domingo, 18 de julio de 2010

Elogio al importante: Tú, que te llaman el Juli










He visto mil veces tu figura

fundirse con el toro y el albero

Te he visto tantas tardes en tu gloria
y te he visto tantas veces en tu cielo

Te he visto bordar con el capote
olas de sol en el albero

Te he visto pintar con la muleta
cuadros que los pintores no supieron

Estoy hablando de tí
tú que has crecido en el ruedo

Tú, que te llaman el Juli
tú, que naciste torero

Tú que conoces la muerte
tú que eres grande sin serlo

Tú que conoces el toro
eres Picasso en el ruedo

Veré mil veces tu figura
fundirse con el toro y el albero

Me has llevado tantas veces a tu gloria
y me has subido tantas veces a tu cielo

Te he visto bordar con el capote
olas de sol en el albero

Te he visto pintar con la muleta
cuadros que los pintores no supieron.




***Miguel Linde Ávila es poeta, escritor, letrista y pensionista***

sábado, 17 de julio de 2010

La vieja escuela





Respiramos, y nos atufa hasta llenarnos los pulmones de desesperanza, el aire de una época de academias taurinas, en las que se adoctrinan a decenas de alumnos bajo unos mismos cánones, que buscan crear contrabandistas de orejas antes que toreros, dónde la teoría la imparten unos maestros que vestidos de oro por cada grano de cal dieron diez de arena. A dios gracias, o al que le pertenezca, sobrevive un pequeño lugar, patria del aficionado, en el que a los profesores se les sigue tratando de usted, el secular crucifijo de madera preside las aulas, el paseíllo lo abre un padrenuestro y a los malos alumnos que se libran de ponerse de rodillas contra la pared, se les obliga a escribir quinientas veces en la pizarra las cuatro palabras elementales para comprender cualquier leccion: parar, templar, cargar y mandar.



La vieja escuela del toreo, con sede en Cèret. Único lugar dónde se reunen los eternos valores, basados en el Toro y las capacidades de todos los que se ponen delante de la muerte -centauros y bípedos- , y el antiguo testamento de la lidia clásica, que se saca y se desempolva, por unos días, del baúl de las añoranzas, dónde comparte polvo, tiempo y oscuridad con la chicuelinas de frente de Camino, el olor a macho de Diego Puerta o las verónicas, cargadas de arte y ciencia, de Curro Romero.



No le hace falta a la escuela ceretana el presupuesto de las universidades de Madrid, Sevilla o Bilbao para ofrecer lecciones magistrales de toreo. Ni presupuesto, ni figuras, ni gacetilleros que vengan a informar sobre algo que no conocen, ni mucho menos las orejas, que aquí adquieren el verdadero valor que han tenido siempre, como desechos de tocinería, que sólo interesan al matador y a los que se pirran con el arte del orejismo -aquí desaparecido-. Por su cátedra han pasado maestros como Esplá -que casi se deja la vida en ella-, Fundi, Frascuelo, Manili, Pauloba, Domingo Valderrama o El Cid, que conocen lo que se siente cuando el cuerno de un Miura o un Victorino te saja las carnes, y han hecho bueno, con su sufrimiento, el dicho popular, la letra con sangre entra. Se han visto anunciados con ganaderías sobre las que no se escribirán libros, ni sus toros se verán premiados por las gentes del toro y que seguramente, algunas desaparecerán en no muchos años. Conde de Murça, Isaías y Tulio Vázquez, Fernando Palha, Barcial, Hernández Plá o Valverde, son los ejemplos más preocupantes. Los jandillas, vellosinos, cuvillos, garcigrandes y demás basura genética con honorífico título de toro, tienen el territorio vedado. Cèret tiene una fuerza y carácter que la hacen inmune a las fuerzas corrosivas del taurineo.


La suerte de varas es la asignatura que ocupa el centro de este universo. El picador vuelve a ganarse el oro que debió perder hace años en su chaquetilla; el matador debe demostrar la inteligencia, el conocimiento y la destreza que se le supone. Más ciencia que arte. También debe ser agradecido, con el toro y con el aficionado, enterrando en la arena el egoísmo y afán de buscar sólo el triunfo en el último tercio, para ofrecer al respetable -aquí sí- el ritual al completo. Caballos con buena doma, y buenas hechuras; petos en peso pluma, monosabios transparentes, pero siempre al quite; respeto, conocimiento de las distancias, las rayas y la colocación; y sobre todo, dos cosas importantes: El Toro, dispuesto a honrar a todos los de su raza a base de poder, bravura y lucha. A demostrar que es capaz de dejarse hasta la última gota de sangre antes que aceptar la derrota. Casta. La otra media naranja corresponde al aficionado, que se muestra abierto, entendido y agradecido en la suerte de picar. Sus ojos vienen dispuestos a ver algo tan difícil y a la vez tan sencillo, como un galope hacia el rocín, un puyazo en la cruz o un toro que romanea. Desmitifican con su actitud la mentira, que por mucho que la difundan nunca llegará a convertirse en certeza, de que los aficionados más entendidos son los más exigentes. No se reclaman quintales de gracia y pellizco ni un cuarto de millón de sal andaluza. Ni sillas, ni violines. No. Con algo tan sencillo como seguir unas reglas, que además ya están escritas y devolverle su lugar en la Fiesta al Toro es suficiente. Suficiente para sacar sobresaliente. Y si no, basta con ver esas fotos, tan de antaño, en las que un varilarguero sale a dar una vuelta al ruedo, o a saludar castoreño en mano. O ver el triunfo rotundo de un toro al que le llegan a pedir la segunda vuelta al ruedo. Qué mayor indulto para el bicho y su familia que quedar en el recuerdo, de los que no se borran, del aficionado más cabal. ¿Alguien se acuerda, con los ojos llorosos por la emoción, de alguno de los animalitos indultados por Ponce? ¿Y de Idílico, que se murió más sólo que la una? En cambio, ¿por cuántas bocas ha pasado ya el nombre de Oye-Mucho? ¿Cuánta emoción y cuántos suspiros de melancolía ha provocado el novillo de Guardiola? Si el tiempo es oro, ¿qué tiempo es más valioso, los cuatro años que se pasa Cuvillo llenándole el pesebre a Lanudo para que le perdonen la vida, lidiado como toro, en Badajoz, o los tres años -casi cuatro- que empleó Fidel San Román en criar un novillo de los que pasan a los anales?



En esa clamorosa vuelta al ruedo que dió Oye-mucho, de Villamarta, se resumen los casi trescientos años que han pasado desde que Pepe Hillo, Costillares y Pedro Romero empezaran a otorgarle un rigor a lo que antes era sólo una fiesta. La alegría de un público que ve de toros, la admiración por un toro que ha sido bravo y ha peleado su muerte, la justa recompensa a unos hombres que, con más o menos arte, han hecho una pelea respetando las normas y el rival. ¿Qué más se puede pedir? Larga vida a Cèret, ejemplo de ejemplos.




jueves, 15 de julio de 2010

Don Distinto

Toreo distinto. Manolo Moreno



Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Décima de feria. Lleno. Toros de Jandilla para El Juli, Sebastien Castella y Perera.



Llegaba el primer, y único, cartel de campanillas de la Feria del Toro. Y lo que faltó fue precisamente eso. Jandillas indignos, por inválidos, chicos y feos. Borja Domecq, con la complacencia de la autoridad, ha envenenado todo lo que ha querido por los corrales. Las explicaciones sobre el porqué salió al ruedo el toro embotado, que parecía un hormonado portero de discoteca, son vergonzosas. Había dos toros con cornada antes del sorteo. En vez de echar los dos para atrás, y sustituir con un remiendo, aunque sea de otra ganadería, deciden seguir adelante. Dice el ganadero, por llamarlo de alguna manera, que el jabalí tenía una cornada, pero que por ser en la barriga se veía menos, y que por eso decidieron seguir avante. Es vergonzoso que pase esto con el tropel del medios que hay cubriendo San Fermín y que nadie sea capaz a denunciarlo. Lo que ha pasado hoy no viene a ser otra cosa que la confirmación de la poca vergüenza y nula torería de la que hacen gala las figuras. Cuando no hay toreros con fuerza en los despachos para exigir, como ha pasado en esta feria, aparece el toro. Y hemos visto, cada tarde, algo que se puede parecer a lo que muchos soñamos: trapío, casta, interés, emoción. La penitencia que tenemos que pagar: apechugar, en muchos casos, con toreros que no son capaces de aprovecharlos. La cuestión es la siguiente: ¿Toro o Torero? ¿Queremos ciclos con Manzanares, Morante, Ponce o José Tomás, con becerrotes de cinco arrobas? ¿O preferimos ver Toros que parecen Toros, en manos de modestos? Yo lo tengo claro: ¡Viva el Toro! ¡Viva San Fermín!




Si días atrás, en la de Peñajara, vimos a un sardo, Paquetito, que era un estampa de La Lidia; el domingo, los miuras nos hicieron volver al blanco y negro; y los Fuenteymbro, tan grandes como caballos, podían haber salido en una pintura de Goya; hoy hemos visto torear al Juli un toro de Botero. Con toro y torero heridos, además por un asta de la misma familia, la posibilidad de ver algo que se pareciera lo más mínimo a torear era nula. Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. En el quinto hemos visto al mejor Julián de los ultimos años, haciendo una faena como la que soñamos todas las tardes en verle: abreviando y quitándose pronto del medio. ¡Que alivio!




Dice Castella, tras su éxito de hoy, que quiere ser distinto. Como distinto es un cartón de Don Simón de una botella de Faustino. Si quisiera ser diferente, para empezar, se hubiera apuntado a la de Miura, por ejemplo, que es cosa poco usual entre la mayoría de coletudos, que prefieren ser importantes a distintos. Dos orejas, dos, les cortó a un burraquito almibarado y medio inválido, al que desde los primerios capotazos ya tuvo que estar cuidando, subiéndole las manos y midiendo. Todo lo que se saliera de esa dinámica hospitalaria, era dar con los huesos del jandilla en la arena. Empezó con pases por alto, sereno como una esfinge, para seguir muleteando con la diestra, con la que se siente más seguro. Lo intentó con la izquierda, su mano tonta, sin ponerle un gramo de salero. Para calentar al personal, que es de lo que se trata en Pamplona, dió unos cuántos circulares, que yo no sé ni como se llaman, de los invertidos, que son dando el trasero al toro y enroscandóselo hasta que el bicho acabe con la testa apuntando a tablas y el culo al torero. Como un 69, más o menos. Como ven, entre el dicho y el hecho hay un trecho. Que me expliquen que tuvo de distinta la faena de Castella. Con el quinto, descastado y bronco, que no alimaña, se llevó una fea voltereta, por el simple hecho de que no sabe torear al toro distinto.



El extremeño Perera, ha dado un curso de vulgaridad durante toda la tarde. Pudimos ver las dos dimensiones de su toreo: la templada, concebida especialmente para cuidar y mimar al enemigo inválido. Los colores de su bandera son el perfil, el pico y el hueco. Y la ojedista: inventada para enemigos que además de inválidos, son descastados. El trapazo y el péndulo son sus señas de identidad. Extremadura era hace años la capital del toreo, con Talavante y Perera en figura, hablándole -o eso dicen- de tú a tú a José Tomás, y con Antonio Ferrera triunfando en las duras. Ahora, en las maduras, son tres toreros que no tienen nada que decir, ni a nosotros, ni al toro, lo que es más grave aún.


miércoles, 14 de julio de 2010

Galgos y podencos

Natural del Cid. Natural eterno. Maurice Berho


Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Novena de feria. Lleno. Toros del Pilar para El Cid, El Fandi y Miguel Tendero.


Buena corrida de Moisés Fraile, que llegaba a Pamplona con la aureola de buen ganadero, y se marcha respaldado por el buen juego de alguno de sus rabosos. Toros con edad, trapío, carniceras, finura, tipo, respeto y pitones. Si además embisten dos o tres, qué más se puede pedir. Pues claro que se puede, y mucho. El aficionado que se precie y se respete como tal, debe de exigir gentes que demuestren poder, altanería y bravura, durante toda la lidia. Es consolarse con poco el ver toros nacidos y criados para que cumplan, a merced del torero, en una tercera parte de la lidia. Si yo asisto a una obra de teatro, la quiero ver entera, no me vale con que me pongan sólo el final. Sacando una buena nota, me sigo quedando con los Fuenteymbros y los Victorianos.




Si hiciésemos una encuesta entre las figuras del escalafón, pidiéndoles que nos hicieran un boceto de su toro ideal para pasar el trago de Pamplona, el resultado sería el colorao que le tocó en suerte, mala para el ganadero, al Cid en cuarto lugar. Bondadoso, con las fuerzas medidas, con un pellizco de mansedumbre, el suficiente como para no dar con la culata en tablas, pero que le haga salirse de los vuelos de la muleta lo justo para permitir al torero ligar, sin molestar. Si añadimos que anduvo detrás de las telas del Cid durante diez minutos -hubiera podido estar otros diez-, tenemos al toro ideal de críticos, toreros, ganaderos y unos pocos aficionados. Como para llevarselo a una academia taurina. Del Cid, al que en esta casa se le quiere, y mucho, porque es el mejor torero de los últimos veinte años, -en pugna con Rincón-
sólo podemos decir que estuvo muy por debajo del toro, que sin ser un caín, lo puso más de una vez en aprietos. Aquí hay que parar un poco. Toros de mantequilla o de mermelada como este coloraito vemos muchos todas las tardes, pero no ponen en aprieto y en compromiso a ningún torero. ¿Por qué? Ayer a El Juli, por ejemplo, ¿por qué da pases, decenas y decenas, con tanto desahogo? ¿Cuántos les dió Joselillo a un toro de Dolores sin siquiera sudar? ¿Son tan buenos éstos o el Cid muy malo? La respuesta, a cualquiera que profundice un poco en el asunto, es bastante elemental. Como de primero de la ESO. Cuando se hace el Toreo eterno, o se intenta, como lo hace El Cid, lo normal es que salga un vencedor. Si te pones en el sitio y se la echas al hocico, sin mirarle el hierro o el pitón, sólo pueden pasar dos cosas: una, que el toro se eche a los lomos, o por lo menos, enganche y tropiece en el torero; y dos, que surja el toreo auténtico. Hoy ha ganado el fraile, y lo único que hemos visto ha sido una faena llena de enganchones y dudas en el torero. Con una X hay que marcar en el calendario cuando torea Manuel Jesús, porque esa tarde, el toreo eterno va a aparecer. Sea para desnudar a un torero o para llevarlo en hombros hasta su hotel. Es de agradecer, y de honrar, a un tío que con media plaza borracha y la otra media regañando a los beodos, no deje ni una ratonería, ni un mal gesto, ni un pestiño de circular, ni tire una muleta, ni intente cosas que son para los niños de las escuelas taurinas. Le dieron una oreja, con petición minoritaria, en otro grave ejemplo de la esquizofrenia colectiva en la que es capaz de entrar esta plaza.



Fandila, cortó un par de orejas al segundo toro del festejo, tras protagonizar en el tercio de banderillas uno de esos concursos de galgos y podencos. Hizo todo lo que estuvo en su mano para agradar a Pamplona: construir una faena larga; con gran cantidad de pases; un par de carreras; desplantes, sonrisas y guiños al tendido; diez o doce muletazos, si pueden ser quince, mucho mejor, con las rodillas en tierra; y una estocada entera, si es con vómito y de efectos fulminantes mejor. Toda esta porquería, que hubiera firmado Finito, Jesulín o el Cordobés, le han valido para cortar dos orejas en Pamplona. Son las dos caras, que además vienen por días de la afición de Navarra. Hemos visto regatear segundas orejas con Miuras imponentes o dar una gran bronca a Esplá, -después de torear la mar de bien- por no banderillerar, con aquellos Pablo Romeros, con Chivito a la cabeza, que fueron capaces de mandar a un picador a la UVI. Ahora se dan orejas a espuertas, y si existe alguna tarde, como la de ayer, en dónde las espuertas no se llenan, se lía la mundial. Le cortaron la cabeza. Al Fandi no, hablamos del toro. No sabemos porqué, qué hizo de bueno, pero el caso es que lo guillotinaron. Como suele pasar cuándo se asegura la puerta grande en sólo media jornada de trabajo, no quiso ver al quinto. Le dió lo suyo, y lo de sus hermanos, en varas. Llegó el cornúpeto muy apagado a la muleta. Lo pintan de descaste. No está tan claro, el toro se paró y se defendió porque no podía con su alma, que había dejado en el peto. Otra puerta grande borreguil.



A Miguel Tendero se le escapó un lote de medios toros, de esos con los que con tan sólo salpimentar un poco el asunto te ponen como Lagartijo. El albaceteño, tiene un problema crónico, como la migraña, con el toro. No lo conoce. A pesar de ganarse la vida, y muy bien, el toro es todo un misterio para él. Los terrenos, las distancias, la colocación, la duración de la serie, los equivoca siempre. Para más inri, tiene la desgracia, de no acertar con ellos alguna vez que otra ni de casualidad. Que ya es mala suerte. Así, a su sexto, un grandón, con cara de santidad, que vestía de negro y era todo buenas intenciones, -estaría recién salido de algún seminario del Opus- le hizo las cosas al revés. Cuando el toro pedía distancia, el manchego se la cortaba, y una vez que el bicho se la acortaba el se la daba. Un disparate. La lidia, pa los vivos -que decía uno que yo me sé-. Con el tercero, que también se dejó, tiró de ganas y juventud, lo cuál no es decir mucho para un torero que pisa Madrid, Sevilla y Pamplona.

lunes, 12 de julio de 2010

Se les van como vinieron: sin torear

Con un cuerno por dentro de la muleta y otro por fuera. Esto ya no es ni pico. Se puede decir que lleva toreado el 50% del toro. Manolo Moreno.



Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Octava de feria. Lleno. Toros de Victoriano del Río para Curro Díaz, El Juli y Alejandro Talavante.



Debutaban los toros de Victoriano del Río, con sangre Domecq, en la plaza navarra. Y no lo han hecho con mal pie. Ganaderías como ésta o la de Fuenteymbro demuestran que el encaste Domecq, por sí sólo, no deja de ser un encaste más, tan válido como cualquiera. El problema está en manos de sobre quién recae la decisión de seleccionar y trazar la linea de una ganadería. De los de esta tarde, que han sido toros de plaza de primera categoría, pero no de Pamplona -exceptuando el lote del Juli-, que es de categoría especial, han embestido, con posibilidades para el torero, cinco, que no es cuestión baladí. Primero, especialmente bueno, empujó con fijeza en varas, y embistió con transmisión y nobleza. El toro de la feria, por ahora. Los demás, quitando el sexto, se fueron con demasiadas orejas al desolladero. Se repite la historia de este año, en cuánto sale un toro con algo que torear deja desnudo al torero. La terna, por debajo de la corrida. Y eso que salir premiado en esta plaza es cosa de niños. Puntúa alto Victoriano en su presentación en Iruña.



Curro Díaz se ha empeñado, con ahínco, en perder el buen lugar que ocupa en el corazón del aficionado. Se ha negado apostar de verdad, por el toreo del bueno, sabedor de que es un matador que gusta, como pocos, y que la gente se conforma con las cuatro cositas pintureras, llenas de gracia, pero vacías de autenticidad. El que abrió el festejo, se le fue sin torear, y para más inri, lo desbordó en muchos momentos en la faena de muleta. Le repetía una y otra vez y el linarense no pudo, o no supo, dejarsela puesta, se la traía a la cintura, dónde con medio pase, y una composición un tanto exagerada pretendía que aquello pasara como bueno. Con el cuarto, que tenía la misma clase pero no esa transmisión, volvió a estar por debajo. No se puede cimentar una faena en el trincherazo y el pase de pecho. Curro Díaz, y su concepción de toreo, necesitan una reflexión.



Volvimos a ver la dimensión de torero que tiene el Juli. Tuvo enfrente dos toros imponentes, los mejores presentados de un mal enlotada corrida, que tuvieron sus posibilidades, pero a los que el bueno de Julián no los quiso ver por dónde torean los hombres. Torear al natural, frase bella, en peligro de extinción. A su primero le instrumentó una faena basada en el pitón derecho, en la ligazón de innumerables pases, cosa que gusta a las gentes de casi todos los lugares, pero que nada tiene que ver con parar, templar, mandar y cargar, que eso son cosas para Frascuelo, que no sabe ligar, cuidar, medir, ni estar importante. Cuando se la cambió a la zurda, y se puso a acompañar la embestida del toro, pasó el autobús de la selección española con la Copa del Mundo, entre el toro y Julián. Qué malo es -sin paños calientes- toreando al natural. Una estocada a capón le valió para pescar una oreja, con fuerte petición de la segunda y robo presidencial según el movimiento taurino. Con el quinto, el más grande de la tarde, y el más inválido, anduvo porfión, profesional, que se dice ahora, y poco más. El burel, cuya condición boyar se fue acrecentando con el paso de la larga faena, no sabemos si por descaste o por aburrimiento, le pegó una cornada en los testículos, en un exceso de relajación. Mató nuevamente a capón y le dieron otra oreja que le valdrá para seguir rompiendo todas las clasificaciones y escalafones importantes. Lo que no se espera es que rompa a torear bien.



Ver a Talavante se ha convertido en un mal dolor de muelas. Vale que el sexto no tenía juego como para estar mucho más que dispuesto, pero con el tercero no tiene excusas. Nobles y sosos, toro y torero, de ahí no podía salir nada apetitoso. Con una vulgaridad extrema y una falta de amor propio más que preocupante, el camino se le pone cuesta arriba. Y maneras de alpinista no tiene.



No quiero acabar sin presentarle todos mis respetos, a Pedro Muriel, tercero de la cuadrilla de Curro Díaz, que hace unos días ha recibido una brutal cornada de la que le mandamos fuerzas para que salga adelante, sabiendo que hay huellas que nunca se borran. Un profesional como la copa de un pino y un torero de los pies a la cabeza. El primero de julio enterró a su hija, con ocho meses de edad. Que descanse en paz. Y mucho ánimo para la familia.

No sólo de cuernos vive el hombre: Capítulo Final: España, Balón de Oro










Es un utilitarista para todo. Es un chico de Terrassa, su ciudad de toda la vida, donde no vive intramuros, sin moralejas. Entiende el fútbol como un ejercicio de altruismo porque todos le necesitan y él precisa el auxilio de todos. Nadie como Xavi simboliza el juego colectivo, nadie como él recuerda en cada partido que esto no es el tenis, que es un deporte de equipo, por más que algunos se empecinen en poner etiquetas individuales a los clubes o las selecciones. En Sudáfrica ha triunfado todo aquello que representa Xavi mientras han descarrilado quienes supeditaron su tránsito al exclusivismo de un futbolista determinado. El fútbol tuvo apellidos cuando irrumpieron algunos superdotados que dejaron una huella innovadora: la versatilidad de Di Stéfano, el ingenio goleador de Pelé, la autoritaria velocidad cambiante de Cruyff o la capacidad de Maradona para seducir a una pelota que solía cumplir sus órdenes. Nada de eso hay estos días: hoy gana el nosotros, sin sectarismos. Por eso, en España uno han sido 11.


Xavi ha elevado a categoría lafábrica de cuatros del Barça, un puesto de ancla que suscribió Johan Cruyff al frente del dream team. Se le acusó de impostar la posición, como si fuera uno de esos caprichos que se conceden aquellos que se ven a sí mismos como genios. El tiempo desmintió a los más ácidos, a todos los escépticos. De Milla a Sergio Busquets, con Guardiola y Xavi, en sus inicios, como principales proselitistas del puesto. El Barça dejó de ser el Barça de Cruyff (jugador), Maradona, Ronaldo o Rivaldo. Tras el equipo de ensueño de Cruyff (entrenador), el Barça pasó a ser el Barça a secas. Basta pronunciar su nombre para que los aficionados, seguidores o no del club, reconozcan su significado, sus señas de identidad. Y el cuatro como nudo gordiano, tan relevante o más que el rutilante goleador de turno: su brochazo final era consecuencia de un principio, del cerebro de Guardiola, Xavi o ahora Busquets. No son regateadores, no van de cabeza y hacen diana sin querer y muy pocas veces. Sin ellos no se entendería el Barça, tampoco España.

"Yo no quiero el Balón de Oro", repetía estos días Xavi con una sinceridad aplastante. Él conceptúa este juego de otra forma, por más que los foros mediáticos aticen los personalismos, por más que para su sustento un deporte grupal haya decidido fomentar los premios individuales, como si existiera un fútbol de estrellas, no de equipos. Por más que en un deporte de todos y para todos, pueblo incluido, haya esa vieja tendencia a poner nombre propio a los estadios. Con futbolistas como Xavi, es España la premiada.

En Sudáfrica, el éxito de las selecciones solidarias ha sido elocuente. Cristiano Ronaldo fue por libre y Portugal se fue. Kaká no fue un ancla para nadie y cayó Brasil. "Para que Brasil vuelva a ser Brasil necesita clonar a Xavi", sentenció ayer en Johanesburgo el mítico Tostão, que compartió título con Pelé, Jairzinho y todo aquel inolvidable Brasil de 1970. A Messi le volvieron a entender mal. Frente a los que preconizaban que a Xavi, a España, le faltaría Messi, resulta que ha sido a la inversa. Maradona creyó que su 10 podría ser Messi y Xavi a la vez y la irreprochable entrega de La Pulga no fue suficiente.

Xavi es un líder natural en el campo por aclamación de todo el vestuario. Su autoridad se le reconoce. No requiere un bastón de mando, pasar por el camerino o polarizar las portadas. Nada de demagogias, la pelota es su pedestal y el grupo, como él reconoce, su amparo. Sin aquellos que le devuelven el balón a tiempo, sin los que tiran desmarques para que tenga paisaje, sin los que le cubren las espaldas, sin el portero que para, sin los suplentes que están al quite... Nada es Xavi, él lo sabe, como lo han sabido sus últimos entrenadores, que le han pasado del cuatro al 10 , que le han acercado donde se prende la mecha del gol, oficio de otros al que él contribuye de forma magistral y humilde, sin concederse mayor importancia. Para Xavi, Puyi es un "animal"; Andresito, un "genio"; Busi, "un quitanieves", y todo con el que juega a su lado le escucha al grito de "máquina". Él es Xavi, un tipo normal.

Con el azulgrana como síntoma, la selección de Del Bosque ha oscarizado el fútbol orquestado, sin cuentas pendientes con el que falla y adjetivos contenidos con el que acierta. El paso de España por África no se entendería sin los goles de Villa, sin el esfuerzo físico de Fernando Torres, sin los kilómetros de Sergio Ramos o el descaro de Pedro y Llorente. Como tampoco se comprendería a esta España sin reparar en la arrebatadora defensa de Piqué y Puyol, el sentido de la medida de Capdevila o los conmovedores retos de Busquets y Xabi Alonso en cada cita. Y qué decir del penalti parado por Casillas, con el soplo de Reina; y del gol de Iniesta a Chile y su enternecedora participación en el tanto a Paraguay. Y de los ánimos constantes desde el banquillo. ¿Y Xavi? El mejor - uno más-, del campeonato.

¿Qué tal si la FIFA, la UEFA y los medios que conceden las distinciones más populares no premian alguna vez, pongamos por caso, a España? Si España fuera Balón de Oro, Xavi, encantado. Así ha estado en Sudáfrica, salvo por un detalle que le ha tenido bien fastidiado: en este país no hay futbolines en los bares, su mayor pasión.



Padilla, como un ciclón





Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Séptima de feria. Media entrada. Toros de Miura para Padilla, Rafaelillo y Javier Valverde.


Siempre resulta interesante el ganado miureño, aunque su gloria pertenezca más bien a la era del blanco y negro que a la actual. Excelentemente presentados, muy en el tipo de la casa, agalgados, montados, con grandes encornaduras y diferentes pelajes. De cáscara, bien. El cogollo, regular. Blanditos, muy blanditos, al límite de fuerzas, descastados tirando a noblones -dentro de todo lo noble que puede ser un miura-. En la suerte de varas respondieron como cualquier toro comercial, sin arrancadas espectaculares ni especial bravura. Pueden descabalgar algún rocín, pero es más un accidente equino que un monumento al puyazo. Se puede repetir el argumento de los dolores de ayer: por malas que salgan, estas corridas siempre aportan muchas cosas interesantes, y diferentes.



Abrió plaza Padilla, enroscado en el capote de paseo como si lo que llevara puesto fuera una camisa de fuerza. Mal empezaba la cosa, más ún si contamos que su otro yo, su media naranja, las peñas de sol, han dejado los tendidos como un solar por una protesta contra la alcaldía. Los del servicio de limpieza lo agradecerán. Se las vió con un miura esquizofrénico, con dos caras: por el derecho tenía un ramalazo de cuvillo, iba y venía con suavidad y hasta ternura; por el izquierdo, le daba una ventolera de la casta jijona, y se convertía en un barrabás sin un pase. Muleteó con decisión y temple por el derecho, sin grandes apreturas y sin una desbordante emoción. Lo que había hecho le hubiera valido una cariñosa oreja. Nadie le hubiera dicho nada si toma la pañosa con la zocata, que la afición en esta clase de corridas viene dispuesta a perdonar casi todo y a mirar más que nunca para otro lado. Pero Padilla, en gesto de vergüenza torera que le honra, se la puso como si fuera bueno. El resultado, una paliza descomunal, con Lengüeto abalanzándose contra el jerezano, reventándole el pecho, retorciéndose con inquina y malicia contra el torero, que en ese momento no era más que jarapo de carne y hueso. Fueron unos instantes interminables, con Vicente Yestera, ese subalterno infame, que va de perdonavidas, dejando que un miura descalabre a su jefe. En qué estaría pensando. Una vez lo retiraron a la enfermería, y con todos temiéndonos lo peor, salió para afuera, hoy si le voy a dar por bueno el apodo, como un ciclón. Mató como pudo y le dieron una oreja, que era lo de menos. Un tío Padilla, lo digo por única y posiblemente última vez en el blog. No es de mi agrado, ni del de muchos, pero ante gestos así solo cabe quitarse el sobrero. Chapeau. Con el cuarto, también descastado, de condición semi-mular, pero con menos peligro, probó y lo enseño por las dos manos y lo pasaportó, con muchos problemas, al cielo de los miuras malos. Que cada día está más poblado.



El poco toreo que hemos podido ver esta tarde ha salido de las muñecas y el corazón de Rafaelillo. Su primero, otro animal noble y descastado, que se fue apagando hasta llegar a dar lástima, se dejó pegar algunos pases buenos. Templadito y con largura, alternado inteligentemente tandas por los dos pitones, el domingo valderrama murciano, perdió un trofeo por el mal uso de los chismes de matar. El quinto, de peor condición aún que los hermanos -que ya es decir- estuvo a punto de irse vivo para los corrales. Rafaelillo estuvo tragón y valiente, aunque torpe con la espada.



Lo peor que le puede pasar a un torero es pensar en retirarse a un año vista. Hay que tener gran orgullo y desmedido respeto a la profesión, para dar cada tarde lo que hay que dar, sin pensar en el futuro. Uno no es torero, por desgracia, pero poniéndose en el pellejo de uno, debe resultar difícil, teniendo fecha de caducidad, dar ese paso adelante que delimita el triunfo o el hule. Y Valverde, como tantas otras tardes, no ha terminado de apostar. Con el sexto tiene excusa, ya que el colorao no valía para nada, ni para dar miedo. El tercero, que en varas cumplió, le dió alguna opción para estar más encajado y correr algo la mano. Nada de nada. Nunca terminó de confiarse y sigue con su rosario de despedidas, con más pena que gloria.

sábado, 10 de julio de 2010

La traición del triunfo

`Nada tan estúpido como vencer; el verdadero triunfo esta en convencer´. Victor Hugo. Foto: Maurice Berho.



Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Sexta de feria. Lleno. Toros de Dolores Aguirre para Ivan Fandiño, David Mora y Joselillo.



Nada que ver la corrida de la señá Dolores con las que pudimos disfrutar aquí hace un año o en la isidrada de Madrid. Correctos de presentación, mansos, como era de esperar, algunos tirando al buey y otros sacando ese fondo de casta que hace que embistan con transmisión, presentando sus dificultades. Segundo y sexto bis, buenos, tuvieron unas cuantas arrancadas vibrantes, los demás no llegaron a tanto. Defraudando, estas ganaderías siempre dejan algo que otras no pueden ofrecer, aun triunfando. Toros con la boca cerrada hasta el final, pencos por los suelos, hombres al agua, tercios de banderillas sin ofrecer su rendición o no dejarse matar como corderillos asustados. También son éstas características del toro de lidia, que aunque se encuentran cada vez más perdidas en el oceáno de los tiempos, siguen suscitando el interés del aficionado.



Se presentaba en esta plaza el vasco Iván Fandiño, que empieza a acudir a todas las ferias importantes como el yerno que va los domingos a comer a casa de la suegra: todo buenas intenciones, pero sin terminar de cuajar la cosa. Su toreo apunta alto pero no termina de disparar. Es uno de esos toricidas, que amparándose en un sello clásico y ortodoxo dan cobijo a unas formas frías y rutinarias. No está de más arrebatarse, sin llegar al esperpento, y respetando unas normas. Que ya dijo Belmonte aquello de `torear es básicamente un ejercicio espiritual´. Debería de serlo más aún cuando el toro no pone el espíritu que se le supone: el de la lucha, el de la casta. Otra tarde que se le escapa entre los dedos.



Mora, David, se llevó uno de los dos con posibilidades. El segundo, nada del otro mundo en cuánto a presentación, pero con muchas teclas que tocar, se le fue a medio torear. Sacrificó, como es costumbre en estos tiempos, la colocación, la pureza en el cite y el mando en pos de la estética del muletazo. Mucho pico, perfilero y despegado, aunque la condición de manso del galafate le hacía difícil mantener la colocación deseada. Dos series, ligadas y templadas por la derecha y una con la zocata, irregular y embarullada, le valieron para que le dieran otra oreja de esas que cuelgan al lado del perrito piloto en la tómbola.



Jo-se-lillo, Jo-se-lillo, cantaban las peñas del sol, cuándo rodilla en tierra, torero en los medios, toro en tablas, empezaba la lucha. Era el sexto bis. Allí no hubo arte, ni toreo, ni dominio, ni nada que pueda interesar seriamente al que entiende de toros. Sí que hubo cantidades industriales de muletazos, mucha vergüenza torera -aunque no se usara para torear- y unas ganas tremendas por las dos partes -torero y público-, de conseguir un mismo fin: el triunfo de Joselillo, torero serio, de castellanas costumbres, que hoy ha tenido que prostituirse -taurinamente hablando- para procurarse una puerta grande que le permita seguir ganándose la vida en el futuro. Si pudieramos rascar con una navaja en la corteza de ese gran árbol que es la Historia, veríamos que por orden de antigüedad, detrás del oficio de María Magdalena, se situaba el de matador de toros. Dos oficios que demuestran claramente que para triunfar hay que tragar sapos y culebras y traicionarse, en ocasiones, a uno mismo. Son escasas las excepciones que se ganaron un lugar de grandeza, sin apostatar en alguna ocasión de sus ideales. No podemos avalar con pruebas esta teoría porque los antis de la época, que también los hubo, se deshicieron de todas las evidencias. Curiosamente, o no, aquellos antis, como los de ahora, que defienden a rabiar el sentimiento animal, disfrutaban con un mismo pasatiempo: crucificar a los que piensan distinto a ellos. Para terminar, y no sacar más de madre el asunto, hay que subrayar que tras un bajonazo infame el presidente se sacó de la chistera la segunda oreja, que jamás debió de concederse. Ni tanto ni tan poco. Lo que le faltó a Fandiño le sobró a Joselillo, pero si hay que elegir, mejor el arrebato y el frenesí al tostón insustancial con el que nos machacan todas las tardes.

Un dia más en la oficina

Pinar, oreja made in Taiwan. Manolo Moreno


Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Quinta de feria. Lleno. Toros de Fuente Ymbro para Antonio Ferrera, Oliva Soto y Rubén Pinar.



Toros bien criados estos de Fuente Ymbro, con caja, trapío y una seriedad digna del asunto que nos trata estos dias por Iruña. Media corrida brincando de los seiscientos kilos, sin perder una mano y moviéndose, con la empalagosidad empachosa a la que le condena su sangre, pero ofreciendo embestidas potables para el torero. Visto está, por esta corrida y por muchas otras, que el problema primordial de la falta de fiereza, acometividad y fuerza del toro no son sólo los kilos o el tamaño.



Antonio Ferrera cortó una orejita del cuarto, que dió en la romana casi los setecientos. Lo cual -no confundirse- no quiere decir que sea un premio de peso. El mejor de la tarde. El gallardo, embistió por los dos pitones con temple y humillación, sin gota de emoción, pero con todas esas virtudes que hacen que un toro, hoy dia, sea ensalzado: nobleza, durabilidad y ritmo. El extremeño, que ya antes había hecho el ridículo con las frías con esa manera de banderillear, brincando como un saltamontes, cuadrando en los costillares y saliendo de la suerte con esos desplantes que pertenecen más bien al toreo cómico. Claro, que bien visto, Ferrera es un torero bufo. Con la muleta se limitó a llevar al toro por donde el bicho quería ir, y a la velocidad que Tramposo, hija de la vaca Tramposa, criado por el ganadero (terminar la frase) le marcaba. Se puede decir que el toro lo toreó a él. En su primero estuvo más serio, sin hacer cosas demasiado raras con los palitroques, con oficio con la muleta ante un oponente que no se oponía a nada, valga la contradicción. Lo mejor de la tarde, más por excepcional que por grandioso, fue el quite que realizó al toro de Oliva. Sacando el toro del caballo con tres capotazos con su pizca de garbo, dejándolo fuera del tercio en las manos de la cuadrilla. Eso es un quite que, además, entraña más dificultad y tiene más mérito que dar unas -inas -pueden ponerle el prefijo que quieran- cuando te han sacado el toro a los medios y empieza a estar con las fuerzas a menos cero.




Oliva Soto, que sólo se ha echado a la boca este año la del Conde de la Maza en Sevilla, no ha venido suficientemente preparado para una cita tan fetén. Primero, por la cuadrilla, que dejaba mucho que desear. Después, por traicionarse a él mismo. Un torero, mejor o peor, pero que tiene un sello distinto y personal no puede traerse las faenas dictadas desde casa. Más aún cuando el que dicta, no sabe de ortografía ni de gramática. Mal aconsejado o muy verde. O las dos cosas a la vez. Eléctrico toda la tarde, invadido por la testosterona, se dejó llevar por las ganas de agradar y de meterse a la bullanguería en el bolsillo desde un principio. Pero equivocó las formas. Pronto y en la mano no quiere decir que todo vale. No. El segundo de la tarde, que no fue nada del otro mundo, pero se dejó, -como toda la corrida- se le fué entre abaniqueos, manoletinas, pases rodilla en tierra y demás toreo accesorio. Una pena. El quinto, fue un animal un poco más encastado que sus hermanos, que en otras manos, -y en otra cabeza más despejada- le hubiera podido formar el lío. El fuenteymbro le ganó la partida con facilidad. Y no porque se comiera a nadie, sino porque no tuvo torero enfrente que lo entendiera. Pedía distancia, se venía desde lejos y se revolvía en los tobillos, señal de bravura. ¿Qué encontro? Un chaval que se puso a hacerle manoletinas y que no se quedó colgado de las perchas del burí por pura casualidad. Con la espada, fatal. Normal. Tiene excusas, por el olvido al que lo tienen crucificado los empresarios, pero el poso que deja Oliva Soto esta tarde no es el de la gracia calé y el cante jondo que venden sus partidarios. Si acaso, es un poso de decepción.



A Rubén Pinar todos los toros le valen. Curioso. Será porque como no los torea, que los acompaña, ninguno le sale respondón, todos muy civilizados. Y con gente tan educada es muy fácil ponerse de acuerdo, y hasta torear. Pase usted por aquí, señor toro, que yo no le voy a obligar. Yo paso chaval, pero lo de antes me ha dolido, ¿no podríamos llegar a un acuerdo formal, como buenas gentes que somos? Lo de antes usted me lo perdonará pero el Reglamento ordena lo de los dos picotazos, pero ha sido sin mala intención de mi parte, que si usted, amigo toro, se ha dado cuenta mientras estaba en el peto, yo le decía a mi picador que levantara, que no lo castigara más... Y así pasan las faenas, de largo minutaje, de este imitador del Juli, como una conversación de besugos entre uno que no sabe embestir, como deben de hacerlo los de su raza y otro que no sabe torear, como casi ninguno de su especie. Otra oreja al esportón, otro dia más en la oficina.





viernes, 9 de julio de 2010

La tarde en que un Cebada se partió un pitón

Afeitado legalizado encubierto. Manolo Moreno




Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Cuarta de feria. Lleno. Toros de Cebada Gago para Francisco Marco, Sergio Aguilar y Morenito de Aranda.




Malos tiempos para la lírica, de vacas flacas -nunca mejor dicho- para el aficionado torista, y peores aún, los que vendrán para la familia de los Cebada. De un tiempo para acá, los cebaditas, un encaste -por lo menos yo lo considero como tal- siempre reconocible por las hechuras y comportamiento, han ido convirtiéndose en toros indescifrables en su conducta y forma, en híbridos de no se sabe qué. Ya no les sale, en exclusividad, ese toro astifino desde la cepa, acaramelado, armonioso, fino de cabos, sin kilos, pero musculado que era un tótem taurino. Ahora, también le pueden salir engendros, fetos sospechosos, con encornaduras y morfologías diferentes, y deficientes, como en el caso del primero que se partió el pitón como el que parte el gazpacho. Con 110 kilos de diferencia en romana, unos más que vareados, delgados en demasía; otros, más retacos. Resumiendo: no eran para Pamplona. Si no fuera por su leyenda y atractivo en los encierros... Por dentro, vanos de casta. Ni de la buena, ni de la mala, como se dice ahora. La suerte de varas no existió, acusaron blandura de remos, un desastre absoluto, que unido a los tres que han mandado hoy a la enfermería -sin gravedad- y el recuerdo de Barrera en Istres, van a hacer que esta entrañable familia ganadera pase su particular calvario. Y si no, al tiempo.






Como a perro flaco todo son pulgas, al pobre, pero honrado Francisco Marco, que anda escaso de oportunidades, le ha tocado en el lote un campamento entero de estos bichejos amantes de los cánidos. Sólo pudo matar un cebada, porque de torearlo, ni hablar. Sin opciones, o mejor dicho, sin posibilidad de torear según los cánones fraudulentos establecidos desde Capea padre. Una alhaja que llevaba en su primorosa testa una letra de cambio para hacerla efectiva en el cementerio. Estuvo voluntarioso, como es de esperar en esta clase de toreros ayunos de toro, pero un tanto bisoño. Se dejó ver demasiado, con un enemigo enfrente que veía lo traspuesto, y que tiraba gañafones como el maleante que tira de navaja. Lo decimos por activa y por pasiva: estos toros tienen su lidia, que diverge totalmente de la faena multiusos del derechazo picudo y el natural ayudado con el estoque. Ni que decir hay que siete, ocho, nueve minutos delante de ellos son como las exageraciones de Quevedo, pero sin gracia. Su segundo lo atropelló, se le metió, aún no sé muy bien lo que pasó, en el recibo capotero, dejándonos una de esas imágenes gore que mañana repetirán una y otra vez en el tomate, o lo que sea que pongan ahora. Hay personas que nacen con estrella y otras estrelladas. Francisco Marco, como tantos otros anónimos y buenos toreros, pertenece y lucha por salir del segundo grupo. Ojalá y lo consiga.




Sergio Aguilar tuvo que trabajar de más. Con tres se las tuvo que ver. Lo único que se llevó fue una cornada, -los toros no dan cornaditas- en la mano, después de plantear y perpetrar una faena sin pies ni cabeza. A lo loco. Son faenas que carecen de sentido si estribamos en que la gracia del toreo está -estaba, mejor dicho- en que el hombre, mediante su intelecto y el uso de la lógica debe de ganar en justa lucha al toro, que se sirve de su bestialidad y poderío. Si el hombre desestima al razonamiento y el toro carece de poder, nos presentamos con un espectáculo esperpéntico: un chaval raramente vestido empeñado en ponerle los muslos -porque sí- a una cuarta de los cuernos de un toro, con medio metro de lengua fuera, que recula para las tablas como diciéndole: `porque no´. A veces pasan cosas dantescas en esto de los toros. Lo de esta tarde lo ha sido. Y que conste que Aguilar es de esos toreros por los que uno puede apostar.



Morenito de Aranda medio se dejó ir a un inválido y humillador cebada, que según cuentan, `venía de lo antiguo´. No hace falta que lo juren, con lo antiguo se refieren a esos burís gaditanos calléndose como pelotas que demandaban todas las figuras. Luego la cosa cambió, echaron pitones, músculos, les salió la barba, se hicieron adultos y nació en ellos la casta a la vez que murió la fama y el cariño que procesaban entre las figuras. El ciclo del toreo. El caso es que un par de series con la derecha templadas y sin emoción le valieron para, por lo menos, imaginarse con una oreja en la mano. Su torpeza con el estoque le valió por un feo trueque: cambió la oreja de Asustado -vaya nombre- por una luxación de hombro que lo llevó a la enfermería, más poblada hoy que las patillas de Padilla. Una vez infiltrado, cosa que antes era de policias, ahora de toreros, salió a matar el quinto, que en realidad era el sexto. Normalmente dice el refrán que no hay quinto malo, pero como andabamos así, con esta ambigüedad en el orden, por culpa del desgraciado accidente de Marco, y no sabiamos si el toro era en realidad quinto o sexto, podemos decir en descarga del ganadero que este toro tuvo que ser malo por culpa de las cábalas del destino. Que no fue descastado y tontorrón por que más que sangre brava llevara horchata charolesa. No. La culpa, de las matemáticas, tan caprichosas e inexactas a veces.






jueves, 8 de julio de 2010

No sólo de cuernos vive el hombre: Capítulo VI: Violines en tierra de tambores

La Bella y la Bestia. Alejandro Ruesga.




Alemania continúa aprendiendo de España. Igual en la Eurocopa de hace dos años que en el Mundial. La Roja jugó mucho mejor y, además, remató su estupendo juego coral con un gol a balón parado, una suerte que antes le era muy propicia a la Mannschaft. A partir de la posesión de la pelota, España se marcó un partido sensacional, no solo por la jerarquía que tuvo sobre el juego, sino también por la excelente manera en que defendió a la selección más goleadora de la Copa del Mundo, anoche negada, estrangulada por los muchachos de Del Bosque. España llevó la iniciativa desde la alineación cuando el seleccionador prescindió de Torres, el ariete que le dio la Eurocopa a España en Austria, y apostó por Pedro. Los alemanes se quedaron sin un poste como referencia para la marca y los españoles esponjaron el campo y atacaron con una delantera más afilada y dinámica que en los partidos anteriores. Muy tensos y concentrados los zagueros, los medios mezclaron de manera deliciosa, tanto que no hubo noticias del medio Schweinsteiger, mientras que los puntas atacaron con tino y versatilidad. Los ataques fueron cortos, no hubo necesidad de tirar pelotazos ni de redundar en el pase. Fue el triunfo del fútbol que simboliza Xavi tanto en la selección como en el Barça. Los violines volvieron a triunfar en una tierra de percusionistas.

La mala suerte de Paquetito

Paquetito. Estampa de La Lidia. Maurice Berho



Plaza de toros Monumental de Pamplona. San Fermín. Segunda de feria. Lleno. Toros de Peñajara para Diego Urdiales, Luis Bolívar y Salvador Cortés.



Paquetito, un Toro, Toro, 560 kilos de guapura, con las seis yerbas -casi-, con los tres pelos, cornalón, bien de lo suyo, con estampa de otros tiempos. Le tocó en suerte, mala para Paquetito y, bien pensado, mala también para Cortés -los toros buenos desnudan a los malos toreros-. Fue el mejor toro de la interesante corrida de Peñajara, que tuvo mucho que torear en su mitad: primero, tercero y sexto, siendo la otra parte: segundo, cuarto y quinto, descastada y floja. Pero como `no se dejó´dirán -ya estan diciendo- que es porquería, de la mala...


El espanto, por harto de sustos que esté uno, y aunque el dicho afirme lo contrario, nunca se cura. Eso me producen las crónicas -desinformaciones, mejor dicho- de la corrida. Una mezcla de temor, por comprobar en manos de quién estamos, con un poco, o bastante, de asco
. Todo por culpa de unos cuántos críticos sin afán de crítica, valga la tontería. Han podido sacar los siguientes defectos de la corrida: dar frenazos, cabecear, no caber en la muleta, no acabar de dejarse torear -palabras literales de Molés-, embestir con las manos por delante, la aspereza, no ser fácil, volver la cabeza, venir andando, quedarse corta, tener muchas teclas que tocar, medir mucho, pasar a su aire, sembrar incertidumbre, las hechuras, la fealdad, su comportamiento defensivo o protestar...


O sea, que del Toro, les estorba, les sobra, todo. No quieren que ande, que cornee, que ataque, que se defienda, que se quede corto, que arree, que sea difícíl... Sólo les interesan los toros que salen ya dominados y toreados de chiqueros. Todos sabemos de qué perros y de qué collares estamos hablando.



A Urdiales se le escapó el primero con probaturas, no terminó nunca de cogerle el tranquillo. A arreones, pero repetidor, no supo, porque sabemos que sí que es capaz, dejarle la muleta puesta en la cara entre muletazo y muletazo. No terminó de apostar. Con el cuarto, que no valió nada, anduvo voluntarioso y porfión, marca registrada de la casa, pero poco más. No terminan de salirle las cosas bien, ni los toros buenos por el portón de los sustos, a este buen torero riojano.



Bolívar con el peor lote, poco puedo hacer, nada más que mostrarse como un esforzado obrero comunista con la muleta. Qué manera de dar pases. De todos los colores y de todos los modelos. Pero buenos, lo que se dicen buenos, ninguno. Sigue en el limbo de los toreros: en los carteles de todas las ferias dónde se anuncia esa clase media, siendo benévolos, que ni triunfa ni fracasa, pero que es la que hace rica al empresario.



Salvador Cortés, que puede ser, con diferencia, el torero más vulgar con más partidarios por metro cuadrado, ha dejado, o se le ha escapado, un triunfo de aúpa, con Paquetito. Porque para los que no hayan visto la corrida por los preparativos balompédicos, hay que decir que el Toro tenía lo mismo de grande que de noble, tirando a bobo. Se ha dejado, y bien, humillando y con buen son, por los dos pitones. Salvador, que es torero comprendido sólo en Sevilla, por aquello de los sevillanismos, no le ha podido en ningún momento. Ni le ha dejado la pañosa puesta, ni ha podido templar a un toro que más desmayado no podía venir. Un toque brusco, cuándo el toro llegaba a la jurisdicción del torero, afeaba aún más la labor. ¿A qué venía tan desmedido toque? No se entiende, el peñajara era un deje de nobleza, incapaz de herir a una mosca con el rabo. Y Paquetito, se fue para el cielo de los toros guapos, con su inofensivo rabo, y con las dos orejas, que debieron de ser para su matador.





martes, 6 de julio de 2010

Parásitos de verano






CON ALTERNATIVA



Reventándolo en San Pedro Xatostoc. 5 Julio. Sergio Hidalgo.




Triunfando, o huyendo. a más de 9000 kilómetros de Pamplona. Sergio Hidalgo.



Dos orejas y arrastre lento para el `toro´. Sergio Hidalgo.



San Juan del Río. 26 Junio. Ángel Sainos.




SIN ALTERNATIVA



¡Basta ya! de acoger a todos los gilipollas del mundo en nuestro país.




Jugando con las muñecas.





En el Parlamento catalán, guarida de golfos.



El 28 de Julio un grupo de políticos narcisistas, de los que sólo nos queda mentarles a la madre, deciden el futuro de los Toros en Cataluña.

Novilleros con interés

Cristian Escribano. EFE



Plaza Monumental de Pamplona. San Fermín. Primera de feria. Novillos del Marqués de Domecq para Cristian Escribano, Juan del Álamo y Diego Silveti.



Enésimo petardo ganadero de Fernando Domecq. Como los buenos marqueses, sus novillos salieron blandos, con pocas ganas de embestir, sin atisbo de casta, esperando su suerte sin oponer resistencia, regalando, como cobardes que son, su vida sin plantear batalla. Justo lo contrario de lo que tienen que ser los toros de lidia. El interés y el respeto de estos ganaderos por la afición queda una vez más que testado -con la corrida de Madrid aún escociendo-, al enviar a tierras navarras una novillada muy desigual de presentación. Cada uno de su padre y de su madre. Lo más denunciable es que han utilizado los sanfermines como laboratorio de pruebas de varios sementales. El estúpido experimento ha terminado con dos resultados. Uno: si es verdad que de tal palo, tal astilla, los sementales tienen que ser tontos y bobos de solemnidad. Lo suficiente como para que los toreen las figuras y terminen de hacer al ganadero más rico. Asunto principal del tratado de los nuevos ganaderos de estos descastados tiempos. Y dos: Para probar novillos se queda usted en su casa. Que esto es Pamplona, no un tentadero de ésos a los que va Padilla, el hijo de Suárez o el Moranco enano.



Abría San Fermín el getafense Cristian Escribano, según me cuentan, uno de los talentos del escalafón inferior. Se le antojan viejas maneras, manías de torero antiguo, temple y quietud. No está mal para empezar. Pero para seguir en este duro camino, lleno de piedras y riscos, algunos puestos por tus mismos colaboradores, hay que dar muchos pequeños pasos. Para dar el primero no hacen falta los pies, sino la cabeza: hacer de tu concepto del toreo, bandera, y llevarla, con orgullo, cada vez que te pones delante del toro. ¡Qué importante es la personalidad! No se puede querer ser en una tanda Antonio Bienvenida y en la siguiente El Cordobés. En su descargo, tenemos que apuntar que no debe ser fácil torear, mientras un banderillero chillón te vocea por el lado izquierdo del burladero, `¡sitio, sitio, dále distancia!´; mientras metro y pico más para allá, en el otro lado de la tronera, el otro subalterno, más gruñidor que las tripas de un tren de vapor, se desgañita, `¡hay que arrimarse, valiente, hay que montarse en lo alto!´. La tarde se le fue a Escribano, entre algunos detalles toreros, y esos vaivenes en el concepto de su toreo. En su mano está el coger el camino más corto: el amañado, o el más largo: el auténtico.




Juan Del Álamo es el máximo opositor a figura de los que vienen por detrás. O, por lo menos, es el mejor novillero de la actualidad. Por muchas cosas. La primera, y fundamental, porque viene con la yerba en la boca. Es más fácil encontrar una aguja en un pajar que un novillero que quiera arrear. El salmantino lo intenta, y no se cansa, con el bobo -que son casi todos-, pero no le vuelve la cara al manso, como el segundo, ni al que apunta malas maneras, como su quinto. En el debe, además de la espada, unas feas y cutres verónicas de recibo mirando al tendido cuándo el novillo pasaba por la jurisdicción del torero. Son detalles que hay que limar. Pinta a torero bueno. Que no se nos estropeé.



De Silveti podemos escribir poco, porque se llevó un lote infumable. Sin posibilidades. El tercero quiso hacer un homenaje al Mundial de Fútbol y se lesionó, a lo Iniesta, quedando imposibilitado para hacer nada que tuviera eco e importancia. Con el sexto, descastado, no pudo nada más que estar afanoso, buscandole las vueltas por ambos pitones a un animal que no decía nada, ni . Por su charras maneras, y porque hay algunos apellidos -no todos- a los que hay que esperar y respetar, merece la pena buscar a Silveti por esas plazas de Dios y verlo torear con material del bueno.

domingo, 4 de julio de 2010

La Feria del Toro









La Feria del Toro. Pamplona. Iruña. Un oasis en la desértica piel de toro. Casi ná. Nueve tardes en las que podremos ver, en casi todas, al Toro. Toro que horas antes ha protagonizado el encierro, llevando, con trote lobero, los sabores y olores de la vieja dehesa a la loseta y el adoquín, los cuáles, por unos días, dejan de pertenecer al anodino mundo del patrimonio urbano, para erigirse como testigos, impertérritos y mudos, de las pequeñas hazañas logradas por anónimos corredores en carreras tan bellas y efímeras como una estrella fugaz. Son días mágicos, en los que Estafeta destierra en categoría a la Gran Vía madrileña y el Kilómetro Cero, se aleja de la Puerta del Sol para morar durante una semana en la Plaza del Ayuntamiento pamplonés. ¡Gora San Fermín!







Ya por la tarde, después de la copiosa y espléndida comida, la Fiesta de los toros, se hace presente en la Monumental. Al rito, a la misa taúrica, se le suma la demostración de soberanía del pueblo. Tradición y libertad. Toros con trapío y charangas en las peñas del sol; dos o tres puyazos y merienda tras la muerte del tercero; la solemnidad del paseíllo y el alborozo de la chica ye-yé. En ningún sitio escrito está el que a los toros haya que ir trajeado de protocolo, que refrescar el gaznate sea pecar contra el espíritu santo o que sea menester acudir al tendido sólo a sufrir y a bramar. Ni es indigno, ni mucho menos indecente, siempre que estos comportamientos sepan convivir con el respeto a la religión del Toro y a las normas clásicas de la tauromaquia. Pamplona, por ahora, con sus particularidades, suele cumplir.


Toro reseñado para Pamplona de la Doña. Torosysanfermines



Los que no disponemos ni de media ni de calcetín, y a Pamplona no podemos ir, intentaremos disfrutar, Molés mediante, de las cositas buenas que van a acontecer en el ruedo pamplonica. Para empezar, ya es un placer comprobar que en los carteles impera la cordura: en una Feria del Toro no se anuncian cuvillos, juanpedros, garcigrandes y demás porquerías cuatreñas. Esos quedan para las ferias ganaderas de las villas españolas. Allí donde se juntan la oveja segureña y la merina; el cerdo ibérico con el otro, el rosita, el de los chorizos del Lidl; la cabra payoya con la retinta; y los bacos con el hierro de Veragua con los bobos de Nuñez. Aun así, de sus primos los fuenteymbros, jandillas o victorianos es imposible librarse, pues son los requerimientos básicos demandados por los que cobran. Aunque no les gusten a los que pagan. En cuanto a los toreros, los José Tomás, Enrique Ponce, Morante de la Puebla, José Mari Manzanares, figuras de relumbrón, no están ni se les espera. Ellos se lo pierden.


De `la Feria de los modestos´, bautizada así, tan lamentablemente, por los revistosos del puchero, podremos disfrutar del Toreo, el verdadero, del Cid con los pilares; del sabor añejo de Urdiales si encuentra enemigo entre los ibanes de Peñajara; vibrar con los Cebada, exiliados al norte, castigados en el sur por bravos; del imborrable sello calé de Oliva Soto; la vieja torería de Curro Díaz; los Toros de la Doña, con sus mansos cabrones; el recuerdo del blanco y negro con los miuras; y porqué no decirlo, con la pajarraca que se va a liar cuándo el Juli, importante, corte su rabo. La maquinaria ya está en marcha.






No sólo de cuernos vive el hombre: Capítulo V: Momento Casillas





Así se celebra un gol.



Hay partidos somníferos y partidos excitantes. El de ayer, por motivos misteriosos, fue de una manera en la primera hora y cambió totalmente cuando Vicente del Bosque cambió a Fernando Torres por Cesc pasado el minuto 50. Hasta entonces, la noche había transcurrido en una calma inquietante. Iker Casillas paró un tiro flojo de Santana cuando los equipos se estaban conociendo y lo más exigente que hizo su contraparte, Justo Villar, fue dar cuatro pasos para apretar contra su pecho un pase de Xabi a Torres que se fue largo. Un tiro entre los tres palos de España y ninguno contra el arco sudamericano. Nada hacía sospechar que entre el minuto 55 y el 60 se produciría el momento penalti, el momento alboroto, el momento heroico en el que apareció el capitán y dejó su portería a cero y a España firme en Sudáfrica.




Foto: AFP



Casillas iba de azul claro. El madrileño caminaba con los brazos cruzados clavando la mirada en la hierba como si buscase algún objeto perdido cuando Del Bosque hizo el cambio. La relación entre la entrada de Cesc y los acontecimientos subsiguientes no es directa ni indirecta. Cesc no había echado ni una carrera cuando Piqué hizo penalti. Mientras acudía a rematar un córner, Cardozo fue alevosamente agarrado por el central español. El error del defensa, que perdió la posición y rectificó contra el reglamento, resultó extraño por infrecuente. Su hoja de servicios en el último año estaba inmaculada. Pero ayer algo hizo que se le fuera el santo al cielo. Casillas, que no había tenido nada de qué preocuparse, tuvo de pronto ante sí a Cardozo mirando fijamente la pelota. Cardozo, delantero centro clásico, apodado Tacuara, como la caña con que los guaraníes hacían sus lanzas, se perfiló de costado anunciando el zurdazo y tiró a su derecha. Ahí se volcó el portero antes de embolsar la pelota sin dar lugar a réplicas.


Casillas tiene una particular manera de manifestarse. No importa su trayectoria ni su situación deportiva o personal. El hombre aparece cuando más le necesitan. Su relación con la pena máxima es significativa. Nunca ha detenido penaltis en partidos que no hayan sido decisivos salvo con la selección. A sus 29 años, sigue comportándose igual que a los 20. No habían pasado cinco minutos desde la parada de Casillas cuando Alcaraz hizo penalti a Villa y Justo Villar debió medirse a Xabi Alonso. El vasco metió el primer tiro pero el árbitro se lo anuló. A la segunda paró Villar y el partido se quedó 0-0.


No fue necesario que Casillas apareciera otra vez hasta que le remataron desde media distancia, al límite del tiempo reglamentario, con la selección clasificada para las semifinales por la mínima. Un mal blocaje posibilitó la segunda jugada. Surgió Santa Cruz, muy oportuno, para ponerse frente a frente al portero. Remató, pero Casillas salió para cerrarle todos los ángulos. Ricardo Martino, el seleccionador de Paraguay, juzgó fundamental la intervención del meta español: "Además de parar el penalti a Cardozo, fue decisivo en los últimos minutos cuando tapó un remate a Santa Cruz". La parada salvó el empate.


El propio portero explicó al final del partido cómo Reina desempeñó un papel fundamental para que Cardozo no marcara el penalti. "Le doy las gracias a Pepe (Reina), que es un fenómeno y me dijo por dónde le iba a pegar Cardozo". Lo explicó luego el propio Reina: "Le conocía de un partido contra el Benfica", dijo. "Me lo tiró por ahí y como contra Japón cambió, pensé que volvería a lo que suele hacer", añadió el meta del Liverpool. "Iker ha estado inmenso, nos ha llevado a la semifinal", le alabó Busquets.


El banquillo se levantó en masa y una avalancha de chaquetas azules, encabezadas por Reina y Valdés, se lanzaron sobre su objetivo. Una montaña de abrazos tapó al capitán. Ayer, Casillas dejó atrás un comienzo vacilante, con un error ante Suiza, y comenzó a olvidarse de una temporada más o menos intrascendente. Lo hizo con dos apariciones en el momento preciso. Justo para poner a España en las semifinales. Por primera vez desde 1950, entre los cuatro primeros.



Diego Torres

El País, 4 Julio 2010

jueves, 1 de julio de 2010

Españoles, Idílico ha muerto








El toro Idílico, indultado por José Tomás el 21 de septiembre de 2008 en Barcelona, ha muerto. Según ha desvelado el ganadero Nuñez del Cuvillo en el encuentro con los usuarios de Burladero.com, el animal "lamentablemente murió el pasado invierno a raíz indirectamente de la lidia, no por las heridas".

El motivo de su fallecimiento se debe "a que el stress que le produjo la lidia le bajó las defensas y desarrolló una enfermedad llamada paratuberculosis que poco a poco se lo ha ido comiendo. Aún así, tenemos 66 hijos suyos".


Fuente: Burladero.com



Idílico, ya no volverá a reinar entre adelfas.




Nunca te olvidaremos. Escrito con letras de oro queda registrado tu legado.

No sólo de cuernos vive el hombre: Capítulo IV: Preferencias




La pasión patriótica nunca me ha tirado mucho. Yo creo que con un poco de civismo, con no defraudar a Hacienda y con no hacer demasiado la puñeta a los demás uno cumple razonablemente como ciudadano. Me supera la cosa del patriotismo, lo de inflamarse a la vista de una bandera (cualquiera de ellas) o lo de atribuir cualidades antropológicas o morales a un concepto tan abstracto como el de “nación”.


Lo cual no significa que no me guste que gane España. Me gusta. Me alegra por mí y por la mayoría de mis conciudadanos. Y por mi mujer, muy forofa de este equipo. Reconozco, sin embargo, que las victorias de España me parecen ligeramente menos embriagantes que las de mi club. Y las derrotas (confiemos en que no lleguen), menos dolorosas.

Será, tal vez, porque al club lo elige uno mismo, mientras que con la selección hay lo que hay. O será que siento afecto, en mayor o menor medida, por más de una selección. Simpatizo con Italia, porque llevo años siguiendo con fruición (ya sé que suena a contrasentido) el fútbol italiano. Simpatizo con Inglaterra, porque la anglofilia no se me va a curar ya nunca. Simpatizo con Argentina por muchísimas razones, algunas tan nimias como los anuncios mundialistas de la cerveza Quilmes o por el ronco “vamos, vamos”. Antes simpatizaba con Alemania, pero me libré de esa rareza en el Mundial de 1982. Reconozco, sin embargo, que la Alemania de este año es simpática y atractiva.

De los partidos que quedan ahora, me gustaría que Holanda ganara a Brasil. Por simple deformación profesional: la gente de mi oficio vive de las sorpresas, porque son noticia. Y Brasil lleva tiempo ganando mucho y ofreciendo poco.

Con Uruguay - Ghana voy a llevarme un disgusto, pierda quien pierda. Argentina debería eliminar a Alemania, porque de lo contrario existiría el riesgo de que Alemania, que aún puede crecer mucho, ganara dos Mundiales seguidos: este y el próximo.

Lo siento por Paraguay; soy del Espanyol y uno de mis héroes de infancia fue el paraguayo Cayetano Re, pequeño ariete de los “Delfines”, pero España es mejor y sufriría más que Paraguay con la decepción de la derrota.

Si las cosas salieran a mi gusto (cosa que jamás ha ocurrido), disfrutaría como un enano con la semifinal España-Argentina . Volvemos a lo del principio: es una suerte contemplar un partidazo sin miedo a sufrir uno de esos íntimos desgarros patrióticos que, según dicen, duelen muchísimo.



Enric González

Dibuje Maestro, El País Digital

30-Junio-2010