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jueves, 15 de marzo de 2012

Juventud marchita


Rullot para Aplausos

















Dejando Castaño a un margen, el sopor continúa siendo el común denominador de este arranque petardeante de Fallas. Ayer, los atanasiardos de Valdefresno, mal presentados, anovillados, una pareja tuvo que soplar las cuatro velas de la tarta -el 141, Fardero, guarismo 3/8, y Manzano, 130, del 12/7-, además acusaron manifiesta invalidez, tanta que, de los seis, cinco, perdieron varias veces las manos durante la lidia. Sólo se salvó Lisonjero, cinqueño aleonado, que si bien pecó de falta de fuerzas, quiso comerse por abajo los engaños, abriendo surcos con el hocico en la tierra valenciana. Ni éste ni sus hermanos fueron colocados al caballo con un mínimo de torería, y a más de uno, y de dos, se les simuló el segundo puyazo. Al flojo y noble Lisonjero le sacaron en el desolladero ciento veinte pajuelas de semen, cuestión que marca claramente el tipo de toro que se busca en Valdefresno, y que me da, visto lo visto, que no va a ser muy de mi agrado. 

Los jovenzuelos Dufau y Silveti aburrieron al más paciente, a base de mantazos recetados a gran distancia, con el toro en Elche y las nalgas del torero en el palo de la bandera valenciana, demostraron saberse la teoría de los circulares, los martinetes y el teléfonillo de memoria, pero carecieron de hambre, valor y ambición. El mexicano se dejó ir un triunfo gordo, viendo el nivel del público y solo pudo rescatar la honrilla de la tarde con algún natural arrastrapanza de la muleta y con el deseo, más que hecho, de querer darle brillo a la capa, como buen manito, en quites. El francés llevó durante toda la tarde un paso más allá el destoreo, que no es ya no cargar la suerte o retrasar la pata, sino adelantar la pierna que no es, resultando cómico como en el remate de alguna tanda y en lances sueltos, la descolocación y ese retorcimiento lo llevan a darle la media espalda al garlopo y el culo a la muerte. De conocimientos, y mira la reata de apoderados y ayudantes que llevan, tampoco es que lleven estos jovenzuelos de escuela taurina la lección muy aprendida. El bleu se fue a los lomos, incomprensiblemente, de un Atanasio, abanto, al que de salida quiso darle, sin sacarle los brazos para más calamidad, una chicuelina para los adentros. Si esperpéntico es el presente, ni imaginarnos el futuro.

Jiménez Fortes fue el "triunfador" de la tarde, a pesar de hartarse también a echar la patita atrás y darle vidilla al pico de la muleta, pero hay que reconocerle cierto temple a su labor, temple a lo ya templado, se entiende, y ganas de agradar, que debería ser lo mínimo, pero que tal y como están las cosas, muchas tardes se convierte en lo máximo. Con el manso de la tarde se fajó de lo lindo, hasta que cantó la gallina, momento en el que el Manzano se agrió y para cuya muerte hizo pasar las de Caín al verde coleta. A éste lo picó muy bien Tito Sandoval, que domeñó el mal son, los testarazos y la rabieta que vertió el mansito contra el peto.

 Lástima de juventud torera, de patita pa'trás en vez de paso al frente.


martes, 31 de mayo de 2011

Vulgarismos




Después de la novillada de ayer lunes me van a tener que reexplicar aquello que es vulgar y eso que es elegante. Resulta que a Victor Barrio, que es un novillero que parece un novillero -que en estos tiempos es todo un logro-, lo llaman vulgar. Por irse a portagaiola a dar trapazos, o quedarse más quieto que la una recibiendo al toro en los medios de aquella manera. Por no perdonar un quite, por desastrado que pueda salir. También por insistir más de la cuenta, por buscarle faena al manso, al inválido o al que sea, en definitiva, por querer ser alguién en esto, mostrando virtudes y defectos propios de la edad. Mientras el de las "buenas maneras" es aquel que torea como si tuviera encima cuarenta años de alternativa y las llaves de tres cortijos, que se conoce todas las trampas del toreo moderno de pé a pá y que no se sonroja al llevarlas a cabo en la Ventas con un novillo de triunfo gordo.

El mundo al revés. Me quedo con la vulgaridad de lo auténtico antes que con lo pomposo de la mentira.

martes, 6 de julio de 2010

Novilleros con interés

Cristian Escribano. EFE



Plaza Monumental de Pamplona. San Fermín. Primera de feria. Novillos del Marqués de Domecq para Cristian Escribano, Juan del Álamo y Diego Silveti.



Enésimo petardo ganadero de Fernando Domecq. Como los buenos marqueses, sus novillos salieron blandos, con pocas ganas de embestir, sin atisbo de casta, esperando su suerte sin oponer resistencia, regalando, como cobardes que son, su vida sin plantear batalla. Justo lo contrario de lo que tienen que ser los toros de lidia. El interés y el respeto de estos ganaderos por la afición queda una vez más que testado -con la corrida de Madrid aún escociendo-, al enviar a tierras navarras una novillada muy desigual de presentación. Cada uno de su padre y de su madre. Lo más denunciable es que han utilizado los sanfermines como laboratorio de pruebas de varios sementales. El estúpido experimento ha terminado con dos resultados. Uno: si es verdad que de tal palo, tal astilla, los sementales tienen que ser tontos y bobos de solemnidad. Lo suficiente como para que los toreen las figuras y terminen de hacer al ganadero más rico. Asunto principal del tratado de los nuevos ganaderos de estos descastados tiempos. Y dos: Para probar novillos se queda usted en su casa. Que esto es Pamplona, no un tentadero de ésos a los que va Padilla, el hijo de Suárez o el Moranco enano.



Abría San Fermín el getafense Cristian Escribano, según me cuentan, uno de los talentos del escalafón inferior. Se le antojan viejas maneras, manías de torero antiguo, temple y quietud. No está mal para empezar. Pero para seguir en este duro camino, lleno de piedras y riscos, algunos puestos por tus mismos colaboradores, hay que dar muchos pequeños pasos. Para dar el primero no hacen falta los pies, sino la cabeza: hacer de tu concepto del toreo, bandera, y llevarla, con orgullo, cada vez que te pones delante del toro. ¡Qué importante es la personalidad! No se puede querer ser en una tanda Antonio Bienvenida y en la siguiente El Cordobés. En su descargo, tenemos que apuntar que no debe ser fácil torear, mientras un banderillero chillón te vocea por el lado izquierdo del burladero, `¡sitio, sitio, dále distancia!´; mientras metro y pico más para allá, en el otro lado de la tronera, el otro subalterno, más gruñidor que las tripas de un tren de vapor, se desgañita, `¡hay que arrimarse, valiente, hay que montarse en lo alto!´. La tarde se le fue a Escribano, entre algunos detalles toreros, y esos vaivenes en el concepto de su toreo. En su mano está el coger el camino más corto: el amañado, o el más largo: el auténtico.




Juan Del Álamo es el máximo opositor a figura de los que vienen por detrás. O, por lo menos, es el mejor novillero de la actualidad. Por muchas cosas. La primera, y fundamental, porque viene con la yerba en la boca. Es más fácil encontrar una aguja en un pajar que un novillero que quiera arrear. El salmantino lo intenta, y no se cansa, con el bobo -que son casi todos-, pero no le vuelve la cara al manso, como el segundo, ni al que apunta malas maneras, como su quinto. En el debe, además de la espada, unas feas y cutres verónicas de recibo mirando al tendido cuándo el novillo pasaba por la jurisdicción del torero. Son detalles que hay que limar. Pinta a torero bueno. Que no se nos estropeé.



De Silveti podemos escribir poco, porque se llevó un lote infumable. Sin posibilidades. El tercero quiso hacer un homenaje al Mundial de Fútbol y se lesionó, a lo Iniesta, quedando imposibilitado para hacer nada que tuviera eco e importancia. Con el sexto, descastado, no pudo nada más que estar afanoso, buscandole las vueltas por ambos pitones a un animal que no decía nada, ni . Por su charras maneras, y porque hay algunos apellidos -no todos- a los que hay que esperar y respetar, merece la pena buscar a Silveti por esas plazas de Dios y verlo torear con material del bueno.