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miércoles, 8 de junio de 2011

Garlitero



Este engendro llamado feria del Aniversario no tiene ya nin guna justificación y parece que en el próximo concurso de adjudicación de la plaza quedará eliminada. En su día fue un apaño para compensar la eliminación de cuatro corridas en el abono de San isidro, gracias a la estupidez de unos autotitulados representantes de los abonados, a los que les parecía muy largo el abono isidril. Pero la fuerza de los hechos ha terminado por dejar este añadido de junio en la ruina por su falta de entidad. Hoy se llenará la plaza en la tarde de nla Beneficencia con un cartel fuerte, pero es como una isla en un ar de mediocridades.

Ayer los diez mil espectadores que se sentaron en sus localidades asistieron a una muestra de mansedumbre y de invalidez. Así fue la corrida de Los Bayones. pero entre tanta mugre salió una joya, el tercer toro, de nombre Garlitero, una maravilla de bravura y nobleza. Un toro que peleó fuerte en varas y que embistió con temple y codicia en la muleta. Esa joya le correspondió a Tejela que estuvo pulcro, sin meterse en grandezas. Faenita perfilera y de alivio, al no cargar la suerte, pero que en su primera parte llegó a conectar con el público; no así el alargamiento de la misma, que apenas sirvió para ratificar que a Tejela se le había ido un toro de puerta grande, al que, además, masacró con la espada.

Rafaeelillo, sin sitio y desconocido, no pudo con el picante de su primero y liquidó al cuarto, un manso e inválido, sin pena ni gloria. Por su parte Urdiales estuvo torero y decidido. Muy bien con el capote y a gorrazos con un lote manso y descastado.

domingo, 13 de junio de 2010

Juli: Patrimonio de la Humanidad




La UNESCO, que es la organización encargada de promover la ciencia, la educación y la cultura para ayudar a la contribución por la la paz, trabajo que lleva años haciendo el presidente Manolo Muñoz Infante, acaba de poner en marcha todos sus mecanismos internos para nombrar a Julián López Escobar, 27 años, natural de Velilla de San Antonio, conocido, y padecido, por el aficionado como El Juli, como la Octava Maravilla del Mundo.



Su toreo, que no voy a describir otra vez por no repetir enfermizamente aquello de mecánico, fraudulento, mentiroso y patán, es un monumento, el Monumento al Derechazo. Este obelisco vanguardista y chirrioso, es sustentado por tres pilares fundamentales: el ventajismo, la euforia pueblerina y la ausencia de enemigo. Con esos cimientos, como supondrán ustedes, cualquier cosa que se construya encima, por muy esplendoroso y mayestático que sea, no deja de ser un cachivache banal e intrascendente. Justo lo contrario de lo que era tauromaquia, rito serio y solemne.



Ayer, no fue capaz de obtener algún rédito con todo a favor: unos toros inválidos y bobos que pasan los reconocimientos veterinarios con matrícula cum laude; un público entusiasta que confunde el tocino con la velocidad y la diversión con las orejas; con un torero tan malo por delante que te haga parecer Ordoñez cuando sales y con todos los revistosos loando las gestas julinianas: el atrevimiento y la osadía, catorce días después de acabar San Isidro, de venir a encerrarse con dos ventorrillos con el gallo Manolo Sánchez por delante, el triunfo orejil y perejilesco con los fieros garcigrandes y el gran Finito revolucionando a las masas catalanas, las importantes actuaciones de toda la temporada y la ausencia de baches durante su importante carrera. El viento le era favorable, pero es tan malo que ni por esas.



A su primero, un torete, o un satanás según algunos charlamentarios julianistas, que explicaban mientras el burí perdía las manos, sin ningún rubor ni meditación, que el ventorrillo era hermano del mejor toro de la Feria de Almeria del año pasado, -una referencia pavorosa-, le instrumentó una faena a la altura de las circunstancias. Casi siempre al hilo, cosa que ahora es de sabios; toreando para afuera, reservado para los que tienen el don de la técnica y metiendo pico sin cortarse un pelo, le instrumentó al feto bovino gran cantidad de pases, casi todos con la derecha -todavía hay toreros anticuados que lo hacen con la zocata, que sólo merecen ser pitados- terminados en pases de pecho desplazadores o mantazos similares. Todo se jaleaba, todo era bueno, ¿estariamos entrando en ese mismo momento en la Historia, sin saberlo? El camarón de Velilla ha conseguido rebajar los oooles a la categoría del bieeen o del vaaamos, que son los extraños sonidos guturales que manejan ahora los modernos para elogiar y vanagloriar a la mortadela con aceitunas, a la que pretenden poner a la altura del jamón de bellota. Como estos publicos festivaleros tampoco comprenden demasiado la diferencia entre pinchar una aceituna, acción que requiere temple, decisión y firmeza, y la de reventar un grano, que no requiere de nada, sólo de un sujeto con la cara horadada por la adolescencia, le pidieron una oreja por un julipié marca de la casa.



El presidente, señor César Gómez Rodríguez, estuvo mal no concediendo la oreja. Hay que ser muy malísima persona, carente de caridad cristiana para no hacer feliz a las masas, que bien visto y bien pensado, si aquí se han dado orejas hasta a Perico, el Capea, porque no se las vamos a dar a Julián, que no torea mucho peor que el hijo del inventor del destoreo moderno. A uno, que tiene su corazoncito, le duele y le apena ver quejarse y lloriquear a un chaval que ha dado todo lo que tiene, -no es su culpa no tener más- piensa que hay que ser malage, Don César, para ponerse escrupuloso con la ley para no contentar al público bullanguero. Además, sepa usted, que hoy muchos le echan la culpa de que en el quinto el Juli estuviera triste, pasota y enfurruñado, porque le habían robado su orejita, que la necesita como el comer para ir mañana a Villarrubias del Condando o Tinieblas de la Sierra con la vitola de figurón del toreo. Dón César, que sepa usted que con su perversa conducta, esta deteriorando la fachada del monumento vanguardista al que más chinos y turistas van a ver al año.



viernes, 11 de junio de 2010

El rabo de un Dios

Baco. El padre de Idílico.



Seis bizcochos borrachos, que es el bizcocho más fácil de comer y digerir, de la pastelería del Ventorrillo, están ya preparados para que sus apéndices auriculares, con sus respectivos rabos, sean amputados como ofrenda al Dios Baco. Deidad de la mitología romana con unos cuernos pequeñitos, patron del teatro y la agricultura, un diablillo que utilizaba sus divinos poderes para liberar al uno de su ser normal, induciendo a las masas a grandes momentos de éxtasis, locuras y bacanales, casi siempre a través del vino. Se podría decir, sin temor a equivocarnos, que el Dios Baco fue el primer Cuvillo de la historia. Esa sería la cuadratura del círculo: Idílico hijo de un diós, vencido y perdonado por un mortal de Galapagar, descendiente directo de victorino, el hombre primitivo.



Pero los que estamos vencidos de verdad, atados de pies y manos, esperando el golpe de gracia final, somos los cuatro aficionados agnósticos al torero, beatos del toro que asistimos a la plaza con la ilusión y la falsa promesa por parte de la autoridad, de reencontrarnos con la emoción, la casta, la fiereza o el peligro. Toros. Cualidades que tenían en la antigüedad, y que ahora han ido desapareciendo, en pos del toreo moderno y cobarde, ése en el que en los carteles se escribe con letra pequeña, tipo contrato de hipoteca, el nombre de la ganadería titular, pero en el que salen las fotos de los toreros mostrando sus nuevas ortodoncias como si fueran caballos en la feria del ganado. Para realizar sus faenas de público progre, las figuritas necesitan colaboradores con cuernos teledirigidos: que si son muy grandes no caben en la muleta, y si son muy cortos, son más certeros; más bien bajitos, que grandes sólo quieren ver los billetes del Banco de España; que no humillen mucho, porque se les acaba el carbón enseguida, pero que no cabeceen porque molestan; que no sean mirones, porque te descomponen; que no escarben, por lo mismo; que no anden, porque te sacan el aire de los pulmones, pero que no se paren porque entonces no se liga; que sean mansos para que se vayan largos, pero no demasiado porque se rajan; que hagan el avión, pero con la fuerza de un pajarillo... Se matan y se pirran por los toros estúpidos, tan vacíos de casta están los unos como los otros. En el fondo, su postura es entendible, ¿a cuántos de los que van a la plaza les interesa el toro? A unos pocos que según los que, sin falsas modestias,
se autoproclaman buenos aficionados, están muertos por dentro, ayunos de alegría, y sólo van a la plaza pensando en protestar, con el maldito pañuelo verde, con sus pancartas cutres, con sus pitos, sus frases y sus comentarios hirientes para el torero. Y que duren...



Mañana es el gran día para dos hombres: El Juli y Roberto Domínguez, que a poco que les salgan unos cuantos circualares invertidos, un par de molinetes, un kirikikí y, muy importante, un martinete, verán su nombre escrito a fuego junto al de Palomo Linares. Lo tienen todo a favor para instaurar, definitivamente, las nuevas reglas de la tauromaquia: la patita ya no tiene importancia (igual que el toro); lo del pico es una manía de los inquisidores del siete y de Joaquín Vidal; el dominio, como tal, no existirá, pues el toreo pasa a ser una SL de dos que se muestran desde un principio de mutuo acuerdo. Además, con los medios de comunicación actuales no hacen falta ni los sobres. Moncholis, Romeros y demás vienen trucados ya de casa, y aunque quisieran, no sabrían hacer una crítica medianamente veraz. El Sábado es tu dia, Juli, en tus manos estamos, Señor...




Operaciones Rabo anteriores han salido de manera defectuosa.