toreándolo con finas maneras, mostrándole todo el querer que sólo pueden y saben darle unas personas que se visten de luces y se les conocen como toreros?


No lo creo. Si yo fuera toro, montaría una ILP en la dehesa -con la amenaza de cerrar el grifo de las embestidas- para obligar a que vuelvan Curro, Antoñete y Paula y nos traten como dios manda.





17 comentarios:

Anónimo dijo...

Oiga usté, enorme. Me he venido arriba y eso que estamos con las banderillas negras.

Con la de majaderos que hay escribiendo en los periódicos y usté en un blog. Se lo digo con respeto, esto se le está quedando pequeño.


Nanclares

rafa blanca dijo...

Escribe usted de perlas.

lesaqueño dijo...

Tienes mas razon que un santo. Todo muy atinado. Gracias.
Lo de la capital mundial del peto, me ha llegado al alma. A lo mejor tiene de bueno que se van a hacer muchos aficionados nuevos al peto.
¡Que bien , no?
Un saludo

Luis Domínguez Barco dijo...

Qué bonito don Antonio. Enhorabuena.

Javier García Nieto dijo...

Reconozco que, aunque era lo esperado, estoy hundido. Ahora no hay que perder de vista a cada uno de los parlamentarios que ha votado a favor de la ILP; a partir de ahora no podrán cometer ni un renuncio en relación a sus conciencias animalistas; ni comer caracoles tranquilos tendrían que poder a partir de ahora; sí, de esos calcots que tanto gusta en Cataluña hacer a la plancha pero sin sufrimiento eh!, porque ya se sabe que el caracol es un ser inferior y su sufrimiento está en relación con su inferioridad natural. Hipócritas.
En fin, que esto pinta mal y me parece que la mancha de aceite se irá extendiendo poco a poco para que seamos dolientes testigos del final del Arte más bello que nunca ha existido. De momento seguiré asistiendo a los toros siempre que pueda. Una abrazo para todos los aficionados españoles.

Antonio Díaz dijo...

Nanclares, ¿el gran César? Muchas gracias.



Rafa, lo mismo le digo, a ver cuándo lo podemos ver en lo suyo por Granada.


Lesaqueño, Cèret es y será un pulmón donde coger aire, pero no un corazón que le vuelva a dar vida al muerto.


Luis, gracias a usted también. La Monumental, y Gerona también, por lo menos han podido disfrutar del toreo de Diego. No pierdo la fé en que dentro de unos años vuelva a hacer el paseíllo.


Javier, yo lo llevaba `normal´ hasta que he visto las imágenes esas en las que los antitaurinos se abrazaban y festejaban mientras a su lado otros lloraban desconsolados. Me ha removido las tripas. ¿Pero que clase de personas pueden portarse así ante el sufrimiento de unos que no dejan de ser sus vecinos? Algo hemos hecho mal en esta sociedad, algo no carbura.


Lo de los caracoles no lo tome usted a broma, que existe una organización ecólogica que protesta porque los caracoles que usan para hacer los ungüentos mágicos con baba de caracol que salen en la tele dicen que están sobreexplotados. Esto es verídico. Le dejo un enlace, para que se ría o llore un rato -eso a su gusto- sobre la crueldad animal con los caracoles.

http://experimentosconanimales.blogspot.com/2007/09/activistas-en-accin-venezuela.html


No se me desanime que esto no se va a acabar así como así. Me he referido a ello en más de una ocasión, hoy se abre una etapa. Tengo fé en que muchas cosas van a cambiar, algunas ya se están moviendo y son interesantes. Como por ejemplo que el debate haya llegado al Parlamento Español, ahora van a tener que mojarse el culo delante de toda España, y ahí es dónde quiero yo verlos. Han ganado la votación definitiva, pero no les va a ser tan fácil destruir tanto de un día para otro. Esperemos noticias.



Saludos y gracias a todos.

Enrique Martín dijo...

Antonio:
Hoy tengo que confesar que me quedé un poco bajo al conocer el "veredicto" del Parlament, y con pocas ganas de nada. Vi tu entrada, pero he preferido darme tiempo y leerla con sosiego y sin ese mal momento. Con tu comentario en mi blog, que te agradezco en el alma, has conseguido que me riera a carcajadas, aunque me has dejado preocupado con mis más bajos instintos, y con este artículo ya me has puesto en disposición de pelear en varas y empujar hasta sacar a sus señorías por encima de las tablas. Hoy además ha sido el día en que muchos se han desnudado ante todos lso blogueros y nos han abierto el alma para que miremos dentro y veamos sus sentimientos. Felicidades.
Enrique

Anónimo dijo...

Consumado el atentado, y doliéndome por mí y por tanta gente, cabe decir que ha faltado; talla intelectual, argumentación locuaz, eficiente, oratoria de alta cota, filosofía elevada incluso. Hablo de los defensores de la fiesta, los animalistas lo tienen fácil, su postura se identifica rápidamente en estos tiempos del chominismo progre de Aída, y el populismo patológico de la Estebán. Esto lo dice un votante de la izquierda más a la izquierda. En definitiva creo que unos por miedo a pisar terrenos vetados para algunas ideologías políticas y otros porque sencillamente no alumbran mayores argumentos, la fiesta se ha desangrado en un parlamento que apestaba a burla, a separatismo, a indolencia cultural, a política revanchista, a abuso democrático, a actitudes pusilánimes y a un sin fin de bulgaridades.
El entendimiento de la fiesta pasa por la incubación, alumbramiento y crianza de una "sensibilidad", fecundada inicialmente por la plástica y más tarde por el conocimiento más o menos profundo, en el útero que va del corazón a la cabeza. Y creo que esto no se ha sabido defender por los responsables.
Toca duelo y a mirar para el frente.

MARIN dijo...

Bueno Antonio, no me queda mas que quitarme el sombrero con la entrada. La verdad es que a mi me ha pasado algo parecido a lo tuyo, que ya me lo esperaba y no me ha cogido muy de susto. En fin, a el resto de España solo nos queda seguir disfrutando... por cierto, este domingo en mi casa, en Huelva, Morante, el Juli y Perera...
Queria pedirte permiso para poner algo de tu entrada en mi blog. Espero que no te moleste y tambien espero tu respuesta.
Gracias.

Antonio Díaz dijo...

Anónimo, estamos de acuerdo en que en el debate ha faltado talla intelectual. Y que ese debate debería haberse dado en varios medios de distintas lineas políticas, en prensa, radio, televisión, a distintas horas, en días diferentes... ya que hay que prohibir algo que la gente sepa el qué y el porqué. Pero los medios no están por la labor de servir de altavoces a los taurinos. Afortunadamente no tengo señal de televisión normal en casa -sólo el Digital Plus- y no estoy muy puesto en los contenidos de las televisiones en abierto, pero lo poco que he podido ver han sido al Conde Lecquio defendiendo los toros junto AnaRosa en Telecinco; un 59 segundos dónde se comieron a Dragó y poco más. En la radio sí que he podido escuchar algo más, pero con una maledicencia infinita. Por parte de los antitaurinos entraban en antena filósofos, escritores, gente culta; por parte de los taurinos casi que cualquiera, con lo cual la desventaja era absoluta. En uno de estos programas que le digo, de estos de horas intempestivas, a defender los toros pusieron a un señor al que presentaron como aficionado a los toros y a las peleas de perros -menuda carta de presentación-. Sólo hablaba de lo malo que era prohibir y de lo que había sufrido él y su bolsillo, pues tenían que ir a ver -y apostar- peleas de perros en Las Azores, en alta mar en barcos ilegales que utilizaban para tal fin. Como es normal, la imagen del aficionado para el oyente quedó más que tocada.


Es muy difícil llegar al gran público y explicar esa sensibilidad sin darle la posibilidad de probarlo. Los toros, en la tele de pago -y no son baratos los tv abonos-, y las plazas están casi vetadas para el que pasa algún apuro económico. Este espectáculo elitista tiene que bajarse del burro. Por lo menos hasta que conozca tiempos mejores, porque si no, se corre el riesgo que se nos muera antes el burro.




Marín, lo del sombrero veo que va en serio, menudo sombrerazo te has comprao. Lo cual no me extraña, con la que está cayendo. Coge del blog lo que quieras, faltaría más, no tienes que pedir permiso. A partir de hoy, amigo, a los Toros con la cabeza más alta que nunca, somos unos privilegiados por tener la capacidad de apreciar muchas cosas que otros por el retorcimiento de sus ideas no pueden. Eso sí, de nada vale que se la liemos a los políticos y a la mare que los parió a todos si después en la plaza nos volvemos tan antitaurinos como ellos. Así, que exige, protesta y si la cosa merece la pena, disfruta como un enano.



Saludos

chapu dijo...

Gran texto.

Txopo dijo...

Enhorabuena por la entrada.
Magnífica.

Enrique Martín dijo...

Antonio:
Ya he comprobado mis problemas con algunos comentarios que se han perdido, como es el caso de tu blog: Después del día de ayer, que reconozco que empezó con un buen sopapo en plena jeta, se fue arreglando, en parte gracias al comentario que me dejaste en el tor de la jota y que me hizo reír a carcajadas. Aunque como me vea en el baño con una revista taurina, no sé que pensaré de mi mismo.

Todo estaba ya más que cantado y me sorprende la reacción que está provocando todo esto. Creo que esto se puede volver contra los antitaurinos, pero no sé si esta corriente de opinión se traducirá en algún movimiento en favor de la fiesta, ni si perdurará en el tiempo. Yo es que les creo tan torpes, tan ineptos y tan interesados, que hacen que mis esperanzas se diluyan. Ahora hay que oír a Molés; Simón Casa y Lozano como si ellos fueran la panacea de todo, como si fueran los más listos de su barrio. Ahora todos están de nuestro lado, defendiendo la integridad del toro y de la fiesta, como si los malos fueran otros. Y eso también me preocupa porque nosotros les tenemos muy bien identificados, pero otros no y lo mismo la mejora es seguir ahondando en la corrupción. De tu entrada no tengo nada que decir, la estropearía. Pero me sorprende cuanta gente habéis abierto vuestra alma para dejarnos mirar dentro y darnos cuenta del daño que nos han hecho.
Un saludo y perdona por el retraso.
Enrique

pedrito dijo...

Enhorabuena por tu entrada, Antonio.
Saludos a TODOS los aficionados, españoles y franceses, porqué TODOS llevamos luto.
Pedrito franchute

Antonio Díaz dijo...

Enrique, sólo sé una cosa, hoy yo puedo ir con la cabeza bien alta por la calle, tengo la conciencia limpia. Otros, que ayer daban botes de alegría, quizás no la tengan tan limpia. Eso no tiene precio.



Gracias a todos

Juan José dijo...

A Javier García Nieto:

Caracol: Nombre común de los moluscos gasterópodos terrestres, marinos o de aguas dulces, de concha en espiral. Algunas especies son comestibles.

Calçot: voz del idioma catalán con la que se denomina a un cultivo de la Allium cepa o cebolla, la Blanca Tardana de Lérida, que se produce en áreas cercanas a la costa de Cataluña sobre todo en las comarcas de Alt Camp, Baix Camp, Tarragonés y Bajo Panadés.

Calcot: No existe esta palabra.


Resumiendo, un caracol es un animal, un calçot es una planta y un calcot no es nada.

observador subjetivo dijo...

Os invito a leer este post sobre el tema, que publiqué hace unos días en mi blog:

http://observadorsubjetivo.blogspot.com/2010/08/prohibido-no-prohibir.html