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jueves, 22 de diciembre de 2011

De tragedias y jornadas intensivas

Juan Pelegrín, Manón





























Mientras unos se matan por los derechos de imagen, amenazando incluso con pegar el petardo y no acudir a las Fallas, y otros opositan a sheriff de las Ventas, en un concurso que parece un capítulo de  
Se ha escrito un crimen, con el vivaracho Entero desapareciendo misteriosamente de la noche a la mañana, Abella de criado taciturno, que pinta a asesino y Zabala enredando de aquí pa'llá, más contento que un ocho con el taurinicidio, en el papel estelar de la investigadora/pensionista Jessica Fletcher,
un torerazo como Robleño ha retado allá por el mes de julio
en Cèret a seis de José Escolar.

A bombo y platillo se ha anunciado como una gesta. Ppffff. Otra. Como si este reto a los límites del hombre fuera otro buñuelo de esa chatarra de máquina, que se asemeja a una churrera de feria, y que fabrica gestas como churros para el engorde de las figuras. Gesta, según nuestra maltratada lengua, es un conjunto de hechos memorables. ¿Como va a ser memorable matar seis cuvillos, de los doscientos y pico que salen cada año de ese mercadona de toretes hacendados que es el Grullo? ¿Y que me dicen de matar juan pedros o derivados, cuando suponen las tres cuartas partes del ganado que se lidia en la piel de toro cada tarde? Que sí, que sí, que es una falta de respeto hablar así del que se pone delante, que todos los toros hieren, que baje y lo haga yo, que a Manolete lo mató un toro dos veces afeitado, en fin, que lo sé: no llevo razón. En realidad estamos ante un problema menor, una cuestión nominativa: eso que han hecho -y que tendrá su innegable mérito- Talavante, Luque, Morante, Perera, José Tomás, Castella y demás priores del jédiez, tendrian que cotizarlo como jornada intensiva. Gesta nunca mais.

Robleño en Cèret se encierra con una tragedia. Aquel temor, recelo, rescoldo, aprensión, cuidao, sospecha, desconfianza, cerote, medrana, pánico, cangui, canguelo, julepe, jindama, pavor, mieditis, espanto, terror, susto, horror y repollo que aprendiera durante toda una vida el sablista de Juncal, lo va a tener que sufrir Robleño en un par de horas. El miedo. La gasolina que achicharra a los artistas, y prende de autenticidad el toreo. Lo que nadie quiere pasar. Meterte en la placita de Cèret, a lidiar, poder y matar seis galanes de Escolar delante de una de las aficiones más doctas y exigentes es el mayor castigo que se le pueda infringir a los sistemas nervioso y cardiovascular de una persona, por muy torero que sea. Y no sólo tendrá que salir vivo, habrá quien le reclame -inas, también demandantes de arte y otros que piensen que seis son muchos pollos para tan poco arroz. Y podrán tener sus motivos para pensar así, pero estarán perdiendo el tiempo en minucias, pues quien sabe si lo que estarán viendo sus ojos lo van a volver a ver.

Así, que aficionados, a tomar nota, y currantes de la jornada intensiva, pro-derechos televisivos, a cavilar, que ahí va un tío a comerse el mundo.Y que tenga que ser lo que sea, pero que la valía de la venidera tarde no caiga pronto en el olvido:  el 15 de julio todos estaremos en deuda con Fernando Robleño.


miércoles, 6 de julio de 2011

Conde de la Maza en Cèret (con fotos de los Toros)
















 Al final Conde de la Maza lidiará este año en Cèret, será sustituyendo a la ganadería lusa de Couto de Fornilhos, cuyos toros fueron rechazados. Esta mañana ha salido de los Arenales camino de Francia un serio lote compuesto por cinco toros cuatreños y un cinqueño que tienen todo para embestir.

A continuación, dejo alguna imagen de cuatro de los toros embarcados. Las imágenes se pueden encontrar en la página en Facebook de la ganadería.
























En exclusiva: así ha reaccionado la cúpula del G 10, fieles lectores de Hasta el Rabo todo es Toro, al ver en sus "ifhones"  las fotos con esas perchas de los condesos: les ha entrado la risa floja.


viernes, 1 de julio de 2011

José Escolar y Conde de la Maza en Cèret























Como ya sabemos, José Escolar ha obtenido a última hora la carta verde y lidiará en Cèret. Es público que en el caso que los toros de Monte Valdetiétar hubieran fallado, una corrida del Conde de la Maza hubiese sido lididada en su lugar. Cosa que como decimos, no va a ocurrir.

Sí podemos adelantar que, en principio y si las circunstancias no cambian, Cèret de Toros 2012 contará con una corrida del Conde de la Maza. Estos de abajo son algunos de los utreros, con el ocho en la paletilla, que pastan en Cortijo los Arenales y que a buen seguro, darían alergia a Curro Vázquez.







































Fotos colgadas en el facebook de la ganadería.

sábado, 17 de julio de 2010

La vieja escuela





Respiramos, y nos atufa hasta llenarnos los pulmones de desesperanza, el aire de una época de academias taurinas, en las que se adoctrinan a decenas de alumnos bajo unos mismos cánones, que buscan crear contrabandistas de orejas antes que toreros, dónde la teoría la imparten unos maestros que vestidos de oro por cada grano de cal dieron diez de arena. A dios gracias, o al que le pertenezca, sobrevive un pequeño lugar, patria del aficionado, en el que a los profesores se les sigue tratando de usted, el secular crucifijo de madera preside las aulas, el paseíllo lo abre un padrenuestro y a los malos alumnos que se libran de ponerse de rodillas contra la pared, se les obliga a escribir quinientas veces en la pizarra las cuatro palabras elementales para comprender cualquier leccion: parar, templar, cargar y mandar.



La vieja escuela del toreo, con sede en Cèret. Único lugar dónde se reunen los eternos valores, basados en el Toro y las capacidades de todos los que se ponen delante de la muerte -centauros y bípedos- , y el antiguo testamento de la lidia clásica, que se saca y se desempolva, por unos días, del baúl de las añoranzas, dónde comparte polvo, tiempo y oscuridad con la chicuelinas de frente de Camino, el olor a macho de Diego Puerta o las verónicas, cargadas de arte y ciencia, de Curro Romero.



No le hace falta a la escuela ceretana el presupuesto de las universidades de Madrid, Sevilla o Bilbao para ofrecer lecciones magistrales de toreo. Ni presupuesto, ni figuras, ni gacetilleros que vengan a informar sobre algo que no conocen, ni mucho menos las orejas, que aquí adquieren el verdadero valor que han tenido siempre, como desechos de tocinería, que sólo interesan al matador y a los que se pirran con el arte del orejismo -aquí desaparecido-. Por su cátedra han pasado maestros como Esplá -que casi se deja la vida en ella-, Fundi, Frascuelo, Manili, Pauloba, Domingo Valderrama o El Cid, que conocen lo que se siente cuando el cuerno de un Miura o un Victorino te saja las carnes, y han hecho bueno, con su sufrimiento, el dicho popular, la letra con sangre entra. Se han visto anunciados con ganaderías sobre las que no se escribirán libros, ni sus toros se verán premiados por las gentes del toro y que seguramente, algunas desaparecerán en no muchos años. Conde de Murça, Isaías y Tulio Vázquez, Fernando Palha, Barcial, Hernández Plá o Valverde, son los ejemplos más preocupantes. Los jandillas, vellosinos, cuvillos, garcigrandes y demás basura genética con honorífico título de toro, tienen el territorio vedado. Cèret tiene una fuerza y carácter que la hacen inmune a las fuerzas corrosivas del taurineo.


La suerte de varas es la asignatura que ocupa el centro de este universo. El picador vuelve a ganarse el oro que debió perder hace años en su chaquetilla; el matador debe demostrar la inteligencia, el conocimiento y la destreza que se le supone. Más ciencia que arte. También debe ser agradecido, con el toro y con el aficionado, enterrando en la arena el egoísmo y afán de buscar sólo el triunfo en el último tercio, para ofrecer al respetable -aquí sí- el ritual al completo. Caballos con buena doma, y buenas hechuras; petos en peso pluma, monosabios transparentes, pero siempre al quite; respeto, conocimiento de las distancias, las rayas y la colocación; y sobre todo, dos cosas importantes: El Toro, dispuesto a honrar a todos los de su raza a base de poder, bravura y lucha. A demostrar que es capaz de dejarse hasta la última gota de sangre antes que aceptar la derrota. Casta. La otra media naranja corresponde al aficionado, que se muestra abierto, entendido y agradecido en la suerte de picar. Sus ojos vienen dispuestos a ver algo tan difícil y a la vez tan sencillo, como un galope hacia el rocín, un puyazo en la cruz o un toro que romanea. Desmitifican con su actitud la mentira, que por mucho que la difundan nunca llegará a convertirse en certeza, de que los aficionados más entendidos son los más exigentes. No se reclaman quintales de gracia y pellizco ni un cuarto de millón de sal andaluza. Ni sillas, ni violines. No. Con algo tan sencillo como seguir unas reglas, que además ya están escritas y devolverle su lugar en la Fiesta al Toro es suficiente. Suficiente para sacar sobresaliente. Y si no, basta con ver esas fotos, tan de antaño, en las que un varilarguero sale a dar una vuelta al ruedo, o a saludar castoreño en mano. O ver el triunfo rotundo de un toro al que le llegan a pedir la segunda vuelta al ruedo. Qué mayor indulto para el bicho y su familia que quedar en el recuerdo, de los que no se borran, del aficionado más cabal. ¿Alguien se acuerda, con los ojos llorosos por la emoción, de alguno de los animalitos indultados por Ponce? ¿Y de Idílico, que se murió más sólo que la una? En cambio, ¿por cuántas bocas ha pasado ya el nombre de Oye-Mucho? ¿Cuánta emoción y cuántos suspiros de melancolía ha provocado el novillo de Guardiola? Si el tiempo es oro, ¿qué tiempo es más valioso, los cuatro años que se pasa Cuvillo llenándole el pesebre a Lanudo para que le perdonen la vida, lidiado como toro, en Badajoz, o los tres años -casi cuatro- que empleó Fidel San Román en criar un novillo de los que pasan a los anales?



En esa clamorosa vuelta al ruedo que dió Oye-mucho, de Villamarta, se resumen los casi trescientos años que han pasado desde que Pepe Hillo, Costillares y Pedro Romero empezaran a otorgarle un rigor a lo que antes era sólo una fiesta. La alegría de un público que ve de toros, la admiración por un toro que ha sido bravo y ha peleado su muerte, la justa recompensa a unos hombres que, con más o menos arte, han hecho una pelea respetando las normas y el rival. ¿Qué más se puede pedir? Larga vida a Cèret, ejemplo de ejemplos.