jueves, 15 de marzo de 2012

Juventud marchita


Rullot para Aplausos

















Dejando Castaño a un margen, el sopor continúa siendo el común denominador de este arranque petardeante de Fallas. Ayer, los atanasiardos de Valdefresno, mal presentados, anovillados, una pareja tuvo que soplar las cuatro velas de la tarta -el 141, Fardero, guarismo 3/8, y Manzano, 130, del 12/7-, además acusaron manifiesta invalidez, tanta que, de los seis, cinco, perdieron varias veces las manos durante la lidia. Sólo se salvó Lisonjero, cinqueño aleonado, que si bien pecó de falta de fuerzas, quiso comerse por abajo los engaños, abriendo surcos con el hocico en la tierra valenciana. Ni éste ni sus hermanos fueron colocados al caballo con un mínimo de torería, y a más de uno, y de dos, se les simuló el segundo puyazo. Al flojo y noble Lisonjero le sacaron en el desolladero ciento veinte pajuelas de semen, cuestión que marca claramente el tipo de toro que se busca en Valdefresno, y que me da, visto lo visto, que no va a ser muy de mi agrado. 

Los jovenzuelos Dufau y Silveti aburrieron al más paciente, a base de mantazos recetados a gran distancia, con el toro en Elche y las nalgas del torero en el palo de la bandera valenciana, demostraron saberse la teoría de los circulares, los martinetes y el teléfonillo de memoria, pero carecieron de hambre, valor y ambición. El mexicano se dejó ir un triunfo gordo, viendo el nivel del público y solo pudo rescatar la honrilla de la tarde con algún natural arrastrapanza de la muleta y con el deseo, más que hecho, de querer darle brillo a la capa, como buen manito, en quites. El francés llevó durante toda la tarde un paso más allá el destoreo, que no es ya no cargar la suerte o retrasar la pata, sino adelantar la pierna que no es, resultando cómico como en el remate de alguna tanda y en lances sueltos, la descolocación y ese retorcimiento lo llevan a darle la media espalda al garlopo y el culo a la muerte. De conocimientos, y mira la reata de apoderados y ayudantes que llevan, tampoco es que lleven estos jovenzuelos de escuela taurina la lección muy aprendida. El bleu se fue a los lomos, incomprensiblemente, de un Atanasio, abanto, al que de salida quiso darle, sin sacarle los brazos para más calamidad, una chicuelina para los adentros. Si esperpéntico es el presente, ni imaginarnos el futuro.

Jiménez Fortes fue el "triunfador" de la tarde, a pesar de hartarse también a echar la patita atrás y darle vidilla al pico de la muleta, pero hay que reconocerle cierto temple a su labor, temple a lo ya templado, se entiende, y ganas de agradar, que debería ser lo mínimo, pero que tal y como están las cosas, muchas tardes se convierte en lo máximo. Con el manso de la tarde se fajó de lo lindo, hasta que cantó la gallina, momento en el que el Manzano se agrió y para cuya muerte hizo pasar las de Caín al verde coleta. A éste lo picó muy bien Tito Sandoval, que domeñó el mal son, los testarazos y la rabieta que vertió el mansito contra el peto.

 Lástima de juventud torera, de patita pa'trás en vez de paso al frente.


miércoles, 14 de marzo de 2012

Gañotemaquia: la suerte de ver los toros desde el callejón














Novillada de la Magdalena. Foto publicada en el blog de la
Unión Taurina de Aficionados y Abonados de Castellón




Lo corriente como excepcional

Rullot para Aplausos



Llegué nada más salir el tercero. Del primero me dijeron que salió dando unos tumbos raros y que no valió, y que el segundo fue así asao. El resto de la corrida del Parralejo salió noblona, quitando el manso y encastado quinto, para mi gusto, el mejor de la corrida, a pesar de la mansedumbre que, como hemos intentado explicar en muchas ocasiones, es una condición más del toro de casta brava, y no siempre tiene porque ser un defecto imperdonable. Fue el que más arreó desde que salió hasta que cantó la gallina, que no fue más allá de la tercera o cuarta tanda, que digo yo que para que quiere uno más. Además, pidió papeles y torero más que sus cinco hermanos juntos. A Brevito y Vejado, ni más ni menos, les dieron la vuelta al ruedo, por el simple hecho de ser buenos para el torero, que aquí nadie habla de caballo, casta, poder y fiereza, esos cuatro términos que ya sólo sirven para quitar el mal humor durante un rato a los perennemente enojados toristas. En fin, que nos venden como extraordinaria una corrida que cumplió, con dos novillos boyantes para hacer con ellos lo que a los aspirantes a figuras les diera la gana, el arte, el arrimón, el estar en novillero, el pino, el salto de la rana, lo que sea, que lo permitían todo en nombre del palabro ganadero de moda: la clase. Una corrida buena, sin más, que debiera ser para el aficionado una cosa corriente, ha sido encumbrada a los altares de la bravura. Y eso no es.

Con los novilleros, tres cuartos de lo mismo: salió uno, nuevo, muy verde, como Román, un gran desconocido, pero que traía consigo algo muy importante para aspirar a ser torero: la pinta de torero. Bien vestido, sonrisa pícara y melena de torero antiguo. Todo de casa. Su toreo, muy templado y de mano baja con un animal que, como hemos dicho antes, lo permitía todo, por la clase, ya se sabe. Despegado y en ese tono menor modernista del toreo perfilero, pues también, pero no le vamos a pedir a un chaval que lleva media hora en esto que haga lo que los maestros no han hecho en su vida. Román, nombre a tener en cuenta, le puso orgullo y arrojo al asunto, componiendo una mezcla cada vez más rara: un novillero que está en novillero. Y volvemos a las andadas, tanta extrañeza produce ser testigo de algo que tendría que ser normal, que terminamos elevándolo a niveles desaforados.

Si con moritos que cumplen y novilleros que están en novilleros, nos volvemos locos de remate, hay que reflexionar sobre el nivel al que han arrastrado los taurinos esto de los toros cada tarde.


martes, 13 de marzo de 2012

Roncerismo taurino
























A raíz del triunfo fallero de los mediáticos, mucho se está hablando de ellos, y no para bien, precisamente. Cáncer de la fiesta, sinvergüenzas, antitaurinos y no sé cuántas lindezas se han podido leer y escuchar por ahí. Y se puede decir que es el dictamen de la mayoría, toreristas, toristas y hasta turistas. Opinión taurina unánime, ese oxímoron. Es para ponerse a cavilar.

El lógico recelo que sobreviene de que haya tanta unión taurina para algo, se agranda cuando se insulta a unas cuantas miles de personas, que sin saber muy bien porqué, se acercan a una plaza de toros por primera o segunda vez, que vaya usted a saber si dicen de repetir, y cuando lo hacen traen al niño, y el nene, harto de jugar a los Playmobil y de tirarse las siestas viendo en la tele a Doraemon, un gato azul que hace cosas que sólo haría Juan Tamariz en este país, dice que este va a ser su mundo, incluso puede que alguna noche, en vez de ovejas, cuente negritos para dormirse, y cierre los ojos y sueñe, como un juncalillo, que le pega a uno el pase cambiao más bonito que está en los escritos, con el Gato Montés de fondo. 

La corrida de toros, ahora todavía más con tanto rollazo del BIC y del Patrimonio de la Humanidad, sigue siendo la fiesta del pueblo, y el pueblo, la humanidad, está como está, que sólo hay que darse un garbeo por la lista de libros más vendidos, las audiencias televisivas y los kioskos para testar que el ligerismo de cascos es la ideología de nueva usanza. Con la que nos está cayendo, todo el mundo es bienvenido y tiene cabida, al fin y al cabo, las grandes masas de público no aficionado, son los que subvencionan el placer a los aficionados más jartibles. Para que a la de Adolfo vaya un tercio y a las novilladas no vaya nadie, tienen que existir otro tipo de carteles que equilibren cuentas y socialmente tapen, como el parche de Padilla, las miserias de tantas tardes repletas de cemento en tendidos vacíos. Es triste, pero es así. Y no termino de ver qué hay de malo en que una serie de beatas a la sangre rosa de los Rivera Ordoñez, acudan en multitud al festejo, o que una ralea de jóvenes, con más o menos interés taurino, acudan a la llamada del show del Fandi, ni que las señoronas, entonces zagalas, que crecieron bajo el dominio del pelo beatle del Cordobés, vuelvan a pasar por una plaza de toros para comprobar si su hijo bastardo le da el mismo aire al salto de la rana. Si está de dios que el roncerismo llene las plazas, que así sea, al aficionado le es suficiente con no ir, y santas pascuas.

Los problemas que atormentan el toreo no está en ellos, que son pura anécdota, y no está de más decirlo, siempre han existido estas extravagancias, hoy llamados mediáticos. Si vienen a las Ventas, nuestras preocupaciones han de estar en las veintimuchas tardes restantes de San Isidro, y no en una que, como la tarde de los caballitos, pertenece a otro espectáculo que además hace el favor al abonado de darle un día de descanso y de poder quedar como dios regalandole el sitio al primer primo que encuentre. Si todavía tendremos que darles las gracias.






lunes, 12 de marzo de 2012

Otro moderno

Juan Pelegrín.


















-¿Ganadería predilecta para tentar?

-Me gusta mucho El Pilar por el ritmo y el depósito de bravura que tienen sus animales. También Garcigrande y Núñez del Cuvillo, porque son los hierros que están cambiando actualmente el rumbo del toreo al permitir su evolución, que hoy día está siendo muy rápida.


-¿Un encaste?

"Aún no tengo muy definido mi gusto. He toreado de todo, lógicamente más de Domecq por ser lo que más predomina, pero no me inclino especialmente por ninguno. Y lo de que Domecq es un "monoencaste" realmente es un tópico, porque dependiendo de la ganadería hay algunas que no se parecen en nada pese a que en su día derivasen de lo mismo". 

"Lo que está claro es que es el que mejor se ha adaptado al toreo moderno: gran trapío, muletazos muy largos, faenas de mucha duración, gran regularidad en su juego... Por eso han desaparecido muchos otros encastes, por no cumplir estas premisas que el toreo va demandando. Y por eso no van a las ferias y las figuras no se anuncian con ellos, porque no les aseguran poder triunfar y además sin que se sientan comprendidos por los aficionados. No porque no sean capaz de matarlos. Eso mejor que ninguno de nosotros, los toreros que no somos figuras".


Extraído de la jugosa entrevista publicada en Objetivo el Toro a Jiménez Fortes, en la misma semana que nos enterábamos que Mariano Cifuentes le daba cuchillo a sus coquillas. Otro torero a tachar en la lista, por bueno que pueda ser, que lo será, hay determinadas teorías que no tienen cabida en la Fiesta, sobre todo cuando vienen de mano de profesionales. A ver si se enteran, que queremos variedad, que la tauromaquia no continúe perdiendo sustancia, al fin y al cabo, los triunfos, sólo son eso, triunfos, pan para hoy y hambre para mañana. 


 

 

domingo, 11 de marzo de 2012

Castaño y sanseacabó.

Toro y Torero. Rullot para Aplausos


















Normalidad. Abrumadora normalidad, calma chicha, rutina cascabelera, con esas calificaciones, que descarrian de la senda por la que con tan buen nombre camina Adolfo Martín, ha salido echando humos el aficionado -ayer no había público- por la calle Xátiva abajo. La corrida no ha sido mala ni buena; ni mansa ni brava; ni inválida ni poderosa; ni morucha, ni enclasada; ni de Adolfo, ni de Martín, sino todo lo contrario. Si quitamos el segundo, de crueles intenciones, el encierro traído desde los Alíjares podría pasar perfectísimamante por ganado comercial en una de sus multiples y variopintas versiones bodegueras. Nobleza excesiva, para lo que viene demandando el escaso personal que acude a este tipo de corridas. En general la presentación fue buena, muy pareja, salvo dos grises cuya fachada lucía términos opuestos: el quinto, Monería, qué tino y qué arte tuvo la vaca, un galán de cine del blanco y negro, y el cuarto, que salió ya de chiqueros con la mengua de medio pitón. Poco después nos enteraríamos de que la calamitosa merma de sus defensas fue producida en un derrote por la mañana en corrales, y que los excelentísimos señores veterinarios de un montón de ilustres colegios acompañados por la regia autoridad competente, que como es sabido, pierden el sueño por velar por el pagador, decidieron aprobar el mutilado sin discusión. En el caballo la corrida cumplió, y en estos tiempos, cuando uno utiliza ese verbo, quiere decir poca cosa, más que nada que no se pareció a la corrida portuguesa, y que no hubo nada a destacar, a pesar del entrañable esmero de Castaño por fomentar la suerte de varas.


La buena nota de la tarde se la lleva el salmantino, que con su montera calada y su abnegación por una tauromaquia en desuso, cada tarde se le aparece al aficionado, que lo ha tomado como ojito derecho, como un espíritu atormentado, como los grandes románticos, que reniega de la decadencia y reta sin titubeos al resto de la terna, al de las patas negras -lo haya engordao quien lo haya engordao-, y a la dama de la guadaña. Merced a lo visto por la tarde, en el sorteo mañanero su bolita parece que fue sacada del sombrero por la docta mano del señor Jeckyll y míster Hyde. En el lote se llevaría una alimaña de las de ahora, se ha bajado el nivel y la expresión ya agrupa cualquier tipo de toro con comportamiento complicado o que salga de lo habitual, y el Monería, que era de garabatillo para el torero. Con el primero, el malo, estuvo valiente, buscándole las vueltas, robando pases aquí y allá, siempre por encima del prenda, que fue arrastrado por las mulillas habiendo conocido torero, cosa que no muchos de sus colegas podrían decir. Y con el bueno, más completo que sus hermanos, pelín noblón de más, quizás, y que generosamente intentó hacer mejor en un tercio de varas en el que el adolfo no cumplió con su parte del trato, estuvo sensacional, gustándose allá hasta donde aguantó el toro, templado, con cabeza, muy alejado de ese tremendismo de cercanías que gozosamente parece formar parte ya del pasado de Javier Castaño. Cortó una oreja, que es lo de menos, y nos deja cavilando hasta Abril, con Cuadri, en la Maestranza. Que Dios nos dé salud hasta esa fecha.

Sus compañeros de cartel dieron de sí lo que se esperaba, que tampoco era gran cosa. A David Esteve, en su día novillero puntero, no se le puede achacar su actuación lo más mínimo, es más, a muchos ha sorprendido, pues el asunto, dicho sea con todos los respetos, no pintaba muy bien. De torear en Ticapampa con el toro peruano a hacerlo en Fallas con los grises va un largo trecho que no todo el que se viste de oro es capaz de afrontar, ni todo el que paga entrada tendría que aguantar. El caso es que se dejó ir un tercero muy muy boyante, un caramelo torista, al que en una faena vulgar cortó una oreja al peso peruano. Al sexto, que no valía un duro, lo molió a pases, literalmente.

Y Calvo, que se presentaba nuevamente con ese aspecto bucólico que tanto exaspera, a pesar del buen corte, muy clásico, que tiene, ya tenía perdida la partida antes de inciarse el paseíllo. De salida, la cuadrilla, con el gran rehiletero Montoliú a la cabeza, valiéndose de la asquerosa artimaña del toque de la punta de la capa una cuarta fuera del burladero, estrelló varias veces contra las tablas las ilusiones de un ganadero que cría cinco años un animal, y las del abonado, que llevaba a la espera de ésto un año. En el caballo, se dió la orden, o no se dió, si es que se inhibió, que es casi peor en un director de lidia, de dar leña a base de bien. Aún con esas, pasó las de caín, incapaz de dominar nada, y a pesar de llevar el uy a los tendidos y dar con las costillas en la arena, su labor tuvo más señas de pura inoperancia que de bizarría. Hace falta mucho más que "tener buen corte de torero" para merecer un puesto en ferias.






jueves, 8 de marzo de 2012

Mayoral de la SGAE

Sandra Carbonero





Mayoral tomando notas. Los huesos de Luis Fernández Salcedo deben de estar revolviéndose en su urna funeraria.

miércoles, 7 de marzo de 2012

O trincamos todos o tiramos el aficionado al rio


















 Eso fue lo que debió pensar Julián cuando fueron requeridos sus servicios por los Chopera para Málaga en Resurrección. Con José Tomás fuera sine die y las joyas de la corona del arte, Manzanares y Morante firmadas para Sevilla, era sabedor de que tenía la sartén por el mango. No hace un mes que saltara a la palestra el rumor sobre una posible retirada motivada por el matonismo empresarial, que estaba cebándose con él como buitres en la carroña. En el penúltimo Clarín era a Roberto Domínguez al que le tocaba hacer su papel de madre de la Plaza de Mayo, manifestándose con acritud ante las hipotéticas presiones y bloqueos castristas de la autocracia taurina. Antes y después de ésto, y entremedias, no ha habido semana sin comunicado, entrevista o nota de prensa del abanico de figuras insinuando represalias, haciendo público su pavor al tobillero Matilla, a la mirada santacolomeña de Simón Casas, al badanero Canorea o al trapío de buena romana de Martínez Erice. La de veces que hemos tenido que escuchar el lamento -desmentido por los mismos protagonistas- de que si el jédiez no crece es por el temor a la reacción de la patronal con el más modesto. Maestros del artisteo: pucheritos y victimismo no, que me enamoro. 

Ahora han sido los Chopera los que han tenido que tragársela doblada, no les ha quedado otra. El últimatum de Juli estaba cantado, a ver quién es el guapo que se presenta en su primera corrida de garabatillo en Málaga sin la única figura que quedaba libre. Así que han tenido que tragarse el sapo de contratar a Perera porque lo dice July. Y donde digo dice, también cabría impone, exige o presiona

El taurino que esté libre de pecado que tire la primera piedra.



Los toros en la cultura del exilio (G. Santonja)

























Cuando surge el tema de la diáspora republicana nada de particular tiene que se citen unos versos de «Entre España y México» de Pedro Garfias, poeta de la vanguardia («El Ala del Sur»), de la guerra («Héroes del Sur») y del exilio («Primavera en Eaton Hasting»), salmantino de nacimiento, pero cordobés y mexicano de vida y obra, pasajero del Sinaia, barco para la leyenda: «España que perdimos, no nos pierdas».

Como tantos y tantos españoles peregrinos, Pedro Garfias jamás regresó a España, a esa España que le dolía: «A mí me dueles, España,/ y yo sé lo que es dolor. / Porque me duelen los míos / y me duele el corazón». Jamás regresó, pero nunca perdió el pulso de la Fiesta, así en verso, cantor de «Gallito», «Belmonte», «Manolete», «El toro de lidia» o de «La ronda de los toreros muertos», como en prosa. Y hasta dejó un libro póstumo de título más que elocuente: «De España, toros y gitanos» (Monterrey, 1983), obra cuajada de nostalgia, «de luz y de lágrimas». El abrazo fatal de la mano de nieve sorprendió a Garfias, de militancia comunista, cuando afinaba en el telar una oda a la «Feria de Sevilla». Algunos de los que se proclaman sus compañeros tendrían que leerlo, y tampoco estaría de más que reparasen en los alegatos a favor de los toros de Max Aub, rescatados por el maestro Amorós, o en las peripecias de León Felipe, el español del errante, de plaza en plaza con Carlos Arruza, aprendiendo en su coche la vida itinerante de los toreros mientras pegaba la hebra con los pelones de la cuadrilla, gente y mundo que lo apasionaban.

Si mis datos no andan errados, la primera tauromaquia de los exiliados españoles fue impulsada por Rafael Giménez Siles, figura clave en el mundo del libro español y mexicano, editor aquí de Cenit, creador de la Feria del Libro de Madrid y director durante la guerra de Nuestro Pueblo, un especie de editora nacional oficiosa, y factótum allí, entre otras muchas empresas, del complejo de Ediapsa y las Librerías de Cristal, el mayor entramado editorial y librero de Hispanoamérica durante años.

A Giménez Siles, como al común de los exiliados, le costó lo suyo abrirse hueco en el destierro. Pero en cuanto contó con algunos recursos lanzó para gloria del Arte de Torear la serie Gibralfaro de la colección Málaga, así nombrada en homenaje a su ciudad natal, inaugurada con tres títulos mayores: «El arte de birlibirloque», de José Bergamín, editor en Madrid de «Cruz y Raya» y en México de «Séneca», un clásico entre los clásicos de la literatura taurina; «Teoría de Pepe Illo», de Daniel Tapia Bolivar, hijo de Luis de Tapia, autor de obras de éxito durante los años de la República («Ha llovido un dedito»), cofundador del Ateneo Español y miembro del Consejo de la Junta de Liberación de España, autor asimismo de «Breve historia del toreo» (1947); y «El torero Caracho», de Ramón Gómez de la Serna, novela deliciosa por ramoniana.

Ahora bien, sin duda la gran figura entre los transterrados de la literatura taurina fue José Alameda (Madrid, 1912, estamos en su centenario), universalmente Pepe Alameda, seudónimo de Luis Carlos Fernández y López Valdemoro, hijo de Luis Fernández Clérigo, diputado de Izquierda Republicana, subsecretario del Consejo de Ministros y vocal de la Diputación Permanente de las Cortes que el 15 de julio prorrogó treinta días el estado de alarma decretado a raíz del asesinato de Calvo Sotelo. Adscrito durante la guerra al Ministerio de Propaganda bajo la supervisión de Juan José Domenchina, Alameda, fundamentalmente reconocido en Hispanoamérica como periodista taurino («el mejor», recalca siempre Pedro Capea, «veía los toros como nadie, y sabía contarlos», cronista de multitudes de radio y televisión), a muchos nos deslumbra en calidad de ensayista y como poeta, marginado de las nóminas oficiales de sinrazón de mafias y taifas. Él, que se sabía poeta, lo llevaba fatal.

Me lo contó a comienzos de los años noventa Ricardo Garibay, escritor mexicano de quehaceres múltiples: periodista, narrador, ensayista, guionista de cine, memorialista y dramaturgo, profesor de la UNAM, donde tuve el placer de conocerlo en uno de los encuentros que entonces organizaban Arturo Azuela, Armas Marcelo, José Esteban y Carlos Barral. «Pero usted es un poeta padre», le habría dicho Garibay, tirándole de la lengua en una entrevista. «Así es, amigo, lo soy desde hace mucho tiempo», contestó Alameda. «En esas», siguió Garibay, «¿por qué no lo sabemos lo demás?». La respuesta fue contundente: «No me lo explico».

Forjado poeta en el culto a López Velarde, Rubén Darío y García Lorca, en la admiración a Pedro Salinas y en la cercanía con Pedro Garfias, Alameda cinceló décimas «a lo divino y lo humano» y sonetos francamente a la altura de los mejores de la época. «En la jaula de una décima puede usted meter un canario», pero el soneto, explicaba, «es la jaula de los leones. Con los que hay que luchar a brazo partido y a cuerpo limpio. Pero sobre todo con alma limpia. Sin trucos. Sin que la retórica haga de las suyas». Su muerte el 29 de enero de 1990, anunciada en la plaza México por los altavoces, levantó a la multitud, entrañado Alameda en el imaginario taurino del país azteca.

La literatura taurina del exilio abunda en autores de importancia. Como el asturiano Clemente Cimorra o el valenciano Gori Muñoz, que llegaron a Buenos Aires el mismo día, el 5 de noviembre de 1939, a bordo del vapor Massilia, embarcados el 18 de octubre en Pellice (Francia) con destino a Santiago de Chile en una expedición azarosa de noventa exiliados providencialmente amparados en Argentina por Natalio Botana, rico hacendado de ascendencia uruguaya, propietario de una cuadra de caballos de competición y fundador del periódico «Crítica».

Periodista, narrador, ensayista y biógrafo (Cervantes, Jovellanos, Galdós), militante destacado del Partido Comunista, al frente de «Mundo Obrero» durante una etapa de la guerra, apasionado del cante jondo, del mundo de los gitanos y de los toros, Clemente Cimorra se empleó a fondo en una «Historia de la tauromaquia», explícitamente subtitulada «cronicón español» (1945), enciclopedia con aciertos y errores, monumento a una pasión por encima de la política. En línea con Ortega y Gasset, Cimorra estaba convencido de que la historia de España solo podía entenderse a la luz de las corridas, y ese convencimiento se le acentuó en el exilio, persuadido de esa trascendencia, idea que late en su obra.
A su vez, no ha perdido interés «Toros y toreros en el Río de La Plata», de Gori Muñoz, amigo de Renau y Buñuel, tertuliano del Café Pombo, escenógrafo del teatro universitario de El Búho, ilustrador de La Barraca de Federico García Lorca y cartelista de la Alianza de Intelectuales Antifascistas antes de convertirse en un caricaturista renovador, triunfar en el mundo de los decorados teatrales y erigirse en uno de los puntales del esplendor de la edad dorada del cine argentino. «Toros y toreros en el Río de La Plata» va más allá de lo que el título anuncia, extendida la curiosidad del autor a las toreadas fronterizas, al Huachi-Torito andino y a las diversas maneras criollas «de entendérselas con los toros», supervivencias de mestizajes ancestrales del más alto valor patrimonial.

España y el Arte de Torear, razón y pasión a las dos orillas del mar que nos une por encima de dictaduras y de separaciones impuestas. Conviene recordarlo ahora que el sectarismo está agregando un nuevo capítulo a la historia de la intolerancia y las agresiones a la libertad. Antes o después las prohibiciones se vuelven contra la arbitrariedad de los inquisidores. Ya lo advirtió Ovidio Nasón en latín: «Nitimur in vetitum Semper, cupimusque negata»: siempre tendemos a lo prohibido y deseamos lo que nos niegan; en tanto Rafael Guerra «Guerrita» lo sentenciaba en castizo: «Hay gente pa tó».


 Gonzalo Santonja
Catedrático de la Universidad Complutense
ABC 3-Marzo


martes, 6 de marzo de 2012

Demagogia, retórica y facherío



**El demagogo**


Raúl Barbero, Larga cambiada


















Que fulanito piensa que además del ataque de orgullo y decencia que le ha entrado, July podía ser más macho y menos infantil, que para ser torero hay que ser más chulo que un ocho y a éste le faltan, como a los naipes, siete y media, y que su actual postura no llega a la suela de las zapatillas de la altanera torería de Dominguín cuando, mosqueado, cogió la puerta en Bilbao por negársele el capricho de matar la de Miura: fulanito es un demagogo; que insinúa que los ases de antes mataban más sangres que las figuras de ahora: demagogo; si piensa en voz alta que en otros tiempos lo que saltaba a los ruedos era más Toro, más todo, que los mazapanes cuatreños de los nuevos tiempos: demagogo; que se le ocurre mentar con melancolía y pelusa la grandeza de Lagartijo, Joselito o Belmonte: demagogo; si habla maravillas de un festejo donde cristo perdió el mechero, con unos torerillos honrados y media docena de bichos cuyas intenciones nada más salir por toriles era sortear un entierro del Ocaso con todos los gastos pagados: demagogo; si reflexiona sobre la valía y el poco respeto que se le tiene a Sánchez Vara, con su pinta de torero de no do y carta de ajuste, y alaba su pavorosa encerrona en Cenicientos -que haría que los asesinos en serie encerrados en Alcatraz prefiriesen la silla eléctrica- y que va a hacerse con hierros de Miura, Dolores, Adolfo, Prieto de la Cal, Guardiola más otro que a falta de confirmación oficial parece que Cuvillo no es: demagogo.

 En los toros, el término demagogia es utilizado como una larga saya, con la que unos cuantos espabilaos han emperifollado a la señora tauromaquia, una vieja roñosa de asilo y monja que tantos años después sus hijos no reconocerían. Con su empleo pretendían tapar las vergüenzas de la anciana, disimular su decrepitud, cubrir unas carnes que alguna vez fueron bellas, fingiendo que nunca hubo una lozana juventud, que siempre fue así. A fuerza de días y ollas, la fina tela del sayón se ha ido deshilachando, desgastada por el roce de la mentira, al punto de que la pedante sociedad le está viendo, con cara de asco, a la vieja el potorro.

La verdadera demagogia es menospreciar una historia, un animal que es mito y un tipo de aficionado que para sí quisieran muchas artes, todo por defender y fomentar no se qué valores de nosequémaquia.




**Los Grandes Retóricos**



















"Los toreros que formamos parte del llamado G10 decidimos unirnos el pasado año para asumir un ejercicio de responsabilidad con el porvenir de la Fiesta. Entendíamos que estaba amenazada y que nuestros deberes con ella exigían una respuesta. Teníamos que reflexionar y hacer autocrítica. Debíamos intervenir para evitar el peligro del aislamiento."

Comunicado del G-10
a 30 de enero del presente


Manzanares, Morante, Ponce, Cayetano y Talavante se autodescartan para Pamplona. July fuera de Sevilla y Valencia, por ahora. Morante en las Ventas: sólo una y será la especial de Beneficencia. Sin noticias de que se apunten a matar algún festejo en la Catalunya taurina -Cèret-, que este año no toca defenderla, que es bisiesto. En Olivenza lo han revantao; Cantalejo tendrá su año Xacobeo si torea Morante, con un montón de peregrinos haciendo el camino con la promesa de que en la meta les atizará con el botafumeiro que esparrama la peste ésa del arte; a la tradicional de Brihuega, ya han dicho sí; y a la Goyesca de Ronda lo harán en su tiempo.

La reaparición de Padilla, uno de los aconteceres del año, no se ha dado en una triste autonómica. Está igual de claro, o sea, nada, que TVE vuelva a dar toros, tal y como estábamos en el abominable Ministerio del Interior. Y para más inri, después de más de veinte años es posible que San Isidro, la champion de los pitones, sólo sea coto de los veintitantos mil que tengan un asiento de cemento.




**El facha**


















Está muy de moda ultimamente que los bienpesantes, mentes preclaras en extravagancia y beatería, que ven con esperpento y no dudan en atizar con el latiguillo de facha a los que nacieron torcidos por no besar por donde quiera dios que pisen ellos, monten a diestro y siniestro y por cualquier tontería, sus propios tribunales de la Inquisición 2.0. Así, hemos visto sentencias que penaban con el matadero o la lechería a las casas de Miura, Prieto de la Cal o Adolfo, y que se han podido leer en esos medios de comunicación que son a Garcigrande lo que el Sport al Barça, un contubernio progre para el hambriento de convicciones, en el que eres un facha que te rilas si eres miurista -que es el mourinhismo en los toros, o el mourichismo, que dirían algunos-, y un sensato ciudadano de bien si te pirras con el tiqui taca de los cuvis, que de modo análogo a cuando juegan a la pelota los bous bajitos del seny, nos inundan las tardes con triunfos basados en la humildat de sus toretes en la presentación, alimentando el inquebrantable ascenso de la pose sarasa al edén de la elegancia, mientras que el tiqui taca de derechazos y circulares es jaleado por los ultras entre los desmayos elegiacos de los negritos mulatos, como los indultados Dani Alves o Arrojado.

Si ser facha es que te ilusionen todo tipo de toros, hacer mil kilómetros de ida y mil de vuelta por ellos; que te entren en la cabeza toreros que no saldrán ni en el Cossío, los mismos que los no-fachas utilizan sólo como elemento de mofa, a pesar de que las cornadas de uno solo de sus muslos dupliquen las que luce en su cuerpo de adonis el ídolo no-faccioso; si ser facha es entrar en trance, como poseído por el espirítu de un legionario pecholobo, y formar en el tendido en posición de firmes, con un arrebato de abyecta locura y los ojos inyectados en sangre cuando alguien menta a Antonio Bienvenida, que algún lector indique donde hay que apuntarse, en que escuela-taller se imparte o que cursillos hay que hacer para meterse a facha, que francamente debe de estar bastante bien.








lunes, 5 de marzo de 2012

Olivenza: Tó cumbre

Arjona para Aplausos




















Reivindicación, pero sobre todo, Fiesta. El capitán Juli prepara la guerra. Tres valientes a hombros en Olivenza. Vibrante tarde de toros en el inicio de Olivenza. Tres toreros hablan en el ruedo. El Juli ausencia imperdonable. A hombros los tres toreros por distintos registros. Poder de el Juli, entrega de Perera y profundidad de Talavante.



Ferrera, quince años y cuatro orejas. Animoso Ferrera se hace con la mañana. Un espectacular Ferrera corta cuatro orejas en Olivenza. Zalduendo le brinda a Ferrera un triunfo de cuatro orejas. Ferrera corta cuatro orejas en Olivenza. Zalduendo pone de cara el triunfo a Ferrera. 







Emotiva tarde de gloria. Emotiva y clamorosa tarde de Padilla en Olivenza en su reapariciónHéroe Padilla abre la puerta grande . Cosas que sí regresan. Padilla, puerta grande en Olivenza, culmina su victoria. Todos los toreros sacan a hombros a Juan José Padilla en su reaparición. La fuerza íntegra del Ciclón ciclópeo de Jérez. Padilla, más héroe que nunca. El ciclón Padilla se hizo huracán.




 
#volviópadilla por burladero_es





Olivenza. La Fiesta del multiorgasmo.  La máxima expresión del jíji-jájá, que es a los toros lo que el tiki taka al fútbol. Orejismo, poco toro, un cero a la izquierda el rigor y todos tan contentos. Me alegra mucho que miles de aficionados, los matadores, los de la plata, los piqueros sobre todo, los veterinarios, los famosos -que sería una figura sin su famoso que la acompañe-, la autoridad, los revisteros, en fin, las variopintas castas que forman la jungla taurina, hayan estado tan "agusto". A unos cuantos amigos que tenía por allí, aprovecho para mandarles a través del blog, que todavía es gratis, un mensaje no sea que con las prisas y la euforia me hagan alguna trastada: tranquilos, que no va a hacer falta que me reserven entrada para el año próximo, que esa no es mi Fiesta. 

La mía es mucho más aburrida y de andar por casa, seguramente un coñazo en el que nadie es capaz de estar cumbre tres veces al día, ni de ir al baño a hacer sus aguas mayores antológicamente y en la vida he visto un cantaor dedicarle un ripio a uno de los que a mi me gustan. Habemos gente pa tó, lástima que Toros sólo pa unos pocos.


 

domingo, 4 de marzo de 2012

La mala suerte de varas



























Corrida semi-incruenta española: poca sangre y mucha oreja.



Tres portales taurinos, tres; innumerables blogueros, que lo mismo te zurcen un huevo que te fríen un calcetín, que te encastan un Zalduendo que te moruchizan un Veragua; una masa de aficionados prensados en los tendidos como arenques, con sus ifones, blackberrys y cachibaches electrónicos prestos a acribillar a flashazos lo primero que se mueva en el ruedo; el de la agencia EFE; tropecientos críticos (uno, al que tengo por honrado, vería el festejo en el callejón, desde el burladero de apoderados, sólo media hora después saldría su "crítica independiente" -ejem, ejem, que me da la tós-); media docena de cámaras de televisiones locales y regionales, que lo mismo viste al July en TeleMajadahonda a la hora de las brujas, que en el TeleSur mientras te llevas la sopa de pan a la boca; y unas cuántas radios queriendo imitar en el pueblo extremeño, entre Garcigrandes, Zalduendos y jédiezes, aquellas emisiones radiofónicas en las que Matías Prats ponía la voz al pavor del Miura y al arte de Pepe Luis. ¿Todo esto para qué?

Tó pá ná. Hablamos de decenas de páginas de información, horas de grabación, gygas de memoria sin que a nadie, practicamente a nadie, se le haya ocurrido enseñar qué ha sido del tercio de varas. No existe, no se ha publicado, más bien, una sola imagen de toro y varilarguero y en la crítica sólo se encuentran tres leves menciones: Carlos Trejo en Burladero, sobre el castaño del Juli, el zapato de las fotografías, se refiere a que "lo midieron en el caballo"; Zabala de la Serna, en el Mundo, cuenta que el mismo bichejo recibió "un puyazo mínimo"; y JA Franco, en los regionales de Vocento, se explaya más que sus compañeros: nos relata que el castaño "empujó sin ganas recibiendo un leve picotazo" y de los hermanos como uno "entró feo al caballo" y otro "sin fijeza en el peto". Juntando toda la prensa del día, la suerte de varas no llena ni dos pírricas líneas.


Mucha ILP, mucha gitanería, mucho flamenqueo, mucho snobismo, pero nadie repara en que es imposible que pueda perdurar en el tiempo un espectáculo adulterado, mutilado en casi dos terceras partes y prohibitivo económicamente para la mayoría del pueblo.



Las imágenes de Sandra Carbonero están en Burladero.com
También hay más en Ambitotoros 


Qué bonito es el miedo




















Pero para alcanzar esos momentos sublimes, está el tributo del miedo. Romero emplaza a esa perturbación negra y misteriosa en el platillo de la conversación: "Qué bonito es el miedo. El miedo es de las cosas más bonitas que existen en la vida. No hay palabras para describirlo. Cuando el toro no lo permitía jamás lo he intentado... He tirado por la calle del medio siempre. No me he traicionado a mí mismo. Me dijo una vez Emilio Romero, que en paz descanse, que yo era el torero que más irritaba a los públicos de España y le dije: '¿No es mejor eso que cansarlos?".

Y Paula responde: "Pese a la fama de medroso, yo he tenido más valor que El Espartero. Con mis condiciones físicas nadie se pondría delante de un toro". Curro añade: "El mensaje del torero es que cuando está toreando no le dé miedo al público que está sentado. Que esté gozando de ese torero y no que esté acongojado. Que te digan ole y se caiga un espectador encima de otro y no sepa por qué. Ese es el mensaje de un torero. Olvidar el dramatismo que sucede en el ruedo". Y Rafael continúa: "A veces sale ese toro, que es como encontrar una aguja en el pajar, y es cuando hay que hacer el toreo. Porque el toreo es cabeza. En fracciones de segundo, el capote o la muleta -torea con las manos-. Hay que tenerlo pensado. Eso no quiere decir que te equivoques. Luego están los reflejos, las improvisaciones, la espontaneidad... Pero tienes que estar puesto. Eso sí. Eso se da en muy raras ocasiones". 


"Olor a Romero y sonido de Paula"
Entrevista de Luis Nieto al par de genios
26 Febrero, Diario de Sevilla
Leer completa AQUÍ



sábado, 3 de marzo de 2012

Escríbele

















El caso es que Bienvenida pese a su educación y caballerorisdad tenía muchos gatos y de vez en cuando soltaba alguno. El que me echó en Morata fue memorable. Me tocó un  novillo huidizo y manso hasta decir basta. Con la muleta me tapé decorosamente robándole pases a favor de querencia. Pero en cuanto me vio montar la espada se lió a dar vueltas, barbeando tablas y no había forma de igualarlo. Las cuadrillas andaban detrás de él con la lengua fuera sin lograr fijarlo. Llegó un momento que yo también me cansé de correr y me esperé cerca de la barrera por si podía darle un sablazo cuando pasara por allí. En esto que reparo en Antonio Bienvenida que, según su costumbre estaba sentado en el estribo con el capote a modo de almohadilla. Le pedí parecer por si conocía algún recurso para acabar con semejante fugitivo. 

-Antonio, ¿qué hago?
-¡Escríbele! -contestó el maestro-.



Alfonsó Navalón

jueves, 1 de marzo de 2012

El demonio












Derribando al picador Manuel Cid, que hacía puerta. 



















Victoriano Caneva, en una estampa tan dura como antigua. 




Piquero a la enfermería.















Esplá no quiso banderillearlo















Y tampoco se dió coba con el elemento



Las peñas le tiraron a Esplá el diluvio universal de botellas, naranjas
 y toda clase de armas caseras arrojadizas. El alicantino juró no volver... Y volvió.

 


Chivito, un Pabloromero endiablado from Mariano P. on Vimeo.


 

12 Julio 1987
El País


Chivito, un Pablo Romero endemoniado


El segundo toro era un impresionante ejemplar, de 651 kilos, que nada más aparecer impuso respeto en el redondel. Unos minutos más tarde lo impuso en el callejón, al que saltó dos veces, limpiamente, una por la parte de sombra -y aún quería colarse en uno de los burladeros interio.res-, otra por la de sol, pegándose una costalada. Habría saltado más veces al callejón, pues trotaba continuamente hacia las tablas, mirándolas con codiciosa avidez, pero aparecieron los picadores y entonces, nada más advertir su presencia, se arrancó a los caballos, con endemoniada furia.Parecía endemoniado el Pablo Romero, por la saña con que se iba a los caballos, cruzando vertiginosamente el ruedo de parte a parte, sin atender al revoloteo de los capotes. En la primera embestida tiró por los aires al caballo y al picador, Victoriano Cáneva, cada uno por un lado, y aún volvió cinco veces más sobre el caballo, volteándolo de mala manera. Montó de nuevo Cáneva la vapuleada cabalgadura y para su desgracia, porque el Pablo Romero endemoniado, en la acometida brutal de latiguillo, le hizo saltar de la silla y lo atrapó en el aire, campaneándolo en los buidos pitones.

En la plaza quedó la sensación de que se había producido una cornada fuerte. Pero también quedó la sensación engañosa de que había en la arena un gran toro. El público confundía la velocidad con el tocino. El toro era un mansazo, que hacía cuantas 5echorías definen a los de su especie: se arrancaba a oleadas contra el artefacto de picar, comet~ía el desaguisado, huía despavorido. Y los saltos aquellos al callejón, tan vergonzantes para una ganadería brava. Saltos y oleadas, sin embargo, el público los iríterpretó al revés, y, puesto en pie, aclamaba al toro, pedía su indulto. Qué barbaridad, qué delito de lesa tauromaquia.

Esplá no quiso tomar los palos en ese toro y a la gente le ofendió en lo más profundo. No se lo perdonó en toda la tarde. Desde llamarle cobarde hasta tirarle botellas, de todo hubo de soportar Esplá. El manso llegó a la rriuleta sin codicia alguna. De poco le sirvieron a Esplá los ayudados toreros, los cambios de mario floreados, algún que otro redondo ceñido. La plaza estaba en contra suya, ¡por no banderillear!

En el quinto sólo quiso prender un par, pues volvieron a tirarle botellas. Recogió del suelo dos -una de cerveza, otra de charripán-, y se fue a la zona de sol, desde donde se las habían arrojado, para dejarlas bajo el estribo. Recibió entonces una rociacla de fruta y pan, y aguantó el chaparrón como si le lloviera agua de rosas. Ahí sí le echó valor Esplá. Pretendió arrimarse en la faena de muleta, empezó sentado en el estribo, continuó embarcando en redondo. Pocos pases pudo dar. No había nada que embarcar, no había toro. Lo que había era manso-buey, género descastado.
Así de desesperantemente mansa fue toda la corrida. Ya podía Campuzano intentarle los dos pases a la burrería de su lote, que el toreo resultaba imposible. Y aún más imposible para Lucio Sandín, valentísimo con el tercero, derrochando generosidad torera al cargar la suerte y apurar al máximo la estética del muletazo con un Pablo Romero que no sabía embestir, sino topar.
Lucio Sandín intentaba que su torería entrara en la cerrazón del morucho de 670 que salió en último lugar, y fue una temeridad. Fue una temeridad, por la ralea del toro y por la actitud de gran parte de un público que no tomaba en consideración el gesto, pues toda su fuerza se iba en cantar y cantar.
Los cánticos, las duchas de champán, las pozaladas de agua y tinto, los dimes y diretes, no podían ocultar, sin embargo, la sordidez de la tarde, el fracaso ganadero, la tragedia del cornadón que le tiró el Pablo Romero al picador con sabiduría asesina, la desolación de los diestros, que sobre el peligro vívido, no contaron ni con la comprensión del público. Y para remate, Esplá, cuya actuación había sido torerísima -al estilo de los matadores antíguos que hicieron historia- aún tuvo al marcharse un altercado en el patio de caballos, con un grupo que lo asediaba violentamente. Tarde aciaga para todos, y para la feria del toro, peor.



Fotos extraídas de Feria del Toro. Pertenecen en su mayoría a M. Castell.


The Artist



































Así festejó Jean Dujardin, en plena celebración de los Oscars, la estatuílla que le acaban da otorgar como premio al mejor actor por su actuación en el filme "The Artist".

Nosotros también tenemos nuestros "the artist" ibéricos, que igualmente se rodean de mucha purpurina y oro y, como Dujardin, no son muy de cargar la suerte cuando torean.


miércoles, 29 de febrero de 2012

Más que decentes. Toros en el día de Andalucía


















28 F: Día de Andalucía. Con las cámaras de Canal Sur presentes. La banda de música -apenas se escucha- toca, decir interpretar es aventurarse demasiado, el "andaluces levantaos" de Blas Infante mientras un gitano en el seis pide un coca cola al pipero, el mellao de la barrera de sombra grita un "Paílla que güevos tienes" y un grupo de marujas con más papada que años, en el sol, discute fervorosamente sobre lo bien que han agarrao los injertos de pelo a Ponce. Son las mismas criaturas que un rato después, en la taberna o la peluquería, pedirán que se levanten unos tabiques en las vascongadas y Barselona -jamás en la vida sus bocas eruptaran un Euskadi o una Catalunya-, porque son unos malajes que no respetan el himno de España la noche que sus dos equipos fetiches juegan a la pelotita. En fin, que estamos en Sanlúcar de Barrameda, con toros de la prestigiosísima ganadería de Hnos. Sampedro, una de esas en cuyo cuyo árbol genealógico reza el epitafio "elimina todo lo anterior para adquirir reses de Juan Pedro Domecq". El medio pensionista Enrique Ponce, el jubileta Ruiz Miguel y el carilampiño David Galván. El festejo, cinco minutos antes de que empezase, nos lo sabíamos de carrerilla, como la lista de reyes godos. Pues anda que de éstos no hemos vistos unos pocos, tú. Pero el vicio es el vicio y ahí que nos pusimos, como koalas mascando eucalipto, delante de la pantalla.




Pero sonaron clarines y timbales y una rueda de toros cinqueños, con presencia, cuajo y pitones -a esto hemos llegado, señores del arte del taurineo, a tener que alabar que un bicho bicorne tenga dos cuernos-, saltó a la arena del delta guadalquiveño, para sorpresa y algarabía del personal. Cuesta recordar un festejo de pueblo de Despeñaperros pa'bajo con esa fachada y galanura. Lo que llevaban por dentro es otra historia, también cantada, aunque para disgusto del mismo personal, aquí ya no hubo milagro y casi tres horas que estuvimos escuchando la coplilla de la falta de fuerzas, la baja laboral de la casta y la huída del miedo, trillo de las emociones, lejos del graderío. Se salvó el quinto, premiado con la vuelta al ruedo, huelga decir que otorgada con demasiada alegría, un buen toro que pecó de falta de fiereza aún siendo un dechado de eso que los sénecas de las revistillas llaman classsse -en la plaza hacen malabarismos con el frenillo de la lengua para poder pronunciarla con acento en la ese, quiera dios que los coja una tarde cambiando las tíldes el sillón T de la Real Academia, Pérez Reverte-. Hay que decir en descargo de la sam-pedrada que fue picada horriblemente, no por que los leñazos con las varas fuesen infames, sino por las maneras de los tíos de las varas y sus jefes, que hicieron las suertes de cualquier manera, al relance, metiendo el toro debajo del caballo o con cariocas.


















De los matadores se puede decir que estuvieron cada uno en su línea, que es la de tres maneras distintas de entender el toreo. El toricantano David Galván, que abandona el escalafón novilleril para enlustrar la nómina de jóvenes espadas que tienen que dar tute a los acomodados jédiez, demostró una gran seguridad en sí mismo, una atípica serenidad para la edad y no se puede dudar que está dotado del sentido natural del temple, si bien es cierto abusó del manzanarismo, ese destoreo perfilero y suavón tan en boga en nuestros días.

Paco Ruiz Miguel está hecho un chaval. Fuerte como roble y con más afición y hambre que un maletilla sin tabaco. Verlo moverse con mando en plaza, gritándole al peón que hace derrotar al negrito contra las tablas, comerse al picaor para que levante la vara o instruir al bregador que lidia en banderillas, merece tanto la pena como la mejor media de Morante. Recuerdo de otros tiempos, como la picaresca, el borderío, el ir y venir con el público, enjaretarle cuatro guasas, esa torería golfa que ha quedado soterrada por unas repelentes buenas maneras. En sus dos toros el león de la Isla dió una demostración de conocimientos: de capa, a la verónica, en las dos ocasiones ganó siempre el pasito a cada lance, de la primera raya para fuera, al cabo de seis o siete lapas, no más, bicho parado casi en los medios. Con la franela se gustó más en el cuarto, donde reverdeció viejos laureles, embistiendo él más que el cornúpeta, pegándose un arrimón de antaño.


Y Ponce era Ponce, ahora es Enrique, un triste jornalero del toreo que echa sus peonadas de vez en cuando, por esos pueblos de dios, a la caza de un puñado de cuartos, algún elogio y de resistir algo más en el candelero. A su primero le enjaretó una faena larga, despegada y monótona, asentándose y ajustándose algo más con el quinto, al que a fuerza de no exigirle nada, a punto estuvo de indultar.

En resumidas cuentas, una tarde con sus grandezas y miserias, como todas, pero dónde siempre hubo un mínimo de seriedad y dignidad, que ojalá marque un precedente en los festejos de dudosa calificación en cosos de tercera, sobre todo en los televisados al gran público.





















Las fotos las ha cedido amablemente el fotógrafo Paco Gallardo.