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miércoles, 29 de febrero de 2012

Más que decentes. Toros en el día de Andalucía


















28 F: Día de Andalucía. Con las cámaras de Canal Sur presentes. La banda de música -apenas se escucha- toca, decir interpretar es aventurarse demasiado, el "andaluces levantaos" de Blas Infante mientras un gitano en el seis pide un coca cola al pipero, el mellao de la barrera de sombra grita un "Paílla que güevos tienes" y un grupo de marujas con más papada que años, en el sol, discute fervorosamente sobre lo bien que han agarrao los injertos de pelo a Ponce. Son las mismas criaturas que un rato después, en la taberna o la peluquería, pedirán que se levanten unos tabiques en las vascongadas y Barselona -jamás en la vida sus bocas eruptaran un Euskadi o una Catalunya-, porque son unos malajes que no respetan el himno de España la noche que sus dos equipos fetiches juegan a la pelotita. En fin, que estamos en Sanlúcar de Barrameda, con toros de la prestigiosísima ganadería de Hnos. Sampedro, una de esas en cuyo cuyo árbol genealógico reza el epitafio "elimina todo lo anterior para adquirir reses de Juan Pedro Domecq". El medio pensionista Enrique Ponce, el jubileta Ruiz Miguel y el carilampiño David Galván. El festejo, cinco minutos antes de que empezase, nos lo sabíamos de carrerilla, como la lista de reyes godos. Pues anda que de éstos no hemos vistos unos pocos, tú. Pero el vicio es el vicio y ahí que nos pusimos, como koalas mascando eucalipto, delante de la pantalla.




Pero sonaron clarines y timbales y una rueda de toros cinqueños, con presencia, cuajo y pitones -a esto hemos llegado, señores del arte del taurineo, a tener que alabar que un bicho bicorne tenga dos cuernos-, saltó a la arena del delta guadalquiveño, para sorpresa y algarabía del personal. Cuesta recordar un festejo de pueblo de Despeñaperros pa'bajo con esa fachada y galanura. Lo que llevaban por dentro es otra historia, también cantada, aunque para disgusto del mismo personal, aquí ya no hubo milagro y casi tres horas que estuvimos escuchando la coplilla de la falta de fuerzas, la baja laboral de la casta y la huída del miedo, trillo de las emociones, lejos del graderío. Se salvó el quinto, premiado con la vuelta al ruedo, huelga decir que otorgada con demasiada alegría, un buen toro que pecó de falta de fiereza aún siendo un dechado de eso que los sénecas de las revistillas llaman classsse -en la plaza hacen malabarismos con el frenillo de la lengua para poder pronunciarla con acento en la ese, quiera dios que los coja una tarde cambiando las tíldes el sillón T de la Real Academia, Pérez Reverte-. Hay que decir en descargo de la sam-pedrada que fue picada horriblemente, no por que los leñazos con las varas fuesen infames, sino por las maneras de los tíos de las varas y sus jefes, que hicieron las suertes de cualquier manera, al relance, metiendo el toro debajo del caballo o con cariocas.


















De los matadores se puede decir que estuvieron cada uno en su línea, que es la de tres maneras distintas de entender el toreo. El toricantano David Galván, que abandona el escalafón novilleril para enlustrar la nómina de jóvenes espadas que tienen que dar tute a los acomodados jédiez, demostró una gran seguridad en sí mismo, una atípica serenidad para la edad y no se puede dudar que está dotado del sentido natural del temple, si bien es cierto abusó del manzanarismo, ese destoreo perfilero y suavón tan en boga en nuestros días.

Paco Ruiz Miguel está hecho un chaval. Fuerte como roble y con más afición y hambre que un maletilla sin tabaco. Verlo moverse con mando en plaza, gritándole al peón que hace derrotar al negrito contra las tablas, comerse al picaor para que levante la vara o instruir al bregador que lidia en banderillas, merece tanto la pena como la mejor media de Morante. Recuerdo de otros tiempos, como la picaresca, el borderío, el ir y venir con el público, enjaretarle cuatro guasas, esa torería golfa que ha quedado soterrada por unas repelentes buenas maneras. En sus dos toros el león de la Isla dió una demostración de conocimientos: de capa, a la verónica, en las dos ocasiones ganó siempre el pasito a cada lance, de la primera raya para fuera, al cabo de seis o siete lapas, no más, bicho parado casi en los medios. Con la franela se gustó más en el cuarto, donde reverdeció viejos laureles, embistiendo él más que el cornúpeta, pegándose un arrimón de antaño.


Y Ponce era Ponce, ahora es Enrique, un triste jornalero del toreo que echa sus peonadas de vez en cuando, por esos pueblos de dios, a la caza de un puñado de cuartos, algún elogio y de resistir algo más en el candelero. A su primero le enjaretó una faena larga, despegada y monótona, asentándose y ajustándose algo más con el quinto, al que a fuerza de no exigirle nada, a punto estuvo de indultar.

En resumidas cuentas, una tarde con sus grandezas y miserias, como todas, pero dónde siempre hubo un mínimo de seriedad y dignidad, que ojalá marque un precedente en los festejos de dudosa calificación en cosos de tercera, sobre todo en los televisados al gran público.





















Las fotos las ha cedido amablemente el fotógrafo Paco Gallardo.

viernes, 24 de febrero de 2012

La corruptela de las fundas









A petición de Cortinar, que demuestra tener buen gusto reprochándonos el dar cabida a imágenes de bichos con condones, no vamos a publicar nunca más en este blog fotos de toros con la enfermedad de las fundas. Tampoco busco reabrir un debate -otro-, que creo que el aficionado ha perdido -las fundas son toleradas, sin rubor, por la mayoría de público, profesionales y crítica- si digo que me chirría que tres semanas antes de lidiarse - a 18 o 19 días vista de ser embarcados- puedan seguir con sus pitorritos de fibra de carbono los Zalduendos escogidos -que esa es otra, cómo son los bichos-, para las Fallas. Peor aún es comprobar como los toros de Hermanos Sampedro que servirán para doctorarse a Galván en Sanlúcar el día de Andalucía, ¡sólo faltan cuatro tardes!, seguían con los pitones plastificados hasta hace poco -si no los siguen llevando aún-, según dan a entender las instantáneas recién publicadas. Qué se yo, no vamos a pedir ética y buenas costumbres a un mundo que, por lo general, carece de escrúpulos, en el que la pela es la pela, me pregunto si no podemos devolverle la libertad plena al toro en la dehesa, qué menos que pedir que pongan una norma por la que haya que desenfundarlos con más de un mes de antelación a su lidia y muerte. Pero mientras seguirmos soñando, que les den a las fotografías una pasada con el linimento digital del Photoshop o que no las publiquen, que no nos tomen por tontos, ya que hacen la trampa, que intenten seguir engañándonos como a niños de la teta, para que podamos seguir diciendo cada seis de enero la pijada esa de Jean Cau "amar a los toros es, cada tarde, a eso de las cinco, creer en los Reyes Magos e ir a su encuentro".



Galería de los toros Hnos. Sampedro para la
alternativa de Galván. AQUÍ

Galería de Zalduendos para Valencia AQUÍ


lunes, 20 de febrero de 2012

Festival de Utrera



Al final, y aunque el cartel anunciase "reconocimiento a los maestros Curro Romero y Rafael de Paula", de honores, no hubo ni rastro: el festejo comenzó un cuarto de hora tarde con los maestros sentados uno en la sombra, el otro en el sol, no se les dió una mísera placa, un pequeño busto, ni un maldito souvenir de gasolinera del presunto homenaje y hubo que esperar al sexto novillo para que un chaval que está empezando les brindase la faena. 

Como el que no se consuela es porque no quiere, hay que decir que los participantes, para torear, se vistieron de toreros, no como viene pasando con otros, como veremos más tarde. Del ganado, mejor correr un tupido velo, los novillos, escogidos entre los más colaboradores de un ramillete de los hierros más colaboradores, fueron mazapanes inválidos que se prestaron, cómo no, a sacar de la hibernación siberiana el arte, y a escacharrar los relojes que hace cuarenta noche nos trajeron los Reyes de Oriente.

 





Vía FeriaTV

viernes, 4 de marzo de 2011

Así se mendiga un indulto

Toros en Valverde del Camino



Me cuenta mi amigo Pablo, granaíno de cuna, nervense de adopción, los escabrosos detalles del circo montado hace unos días en Valverde del Camino. Se "celebraba" la inauguración del moderno callejón. El hechizo de la vieja plaza de toros de Valverde, que data de 1828, con sus ilustres burladeros y el Toro Toro que los quebrantaba, a tomar por saco. Que le pregunten al alcalde.

Son los nuevos tiempos, los mejores, dicen los que quieren seguir parasitando al toro en el siglo XXI, y a eso hay que resignarse. Los cuadris, prietos de la cal o adolfos han sido sustituidos por una birria de los Hnos. Sampedro de los que creo no habrá que especificar a que encaste pertenecen. Mucho se ha hablado a raíz del festival de Vistalegre, de la necesidad de que cierto grupo de aficionados entienda que cada coso taurino ha de tener su propia personalidad. Y bien verdad que es. Pero esa certeza no sólo reside en el tipo de toro que sale por chiqueros, las exigencias desde el tendido, la alegría del palco o la autonomía de la banda de música. Y no veo que pongan el grito en el cielo con el mismo énfasis cuando mutilan este ruedo onubense o cuando se aprobó el caro proyecto de poner cubierta a la plaza de toros de Valencia.

El caso es que no se habla de otra cosa que no sea el indulto, por parte de un Ferrera que sacó el javierconde que muchos toreros llevan dentro, a una ratita bodeguera. Nadie en la plaza pidió el perdón del roedor, que dió varias veces con sus bigotes en el suelo. El torero, que se encuentra sin confianza con la tizona, y dió un mitín en el primero entrando a matar, pidió el indulto con el único objetivo de no tener que volver a pasar nuevamente por el trance. Un ganadero mendicante y una presidencia inepta hicieron el resto. Las pruebas, un vídeo publicado en Ambitoros.

Así se mendiga un indulto.