miércoles, 12 de octubre de 2011

El hombre sin miedo, por Chapu Apaolaza




Chapu Apaolaza


Si algún director de cine rodara la película sobre la vida de Juan José Padilla, la banda sonora no sería 'Martín Agüero', ni 'Nerva', ni 'El gato montés'. Nada de pasodobles: para descifrar a Juan hay que pinchar 'Walk on the wild side', de Lou Reed, a todo volumen. Solo así se entiende el paseo por el lado más salvaje de la vida que un día decidió emprender el hijo de un panadero de Jerez, un tipo que más tarde se pasó por la barriga la muerte, el destino y los cuatro jinetes del Apocalipsis con caballo, lanza, casco y armadura. «Solo tengo miedo a defraudar», le soltó en 2004 a este periodista en el sillón de su casa de Sanlúcar, con su pequeña Paloma jugueteándole en las rodillas. Desde entonces cumplió el compromiso asesino que firman solo algunos toreros con el triunfo y con la gloria, un camino difícil sembrado de cristales que lo ha llevado hasta la cama del hospital Miguel Servet de Zaragoza, en la que está postrado después de que un toro le sacara un ojo y media cara de un pitonazo contra el suelo. «Evolución incierta», dice la doctora y la lógica manda que pierda la sensibilidad y el movimiento en el lado izquierdo de la cara y la visión en el ojo. Y el torero se vuelve a pasar la razón y al equipo médico por el Arco del Triunfo. Toreará «con parche» si es preciso. No es la primera vez que le ocurre. El viacrucis de Padilla por las enfermerías y los quirófanos comenzó hace 35 cornadas, mucho más de lo que cualquier cuerpo y mente podrían aguantar. 
 
Uno de los primeros 'tabacos' gordos se lo llevó de novillero en Arcos de la Frontera (Cádiz), cuando un toro le partió en dos el muslo. Ese fue el arranque de la canción salvaje de Padilla. El doctor Julio Mendoza, cirujano taurino de Jerez, descubrió que en la enfermería no podía operar y tuvo que trasladarlo en ambulancia a la ciudad. «Yo estaba muy asustado, pero todo salió bien». Aquel primer encuentro se repitió muchas más veces. A Mendoza (48 años con los guantes puestos), el torero le ha querido como a un ángel de la guarda y le ha engañado como un adolescente vacila a sus padres un sábado noche. Más de una decena de veces le ha hecho la misma jugarreta, siempre con la fe ciega y la obstinación irracional y desesperada de reaparecer. «Quedábamos pasado mañana para hacer una cura y de pronto se iba a torear con los puntos puestos y reaparecía vaya usted a saber dónde». Después llamaba alguien al doctor, nunca él, con la excusa de que el torero se había levantado bien. Al final lo curaba, pero si más tarde lo volvían a coger, se escapaba de los hospitales con el cuento de que en Jerez esperaban las manos sabias de Mendoza que le echaba unas broncas de órdago. Si la cosa se ponía fea y no le ofrecían ambulancia, Padilla, padre de dos hijos y marido de la bella Lidia, salía en el coche de cuadrillas con el gotero recién arrancado. Después, en la casa de Las Jaras, en Sanlúcar, un chalet con cabezas de toros y fantasmas con pitones paseándose por los pasillos, se levantaba la pantaloneta y enseñaba los muslos cosidos a cornadas y las trincheras en los músculos, el mapa de una carrera taurina en la que nadie le regaló nada: ni el toro, ni los despachos ni la prensa. Toreó en la cara oculta de la luna, lejos de las orgías artísticas de las figuras, allá donde los triunfos se pagan a sangre y fuego. 
 
El más grave de esos descosidos se lo hicieron en 1999 en Huesca, en la barriga, y lo destrozó por dentro. Pronto tomó las de Villadiego y apareció en Jerez doblado por el dolor y la fiebre. El drenaje no funcionaba y estaba al borde de la infección severa, con un abceso en el intestino. «No quería sueros, así que tuvimos que ponerle un tratamiento oral. Le limpiamos con un catéter engañado y así pudo mejorarse. A los días, reapareció. Tiene una fortaleza muy grande, por eso sale pitando de los hospitales. Una persona normal, con la mitad de sus lesiones estaría en una silla de ruedas». 
 
Debajo del traje de luces, Padilla ha vestido suturas, drenajes y todos los artilugios ortopédicos posibles. Fuera, al hijo del panadero solo se le veían las patillas, la sonrisa, la mirada loca de los toreros locos, los vestidos de dibujos extraños y las monteras al estilo de Paquiro y los toreros románticos de hace dos siglos. En ellos reconoce quizás el impulso descabellado de triunfar o morir, como cuando en abril de 2001 se fue a portagayola de la plaza de Illumbe en San Sebastián. En el pase, el pitón le entró, en un golpe seco, por debajo de la clavícula y salió por detrás de la nuca, del otro lado del cuello. Lo llevó por todo el ruedo prendido del asta, hasta que lo puso en órbita, el capote y las zapatillas tiradas en el suelo, inertes. «Me ha matado», gritaba al entrar en la enfermería. 
 
Cuando el doctor le metió los dedos y comprobó que todo estaba en su sitio, le dijo: «No tienes nada» y saltó de la camilla. El equipo médico tuvo que hacer una barricada en la puerta para que no saliera a matar al toro. Le convencieron para infiltrarlo, lo sedaron y operaron a traición. A los pocos días, reapareció en Santander como un espectro. 
 
Tres meses después, un 14 de julio de tormenta sanferminera, entró a matar y el pitón le volvió a partir el cuello, y una vértebra. Esta vez, el que quedó en el ruedo era él, boca arriba, con los ojos abiertos y los brazos ligeramente doblados hacia un cielo de escalofrío que rompió en un chaparrón histórico. Sonaron los móviles, temieron lo peor. El doctor Ángel Hidalgo, acostumbrado a lidiar con los corneados de los encierros, confesó que esa era una de las heridas más graves que había visto en su mesa de operaciones. Mendoza es aún más gráfico: «Sobrevivir a dos cornadas en el cuello es como sobrevivir a un rayo».
Y Padilla, eterno Lázaro del toreo, regresó del túnel por el lado más salvaje. El 25 de agosto mató seis Miura, seis, en Bilbao. Días antes, había vuelto a San Sebastián. «¿Cómo estás?», le preguntó este reportero en el patio de cuadrillas. «Aquí, con el mismo traje -el de la cornada-», sonrió. 
 
 
Una mente poderosa 
 
«Una persona cualquiera sometida a este nivel de estrés tendría que estar ingresado y necesitaría la ayuda de un profesional para salir adelante», admite el psicólogo granadino Juan Francisco Delgado. Son de otra pasta, «mental y físicamente». En otro paciente, una lesión como la de la cara habría dejado secuelas en forma de ansiedad, miedos a enfrentarse al toro, de volver a la plaza, fobias diversas... Juan ya quiere regresar al ruedo aunque sea con parche. Paradójicamente, en el caso de los toreros, «enfrentarse a esas situaciones les ayuda a superar el miedo», detalla Delgado. 
 
El valor, de todos modos, tiene un límite. El cirujano Julio Mendoza precisa que la pérdida de la visión de un ojo limita «la percepción de distancias y volúmenes y de la aproximación de los objetos», tres nociones fundamentales para entrar a pie en el hotel de los toreros. 
 
Más milagros. En 2005, Padilla volvió a llamar a las puertas del cielo y de la suerte... y le abrieron la segunda. Pasó en Dax (Francia), cuando le dieron una cornada seria en un muslo. Cualquier otro hubiera pasado una semana a base de sopa de hospital; Juan saltó de la cama y al día siguiente estaba toreando en la plaza francesa de Béziers. Más tarde entró en los carteles de Bilbao y en San Sebastián indultó a un Victorino. Con ese historial, los amigos de Juan saben a ciencia cierta que se pondrá delante de un toro de nuevo, con parche, garfio o pata de palo. Otra cosa es cómo saldrá el experimento. Cosa de cábalas. Por ahora, bastan las caricias y los susurros de Lidia, los niños al teléfono y el descanso merecido del hombre de hierro.

martes, 11 de octubre de 2011

Vaquero de pantomima

Javier Arroyo. Aplausos



Con la mosca detrás de la oreja acudía a la plaza el aficionado maño, que regresaba a la etérea semiclandestinidad que otorga tanto cemento en el tendido. El insecto, cargante y cojonero, español pues, que acompaña de cuando en cuando al aficionado suele ser entendido en encastes y materia ganadera. Formando pareja con cada abonado venía una de éstas, cuyo afanoso seseo, propio de la especie a la hora de comer -y todo el mundo sabe que comen las moscas- no vaticinaba nada bueno. Algo se olerían. Y su instinto, el de aficionadas y el biológico, no les falló para reconocer la llamada de la mierda.

Porque eso es lo que esta ganadería que se anuncia como Benjumea vino a traer a la feria del Pilar de Zaragoza. Como si no supiese la familia Cuvillo que aquí se traen toros lustrosos, bien comidos, con sus pitones, bichos que no se caigan como magdalenas en cuánto ven un capote y que no enseñen la lengua nada más salir por toriles, que es por dónde esta bosta cuatreña nunca debió haber salido. Un ganadero de enjundia, lo primero, es lo suficientemente honrado como para no venir a una plaza de primera sin antes haberse probado y en segundo lugar, tiene el señorío de rechazar los cuartos, que serán pocos, que les han ofrecido por venir a hacer el ridículo a una de las plazas más importantes.

Tres le echaron para atrás, que se dice pronto, mientras a los otros hermanos no se les ocurrió otra cosa que ponerse a dar tumbos, pegar saltos y hacer regates como saltinbaquis, en vez de embestir, para vergüenza de todo el que lo haya podido ver. El inválido, anovillado y bobo primero, para más inri, y para que quede constancia de lo que es un ganadero con amor al campo, se llamaba Pantomimo, de lo que la deducción taurina nos sugiere que este hombre no tiene otras labores que hacer en sus fanegas portuguesas que bautizar a una vaca, de mala nota por lo visto, como Pantomima. Menuda carta de presentación al gran público. No se le ocurriría ni al moruchero de Adolfo, ni al anticuado de Tomás Prieto de la Cal, ni siquiera a la familia Miura, a pesar de que tengan todo el ganado para enfilarlo en la manga del matadero. Es por eso que cuando pasan las modas aquí quedan siempre los mismos, los ganaderos de reata, de raza, los que viven, sufren, gozan y mueren por y para el Toro. Los que dentro de unos años tendrán que venir a echarles una mano, en forma de sangre y conocimientos, a todos los colegas que por cuatro perras, dos cariñosas portadas y una palmadita en la espalda están acabando con el rey de la dehesa. Si hubiera morucheros, que no creo que los haya, saque cada cual sus conclusiones de quién es quién en esta historia.

Remendaron la pantomima, sobreros de los Bayones, el primero se dejó, que se dice ahora, y eso le valió para ser ovacionado y desposeído de una oreja, culpa de César Jiménez, que repitió una de esas faenas con que tan buena nota le han dado en la prensa, llena de temple y tramos estéticos, pero vacía de cualquier aptitud o manera que se pueda catalogar como toreo del caro. Quieren vendernos una reinvención del matador fuenlabreño, por su pose más armónica, descalzamientos gílis incluidos, pero sigue faltándole el acople y sobre todo, la actitud de querer comerse el mundo. El mosqueo, que también lo tienen los toreros, que cogió con el mundo al echarle para atrás los dos inválidos titulares, explica muy bien a lo que vienen unos, como David Mora, y lo que quieren otros, como César Jiménez.

Nada pudieron hacer Salvador Vega y el matador Uceda Leal, salvo salir dignamente y a pie de la plaza, esperando por su propio bien no volver a encontrarse con otra pantomima de éstas ni con el vaquero que la crío.

Cínicos y provocadores

Portada del Sport de hoy.



lunes, 10 de octubre de 2011

#broncasporelrabo












A.V.G.


Las siete personas detenidas el sábado por la Policía en Baza (Granada) por enfrentarse violentamente con otros aficionados por la posesión del rabo del quinto toro que lanzó al tendido el diestro Miguel Báez, Litri, recobraron la libertad tras prestar declaración el domingo. Uno de los cinco policías heridos en el altercado continuaba ayer de baja. El enfrentamiento ocurrió en un tendido de sol al terminar la corrida en la que hubo un abundante reparto de trofeos: nueve orejas y tres rabos. El responsable de la comisaría de Baza, casi 48 horas después de los incidentes, aún no daba crédito a lo sucedido: "Llevo en esto 20 años y es la primera vez que veo algo parecido". La querella entre los aficionados se originó cuando el torero, durante la vuelta al ruedo, lanzó el despojo del toro a un grupo de aficionados que reclamaba el trofeo. La cola, sin embargo, tras describir una parábola, fue a caer entre dos personas que sin dudarlo la agarraron por cada extremo y forcejearon por su posesión. A cada uno de los contendientes que porfiaban por el apéndice se unieron varios amigos y consejeros. Al fin, el rabo cayó en manos del grupo a quien el torero lo había brindando con tan desigual atino. Sin embargo, lejos de serenarse el pleito, los que perdieron el rabo continuaron exigiendo el botín. Mientras Julián López, El Juli, lanceaba al sexto de la tarde, el grupo que estaba en legítima posesión de la cola intentó un acercamiento diplomático. El ofrecimiento consistió, según las investigaciones de la Policía, en repartir el rabo equitativamente. La oferta no fructificó y los individuos más enardecidos, los que habían perdido el rabo, replicaron que lo querían entero y para siempre. La disputa se mantuvo latente hasta que el público comenzó a abandonar la plaza. Entonces reventó la contención de ánimos y ambos grupos se enzarzaron en pos de la piltrafa. La policía, que ya estaba sobre aviso, acudió de inmediato e intentó mediar. Los agentes tuvieron que emplear sus defensas de goma para aquietar a los aficionados. Uno de los policías perdió su porra en la refriega. Durante el tumulto doce personas resultaron lesionadas, entre ellas cinco agentes. Los policías lograron por fin reducir a los aficionados, que salieron del coso taurino esposados. Los daños no acabaron ahí y uno de los coches de la policía apareció con los neumáticos desinflados y con diversas abolladuras. Los detenidos permanecieron durante 24 horas en los calabozos de Baza. "Hubo palabras fuertes entre ellos. No obstante, uno de los grupos, el que cogió el rabo, actuó bien, pero los otros se lo querían quitar a toda costa", contó ayer a este periódico el comisario de Baza. "¿Que dónde está el rabo? Si le digo la verdad no lo sé. Supongo que lo tienen quienes lo cogieron", agregó.

Un Toro y un Torero

 .



(Hoy no ponemos foto en honor de Rescoldillo, damnificado por la crítica taurina)



Rescoldillo y Alejandro Talavante. Uno que no parecía de Cuvillo. Otro que parecía más mexicano que español. Uno encastado y fiero. El otro, instintivo y arrebatador. El uno, fue corrido sin pena ni gloria en cuarto lugar. Para el otro, sería la gloria en el que hacía tres. Gente con oficio y mando le faltó al uno. Al otro, garlopo con casta y brío. A Rescoldillo, cuyo nombre es obviado por la crítica, como si no fuese importante, sólo le queda la ovación póstuma al arrastre, pues ni han tenido a bien sacarle una instántanea de su bella estampa. Mientras el otro es el que se lleva flores, cigarros, puros, palmaditas en las espalda, miles de fotos con el Nokia y un esportón de elogios hiperbólicos. Hace tiempo que se perdió el equilibrio en la balanza entre el torero y el toro, que también debe de poner algo en esto, digo yo.

En lo que va un cuarto de hora, que eso es ná, se derramó la escasa suerte de la que goza el aficionado. Qué bello, sin coñas marineras, hubiera sido ver en el ruedo, a la vez, a Rescoldillo y Talavante. Un Toro encastado, como pocos del Grullo se han visto, con un torero que, por fin, ha dejado atrás la pesada y amoral carga de ser sucesor de Jotaté. Pero la realidad nos tenía preparada otro destino.

A el Tala, como lo llaman los partidarios, le tocó lucirse con un jabonero claro que era una carmelita descalza, todo caridad el hombre. Bueno para el coleta desde el principio, obediente o colaborador, como se dice ahora de los bichos sin casta, no tiró un mal derrote durante los veintitantos minutos que se supone, el humano le da para defender su vida. Al del caballo se le tiró con desgana, total, pa' qué, y tampoco es que el piquero pusiera mucho interés en hacer su trabajo. Que se note que es taurino y español. El colmo de la vagancia. Con uno y uno se salvó el trámite. Un puyazo rasgapellejos más una una picadura de pulga. Nos roban el tercio de varas, corrompen la lidia y desvirtuan una de las razones que dan vida a este rito: la demostración, en loor de multitudes, de la bravura de un animal único. Hace ya tiempo que al taurinismo le molesta la casta, tienen pánico al primer tercio, a que el público tome partida por el galafate, a tener que enfrentarse a pavos con poder, así que mejor borrarlo de la faz de la tauromaquia. En toda regla, una ablación a uno de los núcleos de la lidia. Son los mismos que, por el pecado venial de pedir el Toro, te señalan con el dedo: "¡talibán!" O sea que, de aquella manera, sin picar ni mucho menos molestar en banderillas, llegó al último tercio, en el que el extremeño sacó todo su repertorio, colmado de inspiración y donaire, de pases de todas las clases que un alumno de escuela taurina pueda soñar. Arrucinas, pases cambiados, naturales larguiiísimos, gracias al pico de la muleta y a la escasa colocación, triunfal pócima para los públicos de hoy. El toro, a todo esto, de nombre Esparraguero, derrochó clase y buenas intenciones, siguió la muleta por todos sitios como un perrillo faldero y ayudó a su matador a poner la Misericordia boca abajo. El fallo a espadas evitó un rabo, dicen.

Fandila tuvo la mala suerte de llevarse el toro bravo de la tarde, que también fue el de más trapío. Dió guerra desde un principio, la casta, no se achantó en el caballo, empujó en una primera vara en la que recibió más castigo que todos sus hermanos de camada, y en una segunda se arrancó de media distancia con codicia aunque se le dió poco, por la costumbre, ya se sabe. Con los rehíletes apretó, cosa que el Fandi arregló como es habitual en él: desapretándose. Ya en faena, Rescoldillo se comió a mi paisano. Literalmente. A base de embestidas vibrantes y emocionantes fue ganando terreno y moral, hasta que harto de no encontrar enemigo a la altura se termino rajando y siendo tratado de manso. La poca justicia que se hizo con él fue a cargo del aficionado maño, que le tributó una merecida ovación.

La tarde no dió para mucho más, el resto del ganado, mal presentado y de nulo juego para como se esperaba, ni movilidad, ni clase ni nada de nada. Manzanares se justificó en el quinto mientras en el segundo protagonizó otra nueva entrega de su versión moderna del toreo, basada en llevarle la contraria no al toro, sino al maestro Domingo Ortega y su incontestable parar, templar, cargar y mandar.

domingo, 9 de octubre de 2011

Menos que una vaca, por Gistau





El Mundo



LA PERIODISTA Julia Otero suele decir que no entiende cómo la misma persona que va a los toros luego puede abrazar a sus hijos con cariño. No te cuento si el que va a los toros es para matarlos. Tan sorprendente, ¿no?, como enterarse de que en los einsatzgruppen de las SS había exquisitos melómanos y doctores en filosofía que al terminar la matanza se invitaban a té. Estaríamos ante un estereotipo que deshumaniza al taurino hasta el punto de considerarle incapaz de sentir amor por sus propios hijos, como si lo lógico fuera que les infligiera el mismo trato que el del toro recién aplaudido en la plaza, corte de orejas incluido. Total, se empieza comprando una entrada para los toros y, por pura inercia degenerativa, se acaba practicando la antropofagia con escolares robados en el parque e incluso votando al PP.

Admito el matiz demagógico si ahora propongo a la señora Otero sorprenderse aún más con el rasgo de humanidad de un taurino de acuerdo a la siguiente información: según testimonios, el torero Padilla, mientras era transportado en volandas con la cara destruida y el ojo fuera de su órbita, además de «¡No veo!», dijo «¡Mis niños, mis niños...!». El relato obliga a sospechar que, en ocasiones, Padilla puede incluso haber sido capaz de abrazarlos, aun dedicándose profesionalmente a matar toros. ¿Resulta que el monstruo toca el piano?

La escalofriante cogida de Juan José Padilla ha vuelto a destapar un fenómeno del cual Julia Otero por supuesto no es culpable, pero que sí perfecciona con maldad, con sorna cruel, su aberrante estereotipo. El torero tan definitivamente cosificado que su desgracia se festeja como una revancha del toro. Los animales hablan, como nos enseñó Disney, y preguntan por su mamá. De los taurinos sorprende que tengan síntomas de humanidad, y en todo caso éstos no han de interrumpir el festival del humor que nos inspira su atroz dolor de torturador con el que se ha hecho justicia. Hasta hace poco, y aun comprendiendo el rechazo a las corridas, la exageración del argumentario animalista que a uno le revolvía era la elevación del animal, no ya a mascota urbana, sino a categoría humana, igualado hasta en derechos.

Es obvio que las cosas están ahora peor, cuando se hace necesario vindicar al hombre, incluso al taurino, que ha sido degradado a una condición inferior en la que no merece ni siquiera la misma compasión que el toro. Ni siquiera cuando lo sacan de la plaza con el rostro triturado y el ojo fuera de su órbita. Que sí. Que abrazan a sus hijos. Y si les pinchas, sangran. Y no merecen ser víctimas de una inversión de valores tan delirante como para que su vida no valga la de una vaca.

América
























"No me quitéis ninguna corrida de América"




sábado, 8 de octubre de 2011

Padilla. Una vida entre dos orillas. Como Caronte.

Padilla en Pamplona con Miuras, en una de sus victorias sobre la vieja de la guadaña

















Padilla es la sonrisa del hombre que vive acampado al filo de la navaja. Legionario romano al paso marcial de los jaleos de Jerez. Un tipo sin fisuras, hecho de una sola pieza que no deja indiferente a nadie. Misterio pendenciero de un hombre pegado a unas patillas, que diría Quevedo. Un héroe con espiritu de boy scout capaz de matar la camada cinqueña de Miura con su navaja suiza. Un ciclón que, como buena tormenta tropical, deja huella imborrable a su paso: a veces desertiza, otras arrasa. Maestro que se equivocó de época al nacer, por hacerlo un siglo tarde perdió un reino al sur de Despeñaperros, aunque en el norte ganó trato de Lehendakari. Ahora, al tatuaje de torero que le hizo un tatuador de Zahariche en Pamplona, le va a sumar otro parche en el ojo, distintivo de jerarquía como pirata de los mares, su otra gran pasión. 

El bueno de Juan José, al que nunca aguanté como torero, ha vuelto a esquivar la parca. Parece Caronte, el barquero que por un óbolo cruzaba de orilla a las almas errantes, de la costa caribeña de la vida al fondeadero de la muerte, y al que unos pintaban como demonio alado y otros como un viejo desaliñado con ropajes extraños. Quizás Padilla tengo algo de eso, de picardía de diablo y del saber de viejo estrafalario, por cojones curado de espanto. Tal vez la explicación a sus aventurados viajes reside ahí: en la chulería de ver como en cada uno de ellos coloca la guadaña al cuello de la afición del más pintao. En sentirse dueño de dos mundos. En ponerselos por montera. 

Fuerza, Padilla.

Fuerza Padilla














*Última hora: 02:46: Acaba la operación. Es pasado a la UVI aunque su vida no corre peligro. No son buenas noticias, es practicamente seguro que perderá la visión en el ojo afectado y tiene parálisis total facial al verse nervios afectados -arrancados-.

23:55. Patricia Navarro, de la Razón, afirma que los doctores creen que aún puede salvarse el ojo. Anuncian otras tres horas más de operación (seis en total).

23:40: Según Carrusel Taurino, es muy difícil que pueda salvar el ojo izquierdo.

21:45. Van a operar a Padilla. Preocupa que pueda perder el ojo.

20:40: la lesión cerebral está descartada. Sufre, en términos médicos, una afección maxilar cigomática orbito-ocular izquierda. Esperemos que lleguen buenas noticias en las próximas horas...

viernes, 7 de octubre de 2011

Airbus-380 para abonados



Hace días, merced a todo el lío traído por la moruchada charra de los Adolfos -que es buen nombre para una ranchera o para hacer el ridículo en Burladero-, se formó a través de las redes sociales una gran polémica. La de siempre, vigente desde los tiempos de Pepe Hillo y Pedro Romero, enconada disputa entre toristas y toreristas. Los primeros, huérfanos de una tauromaquia y un toro enterrados, machacan los oídos de los otros con el ruído amartillado de siempre la misma palabra. TO-RO. Bendita cabezonería. Los toreristas replican con aquello del arte, el embrujo, la magia y todas esas zarandajas sobre las que normalmente se esconde un esportón colmado de vergüenzas. Huelga decir que todas las opiniones son muy válidas, y muy respetables...

... hasta que llega el interfecto de turno: amigo de, primo de, hermano de, partidario de o enamorado de.., al que no se le ocurre otro pensamiento que alegrarse de que los aficionados quepan en un autobús. La misma criatura, de la que desconozco el nombre, opina que el futuro de este tinglao está en el público, capaz de engancharse en tardes como la de Zafra, Valladolid y no sé cuántos pueblos más. Rematando toda la serie de fruslerías con un antológico e importante elogio a la estupidez taurina: según él, la corrida de Adolfo Martín es una moruchada porque no engancha ya que su hermana invitó a una amiga, que dijo que los mansos de su padre musaban más. Y que no vuelve, la probe muchacha, que para ver mansos dice que ya se queda en su casa, que a ella le va más el Manzana, el iTorero, con el que se pirra más, o más pirrable que dirán ya mismo en Burladero, aunque sea en Colinas del Campo de Martín del Moro Toledano, -sito en la provincia de León-. 

Esta situación tendría su gracia y no dejaría de ser anécdota de no ser porque es pensamiento general entre el taurinismo. El aficionado es un mal, quizás necesario, pero no trae el dinero a espuertas. Ni te hace famoso. Ni te encumbra, a no ser que seas Robleño, Fundi, Urdiales o te hayan pegado cien mil cornadas los toros y seas un desgraciao que cuando vengas a ganar dinero con el Toro ya te tengas que retirar. El aficionado, como la casta, es un sobrante reminiscente de una tauromaquia primitiva con el que tienen que lidiar, por lo menos hasta cuadrarlo para entrarle a matar. Algunos estamos igualaos ya. Otros hace tiempo que fueron desollados vivos de su afición.

En Zaragoza, ayer tarde, en novillada dentro del abono, con lo cual no hay muchas excusas, había una entrada en tipo a la de la ex-Monumental de Barcelona. Según David, que es el que pasa lista todas las tardes en la Misericordia, este año los abonados caben en un Airbus, apenas llegan a mil. Hace no mucho multiplicaban ese número por siete y hasta por ocho.

Lástima de unas cuántas dioptrias que me dejé pegadas a la pantalla del televisor, buscando por el tendido a los salvaores de la Fiesta, a la tonta de los mansos que musan y al interfecto amigo, primo o fulano de menganito. Pero por mucho que mirase allí sólo estaban ellos: los aficionados ultrajados que caben en un autobús. No hay oro bastante en el mundo como para pagarles. 

Aunque algunos se empeñan en hacerlo con el desprecio.

jueves, 6 de octubre de 2011

La buena reata: De Santanerito a Santanero II





Santanero, de Baltasar Iban, indultado en Arnedo... por LcbTV
















Videos vía la Cabaña Brava y canal Hastalrabotodoestoro en youtube.

¡Taparse, hombre!





Miguel Conesa y Francisco Cuadrado, presidentes de plaza en la pasada Feria de Septiembre, anunciaron que el año próximo serán "más exigentes" a la hora de conceder la segunda oreja, sobre la que tienen potestad, en el marco de los Martes Taurinos del Club Taurino de Murcia, que se reanudaron ayer tras el parón vacacional y las retransmisiones televisivas de las Ferias más importantes de España.
La plaza de toros de Murcia tiene cierta fama de alegre en la concesión de trofeos y los presidentes mostraron el propósito de cambiar en lo sucesivo. "La afición espera muchas veces a que el toro está a punto del arrastre antes de pedir una oreja y eso dificulta nuestra labor", afirmaron los presidentes, que ofrecieron una perspectiva de la Fiesta "desde lo alto".

Para Conesa y Cuadrado, la Feria de Murcia estuvo "bien presentada y con más trapío que otros años, pero a los toros les faltó fondo en líneas generales". Destacaron como excepción "la gran corrida presentada por Salvador Domecq".

Los asistentes tuvieron oportunidad de compartir sus opiniones con los presidentes de la plaza, lo que dio pie a un animado debate.

Vía: Burladero.


Nota: Es de risa que quince días después del ciclo murciano, que es un circo como lo son la mayoría por aquí abajo, vengan estos dos a darnos una ración de coba a cambio de un cuartito de hora de fama. Hagan bien su trabajo, cosa que no han hecho hace unos días, y no vengan con milongas. ¡Tapénse, tengan vergüenza!

Al asalto de las Ventas




Y como éramos pocos, parió la abuela. El que faltaba para el duro. Simón Casas, alter ego de Bernard Dombs, dice que se presenta a "Presidente del Gobierno del Toreo", cargo que cree merecer, desde su profunda modestia. Al francés charlatán lo va a derrotar su propio ego. Bueno, eso y Manolo Molés, al que con Taurodelta no le ha ido mal del todo, y ha podido ampliar el cortijo con otras pocas fanegas más.

No vamos a redundar en lo mismo de siempre, en el vendedor de brebajes crecepelo que está hecho, en que el toro le importa un pimiento, que ahí están Valencia y Nimes para dar fé de ello, en lo cursi y amanerado de su discurso, emponzoñado en hacer del toreo y, lo que es peor, del Toro, una cursilería para snobs que con el tiempo no será sostenible en esta sociedad -no es tolerable el dolor, la tortura y la muerte pública de un animal para el mero divertimento de la masa si no hay unos mínimos, en cuanto al Toro y su lidia-.

Le deseamos, implorándonos a los dioses si es menester, la derrota. Porque su victoria es nuestra ruina.

martes, 4 de octubre de 2011

Convergencia i Unió (del taurinismo)




Miuras. 1842. Al matadero. Marqués de Albaserrada. 1912. Moruchos. Pablo Romero. 1885. La necedad vestida de cárdeno. Esto, sin que se les caiga la cara de vergüenza, es lo que han escrito durante este verano tres de las eminencias taurinas más célebres del país. Moncholi, Javier Hernández y Carlos Ruíz Villasuso. Tres arquitectos de la fiesta moderna, madre de la corrida incruenta; tres monosabios al quite del empresario, ganadero o figura de turno; tres atúnes sin chispa de respeto por una Historia, la del toreo, que ha permitido que llegue con salud, poca, el arte que les da el pan de sus hijos; tres actitudes irresponsables y antitaurinas; tres futuros cargos de CiU.

Hablábamos aquí hace unos días, cuando el entierro de Barcelona, de la necesidad de "que la crítica actúe con honestidad, que cada tarde, desde el cero, pongan en la balanza el valor y oficio de unos, y la bravura y trapío de otros. Y que lo cuenten, que expliquen el toreo, que lleguen dónde el resto de la sociedad, más analfataurina que nunca, jamás podrá llegar por sí sola." Visto lo visto, toda una utopía. Con los Adolfos, esas viudas catalanas que lloraban por la mala dicha de la Monumental, cuya muerte se da por buena si en el entierro ha cantao por bulerías la Tomasa, ha vuelto a renacer toda la mala casta, moruchera de verdad, de algunos críticos que escriben desde el más despreciable resentimiento hacía según que ganaderías. Esta vez le ha tocado a Adolfo Martín, como era de esperar con un tío que, sencilla y llanamente, cría el Toro. Antes Miura. Los viejos Pablorromeros de Partido de Resina también se llevaron lo suyo. Los herederos del Duque de Veragua, de Prieto de la Cal, fueron "nacionalizados" como juampedros, que hay que tener mala leche. Los de Escolar, triunfadores en San Isidro, fueron tratados de ladrones. Los portugueses de Palha, de hermafroditas. Y así, con un largo etcétera de hierros de leyenda, emblemas del aficionado, garantía de autenticidad de la Tauromaquia. Escrito está en las hemerotecas recientes de los portales taurinos, para los descreídos que no lo quieran ver.

Todos estos, a los que se les llena la boca de ecologismo, tanto que parece se van a atragantar con su propia bilis, que apostillan una y otra vez como loros que el futuro pasa por la unión, como si la unión en este mundo de chalados fuera posible, sólo son capaces de unirse para hacer daño a la figura vital e insustituible de la Fiesta: el Toro. Si dependiese de ellos, los Alijares, Cortijo de Arenales, Partido de Resina, Zahariche, la Ruiza, Comeuñas, Valdetiétar, Dehesa de Frías, las Tiesas o la Zorrera sí que estarían llenas de moruchos, de charoleses, de ibéricos, hasta de cabras piyoyas; si estuviesen en sus manos, que en cierto modo están, los guapos habitantes de esas fincas míticas desaparecerían para siempre. Por moruchos.


Pensar así si es de buenos aficionados. Yo me quedo con los malos, los del autobús. Por encastaos.

domingo, 2 de octubre de 2011

Un brindis por el toreo

Salmonetes


Cuando no hay tregua, cuando en vez del todopoderoso bieeeeen los únicos ruidos que se escuchan en el tendido son los de los aficionados tragando saliva -glup, glup-, de los relojes no se acuerda ni el Tato, así que ni se escacharran ni se paran. Y si lo hacen, que más dá. Por esto que no sé las horas que serían cuando Iván Fandiño y David Mora se marchaban milagrosamente a pié de las Ventas del Espíritu Santo. Tampoco sé si el bendito milagro sería cosa de ese mismo espíritu biblíco de buena fama, de las meigas o de que ya no se ve un maldito gato negro por las calles gallardianas de Madrid. Y ahí que iban, con sus trajes de mataores de toros, esto no es con los colores más vanguardistas en pret a porter, sino con las telas esjarrás por las cornás, con las sangres del toro y del hombre formando un óleo de crudeza sobre la seda, con la baba del morito y la sudor espartana del romano esparciéndose a modo de agua bautismal por los desvalijados bordados de oro bien merecido. Así abandona un torero una Plaza de Toros. Con la cabeza bien alta y el cuerpo hecho escombros.

Para llegar a este punto el aficionado -santo, santo, santo, carne de beatificación vaticana-, tuvo que soportar una nueva golfada de la empresa que gestiona como si fuese un cortijo andaluz la primera plaza del mundo. El ganado de Gavira había conseguido, a priori, lo que no consigue ni el mismo José Tomás: poner de acuerdo a todo el mundo. Era un petardo cantado. Los bichos de la divisa gaditana son un compendio de lo que no debe ser un toro bravo. Flojos, mansos, descastados, al que no gazapeaba se le partía el cuerno, al que no se desmochaba embestía como un borracho, y el que no iba mamado no dudaba en cocear como burra resabiada al llegar a la jurisdicción del caballo. Qué montón de basura. No los bichos, que no tienen culpa, animalitos míos, sino aquellos malhechores que los compran para hundir a los dos toreros que, junto a Urdiales, están llamados a ser voz y voto de la afición conspicua.

Tres veces se vió Fandiño emperchado en las engatilladas astas de los gaviras. Y tres veces que la muerte lo negó. En competencia en quites fue volteado en dos ocasiones: una acordándose de Chicuelo y otra, más dramática, rememorando a Gaona. No volvió la cara en toda la tarde, con el sobrero de Lozano Hermanos anduvo aseado hasta que se invalidó el bestiajo. Pasó las de Caín con el tercero, gazapón por poco picado y con no muy buenas ideas, que se hizo el amo del redondel a pesar de los intentos baldíos del vasco por dominarlo. La apoteósis vino ya en el quinto, que si dice el dicho que no hay malo, este era malísimo. Negro chorreao, serio, astifino y colocao de cara, encampanao como el portero de un puticlub, una mole con más de 600 kilos y toda la mala baba que su casta mansa le prescribe. Cinco veces fue al encuentro con los del castoreño, que sólo recibieron coces a cambio de cinco picotazos sin importancia. Con este, y lo que son las cosas, se empeñaron en picarlo con ortodoxia, en tratarlo como bravo, sin echar mano a la suerte de la carioca que, para una vez que se requiere es olvidada. Crudito llegó al tercio de muerte, en el cual Fandiño echó toda la carne en el asador. Acertó con los terrenos, llevándose al manso a los medios, quitándole resabio, lo tanteó y antes de que cantara un gallo ya lo tenía metido en el canasto. Sacó una media faena vibrante, basada en el pitón derecho de donde no la había. Unas manoletinas aturulladas y emocionantes sirvieron de epílogo a la faena que, siendo importante, quedaba escasa para la oreja. Un estocadón a ley, entrando por derecho, del que resultó prendido como un espantapájaros, valió por sí sólo esa oreja que es de las más pesadas de la temporada. Gloria para Iván Fandiño, torero de otra época, ayuno de triunfos y sobrado de casta, como aquellos maletillas que venían a Vistalegre en busca de una oportunidad. La misma oportunidad que algunos, con sus hechos, parecen querer negarle a este titán del toreo.

No le anduvo a la zaga en redaños David Mora, mucho más asentado, más cerebral que Fandiño durante toda la tarde sin tener por ello que ceder un ápice en entrega. Recibió a porta gaiola casi en los medios a su primer toro, para después darle de capa con vibrantes verónicas. Nada pudo hacer de muleta con este marmolillo. Con el cuarto, que debió irse para atrás por inválido, más de lo mismo, sólo demostrar sus buenas maneras en labor de enfermero. Una vuelta al ruedo dió en el que cerraba plaza, otro manso geniudo que desarrolló peligro y se orientó demasiado pronto, quizás producto de un mal inicio de faena, dónde fue citado de largo, coleta en los medios y astado en tablas. No tardó en darle el palizón, en decir aquí estoy yo ante un Mora al que se le juntaba la rabia por la voltereta y el amargor de la hierba en la boca -por la oreja cortada por el compañero- y que le llevaron a perder los estribos. Valiente, rayando la imprudencia, estuvo toda la faena a merced de Notario, que pudo dar fé de que aún existen caballeros capaces de arriesgar su vida en batalla de poder a poder con un animal.

La tarde fue de los toreros, sin antologías, sin importancias, sin cumbres, sin necesidad de mentar a los maestros muertos. Ni falta que hace. Mientras se esté como han estado esos dos jabatos, con la verdad delante del toro, todo lo demás es casquería de ternera. Toreo de segunda.

sábado, 1 de octubre de 2011

Agua salada para calmar la sed

Julián López.


Cuarto de una tarde aburrida de Otoño. Con nombre de muchas cosas menos de toro: Pompito, negro, lomirrecto, basto de hechuras, con el siete en la paletilla y sangre y comportamiento de bravo*.

*Lo bravo que se puede ser en la tauromaquia moderna. Lo bravo con lo que se puede distinguir a un garlopo con sólo las dos rutinarias entradas al acorazado de picar. Bravo de "no dejarse" en banderillas. Bravo en la muleta, con embestida codiciosa y nobleza viva, y con poco poder, que todo hay que decirlo. Bravo, de vacas, para aquellos amantes del "elimina lo anterior..." Un toro de cortijo según están ahora los cortijos, baratitos, baratitos, ovacionado y dejado, justamente, sin vuelta póstuma. El resto de hermanos, no han sido ni de VPO: mansos, descastados, flojos e inválidos. Un desastre ganadero, y van... Pero el año que viene, seguro que repite el Pto. de San Lorenzo o de la Ventana, o del Ikea, o lo que sea que sea la basura que trae siempre esta familia a las Ventas, mientras en Zahariche o la Ruiza todavía pagan sus errores.

Pompito fue para el Cid. El mejor toro, para el mejor torero. Que lo entendió a la perfección ya desde salida, ojo avizor, lo moldeó con el capote y con oficio y tiento de buen lidiador, canalizó hasta el tercio de muerte la vida del atanasio. Que empujó, sin matarse, en una primera vara. La segunda fue testimonial. Como todo los tercios de varas del festejo. La cuadrilla, como siempre silenciosa y eficaz, para buenos aficionados, mantuvo al bicho en pié y no lo incomodó durante la lidia. La suerte del Cid en los sorteos se llama Boni, se llama Alcalareño, se llama Bernal y Manuel Jesús Ruíz sobre los pencos, y ayer también se llamó Pablo Delgado, que relevó a la perfección al Pirri. En el último tercio, y con el ruedo vacío, sin ápide de dudas, el Cid citó de largo, como mandan los cánones, con pecho y telilla por delante y zapatillas asentadas, mientras ahí, -que es a varios metros y al galope de un toro bravo-, viene eso. Respeto para un tío que se pone así, que da ventajas al toro... aún a riesgo de su propio perjuicio. Lo que vino después fue una faena llena de altibajos. Con más bajos que altis. A izquierdas, toreó como un cualquiera: periférico, escondiendo la pata, alargando -alejando- el muletazo, en series de hasta cinco y seis naturales, a media altura y muy ligados. A diestras, adoptó una figura novedosa en él, más vertical, más desmayado: más impostado. Unos jaleaban con oles, otros runruneaban con el sonsonete del desasosiego. Y el de Salteras ahí en medio, intentando calmar la sed del personal con un vaso de agua salada. A pesar de que su toreo no nos dijo nada, de haber matado en condiciones, hubiera cortado una oreja. Afortunadamente un bajonazo infame lo privó de verse metido en líos por la prensa merced a un despojo que maldita falta le hace a un tío que ha abierto la Puerta Grande de Madrid, Bilbao y Sevilla con los grises de la A coronada.

El resto fue una corrida concurso de pegapases, a ver quién daba más mantazos sin que el toro se le muriera por el camino. Empate técnico entre Perera y Castella que, a buen seguro y gracias a esta grandísima empresa, podrán desigualar en las cuatro o cinco corridas que les firmen el año próximo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Rios de coraje

Poyatos
Saltó el primero a la arena, un toro alto, cuajado, enmorrillado y tocadito arriba de pitones; un "tío". Todos dudamos, hasta que Conchi Ríos se hizo con él, apreciando que no venía a pasar la tarde. Y así fue. Tras pedir el cambio de tercio con un puyazo vimos que había cometido un error, al no darle un segundo y quizá un tercero. Citó de largo, dio el pecho (sin tonterías) y vio venir el "tren" en tres series por el pitón derecho templadas, corriendo la mano y sin enganchones. La mejor fue la segunda tanda. Probó por el izquierdo y logró una serie limpia, un tanto despegada, pero aceptable. Debió continuar, antes de darse al toreo accesorio. Acertó con una estocada trasera y le concedieron las dos orejas. Pese a estar por debajo del novillo, tuvo mucho mérito la novillera.
Un gran toro: bravo, encastado, no tonto, exigente, con calidad y recorrido por ambos pitones. Uno de los mejores de la temporada. Para mí, sin duda. (seguir leyendo...)



Pues si, dos orejas para la novillero Conchi Ríos en una novillada interesante de Valdefresno, con buenas presentaciones de los novillos (no me cansaré de dar las gracias a los responsables) y mucho y variado trabajo para los novilleros. Destaco el primero, que salvo cierta querencia demostrada aisladamente por los terrenos de chiqueros, lo hizo todo para ser un excelente novillo y fue aplaudido en el arrastre. Conchi Ríos le cortó las dos orejas no porque sea una novillero "artista" sino porque demuestra arrestos y maneras en su muleta. Eché de menos otra tanda de naturales porque el tal "buscador" la tenía y tal vez era el pitón más emocionante, pero con más peligro, cierto es (seguir leyendo...)



Novillada Arnedo 28-9-2011 por burladero_es

Veraguas un siglo después: de Juan Belmonte a Carlos Gallego





En el centro de la plaza hay un toro del Duque de Veragua. Su pelo es colorado; su nombre, Chimeneo. Un toro bravo, un toro mu guapo, como diría Guillermo, el viejo vaquero del duque. El toro, fino y recortadito, se había arrancado bien a los caballos, y como era pegajoso, le habían castigado mucho. Como ves, amigo Guillermo, hablo del toro antes que del torero, para que no me preguntes en la primera ocasión; `¿Pero porqué no se habla más que del torero? ¿Y el toro? ¿Es que no tiene madre? ¿Es que no tiene amo?¿ ¿Es que no tiene vaquero que quie saber como se porta, porque pa eso pelea con él desde que nace?´´ Pues ese toro, con madre, con amo ilustre, y con un vaquero de noventa años, que llevó corridas al Chiclanero y al Tato, se encontró ayer en los medios de la plaza con Juan Belmonte. Yo no sé qué hubieran hecho el Chiclanero o El Tato; pero, te contaré, Guillermo, lo que hizo Belmonte. Después de un pase ayudado por alto, tres o cuatro pases naturales, unos cuántos con la derecha y, como adorno, un intercalado de molinetes y pase afarolado. Pero ¡cómo los dió, querido Guillermo! Los pases naturales no sé cómo explicártelos. Es una cosa tan sencilla, tan natural, que no encuentro término de comparación adecuado. Es tomar al toro, que está en la derecha del torero, y trasladarlo a la izquierda, sin violencia, con un suave movimiento de mano, como si no hiciese más que indicarle el lugar que desea que ocupe. Es un diálogo en el que se pregunta el torero y responde el toro. Pero no uno de esos diálogos tan frecuentes en que toro y torero hablan por el métido Ahn: `Que buena tarde hace´. `No tengo más que dos pesetas´. En este diálogo de Belmonte y Chimeneo había congruencia, mutuo acuerdo. Belmonte, con la naturalidad del que verdaderamente dialoga con el toro, decía al engendrar el pase: `¿Por qué no pasas a este lado?´; y el toro, pasando también con naturalidad, sin violencia, asentía, como si contestara: `Lo mismo me da, y puesto que lo deseas... No tengo preferencia por ningíun sitio´. En esto de la preferencia no fue franco Chimeneo. Tenía preferencia por las tablas, adonde se quería ir después del pase natural. Por esto, y por llegar algo agotadillo, la faena no fue ligada, continua, seguida; éste fue el único cabo suelto para que fuera una faena redonda, definitiva, caso que no perdono a Chimeneo, porque, como detalles aislados, momentos de arte insuperable, pueden contarse tantos como pases. ¡Qué naturalidad, qué expresión, qué fuerza, qué manera tan suave, tan sencilla, tan natural de llevar al toro en la muleta con un ligero movimiento de la mano!







Hoy, los Veraguas sobreviven como pueden, y no será precisamente gracias a la élite torera. En otras épocas hubo trampas, tantas o más que ahora, pero de vez en cuando también se pudo ver la Fiesta en todo su espléndor: explosiva, impactante, fuera de control, sin trabas. Dentro de unos días, en Zaragoza, se lidiará una corrida de toros de Prieto de la Cal, hecho extraordinario. Lo que no lo es tanto es que maten y apechuguen con esta papeleta hombres que dignifican el oficio, como Fernando Robleño, Alberto Aguilar y Carlos Gallego. Nos les queda otra, el establishment taurino así lo ordena, me corroe la duda de saber que pensarán del asunto, de la justicia, y del bien y el mal taurino, los Salvador Boix, Roberto Domínguez o Curro Vázquez que hace unas horas pusieron en entredicho la ética de todo un parlamento elegido democráticamente. ¿Es de ley que Carlos Gallego mate, si puede, los "padres" de los bichejos que matan las figuras? ¿No están coartando la llibertat de los toros de encastes minoritarios y los derechos del aficionado con tanto encaste Domecq? Taurinos y políticos, no sois tan diferentes. Aunque a los políticos, por lo menos, los elegimos -el atino es ya otro cantar-, mientras el taurinismo es impuesto por lo civil o lo criminal.

Anunciándose con los de la Ruiza el triunfo ya se lo han ganado, el gesto lo merece, aunque no salgan en Aplausos y en Burladero no les dediquen críticas sensibleras que inciten al gimoteo y el moquillo. Mis respetos para todos ellos.


Nota: Fotos de la señora corrida en la Cabaña Brava. Click AQUÍ

martes, 27 de septiembre de 2011

Adéu, Barcelona

Roberto Moreno


La Monumental de Barcelona, en tiempo ha vergel prolífico en bravura y hombría, ya es llanura esteparia. Se cierra para siempre, mal que pese, que pesa, con o sin togados, con ielepés o sin ellas, porque dentro de unos años, en caso de que se pueda revocar legalmente la situación, la afición, y el germen de ella que medra en la juventud, estará enterrada en el nicho que han escavado los propios taurinos. No hay vuelta atrás. Decir lo contrario es mentir, y seguir, como quieren que sigamos, taurinejos so ilusos, vendedores de brebajes crecepelo, montados en la nube de algodón que nos ha traído en volandas hasta este laberinto cuya única salida, salvo milagro, es un precipio. Barcelona taurina es pasado, por muchos recuerdos que guarden nuestras retinas, el toreo en la Ciudad Condal dejó de existir, y nuestro espacio temporal no volverá a coincidir con el del rito al toro.

Siento pena a medias, la verdad, ni mi afición luce luto, ni perdería el tiempo en dar el pésame al aficionado catalán -especie en extinción y que pocos han visto en primero persona-. Principal culpable, junto a taurinos y otras ratas de alcantarilla, de la debacle taurina en Qatarlunya. Lloran como nenazas lo que, en vida, no han sabido defender como hombres. La llibertat también hay que trabajársela. Dejando el fenómeno JT aparte, no han llenado la Monumental en una sóla ocasión, y cuando han dicho de ir a los toros han demostrado no haber aprendido nada en todo este tiempo: al toreo, que es grandeza, lo han puesto a mendigar, con indultos de medio pelo, triunfos de chicha y nabo, alborotos ridículos, más propios de internado de señoritas que de locos enfervorizados con y por el Toro, que han ido convirtiendo una liturgia seria, ancestral y centenaria en una comedia para echar el rato. Se lo han ganado a pulso. ¿Pasaría eso en Andalucía, por muy malos malísimos políticos que aquí tuviésemos -que también los tenemos-? ¿Navarra, Euskadi o Valencia, que también sufren el azote de nazionalismos, caerían sin ser defendidos? La respuesta es obvia: eso no pasaría nunca. En Sevilla antes ardería la Giralda, y el Giraldilllo se haría perroflauta indignado; Valencia sería una falla tan grande que se pensaría que es cosa de Nerón; y en Bilbao, con Anselmi y compañía harían alimento compuesto vegetal para las mojarras del Nervión.

Sólo espero que lo que ha pasado con Catalunya sea el inicio de la rebelión callada del toreo. Que los públicos pidan el Toro, exijan su lidia y empujen a los que se ponen delante a actuar con ética; que las figuras no huyan de ese Toro, ni de esos públicos; y que la crítica actúe con honestidad, que cada tarde, desde el cero, pongan en la balanza el valor y oficio de unos, y la bravura y trapío de otros. Y que lo cuenten, que expliquen el toreo, que lleguen dónde el resto de la sociedad, más analfataurina que nunca, jamás podrá llegar por sí sola.

Y si todo sigue igual, si ni con éstas el mundo del toro recupera la honestidad, doy por justa y merecida la abolición de la tauromaquia. Y luego no vale llorar.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Más vivos que nunca



 Con pocas ganas de escribir, por ahora, reproduzco aquellas letras mal juntás, que escribí cuando el Parlament prohibió las corridas de toros. Hoy se ha llevado a cabo. Y sigo pensando lo mismo.






Fumata blanca. Lo que ya se sabía, lo que era un secreto a voces, la bicha, se ha consumado. La Monumental de Barcelona dejará de dar corridas de toros, a partir de 2012.


De abolir la tauromaquia, nada de nada. Y mira que lo han intentado de todas las formas y medios posibles. Con valdanos argentinos; con filósofos con filosofías de chicha y nabo; el pelón del Dalai Lama, entre ensalada de bambú y petisuís de soja, ha enredado lo suyo; culturetas perroflautas como Alaska; políticas como Rahola, tan carismática ella, con cátedra en el Crónicas Marcianas, junto a Boris -y su pene-, Ramoncín, Yola Berrocal o la Bruja Lola; o la activista -que al parecer ahora es una profesión, como médico o maestro-, ex cantante de Amistades peligrosas, aquella que se hizo millonaria cantando esa letra tan lorquiana de hoy voy a ir al grano, te voy a meter mano... Menuda panda.


Tengo 28 años, nací en democracia, en una familia en la que los rescoldos de la guerra aún abrasan. Con gente de mi misma sangre enterrada en alguna cuneta, en algún punto entre los límites de Almería y Granada. Son muchas las veces que me han contado las miserias de la vieja España, que para mí más que vieja, era lejana. Tan lejana como Júpiter. Oía esas historias de vecinos amargándose -y quitándose- la vida entre ellos, pepitos que disfrutaban con la desgracia de los juanillos, comités del pueblo -alcalde, cura, médico- organizando Fiestas Patronales en dónde días antes la bala y el cuchillo habían ajusticiado a los que pensaban diferente a ellos. Y yo, que apenas atendía, siempre lo escuchaba como el que oye llover.


Esta mañana por fin he entendido algo. La vieja España no estaba en Júpiter, estaba ahí y no la hemos querido ver. La España de los ganadores y los perdedores. En ese momento, justo después de conocerse el resultado oficial, toda la mezquindad, todo el veneno de la casta humana ha tomado por suyo el hemiciclo. Personas, vecinos, amigos, familiares, representantes, paisanos, conocidos, camaradas, compañeros, colegas, todos nuestros, dando brincos de alegría, mofándose y riéndose del vecino, pavoneándose del sufrimiento ajeno. Reales y duras las imagenes de esos animalistas botando como energúmenos mientras sentados a su lado hay personas llorando desconsoladamente. Los mismos que nos culpan de no tener compasión por el Toro no han tenido por bueno hacer gala de ese sentimiento para con el prójimo. Cómo si el prójimo les importara. El problema quizás subyace en que sus prójimos son los burros, los periquitos, los marranos o el camarón de agua salada. Son animalistas porque piensan y sienten como bestias, y de ahí su comportamiento. Tirando al asno.


Hace un rato he vuelto a hablar con mi amigo Tolo, que sin ser catalán ha luchado -desde su modesta posición de aficionado- con todas sus fuerzas porque la Monumental no se muera. A porta gaiola se ha ido, al Parlament, a ver a los puntilleros pasar en sus Mercedes con chófer, lujo que curiosamente antes sólo se podían permitir los toreros.
Se salieron con la suya -me dice casi gimoteando-. Un tio criado en Almería, a caballo entre el desierto de Tabernas y el mármol de Macael. Un tipo duro y apretado como la risca al que esta mañana lo he imaginado llorando por segunda vez en su vida. La primera fue cuando le tocó darle sepultura a un hermano. Sus sueños de torero, ese torerillo que saltaba con la luna las vallas de las dehesas creyendo que al otro lado estaba el paraíso y que por la noche las vacas no podían dar cornadas -pobre, que se le creyó-, hace años que se desvanecieron. Y no se le ocurrió otra cosa que dejar su casa, su familia, su tierra, para largarse, como muchos andaluces, a Catalunya, en busca de un trabajo, de una nueva vida. Hoy hay muchos tolos, hay gente padeciendo, sufriendo, sintiéndose extraña en su propia casa, preguntándose que es lo que ha hecho mal para que los vecinos con los que comparte tantas cosas de pronto lo señalen como maldito. Me vuelvo pa'llá, ¡que cojones me van a decir a mí lo que tengo que hacer o como tengo que vivir! -fin de su historia en Barcelona- Mi casa la tiene abierta.



Tanto empeño, tanto derramamiento de dinero, energías y gilipollez, para adelantar la muerte, dejando víctimas millonarias, de una plaza que llevaba condenada desde hace tiempo. Mi enhorabuena a todos ellos, por demostrarle al pueblo que no es necesario el graduado escolar, la decencia o el esfuerzo para tener un minuto de gloria en esta vida. Constituyen todo un ejemplo de superación personal, como el loro que dice
hola después de un año de adiestramiento o el mono que aprende a distinguir un platano de Canarias -el de las motitas- de una banana. Saben perfectamente que en Catalunya a los toros le quedaban dos o tres años, o hasta que se retire José Tomás, ¿Por qué tanto empeño en provocar dolor? ¿Por qué esas prisas por enterrar todo? El afán de notoriedad y la erótica del poder son las respuestas. Se ven ganadores, se creen revolucionarios a los que los libros dentro de tres siglos los van a cubrir de gloria. Si tanto saben de ecología deberían de saber que su destino está con el mío, con los gusanos, la podredumbre y la peste. Y si existiera Dios, a mí me da igual dónde me mande, pero que a estos los encierre -nunca mejor dicho- en el paraíso de los toros, con Bastonito, Bravío, Diano, Islero o Pocapena, que ya sabrían lo que hacer con ellos.


En Catalunya seguirá habiendo toros, en el nord, en Cèret. Capital mundial de la suerte de varas. Catalunya auténtica, la que recibe con los brazos abiertos, sin mirar el acento ni la partida de nacimiento del visitante. Gentes de Graná -Granada, en los mapas- los montes de Toledo, la baja Andalucía, las dos castillas o el norte, se reúnen bajo una misma bandera, sin colores ni franjas: la del Toro. Cuando estamos en Cèret el habla catalana suena diferente, a lengua de hombres. La naturaleza es sabia; el cuerpo humano una maquina perfecta -menos en algunos casos, como el mío-, y no pueden permitir que suenen igual las cuerdas vocales de un sujeto que habla y vive en total libertad, cómo y dónde quiere, que las de un fulano al que le imponen una lengua, a través de leyes y estatutos, desde que se destetó, viviendo siempre bajo el yugo de unos cuantos rabinos integristas que no son multitud. Cèret es nuestro Perpignan y así va a seguir siendo. Ahora les toca dar un paso a las figuras, aquellas que decían a Zabala o a Molés que siempre defenderían las corridas en Catalunya -defenderlas de ellos mismos, que irónico-. El año que viene, y el otro, y el siguiente, los de la barretina, el de la encerrona, los del duende y el puro, todos para allá, para Cèret, con la Fiesta, el Pueblo y el Toro. Es hora de que algunos demuestren de verdad de que material están hechos.



Pero hay mas: el planeta de los toros, y los satélites que lo rondan: la emoción, el peligro real de muerte, las cantidades ingentes de adrelina recorriendo esos cuerpos serranos -las hormonas no entienden si la serranía es de Ronda o del Penedés-, la admiración y veneración -real- del pueblo por el toro van a seguir girando por las Tierras del Ebro. El Correbous sigue -y seguirá- en órbita.



Como creen saberlo todo -hasta lo que prohiben-, piensan los pobres que acaban con la tauromaquia desposeyendo a José Tomás de su plaza talismán; al Juli de una plaza de primera categoría en la que seguir sumando o multiplicando números; o dejando con la miel en los labios a cinco mil personas, viudas de Morante. El arte de torear es algo mucho más profundo y serio que todo esto. Para empezar, es algo imborrable. Pueden derribar plazas, gasear ganaderías, castigar al aficionado, sobornar a taurinos, pero nunca, nunca, podrán borrar las huellas que ha ido dejando a su paso. Huellas en el lenguaje, en las costumbres, en la cultura, en el carácter, y sobre todo, en el corazón y en la mente de millones de personas. Digo personas y no aficionados, porque abolicionistas al margen, todo el mundo, alguna vez en su vida se ha emocionado, se ha visto ensimismado por la obra de un torero.


Si por prohibir es, nos pueden prohibir el acceso a una calle, las vuvuzelas, el burka, a fumar habanos, a circular como aviones, lo que quieran, que para algo son los ejecutores de esta democracia vestida de buenas intenciones, debajo de cuyas ropas se cobija una dictadura, la de las mayorías. Sin embargo hay dos cosas, que vienen a ser la misma, que se les escapan de las cadenas que intentan ponernos: enamorar y torear. Decía Curro -un próscrito a partir de ahora, casi un terrorista- que torear es acariciar; verbo que a su vez aclara lo que es tratar a alguien con amor y ternura. ¿Hay pues, alguna manera más loable y respetuosa de tratar a un Toro que toreándolo con finas maneras, mostrándole todo el querer que sólo pueden y saben darle unas personas que se visten de luces y se les conocen como toreros?


No lo creo. Si yo fuera toro, montaría una ILP en la dehesa -con la amenaza de cerrar el grifo de las embestidas- para obligar a que vuelvan Curro, Antoñete y Paula y nos traten como dios manda.

Puro cine negro americano

Santi Cogolludo. El Mundo




barcelona_24sept por burladero_es


A riesgo de parecer insensible, de ir a contranatura de la torerimaquia del nuevo siglo, que poco tiene que ver con aquel toreo lejano de tios machos y toros fieros, y haciendo uso de la misma libertad -llibertat- que exigen aquellos que asisten al sepelio del toro catalán, me voy a desmarcar del empalagosismo y la falsedad, muy típicos de cualquier entierro, -¡con lo bueno que era!-, con que se está despachando el festival taurino celebrado ayer tarde en Barcelona. Como uno no ha estado allí, ni falta que hace, sólo se puede servir de imágenes y opiniones, algunas de aficionados fiables y otras de los medios especializados, es decir, de todo, menos fiables. Sin entrar demasiado en el asunto, me da la risa floja, al ver como son jaleados y encumbrados al status de arte noble y superior, todas aquellas trampas y artimañas que han llevado al toreo al estado catatónico y moribundo que presenta en nuestros días. Como pueden ser, y ayer fueron. ¡vaya que si fueron!,  la ausencia de toro, y lo que es peor, la indiferencia e invisibilidad al que ha sido condenado -¿o alguién, ya sea aficionado o periodista, ha escrito o contado cómo eran los cuvillejos, si se han comportado o no, los pelos, las grumias que llevaban por delante o sus aptitudes y actitudes en el caballo?-; la desaparición del tercio de varas, prueba absoluta de bravura, cualidad que da nombre al toro bravo, y que ha sido desposeída de todo rigor en pos de palabros antitaurinos como movilidad o toreabilidad; o la ignorancia del público, para el que los cánones valen lo mismo que un pimiento, y que agasajan lo mismo el toreo ferralla del July, que el toreo almodovariano de Manzanares. En suma, una fritanga que ha terminado por llevarse bajo tierra, con los gusanos, aquello que, de verdad, daba veracidad a este rito: la emoción, la buena, la que  impone el Toro. Habrá quienes hablen de otra emoción, que corre a cargo del coleta, como pasó con Morante en el sobrero, que estuvo de chapeau, pero siempre de salón, sin enemigo, sin bicho que luche por su vida, sin garlopo enfrente que le quiera sacar la tripas... en definitiva: sin toro que necesite ser toreado. Sin toreo pues.

En fin, que resulta paradójico como las armas letales, que son éstas, y no los políticos y antitaurinos, que han llevado al ataud de pino a la tauromaquia en Catalunya, son aclamadas con inusitada vehemencia en el mismo funeral de la víctima. Menudo drama. Puro cine negro americano.

martes, 20 de septiembre de 2011

Los FYs que no quieren las figuras, en Nimes

Maurice Berho






Plá Ventura en Opinión y Toros habla de la corrida y nosotros nos alegramos especialmente cada vez que una ganadería encaste Domecq saca bravura y fondo y da la cara por el encaste.


Nota: En breve tiempo recuperaremos el ritmo normal del blog.

lunes, 12 de septiembre de 2011

"Toros y salsa". Manzanares en Dax. Poco de lo primero y mucho de lo otro.

Roland Costedoat























La faena la canta perfectamente el gachó que se escucha, que se imagina uno haciéndose jirones la camisa, y que en cada pase, sea como sea, ¡en el toreo de hoy que más da!, se rompe las meninges en un clamoroso bieeeeeeeen... (Mucho lirili y poco lerele).



sábado, 10 de septiembre de 2011

Figuras de buen rollito

















Recuerda Manolo Cortés sobre su relación con Antonio Ordoñez:



Cuando me dió la alternativa en Valencia yo no lo conocía de nada, salvo que era un grandísimo torero. Un día, en el patio de cuadrillas fui a saludarlo y me dijo muy serio: "no me llames maestro, llámame Antonio". Y yo le contesté: "Sí, maestro". Recuerdo que había un periodista que se llamaba Gonzalo Carvajal que escribió en el diario Pueblo que Manolo Cortés era sucesor de Ordoñez. Y según me contaron, no veas la que le entró al de Ronda por la barriga... Una tarde, en la Corrida del Arte de Jerez, Ordoñez llevó para la ocasión seis toros del maestro Pepe Luis Vázquez muy grandes y astifinos. Me sorprendió que una figura de su talla eligiera esos toros para una corrida de tanta vítola y categoría. "¿Es que no lo conoces? Lo hace para acabar contigo", dijo mi apoderado. Curro Romero y Ordoñez escucharon dos broncas monumentales. Yo no anduve fino con mi primero, la verdad, pero cuando salió el sexto, pensé para mis adentros: "Éste no se sale con la suya." Y le corté el rabo.


¿Le dió la enhorabuena?

¿La enhorabuena, Ordoñez? A los pocos días coincidmos nuevamente en Fuengirola, con Diego Puerta en el cartel, que era el Presidente del Montepío de Toreros y organizaba el festejo. La tarde iba redonda. Se cortaron orejas y rabos y, otra vez en el sexto, formé un gazpacho de aquí te espero. Monumental. De los toros que mejor he toreado en mi vida, de Fermín Bohórquez. La gente estaba como loca, pidiendo el rabo. Yo, que era un águila y estaba pendiente de todo, me secaba las manos cerca del burladero, rodeado de mi cuadrilla, con un ojo en el Presidente y el otro en Ordoñez, por si acaso, cuando veo que el maestro hace un gesto así con la cabeza, ¡y le dice que no!, y lo "jamé". No veas el escándalo que se formó. Para evitar un altercado, el presidente no tuvo otra que sacar el pañuelo y conceder el rabo, con el toro ya en el desolladero. Después de la ducha, en el hotel, bajé al bar y vi que Ordoñez estaba pensativo en la barra, tomando un refresco, con el jersey apoyado sobre los hombros. Nunca lo olvidaré... Me miró fijamente a los ojos y dijo: "Pasado mañana te confirmo la alternativa en Madrid. A las seis de la tarde nos veremos las caras". ¡Fíjate lo que me dijo el "gachó"! Ese era Ordoñez como torero...


¿Y que pasó en Madrid?

Que me reventó. ¡Qué tarde de toros dio ese tío! Si mata corta cuatro orejas. Esa fue la única vez en toda mi vida que me vine abajo. Al sexto, un toro con la cara a media altura, sin clase, le hizo un quite a la verónica monumental. "Voy, voy, voy, Manolo", me advirtió. ¡Vaya cuatro lances le sopló...! Podía tanto con el capote.., remató con una media, le quitó el capote de la cara y me miró de arriba a abajo. Me quería morir. Después de la corrida, como entonces vivía en los Alburejos, cogí el coche y me fui derecho a la finca, sin hablar con nadie.


miércoles, 7 de septiembre de 2011

La gestita cultureta de Talavante en Zafra



Con -¡ojo! que hasta el miedo se asusta- toritos de Daniel Ruiz, Nuñez del Cuvillo, Zalduendo, Garcigrande, Victoriano del Rio y Cayetano Muñoz.

No hace falta comentar nada más.

martes, 6 de septiembre de 2011

La Fiesta de Bayona (El July en su esplendor)










































Lo cuenta bien -para mi gusto- aunque con excesiva dureza según otros aficionados, Carlos Ilián en Marca. Enlazo a la crítica, titulada "Bochorno y vergüenza a la francesa". A continuación, cuelgo dos vídeos -de Feria TV, cómo no- sobre las "grandes faenas" de July y Manzanares en el coso francés. Los animales, no hace falta decirlo, eran de Daniel Ruíz.

Fotos: Roger Martin para Burladero.






jueves, 1 de septiembre de 2011

Los toros desde la ventana





El Toro y el Torero según Enrique Martín, a partir del 7 de Septiembre en el Museo Taurino de Valdemoro. Merece la pena darse una vuelta.

Enhorabuena al "artista" (leáse en todos los sentidos del término).