Mostrando entradas con la etiqueta Ventorrillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ventorrillo. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de abril de 2012

Un pisito en el Arenal





Toros del Ventorrillo, impresentables, descastados, inválidos, de nulo juego. Devueltos cuarto y sexto, siendo sustituidos por un sobrero de la misma casa -de similar comportamiento- y otro de Montealto, manso y ramplón. Diego Urdiales: estocada contraria y descabello (silencio). Pinchazo y estocada casi entera (silencio). Iván Fandiño: Estocada entera soltando la muleta (silencio). Estocada casi entera, volviendo a perder la muleta (Ovación que saluda en el tercio, tras aviso). Saul Jiménez Fortes: Pinchazo y media largartijera, arrojando la muleta (aviso y silencio). Estocada a ley, volviendo a perder la franela y dos descabellos (ovación desde el tercio).

Andaba el ganadero de Cuvillo poco "confiante", que diría Mourinho, con el estado del albero maestrante, quien sabe si poniendo la tirita antes que la herida, marcándose unos comentarios en los que afirmaba, sobre uno de los mostrencos del Ventorrillo, que "este toro con otro piso..." Ahí, terminadas en unos ladinos puntos suspensivos, que pueden llevar al neófito a pensar que se estaba viendo al toro Diano caminar sobre brasas encendidas, dejó las palabras caer, que lo hacían, -óoole ahí el arte- al a limón con los toretes toledanos, mientras el aficionado hacía cábalas para descifrar si se refería al primero, del género borreguil; al segundo, que no se desplazaba porque tenía las pezuñas aguileñas; del mulo tercero; sobre el cuarto y cuarto bis, pensionistas para la lidia o del quinto y sexto, éste derrengado sobre el albero tres veces antes de ser parado de capa, y seis antes de ser devuelto a corrales con un solo refilonazo en el lomo.

De la corrida la única conclusión que se puede extraer es lo que le gusta al taurineo en general el sector de la construcción. Tanto, que sorprende que los gobiernos mundiales hayan descartado tan pronto que el pinchazo de la burbuja inmobiliaria se deba al cuadro de taurinos que juegan a ser brookers con sombrero de ala ancha en Wall Street. Cuando el taurinismo no anda buscando por las tapias, como hombres del saco con rólex morunos y cohíbas de boda, niños toreros para sacarles la manteca, está con la cantinela del cortijo cada vez que un torillo embiste veinte veces sin descalabrarse y si no desmontando una ganadería como ésta, buena en otros tiempos, comprada por un ladrillero que hizo fortuna y que, ironías del destino, ahora ve como se derrumba en público en el piso de unos maestrantes, que son como esos inquilinos rumanos que no se van nunca de casa.

Al que no le estorbó el piso para torear con categoría, y bien que sentimos que a duras penas la torería le vaya a llegar para pagar cuatro letras de un merecido cortijo, dada la condición de vilipendiosa de su oficio -es desconocido cuantos años más va a seguir colocado en la clasificación de profesiones cotizables- es a Plácido Sandoval, alías Tito, que es la prolongación sobre las cuatro patas de la parte devota del tendido. El arre a caballo de Tito es el espontáneo azuzamiento del aficionado que, sentado en el cemento pega un pecherazo al espectador que tiene debajo, como si arrease un percherón sobre el que cita dando los pechos; las manos de Tito, manejando como maestro orfebre las riendas y el bocao, son las extensiones del sistema nervioso de este aficionado, que celebra como el gol de Señor a Malta la manera de tirar el palo, de echarlo por delante, con el temple y son que tiene Tito. Entre vítores y ovaciones se fue, otra vez, Tito Sandoval tras torear a caballo al tercero de la tarde que, aunque medio se empleó, después cantó la gallina. 

Urdiales y Fandiño pasaron desapercibidos, cumpliendo con la obligación que los trajo aquí -deshacerse de una corrida de toros de Sevilla- y poco más. Acostumbrado el público a verlos con otro tipo de ganado, menos sevillano pero más presentable, el estar dignos y con oficio ante estos bichos concebidos para las comodidades de las figuras, se antoja poco. Jiménez Fortes demostró en unas chicuelinas de almíbar no tener parangón capotero -Morante al margen-, arreó, se arrimó y dejó trazos de buen toreo en cuanto pudo, que hubo de ser en el sexto, bis, de Montealto y que será por ser sobrero corraleado desde los primeros días de feria, no acusó tanto la mudanza al nuevo piso.

Las casi tres horas de bochornoso espectáculo también nos permitieron ver al jovencísimo malagueño descalzándose para pegar chicuelinas, que ahora es moda, una señal de hombría para el tendido y de desafío para el toro, que también hacen las abuelas por las noches antes de meterse en el catre sin que nadie les jalee un bieeen por ello -¡hay que ver esos hijos y esos esposos mohínos que parecen del Siete!-. Vulgar detalle que se suma a las cuatro ocasiones en que los matadores perdieron la muleta entrando a matar. Cualquier día, por el camino del volapié, pierden hasta la espada. En la Maestranza no se puede andar de cualquier manera, por mal que esté el piso.






martes, 31 de mayo de 2011

Vulgarismos




Después de la novillada de ayer lunes me van a tener que reexplicar aquello que es vulgar y eso que es elegante. Resulta que a Victor Barrio, que es un novillero que parece un novillero -que en estos tiempos es todo un logro-, lo llaman vulgar. Por irse a portagaiola a dar trapazos, o quedarse más quieto que la una recibiendo al toro en los medios de aquella manera. Por no perdonar un quite, por desastrado que pueda salir. También por insistir más de la cuenta, por buscarle faena al manso, al inválido o al que sea, en definitiva, por querer ser alguién en esto, mostrando virtudes y defectos propios de la edad. Mientras el de las "buenas maneras" es aquel que torea como si tuviera encima cuarenta años de alternativa y las llaves de tres cortijos, que se conoce todas las trampas del toreo moderno de pé a pá y que no se sonroja al llevarlas a cabo en la Ventas con un novillo de triunfo gordo.

El mundo al revés. Me quedo con la vulgaridad de lo auténtico antes que con lo pomposo de la mentira.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Tala

Javier Arroyo. Aplausos


La faena de Alejandro Talavante me sigue resultando indescriptible a estas horas. Suele pasar cuando la inspiración es la fuente principal de la obra. Cuando no hay corsés, estereotipos ni modelos con los que medirla y compararla. En teoría lo dicho debería de estar reñido con la ortodoxia y las normas clásicas, pero en la práctica no tiene porque ser así. Afortunadamente siempre han existido toreros heterodoxos, anarquistas con las telas, que han sabido interpretar el toreo en pureza. Miguelín, Chamaco o Paco Ojeda estarían en esa cuerda, cada uno con su estilo y sus formas, pero (casi) siempre con verdad y sentimiento. El Talavante de ahora, también, como aquel que de novillero hizo de las Ventas el manicomio con más locos encamisados del mundo. Y es una pena, porque da la sensación de que se ha llevado tres años intentando ser otro, deshacerse de su "yo", el que lo puso en figura cuando aún tenía acné, para transformarse en un torero serio y profesional, como cualquiera de los que poblan el escalafón. La auto-traición le ha costado una dura bajada a los infiernos y la pérdida total del crédito que ganó a ley. Esperemos por el bien de todos, que esta Puerta Grande le convenza: Alejandro Talavante es un buen torero cuando es fiel a sí mismo.

Y esto sucedió en el tercero de la tarde de los Ventorrillos, que a pesar de echar un toro bueno y otro casi bueno, no han valido para mucho, por descastados y muy metidos en el papel del medio toro que tantos triunfos dan en otras plazas. Cervato el desorejado fue un buen toro moderno, de los que pasa sin pena ni gloria por capa, caballo y arpones, pero que se viene arriba con la muleta. Toro de triunfo, que no es sinónimo forzosamente de excepcional toro. Al que Talavante cuajó de principio a fin, con esa mezcolanza de suertes que si sale bien como ayer, llamaremos inspiración, y que si sale mal, como casi siempre, pondremos como pegapasismo. Cambios de mano, trincherillas, circulares enganchados con el de pecho, manoletinas o pases cambiados, fueron intercalándose entre los momentos cumbre de la faena. El toreo al natural. Cuatro tandas de naturales ligados, largos y muy templados, sin quitarle al bicho entre pase y pase la pañosa del hocico, todos muy exquisitos, pero también hay que decirlo: un poco fingidos, por la colocación de la pierna de carga, casi siempre escondida, y por el amaneramiento un poco antinatural que adquiere su figura cuando quiere alargar en exceso el viaje del toro. Bien es cierto que a pesar de la tara en la colocación, se lo pasó más cerca que de costumbre, rematando detrás de la cintura y quedando en buena disposición para ligar con un simple giro de talones. Con todo esto, serán de los mejores naturales de la feria, una vez el Cid ha dimitido. Un espadazo le ha valido para cortar dos orejas, excesivas a todas luces -nada en los dos primeros tercios, faena muleteril con mucho altibajo, enganchones y una pérdida de muleta, hacen que ni se aproxime a la cuasi perfección que debe valer una Puerta Grande- y que demuestran que Madrid ha perdido la brújula. Demostrado queda tras aplaudir y pedir la vuelta a un toro que sólo recibió un puyazo y que fue cambiado antirreglamentariamente, pues en la primera entrada al caballo no llegaron a romperle la piel. Tala-vante rinde la tala-nquera.

martes, 3 de mayo de 2011

Oficio

Nacho García



























Sevilla. Plaza de toros de la Maestranza. Feria de Abril. Octava. Tres cuartos largos. Toros del Ventorrillo para el Juli, Perera y Daniel Luque.


No merece la pena comentar mucho sobre la tarde de ayer. Los toros del Ventorrillo han pegado el petardo absoluto. Un cero a la izquierda de la bravura. Algunos además, sospechosos de pitones, astillados con bastante facilidad. Creo que ese toro es, en cuanto a morfología, el prototipo de bicho comercial moderno, aquel con hechuras amorfas, que han sacado del tipo del que procede genéticamente para hacerlo más grande y meterle más cara, con lo cuál tenemos un toro que es verlo salir por toriles y no decirnos nada. Uno de esos maniquís para plazas de primera que han colonizado durante los años del ladrillo los escaparates de las dehesas. No pasará a la historia y sería de esperar que el año que viene no estuviesen anunciados en el abono sevillano.


Con esto hay que decir que no estaba la tarde para ponerse el turquesa y oro de Manzanares. Pretender darle pases bellos, de mano baja, largos o ligados a estos bueyes era naufragar en un mar de descaste y desesperación. Estar en artista, que es el único sinónimo actual para la palabra torero, era objetivo lógicamente inviable. Pues nada, estos héroes, puestos a hacer heroicidades de boniato, que son las suyas, se han puesto a darles mantazos, pamelazos, leñazos, trapazos, navajazos, monterazos, calambrazos y cuaquier actividad bien remunerada y acabada en -azo que se pueda hacer con la mano izquierda en la cintura y en la derecha una tela montada en una espada de souvenirs de las que se compran en la gasolinera que hay a la entrada de Albacete. En el transcurso del cualquier -azo, es muy importante no olvidar colocar el mentón clavado en el pecho -que cause destrozos importantes en clavícula y cuello a la vez-, morros de labrador de secano en agosto, medias rosas y un encaje de oro con tonos espuma de mar o azules eléctricos. -azo, que es la conjugación torera que se suele aplicar cuando aparece en el enunciado de la tarde el adjetivo descaste. La otra es la -ina, más conjugada con el adjetivo más generalizado: aborregamiento. En tardes así, las -inas suelen brillar por su propia ausencia.

Se ha echado en falta oficio, saber analizar fríamente, con corazón caliente, los terrenos y faenas demandadas por cada toro. Administrar los tiempos, ser breves cuando hay que serlo, que hoy ha debido ser siempre, machetear, meterse en la tabla del cuello, tocar las costillas y sobre todo, y ante la imposibilidad de hacer nada lucido, matar por arriba, conforme los cánones, demostrando que la alternativa recibida como matador de toros no fue regalo, casualidad o mero formalismo.

La muerte de estos seis ventorrillos nada tiene que ver con la solemnidad que le cantó el Búfalo a Júncal. Y eso tienen que hacerselo mirar. De nada vale que hablemos de tradiciones y liturgias en pleno siglo XXI si luego nos comportamos como charcueteros del Mercadona.

lunes, 2 de mayo de 2011

El cartel de esta tarde















Después del histórico triunfo de Manzanares, este lunes de farolillos ha quedado casi como lunes de resaca. Los toros del Ventorrillo, encaste Domecq, suelen ser propiciatorios para el triunfo. Nobleza, fuerzas escasas, suavidad en las embestidas y pocas complicaciones es lo que suelen llevar dentro.


Como el volcán de Pompeya cuando se despatarró. Así debe de estar el Juli tras lo del sábado. Y hay interés por verlo. Y por ver la reacción de la plaza, tras las últimas polémicas, que han llevado a poner en entredicho la verdadera categoría de Sevilla en cuánto a exigencia. ¿Estará el aficionado igual de receptivo o se mostrará más duro? Si la respuesta es la primera, con que el lote del torero de Velilla vaya y venga sobrará para que podamos tener otra Puerta del Principe. Y otro lío.


Miguel Ángel Perera, que conserva un buen cartel en la ciudad del Guadalquivir, ya triunfó con este mismo ganado hace tres años. Entonces era el torero poderoso, mandón, de mano baja, que en casos aislados recurría al arrimón. Ahora su concepto es el contrario, mucho arrimón y demasiado ahogo a las embestidas del toro que suele propiciar que no veamos las condiciones del torero ni del toro. Veremos.


Y cierra Luque, que debe de ser uno de los toreros, en plazas de primera, con más oportunidades con menos merecimientos, tras Cayetano. Toreo vistoso de capa, competidor en quites, y con una capacidad infinita con la muleta para dar pases y pases sin decir nada. Su manera de ser tampoco le ayuda a ser respetado.

viernes, 27 de agosto de 2010

Aquellos barros trajeron estos lodos

Obligado de pecho de El Juli. Maurice Berho



Obligado de Manzanares. Si estos son los obligados, como serán los voluntarios... Maurice Berho




Plaza de Toros de Vistalegre. Bilbao. Corridas Generales. Sexta del ciclo. Lleno. Toros del Ventorrillo para Enrique Ponce, El Juli y José María Manzanares.



Hace ya algunos años Espartaco, Ojeda y El Capea llenaron plazas como los Rolling Stones, crearon tendencias estrambóticas y cimentaron las bases arenosas del toreo vanguardista. Aquellos barros trajeron estos lodos. Enfangados de mediocridad y nulidad, Ponce, El Juli y Manzanares han vuelto a demostrar que pueden ser figuras de este algo, esta cosa bonita a veces, y aburrida en otras, a la que nunca se le puede llamar toreo. Tres maestros que no tienen nada que enseñar, nada bueno por lo menos. Toreros a los que les repele el Toro; no les interesa la lidia y sí el resultado, el cuadrito telegráfico de todas las crónicas en las que se rebaja el toreo al nivel de una quiniela. Es triste ver como con la experiencia y número de corridas que llevan en sus esportones aún no son capaces de colocar a un toro en el caballo, poner orden en el ruedo o simplemente, intentar que sus peones hagan el trabajo con eficacia y disciplina. Vergonzosos los tercios de varas, donde directamente no se ha picado, se ha metido debajo del peto, al relance a varios toros y no se han cortado con las cariocas ni las varas traseras y paletilleras. A las figuras hay que exigirles menos poses y más cátedra. De no enmendar la plana, estos lodos terminaran por sepultarnos para la eternidad.


No merece la pena perder el tiempo en hablar de los del Ventorrillo, con fachada de palacete renacentista e interiores e intenciones de poblado chabolista. Blandearon, hubo que cuidarlos con mimo, emplear la técnica no para dominar, sino para ayudar, pegarles los capotazos justitos, dos picotazos ligeritos por barba y no bajar la mano ni atacar con la muleta.



A Ponce no lo vimos con el primero, que pareció dar la sensación de tirar más hacía Caín que hacia Abel, pero que no dejó de ser eso: una sensación reflejo del virulento pico poncista. `No va metido en la muleta y se tira para adentro´ -taurinos buscando excusas-. Mentira cochina. Metió el catedrático tal cantidad de pico y oxígeno (hueco) entre su cuerpo y el toro, que él mismo se descubría, con torpeza novilleril. En el cuarto, manso, de los que le gustan al maestro, hizo una faena de las que gustaría ver a la señora de Obama en Torremolinos. En toriles, zapatilleando, correteando como una flamenca, buscandole las vueltas que se dice ahora. Menuda mariconada. ¿Dónde están los pases de castigo de toda la vida? Me recordó, con esa manera de andarle al toro, con tantos pasitos cortos y con tanto movimiento a los buenos tiempos de Chiquito de La Calzada. O a Cantinflas. Le recetó un bajonazo infame, a los blandos, apuntando ahí, que casi le vale para tocar pelo.



Al Juli le tocó en primer lugar un importante manso, que en cada muletazo se iba como a ocho metros, volviendo como el perrillo que busca a su amo para que le devuelva el hueso, con el mismo trotecito canino y la misma lengua fuera que un chiguagua. Volvió a abusar del toreo mezquino, mecánico, colocándose en cada muletazo de canto, lo que le permite alargar los muletazos hasta donde guste, porque ni toro ni torero van exigidos y no existe ninguna ley física que impida con un simple giro de los talones que esa rotonda en sentido único que forman toro y matador no siga girando hasta que uno de los dos se muera de viejo. A dios gracias, el ventorrillo se rajó, con la música a toda pastilla y el público más asevillanado que nunca. Ya acariciaba un nuevo triunfo importante.

El remiendo de Ortigao Costa, que le va a dar un toque exótico y diferente al curriculum del madrileño, aún siendo más bobo que un juanpedro, le proporcionó tranquilidad, comodidad y una oreja. ¡Qué más se puede pedir! Volvió la burra al trigo, y Julián al martilleo muleteril, al natural fácil y templado, y al derechazo largo, que no profundo. Para no ser menos que Ponce, se llevó un susto arriesgando su vida temerariamente haciendo un circular invertido con el toro ya derrengado. Mató al julipié, pero con bajonazo. Y para bajonazo, el de Matías, que me lo han cambiao, dando una oreja pedida mayoritariamente, legal entonces, pero indigna de este coso.


Cerraba la terna Manzanares, que ha podido hincharse de orejas, rabos y patas, dada la receptividad que tiene ultimamente, y Bilbao no es excepción, el público por lo bonito, lo bello y lo metrosexual. Palabra esta última que define perfectamente el concepto de toreo del alicantino. Guapo, elegante, limpio, depilado, afeitado y pedante. Lo de este chaval clama al cielo. Considerado figura, triunfador de la temporada por detrás de Julián, sin torear en Madrid ni Pamplona. En realidad no torea en ningún sitio. Lo suyo es como en el sexto, lucir la piel tostada, el añil de sus ojos, los trajes tan cargados de oro, la expresividad de su cuerpo, los desplantes desplomados con tintes de tragedia griega mientras la bestia se mueve de aquí para allá. El pobre -me refiero al animal, o sea, al toro- realiza un trabajo más de borrico de los que daban vueltas para sacar agua de la noria que de toro de lidia, que es por lo que se le contrata y da vida. Creo que cortó una oreja, que pudieron ser dos -dicen-. Antes otra faenita de la casa, que le permitió gustarse, sentirse torero, dar lo que lleva dentro, demostrar que está en buen momento, y blá, blá, blá, blá... Pico, hueco y fachada.

domingo, 13 de junio de 2010

Juli: Patrimonio de la Humanidad




La UNESCO, que es la organización encargada de promover la ciencia, la educación y la cultura para ayudar a la contribución por la la paz, trabajo que lleva años haciendo el presidente Manolo Muñoz Infante, acaba de poner en marcha todos sus mecanismos internos para nombrar a Julián López Escobar, 27 años, natural de Velilla de San Antonio, conocido, y padecido, por el aficionado como El Juli, como la Octava Maravilla del Mundo.



Su toreo, que no voy a describir otra vez por no repetir enfermizamente aquello de mecánico, fraudulento, mentiroso y patán, es un monumento, el Monumento al Derechazo. Este obelisco vanguardista y chirrioso, es sustentado por tres pilares fundamentales: el ventajismo, la euforia pueblerina y la ausencia de enemigo. Con esos cimientos, como supondrán ustedes, cualquier cosa que se construya encima, por muy esplendoroso y mayestático que sea, no deja de ser un cachivache banal e intrascendente. Justo lo contrario de lo que era tauromaquia, rito serio y solemne.



Ayer, no fue capaz de obtener algún rédito con todo a favor: unos toros inválidos y bobos que pasan los reconocimientos veterinarios con matrícula cum laude; un público entusiasta que confunde el tocino con la velocidad y la diversión con las orejas; con un torero tan malo por delante que te haga parecer Ordoñez cuando sales y con todos los revistosos loando las gestas julinianas: el atrevimiento y la osadía, catorce días después de acabar San Isidro, de venir a encerrarse con dos ventorrillos con el gallo Manolo Sánchez por delante, el triunfo orejil y perejilesco con los fieros garcigrandes y el gran Finito revolucionando a las masas catalanas, las importantes actuaciones de toda la temporada y la ausencia de baches durante su importante carrera. El viento le era favorable, pero es tan malo que ni por esas.



A su primero, un torete, o un satanás según algunos charlamentarios julianistas, que explicaban mientras el burí perdía las manos, sin ningún rubor ni meditación, que el ventorrillo era hermano del mejor toro de la Feria de Almeria del año pasado, -una referencia pavorosa-, le instrumentó una faena a la altura de las circunstancias. Casi siempre al hilo, cosa que ahora es de sabios; toreando para afuera, reservado para los que tienen el don de la técnica y metiendo pico sin cortarse un pelo, le instrumentó al feto bovino gran cantidad de pases, casi todos con la derecha -todavía hay toreros anticuados que lo hacen con la zocata, que sólo merecen ser pitados- terminados en pases de pecho desplazadores o mantazos similares. Todo se jaleaba, todo era bueno, ¿estariamos entrando en ese mismo momento en la Historia, sin saberlo? El camarón de Velilla ha conseguido rebajar los oooles a la categoría del bieeen o del vaaamos, que son los extraños sonidos guturales que manejan ahora los modernos para elogiar y vanagloriar a la mortadela con aceitunas, a la que pretenden poner a la altura del jamón de bellota. Como estos publicos festivaleros tampoco comprenden demasiado la diferencia entre pinchar una aceituna, acción que requiere temple, decisión y firmeza, y la de reventar un grano, que no requiere de nada, sólo de un sujeto con la cara horadada por la adolescencia, le pidieron una oreja por un julipié marca de la casa.



El presidente, señor César Gómez Rodríguez, estuvo mal no concediendo la oreja. Hay que ser muy malísima persona, carente de caridad cristiana para no hacer feliz a las masas, que bien visto y bien pensado, si aquí se han dado orejas hasta a Perico, el Capea, porque no se las vamos a dar a Julián, que no torea mucho peor que el hijo del inventor del destoreo moderno. A uno, que tiene su corazoncito, le duele y le apena ver quejarse y lloriquear a un chaval que ha dado todo lo que tiene, -no es su culpa no tener más- piensa que hay que ser malage, Don César, para ponerse escrupuloso con la ley para no contentar al público bullanguero. Además, sepa usted, que hoy muchos le echan la culpa de que en el quinto el Juli estuviera triste, pasota y enfurruñado, porque le habían robado su orejita, que la necesita como el comer para ir mañana a Villarrubias del Condando o Tinieblas de la Sierra con la vitola de figurón del toreo. Dón César, que sepa usted que con su perversa conducta, esta deteriorando la fachada del monumento vanguardista al que más chinos y turistas van a ver al año.



viernes, 11 de junio de 2010

El rabo de un Dios

Baco. El padre de Idílico.



Seis bizcochos borrachos, que es el bizcocho más fácil de comer y digerir, de la pastelería del Ventorrillo, están ya preparados para que sus apéndices auriculares, con sus respectivos rabos, sean amputados como ofrenda al Dios Baco. Deidad de la mitología romana con unos cuernos pequeñitos, patron del teatro y la agricultura, un diablillo que utilizaba sus divinos poderes para liberar al uno de su ser normal, induciendo a las masas a grandes momentos de éxtasis, locuras y bacanales, casi siempre a través del vino. Se podría decir, sin temor a equivocarnos, que el Dios Baco fue el primer Cuvillo de la historia. Esa sería la cuadratura del círculo: Idílico hijo de un diós, vencido y perdonado por un mortal de Galapagar, descendiente directo de victorino, el hombre primitivo.



Pero los que estamos vencidos de verdad, atados de pies y manos, esperando el golpe de gracia final, somos los cuatro aficionados agnósticos al torero, beatos del toro que asistimos a la plaza con la ilusión y la falsa promesa por parte de la autoridad, de reencontrarnos con la emoción, la casta, la fiereza o el peligro. Toros. Cualidades que tenían en la antigüedad, y que ahora han ido desapareciendo, en pos del toreo moderno y cobarde, ése en el que en los carteles se escribe con letra pequeña, tipo contrato de hipoteca, el nombre de la ganadería titular, pero en el que salen las fotos de los toreros mostrando sus nuevas ortodoncias como si fueran caballos en la feria del ganado. Para realizar sus faenas de público progre, las figuritas necesitan colaboradores con cuernos teledirigidos: que si son muy grandes no caben en la muleta, y si son muy cortos, son más certeros; más bien bajitos, que grandes sólo quieren ver los billetes del Banco de España; que no humillen mucho, porque se les acaba el carbón enseguida, pero que no cabeceen porque molestan; que no sean mirones, porque te descomponen; que no escarben, por lo mismo; que no anden, porque te sacan el aire de los pulmones, pero que no se paren porque entonces no se liga; que sean mansos para que se vayan largos, pero no demasiado porque se rajan; que hagan el avión, pero con la fuerza de un pajarillo... Se matan y se pirran por los toros estúpidos, tan vacíos de casta están los unos como los otros. En el fondo, su postura es entendible, ¿a cuántos de los que van a la plaza les interesa el toro? A unos pocos que según los que, sin falsas modestias,
se autoproclaman buenos aficionados, están muertos por dentro, ayunos de alegría, y sólo van a la plaza pensando en protestar, con el maldito pañuelo verde, con sus pancartas cutres, con sus pitos, sus frases y sus comentarios hirientes para el torero. Y que duren...



Mañana es el gran día para dos hombres: El Juli y Roberto Domínguez, que a poco que les salgan unos cuantos circualares invertidos, un par de molinetes, un kirikikí y, muy importante, un martinete, verán su nombre escrito a fuego junto al de Palomo Linares. Lo tienen todo a favor para instaurar, definitivamente, las nuevas reglas de la tauromaquia: la patita ya no tiene importancia (igual que el toro); lo del pico es una manía de los inquisidores del siete y de Joaquín Vidal; el dominio, como tal, no existirá, pues el toreo pasa a ser una SL de dos que se muestran desde un principio de mutuo acuerdo. Además, con los medios de comunicación actuales no hacen falta ni los sobres. Moncholis, Romeros y demás vienen trucados ya de casa, y aunque quisieran, no sabrían hacer una crítica medianamente veraz. El Sábado es tu dia, Juli, en tus manos estamos, Señor...




Operaciones Rabo anteriores han salido de manera defectuosa.


martes, 25 de mayo de 2010

Los fuera de la ley


2 de Junio de 1904. Undécima de abono. El público baja, e invade el ruedo para impedir la lidia del primer toro. Todo tiene fin en este mundo, hasta la paciencia de los aficionados a los toros.




Madrid. Plaza de toros de Las Ventas. San Isidro. Corrida de la Prensa. Lleno. Toros de La Quinta, Nuñez del Cuvillo, Domingo Hernández, Victoriano del Rio, El Ventorrillo y Toros de Cortés.





Estos señoritos que se visten de luces, se compran cortijos y yacen con nobles señoritas con tetas enfundadas en silicona o polietileno, cómo los cuvillos y demás, han tenido la osadía y desfachatez de faltar al respeto a la mayor afición del mundo, además de menospreciar y pervertir un arte que cuenta con más de tres siglos de historia. Trescientos y pico abriles que estos pollos, que suman entre los tres veintidós años de alternativa y la friolera de tres Puertas Grandes de Madrid, se quieren cargar, a vuelapluma, porque a fuerza de repetirles que son los nuevos gallitos del toreo se han subido a un trono del que no hay quien los baje. Y van ellos, tan valientes, tan honrados, con sus caras de sacacuartos y sus almas de ladrones y nos meten toda la mierda que han sido capaz de rebuscar sus cuatreros o veedores por la piel de buey. Por encargo, las paellas. Los toros, sorteados, como manda la ley y la razón.




El Juli ha vuelto a salir de Madrid, si es que alguna vez entró. Con mala cara toda la tarde, rumiando el desastre. No es fácil, ni mucho menos, camaleonizar el delito, son pocos los cacos a los que no les casteñetea el labio o le sudan las manos cuando les toca ser interrogados. Pues imagínense hoy como estaba Julián, a sabiendas de que casi cincuenta mil ojos y veinticinco mil gargantas estaban atentas, dispuestas a no seguir tragando, que bastante anchas se nos han quedado las tragaderas después de veintitantas tardes de burla. Trajo debajo del brazo, para callar bocas, un toro de La Quinta, un santacoloma, para intentar pulgar su culpa. No cuela. Un santacoloma al que se suministra dos medidos picotazos mosquiteros y que sale medio inválido. Algo no cuadra. O sí, estando el Juli de por medio. Con el vaco de Victoriano del Rio, al que no quiso que se le picara, no se complicó la vida y su faena se argumentó en unos cuantas tandas derechistas que terminaron de crispar al personal. Todavía hay quienes disculpan a Juli, poniéndolo como triunfador de la tarde. Julián siempre se va de rositas... Como dice un proverbio árabe: los buitres sacan provecho hasta de la peste.



Perera se trajo, entre otros que se volvieron a sus fincas con el rabo entre las patas, a un Cuvillo, de nombre Utrerete, un acierto, el nombre, y un Ventorrillo con el que se hartó de dar mantazos con un trapo rojo. El Cuvillo, mientras perdía las manos y camballeaba de un tercio a otro cantaba la coplilla: `a la iglesia no voy porque estoy cojo, y a la taberna, poquito a poco´. Hasta tres veces probó la arena: la primera porque resbaló, la segunda porque tropezó y la tercera para despejar las dudas. Con Perera tampoco las hay: es un mediocre.



¿Y Cayetano? Cayetano para lo único que tiene que pisar esta plaza es cuando haya tenis y eventos progres, dónde van los guapos de España a lucir el body. Otro al que le echaron para atrás unos cuántos en los corrales, trayéndose de remiendo un toro de Cortés que más bien parecía un cabro montés. Anteriormente se las vió con uno del segundo hierro de Garcigrade con el que dió la verdadera dimensión de su toreo. Según Manuel Caballero, el speaker del Plús, la faena careció de uniformidad y unión porque el toro no era `monorítmico´. Pues va a ser cuestión, a partir de ahora, de poner a esos toretes artistas a estudiar solfeo desde añojos. Todo sea por el bien de la tauromaquia.

viernes, 16 de abril de 2010

TOREAR es otra cosa

`Cargando la suerte se lleva menos al toro que abriendo el compás que se le lleva más lejos´ Paco Camino. Es fácil, sin cargar la suerte no hay mando, sin mando no hay toreo. ARJONA




Sevilla. Plaza de toros de La Maestranza. Feria de Abril. Octava de feria. Lleno. Toros del Ventorrillo para el Juli, Sebastien Castella y Perera.



Los toros de Fidel San Román, ideales para la elaboración de faenas confortables, un seguro de vida para la figura de turno. Bobalicones, pacifistas, cómplices con los que se visten de luces. Bien presentados y astifinos muchos, otros más feucos. El desorejado era chiquitito y pesaba menos que la oreja de Pedrito el Capea de Madrid. Alguno se fue sin torear, caso de ejemplares de Perera y Castella. Que compiten en rivalidad, enemistad y vulgaridad.



El Juli se ha convertido en la figura más significativa de la etapa más oscura y tenebrosa de la tauromaquia. Máximo representante del antitoreo, ése en el que el toro es lo de menos y dónde importa más las formas que el fondo. Porque el Juli esta tarde ha hecho de todo menos torear. Parar, templar, cargar y mandar son los cuatro mandamientos del toreo de muleta. Para Julián, y por ende a sus numerosas fotocopias, los preceptos son otros: cuidar, descargar, alargar y ligar. Es penoso ver como el público es capaz de jalear un natural, por muy templado que sea, con la pierna izquierda retrasada, esquivando el peligro y regateando al toro. El Messi del toreo. En su primero, bien el presidente, además de destorear, muy ligado todo eso sí, cometió una tropelía mayúscula. El julipié elevado al cubo. Como un verdugo con el condenado a la guillotina, le arrojó sin ningún pudor la muleta a la cara, encapuchando al animal, negándole, rotunda y mezquinamente, el derecho de defender su vida. Un asesinato en toda regla. Con su segundo, el de las dos orejitas, un bichejo que no llegaba a los 450 kilos, siguió con su máster en destoreo, antitoreo e infratoreo. Todo chabacano, populista, barato, rematado con una serie de circulares pueblerinos. Parecía que torezno y torero estaban metidos en una rotonda. Otro julipié, en éste no le hizo falta encaperuzar al toro, y Puerta del Principe. Si el presidente no da las dos orejas no lo encuentra luego ni Paco Lobatón. Sacó los dos trapitos blancos a la vez, cómo pidiendo perdón. Pelillos a la mar, que le diría después a Julián.




El francés, no es nada sin un toro que no transmita algo de peligro, porque cuando lo que le salen son bóvidos cuadrípedos disminuidos física y psicológicamente, se convierte en un sosainas. Le faltan muchas cosas, algunas que se suponen que con afición se aprenden, como el conocimiento de los terrenos dónde se deben torear determinados tipos de toros. A su primero por ejemplo, lo enseñó por toda la plaza: empiezo aquí, me voy allí y lo mató allá enfrente. Es un detalle por su parte presentarselo a todo el público. Un sindiós. Cuando hay que salir de la faena monocorde nos cuesta más. En su quinto, que se dejaba trajinar sin decir ni mú, estuvo pesado, aburrido, sin ideas. Terminó aburriendo al personal que ya había elegido su héroe para la tarde.



Se habla mucho de la cuesta abajo del Cid, pero por los motivos que sea. está pasando de puntillas por la cofradía del taurinismo la menopausía taurina avanzada en la que se encuentra Perera. A aquel que le valían todos los medios toros, hoy ya ni le valen los borregos. Los otros, los de verdad no lo sabemos porque no quiere verlos. Ya ni encimismo, ni ojedismo, ni la mano de Cepeda. Nada, no queda nada. Un edificio derrumbado tras la encerrona otoñal en Madrid.



Nota: Ayer, en Sevilla, se la liaron a cuatro aficionados a los que le dió por ejercer su derecho a la libertad en manera de protesta en una plaza de toros con un pañuelo verde. El motivo: eso no es de Sevilla. Aquí no se protesta ni se dan voces. Hoy, el presidente, con buen criterio, no concede la segunda oreja en el primero del Juli, y el público, ése que no grita y es de Sevilla, le lía la pajarraca con todo tipo de insultos e improperios. Cosas veredes, amigo Sancho...


PD: Que conste, que a mi me parece que tienen el mismo derecho los unos a protestar un toro que los otros al presidente. Lo que no vale es el cainismo.




viernes, 21 de agosto de 2009

Ponce , ese chulo. 5º Aste Nagusia

Foto: Burladero.com
Quinta del Aste Nagusia . Casi lleno . Toros del Ventorillo para Ponce , Castella y Manzanares.

Irreprochable presentación de la corrida de El Ventorillo , una tía . Corrida muy interesante , toros con juego desigual y nada fáciles , aunque tampoco tan dificiles como nos lo quisieron pintar los tres espadas. La verdad , me esperaba peor lo del Ventorrillo , esperaba ver una corrida grande y mansa , una bueyada como ya ha lidiado en algunos sitios.

Me entra la desazón y el cabreo por hablar de Ponce , ¡que desfachatez! , ¡que sinvergüenza! , una supuesta figura del toreo no se puede poner asi de chulo y malencarado con un aficionado que tiene todo el derecho a reprochar lo que quiera . Sabe el de Chivas que Bilbao es su plaza y se siente fuerte. A ver si hay cojones y hace lo mismo a uno del siete en Madrid (si es que tiene la osadía de volver). Con su habitual inteligencia y picaresca para engañar al respetable hizo una faena a un toro no tan malo ni exigente como dio a entender. Se le vió demasiado el plumero cuando se echo encima el astado varias veces aposta , para que el personal viera lo valiente que es. Lo valiente y heroico es el maestro de maestros que apenas lleva un par de cornadas con más de cinco mil toros lidiados. Anda ya Ponce , vete a Las Vegas y quedate allí de por vida.

De Castella decir lo de siempre , mucha testiculina , francesa en este caso , y poco toreo del caro. Tampoco es que tuviera muchas opciones , la verdad . Destacar la pesadez de este torero en ambas faenas , en la primera se hartó de dar mantazos durante diez minutos y en la segunda por dar el pase del péndulo un poco más y nos dan las uvas. A veces , o casi siempre , no entiendo nada. Estas monótonas y aburridas faenas acaban ovacionadas por el público y cuando luego llega un torero de verdad como Morante y acaba por la vía rápida con un animalejo sin opciones se echa la broncata. Es de locos.

Manzanares toreó con cierto regusto , lástima que pusiera las nalgas en Bilbao y el toro pasara por Francia , ¡Que manera de tirar el toro para afuera! Si este torero tuviera mejor colocación sería el rey de esto , pues ya se sabe: en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Tocó pelo por la gran estocada , ya marca registrada en el alicantino. En su segundo toro le pasó lo de casi siempre: tres y el de pecho , no se cuantas faenas le he visto así este año , pero alguien debería decirle que para que la cosa tome vuelo hace falta un poquito más. Y que no me venga con la excusa de que el morlaco no tiene más , porque entonces lo que tiene que hacer es cambiar de ganaderías y demostrar lo que se supone que vale.