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lunes, 12 de julio de 2010

No sólo de cuernos vive el hombre: Capítulo Final: España, Balón de Oro










Es un utilitarista para todo. Es un chico de Terrassa, su ciudad de toda la vida, donde no vive intramuros, sin moralejas. Entiende el fútbol como un ejercicio de altruismo porque todos le necesitan y él precisa el auxilio de todos. Nadie como Xavi simboliza el juego colectivo, nadie como él recuerda en cada partido que esto no es el tenis, que es un deporte de equipo, por más que algunos se empecinen en poner etiquetas individuales a los clubes o las selecciones. En Sudáfrica ha triunfado todo aquello que representa Xavi mientras han descarrilado quienes supeditaron su tránsito al exclusivismo de un futbolista determinado. El fútbol tuvo apellidos cuando irrumpieron algunos superdotados que dejaron una huella innovadora: la versatilidad de Di Stéfano, el ingenio goleador de Pelé, la autoritaria velocidad cambiante de Cruyff o la capacidad de Maradona para seducir a una pelota que solía cumplir sus órdenes. Nada de eso hay estos días: hoy gana el nosotros, sin sectarismos. Por eso, en España uno han sido 11.


Xavi ha elevado a categoría lafábrica de cuatros del Barça, un puesto de ancla que suscribió Johan Cruyff al frente del dream team. Se le acusó de impostar la posición, como si fuera uno de esos caprichos que se conceden aquellos que se ven a sí mismos como genios. El tiempo desmintió a los más ácidos, a todos los escépticos. De Milla a Sergio Busquets, con Guardiola y Xavi, en sus inicios, como principales proselitistas del puesto. El Barça dejó de ser el Barça de Cruyff (jugador), Maradona, Ronaldo o Rivaldo. Tras el equipo de ensueño de Cruyff (entrenador), el Barça pasó a ser el Barça a secas. Basta pronunciar su nombre para que los aficionados, seguidores o no del club, reconozcan su significado, sus señas de identidad. Y el cuatro como nudo gordiano, tan relevante o más que el rutilante goleador de turno: su brochazo final era consecuencia de un principio, del cerebro de Guardiola, Xavi o ahora Busquets. No son regateadores, no van de cabeza y hacen diana sin querer y muy pocas veces. Sin ellos no se entendería el Barça, tampoco España.

"Yo no quiero el Balón de Oro", repetía estos días Xavi con una sinceridad aplastante. Él conceptúa este juego de otra forma, por más que los foros mediáticos aticen los personalismos, por más que para su sustento un deporte grupal haya decidido fomentar los premios individuales, como si existiera un fútbol de estrellas, no de equipos. Por más que en un deporte de todos y para todos, pueblo incluido, haya esa vieja tendencia a poner nombre propio a los estadios. Con futbolistas como Xavi, es España la premiada.

En Sudáfrica, el éxito de las selecciones solidarias ha sido elocuente. Cristiano Ronaldo fue por libre y Portugal se fue. Kaká no fue un ancla para nadie y cayó Brasil. "Para que Brasil vuelva a ser Brasil necesita clonar a Xavi", sentenció ayer en Johanesburgo el mítico Tostão, que compartió título con Pelé, Jairzinho y todo aquel inolvidable Brasil de 1970. A Messi le volvieron a entender mal. Frente a los que preconizaban que a Xavi, a España, le faltaría Messi, resulta que ha sido a la inversa. Maradona creyó que su 10 podría ser Messi y Xavi a la vez y la irreprochable entrega de La Pulga no fue suficiente.

Xavi es un líder natural en el campo por aclamación de todo el vestuario. Su autoridad se le reconoce. No requiere un bastón de mando, pasar por el camerino o polarizar las portadas. Nada de demagogias, la pelota es su pedestal y el grupo, como él reconoce, su amparo. Sin aquellos que le devuelven el balón a tiempo, sin los que tiran desmarques para que tenga paisaje, sin los que le cubren las espaldas, sin el portero que para, sin los suplentes que están al quite... Nada es Xavi, él lo sabe, como lo han sabido sus últimos entrenadores, que le han pasado del cuatro al 10 , que le han acercado donde se prende la mecha del gol, oficio de otros al que él contribuye de forma magistral y humilde, sin concederse mayor importancia. Para Xavi, Puyi es un "animal"; Andresito, un "genio"; Busi, "un quitanieves", y todo con el que juega a su lado le escucha al grito de "máquina". Él es Xavi, un tipo normal.

Con el azulgrana como síntoma, la selección de Del Bosque ha oscarizado el fútbol orquestado, sin cuentas pendientes con el que falla y adjetivos contenidos con el que acierta. El paso de España por África no se entendería sin los goles de Villa, sin el esfuerzo físico de Fernando Torres, sin los kilómetros de Sergio Ramos o el descaro de Pedro y Llorente. Como tampoco se comprendería a esta España sin reparar en la arrebatadora defensa de Piqué y Puyol, el sentido de la medida de Capdevila o los conmovedores retos de Busquets y Xabi Alonso en cada cita. Y qué decir del penalti parado por Casillas, con el soplo de Reina; y del gol de Iniesta a Chile y su enternecedora participación en el tanto a Paraguay. Y de los ánimos constantes desde el banquillo. ¿Y Xavi? El mejor - uno más-, del campeonato.

¿Qué tal si la FIFA, la UEFA y los medios que conceden las distinciones más populares no premian alguna vez, pongamos por caso, a España? Si España fuera Balón de Oro, Xavi, encantado. Así ha estado en Sudáfrica, salvo por un detalle que le ha tenido bien fastidiado: en este país no hay futbolines en los bares, su mayor pasión.



domingo, 4 de julio de 2010

No sólo de cuernos vive el hombre: Capítulo V: Momento Casillas





Así se celebra un gol.



Hay partidos somníferos y partidos excitantes. El de ayer, por motivos misteriosos, fue de una manera en la primera hora y cambió totalmente cuando Vicente del Bosque cambió a Fernando Torres por Cesc pasado el minuto 50. Hasta entonces, la noche había transcurrido en una calma inquietante. Iker Casillas paró un tiro flojo de Santana cuando los equipos se estaban conociendo y lo más exigente que hizo su contraparte, Justo Villar, fue dar cuatro pasos para apretar contra su pecho un pase de Xabi a Torres que se fue largo. Un tiro entre los tres palos de España y ninguno contra el arco sudamericano. Nada hacía sospechar que entre el minuto 55 y el 60 se produciría el momento penalti, el momento alboroto, el momento heroico en el que apareció el capitán y dejó su portería a cero y a España firme en Sudáfrica.




Foto: AFP



Casillas iba de azul claro. El madrileño caminaba con los brazos cruzados clavando la mirada en la hierba como si buscase algún objeto perdido cuando Del Bosque hizo el cambio. La relación entre la entrada de Cesc y los acontecimientos subsiguientes no es directa ni indirecta. Cesc no había echado ni una carrera cuando Piqué hizo penalti. Mientras acudía a rematar un córner, Cardozo fue alevosamente agarrado por el central español. El error del defensa, que perdió la posición y rectificó contra el reglamento, resultó extraño por infrecuente. Su hoja de servicios en el último año estaba inmaculada. Pero ayer algo hizo que se le fuera el santo al cielo. Casillas, que no había tenido nada de qué preocuparse, tuvo de pronto ante sí a Cardozo mirando fijamente la pelota. Cardozo, delantero centro clásico, apodado Tacuara, como la caña con que los guaraníes hacían sus lanzas, se perfiló de costado anunciando el zurdazo y tiró a su derecha. Ahí se volcó el portero antes de embolsar la pelota sin dar lugar a réplicas.


Casillas tiene una particular manera de manifestarse. No importa su trayectoria ni su situación deportiva o personal. El hombre aparece cuando más le necesitan. Su relación con la pena máxima es significativa. Nunca ha detenido penaltis en partidos que no hayan sido decisivos salvo con la selección. A sus 29 años, sigue comportándose igual que a los 20. No habían pasado cinco minutos desde la parada de Casillas cuando Alcaraz hizo penalti a Villa y Justo Villar debió medirse a Xabi Alonso. El vasco metió el primer tiro pero el árbitro se lo anuló. A la segunda paró Villar y el partido se quedó 0-0.


No fue necesario que Casillas apareciera otra vez hasta que le remataron desde media distancia, al límite del tiempo reglamentario, con la selección clasificada para las semifinales por la mínima. Un mal blocaje posibilitó la segunda jugada. Surgió Santa Cruz, muy oportuno, para ponerse frente a frente al portero. Remató, pero Casillas salió para cerrarle todos los ángulos. Ricardo Martino, el seleccionador de Paraguay, juzgó fundamental la intervención del meta español: "Además de parar el penalti a Cardozo, fue decisivo en los últimos minutos cuando tapó un remate a Santa Cruz". La parada salvó el empate.


El propio portero explicó al final del partido cómo Reina desempeñó un papel fundamental para que Cardozo no marcara el penalti. "Le doy las gracias a Pepe (Reina), que es un fenómeno y me dijo por dónde le iba a pegar Cardozo". Lo explicó luego el propio Reina: "Le conocía de un partido contra el Benfica", dijo. "Me lo tiró por ahí y como contra Japón cambió, pensé que volvería a lo que suele hacer", añadió el meta del Liverpool. "Iker ha estado inmenso, nos ha llevado a la semifinal", le alabó Busquets.


El banquillo se levantó en masa y una avalancha de chaquetas azules, encabezadas por Reina y Valdés, se lanzaron sobre su objetivo. Una montaña de abrazos tapó al capitán. Ayer, Casillas dejó atrás un comienzo vacilante, con un error ante Suiza, y comenzó a olvidarse de una temporada más o menos intrascendente. Lo hizo con dos apariciones en el momento preciso. Justo para poner a España en las semifinales. Por primera vez desde 1950, entre los cuatro primeros.



Diego Torres

El País, 4 Julio 2010

jueves, 1 de julio de 2010

No sólo de cuernos vive el hombre: Capítulo IV: Preferencias




La pasión patriótica nunca me ha tirado mucho. Yo creo que con un poco de civismo, con no defraudar a Hacienda y con no hacer demasiado la puñeta a los demás uno cumple razonablemente como ciudadano. Me supera la cosa del patriotismo, lo de inflamarse a la vista de una bandera (cualquiera de ellas) o lo de atribuir cualidades antropológicas o morales a un concepto tan abstracto como el de “nación”.


Lo cual no significa que no me guste que gane España. Me gusta. Me alegra por mí y por la mayoría de mis conciudadanos. Y por mi mujer, muy forofa de este equipo. Reconozco, sin embargo, que las victorias de España me parecen ligeramente menos embriagantes que las de mi club. Y las derrotas (confiemos en que no lleguen), menos dolorosas.

Será, tal vez, porque al club lo elige uno mismo, mientras que con la selección hay lo que hay. O será que siento afecto, en mayor o menor medida, por más de una selección. Simpatizo con Italia, porque llevo años siguiendo con fruición (ya sé que suena a contrasentido) el fútbol italiano. Simpatizo con Inglaterra, porque la anglofilia no se me va a curar ya nunca. Simpatizo con Argentina por muchísimas razones, algunas tan nimias como los anuncios mundialistas de la cerveza Quilmes o por el ronco “vamos, vamos”. Antes simpatizaba con Alemania, pero me libré de esa rareza en el Mundial de 1982. Reconozco, sin embargo, que la Alemania de este año es simpática y atractiva.

De los partidos que quedan ahora, me gustaría que Holanda ganara a Brasil. Por simple deformación profesional: la gente de mi oficio vive de las sorpresas, porque son noticia. Y Brasil lleva tiempo ganando mucho y ofreciendo poco.

Con Uruguay - Ghana voy a llevarme un disgusto, pierda quien pierda. Argentina debería eliminar a Alemania, porque de lo contrario existiría el riesgo de que Alemania, que aún puede crecer mucho, ganara dos Mundiales seguidos: este y el próximo.

Lo siento por Paraguay; soy del Espanyol y uno de mis héroes de infancia fue el paraguayo Cayetano Re, pequeño ariete de los “Delfines”, pero España es mejor y sufriría más que Paraguay con la decepción de la derrota.

Si las cosas salieran a mi gusto (cosa que jamás ha ocurrido), disfrutaría como un enano con la semifinal España-Argentina . Volvemos a lo del principio: es una suerte contemplar un partidazo sin miedo a sufrir uno de esos íntimos desgarros patrióticos que, según dicen, duelen muchísimo.



Enric González

Dibuje Maestro, El País Digital

30-Junio-2010


martes, 22 de junio de 2010

No sólo de cuernos vive el hombre: Capítulo II El desquite de Periko




La venganza de Periko se consumó antes que la afrenta porque la vida y el fútbol dan vueltas muy raras. La obra que comenzó el padre de manera tan accidentada el caluroso 16 de junio de 1982 en el estadio Luis Casanova de Valencia, actual Mestalla, la acabó el hijo ayer, en una fría noche de invierno, envuelto en el zumbido de las vuvuzelas, bajo la bruma que se posó en la meseta de Sudáfrica. Pasaron casi 30 años y España volvió a encontrarse con Honduras en un Mundial. Esta vez la historia acabó mejor. Si la selección no logró clasificarse para octavos, al menos uno de sus integrantes, Xabi Alonso, consiguió vengarse del sopapo que le dieron los hondureños a su padre en el decepcionante debut de España como anfitriona en 1982.


Periko Alonso, que entonces tenía 29 años y comenzaba a perder el pelo, presenció a unos metros la fatídica jugada. Héctor Zelaya arrancó en el medio campo. Periko lo siguió hasta que le salió Alexanco en las inmediaciones del área haciendo algo parecido a una pantalla. Como esto no es baloncesto y Zelaya tenía buen pie, se le escapó derecho a la portería, tiró una pared con Porfirio Betancourt y enfiló al gol. Por el camino cayeron de culo Joaquín y el elegante Tendillo, mientras Camacho braceaba en actitud de reproche e indignación. El pequeño Xabi no fue consciente del drama porque no había cumplido un año y lo ocupaban otros asuntos. Tampoco fue consciente de que hay ciertas calamidades, como ciertas habilidades, que son hereditarias y que a él le correspondería el privilegio de la revancha.


Ayer el seleccionador, Vicente del Bosque, situó a Xabi por delante de Busquets y por detrás de Xavi. Con el transcurso del partido, debió asumir buena parte de las funciones de Xavi porque el media punta del Barça fue astutamente envuelto en la red de Palacios, Turcios y Guevara. Los marcajes hondureños retrasaron el centro de gravedad de España, que inició casi todas las jugadas de ataque con los desplazamientos largos de Alonso y Piqué.


Cuando las selecciones estaban en el túnel de vestuarios dispuestas a salir al campo, Del Bosque apartó a Alonso, que esperaba el último en la fila. Sonriéndole, como si depositara toda su fe en él y no se estuvieran jugando una Copa del Mundo sino unas cañas, el técnico le encomendó más o menos que se adueñara del equipo. Así fue como Alonso empezó a dirigir los ataques españoles con sus pases diagonales a Villa y a Navas, aprovechando las basculaciones de Honduras. Pim, a la derecha, pim, a la izquierda. La zaga hondureña no pudo dar dos pasos sin temor a quedar vendida. Tanto zarandeo acabó dando sus frutos.


En 1982, Periko no lo habría hecho mejor. Al progenitor, un mastín que protegía a los centrales, le faltaba el sentido del pase del hijo. Sin embargo, en aquella noche valenciana, fue uno de los pocos españoles que tiró a puerta. Paró Arzu. El otro fue López Ufarte, que hizo el gol de penalti. El empate (1-1) es recordado como la mayor gloria del fútbol hondureño. Para Periko fue un bochorno. Y antes de sufrirlo, sin saberlo, ya se preparaba su venganza.



Diego Torres

El País, 22, Junio, 2010


jueves, 17 de junio de 2010

No solo de cuernos vive el hombre: Capitulo I La Furia Española, Cachucho y Casillas






A la hora poco taurina de las cuatro de la tarde la afición interrumpía la siesta para ponerse delante del televisor, a disfrutar y a lucir, por fin, después de tantas tardes de avisos, broncas, almohadillazos y pajarracas, de una buena faena del combinado nacional. Sólo cabía esperarse de la Furia Española una salida veragüeña por los chiqueros surafricanos, al toque de vuvuzuelas y timbales, mientras los suizos, que eran la víctima perfecta, capeaban, y nunca mejor dicho, el temporal. Nada hacía presagiar que hicieran suya la capacidad de orden, lidia y mando en plaza, pues sabido es por todos, que los suizos, cual morantes, de vérselas con toros en puntas, ni idea, en cambio, son unos lumbreras con todo lo que tenga que ver con el tiempo y los relojes. Prestos los relojeros a derrotar y hundir todo lo que huela a español, han terminado por cargarse añejos elementos del refranero popular. Eso de que hasta el más tonto te hace un reloj, a partir de hoy va directo al basurero de refranes prescritos, donde se pudren `no hay quinto malo´o`a quién madruga Dios le ayuda´, entre otros. Los de la industria relojera, de tontos, ni un pelo.


Belauste. Capitán de la Furia Roja.



Un mismo día, 16 de junio, de hace más de cientotreinta años, el toro Cachucho, del Duque de Veragua, recibía diecisiete puyazos, despenando ocho jacos, bajo la lidia de Lagartijo, primer Califa del toreo. Esta país empezaba a conocerse por la furia de sus toros y la valentía de sus espadas. A medio camino, en las Olimpiadas de Amberes de 1920, el vasco, sí, un vasco, miembro del PNV, Belausteguigoitia, alías Belauste, capitán de la selección española por entonces, fué el `fundador´con un gol tirando de casta, de la Furia Española. Mundial de 2010, fuera nos siguen viendo como esa furia, de la que poco queda, representada por la imagen de un negro, pavoroso y fiero toro (se nota que no van a la plaza a ver los jaboneritos de Cuvillo). Casillas, el capitán barbudo, que gobierna desde su minarete de 2,44 x 7,32, con su desconfiante sonrisa de no haber roto nunca un plato, es el héroe de esta generación, rebosada y bendecida por la técnica, la suficiencia y la maña. Once Julis a los que no les ha ido mal la cosa por los pueblos, contra los Polonias, Liechtensteins o Macedonias, han cortado orejas y rabos a mansalva. Feria de Suráfrica 2010: su momento, el de demostrar que todo lo cosechado no es agua de borrajas. Después del suizidio el cortijo está un poco más lejos, pero aún es visible. Sólo es cuestión de volver la vista atrás, a Cachucho, a Baleauste; al sudor, a la garra, al orgullo, que deben der ser las tres patas fundamentales de aquel que aspire ser campeón. Para empezar, no estaría mal que Casillas cogiése el Reglamento de la FIFA y constate que, dentro de su propia área, el portero puede coger el balón con las manos.