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sábado, 15 de octubre de 2011

#FuerzaTomás




Tarde de expectación, tarde de decepción, que decían los clásicos. El encierro traído desde la Ruiza  no ha estado a la altura de las expectativas de los muchos y buenos aficionados venidos desde toda España. Gente buena que se hace quinientos kms de ida y otros tantos de vuelta para ver seis vestigios de la historia del toreo delante de tres tíos como templos. No hay afición más honesta y llana que esa, a pesar de que determinado sector de plumillas quieran vender el torismo como religión de chulos. Se cree el ladrón que todos son de su condición. ¿Cuántos de éstos aficionados que dicen portar "la verdad" se cruzarían la Piel de Toro para ver a Carlos Gallego con un Cuvillo? La respuesta es obvia. Ni uno. Su sitio está en el pesebre de las figuras.

La corrida no tiene salvación posible. Fue mala. Más que eso: infumable.Tanto o más que otra cualquiera. Y no hay problema en decirlo. Lo penoso, y preocupante a la vez, está en la reacción en cadena que ha conllevado el fracaso de los Veraguas. En la alegría de muchos al ver como se estrella públicamente un encaste que se preserva en las poco más de 180 vacas que pastan en la Ruiza, que es como regocijarse por ver un Lince espachurrado en una carretera de Sierra Morena. En aplaudir como monos de circo mientras una especie única se despeña hacía la desaparición. ¿A que viene tanta bilis? ¿A que los que defienden hierros malditos son herejes del Juampedrismo? ¿Es un ajuste de cuentas entre bandas? Lamentable.

El espiritu de ese pensamiento estúpido, que raya con el antitaurinismo, lo encarnan, como siempre, en Burladero -el portal más dicharachero- no ya en las crónicas del niño de los moruchos, sino en sus atrapados lectores, en esos personajes mitad Félix Rodríguez de la Fuente, mitad Walt Disney. Como el que firma como "er Selu", que en su elocuente sabiduría aconseja que "A Tomas Prieto de la Cal mas le valdría mandar toda la ganadería al matadero, y no vivir de contarnos el cuento de que esta preservando un encaste, ese encaste hace ya muchos años que esta muerto, porque los ganaderos que lo han tenido no han tenido la suficiente afición para ir amoldandola a los tiempos como hicieron los ganaderos que si tuvieron afición. Este señorito Andaluz si le gustan los toros de colores que se compre una puntita de Charolesas, otra de Avileñas, otra de retintas un poquito de Moruchas de Salamanca y lo cruce todo con Limosines Y vera como se le llena La Ruiza de chotitos de muchos colorines y seguro que embisten mas que lo que tiene ahora".

Ante eso, y todo lo que está cayendo, solo me queda reafirmarme en el respeto y admiración hacía Tomás Prieto de la Cal y familia, que se han ganado el cielo luchando por hacer pervivir uno de los últimos encastes románticos, uno de los pocos hilos que nos llevan al pasado. Ahora le toca ganarse la tierra, reto inalcanzable estando el hombre, tan ruin y rastrero, de por medio.


Mientras tanto, #FuerzaTomás

jueves, 29 de septiembre de 2011

Veraguas un siglo después: de Juan Belmonte a Carlos Gallego





En el centro de la plaza hay un toro del Duque de Veragua. Su pelo es colorado; su nombre, Chimeneo. Un toro bravo, un toro mu guapo, como diría Guillermo, el viejo vaquero del duque. El toro, fino y recortadito, se había arrancado bien a los caballos, y como era pegajoso, le habían castigado mucho. Como ves, amigo Guillermo, hablo del toro antes que del torero, para que no me preguntes en la primera ocasión; `¿Pero porqué no se habla más que del torero? ¿Y el toro? ¿Es que no tiene madre? ¿Es que no tiene amo?¿ ¿Es que no tiene vaquero que quie saber como se porta, porque pa eso pelea con él desde que nace?´´ Pues ese toro, con madre, con amo ilustre, y con un vaquero de noventa años, que llevó corridas al Chiclanero y al Tato, se encontró ayer en los medios de la plaza con Juan Belmonte. Yo no sé qué hubieran hecho el Chiclanero o El Tato; pero, te contaré, Guillermo, lo que hizo Belmonte. Después de un pase ayudado por alto, tres o cuatro pases naturales, unos cuántos con la derecha y, como adorno, un intercalado de molinetes y pase afarolado. Pero ¡cómo los dió, querido Guillermo! Los pases naturales no sé cómo explicártelos. Es una cosa tan sencilla, tan natural, que no encuentro término de comparación adecuado. Es tomar al toro, que está en la derecha del torero, y trasladarlo a la izquierda, sin violencia, con un suave movimiento de mano, como si no hiciese más que indicarle el lugar que desea que ocupe. Es un diálogo en el que se pregunta el torero y responde el toro. Pero no uno de esos diálogos tan frecuentes en que toro y torero hablan por el métido Ahn: `Que buena tarde hace´. `No tengo más que dos pesetas´. En este diálogo de Belmonte y Chimeneo había congruencia, mutuo acuerdo. Belmonte, con la naturalidad del que verdaderamente dialoga con el toro, decía al engendrar el pase: `¿Por qué no pasas a este lado?´; y el toro, pasando también con naturalidad, sin violencia, asentía, como si contestara: `Lo mismo me da, y puesto que lo deseas... No tengo preferencia por ningíun sitio´. En esto de la preferencia no fue franco Chimeneo. Tenía preferencia por las tablas, adonde se quería ir después del pase natural. Por esto, y por llegar algo agotadillo, la faena no fue ligada, continua, seguida; éste fue el único cabo suelto para que fuera una faena redonda, definitiva, caso que no perdono a Chimeneo, porque, como detalles aislados, momentos de arte insuperable, pueden contarse tantos como pases. ¡Qué naturalidad, qué expresión, qué fuerza, qué manera tan suave, tan sencilla, tan natural de llevar al toro en la muleta con un ligero movimiento de la mano!







Hoy, los Veraguas sobreviven como pueden, y no será precisamente gracias a la élite torera. En otras épocas hubo trampas, tantas o más que ahora, pero de vez en cuando también se pudo ver la Fiesta en todo su espléndor: explosiva, impactante, fuera de control, sin trabas. Dentro de unos días, en Zaragoza, se lidiará una corrida de toros de Prieto de la Cal, hecho extraordinario. Lo que no lo es tanto es que maten y apechuguen con esta papeleta hombres que dignifican el oficio, como Fernando Robleño, Alberto Aguilar y Carlos Gallego. Nos les queda otra, el establishment taurino así lo ordena, me corroe la duda de saber que pensarán del asunto, de la justicia, y del bien y el mal taurino, los Salvador Boix, Roberto Domínguez o Curro Vázquez que hace unas horas pusieron en entredicho la ética de todo un parlamento elegido democráticamente. ¿Es de ley que Carlos Gallego mate, si puede, los "padres" de los bichejos que matan las figuras? ¿No están coartando la llibertat de los toros de encastes minoritarios y los derechos del aficionado con tanto encaste Domecq? Taurinos y políticos, no sois tan diferentes. Aunque a los políticos, por lo menos, los elegimos -el atino es ya otro cantar-, mientras el taurinismo es impuesto por lo civil o lo criminal.

Anunciándose con los de la Ruiza el triunfo ya se lo han ganado, el gesto lo merece, aunque no salgan en Aplausos y en Burladero no les dediquen críticas sensibleras que inciten al gimoteo y el moquillo. Mis respetos para todos ellos.


Nota: Fotos de la señora corrida en la Cabaña Brava. Click AQUÍ