miércoles, 16 de marzo de 2011

Todo a medias (y a veces ni eso)


Foto: Ignacio Tena / Prime Time


Plaza de toros de Valencia. Cuarta de Fallas. Un tercio largo de plaza. Toros de Alcurrucén para Miguel Abellán, Juan Bautista y Leandro.


Buena corrida, bien criada, con el trapío necesario para una plaza de primera categoría, si bien he echado en falta más igualdad en la edad, en la tablilla se ha anunciado desde el cinqueño largo hasta el cuatreño imberbe; también en las hechuras, con un segundo altiricón, montado y anovillado y un sexto que es un Toro de Madrid. Abantos de salida, cobardes en el caballo, ninguno empujó de verdad y complicados para la lidia, sobre todo en banderillas. El quinto, boyante y noblón en el último tercio, acusando sosería, se fue sin torear. Sexto más encastado, sin ser un guerrero espartano, tuvo interés. La nota más negativa es que todos terminaron viniendo a menos.


Abellán topó con la ventolina y la desconfianza en su primero. Más preocupado de torear la muleta que de dominar el toro. No pudo salir de la segunda raya y fue su perdición. El mansito, que tenía poder, arreaba de lo lindo, desarmando en más de una ocasión al torero madrileño, haciéndole perder pasos, dar trapazos y defenderse más de lo aconsejable. En las postrimerías de la faena, con el toro más acabado y el viento calmado, le endiqueló dos series de naturales más que correctos. En los medios tuvo que ser. Le faltó tirar la moneda. Con el cuarto, quizás el más áspero de la corrida, bicho caderero que en cada muletazo se quedaba en la cintura, que iba y venía con la cabeza suelta, no pudo más que justificarse y mostrar ganas de agradar. Con los aceros, mal.

Acudir al tendido a ver a Juan Bautista es jugar a la loto. Lo mismo te puede tocar el gordo, y ver torear con ortodoxia, o no acercarte ni al número del reintegro. Como hoy, en el que el francés ha sacado lo peor de su artillería: el desinterés por ser alguien en esto, las tandas kilométricas de muletazos sin decir nada y el desconocimiento más absoluto de lo que significa anunciarse en una feria de postín. 


A Leandro hay que agradecerle que se dejara venir, hasta en tres ocasiones, al pavo de Alcurrucén al galope, dándole distancia y sitio, protagonizando los momentos más emotivos de la tarde. Templado con la derecha, sin demasiadas apreturas y poco mando, pues esperaba al toro con la muleta siempre retrasada, dejó pinturería, pases bellos y remates barrocos. Toreo bueno a medias, le faltó ganar el paso que sólo pueden dar los elegidos y que fue el que faltó para que la plaza se convirtiera en el manicomio de la calle Játiva. En la segunda mitad de faena, -¡tanto duran ya que tienen mitades, como el fútbol!- con el toro venido un poco a menos, el torero vallisoletano le puso más alma, se ajustó un poco con el burel e hizo adquirir mayor relieve a su faena. Manoletinas ajustadas para rematar más una estocada trasera y tendida, con uso del verduguillo, le hicieron pescar una oreja que debería valerle para abrirse paso. Antes sorteó un animal que se dejó sin más, con el que no pudo pasar de dejar latentes sus buenas maneras, la elegancia y la inoperancia para hacer bien el trabajo por el que cotiza en el fisco: matar toros. 



martes, 15 de marzo de 2011

Tres notas

Foto: Alberto de Jesús.


Plaza de toros de Valencia. Tercera de Fallas. Un cuarto de entrada. Novillos de Javier Molina para Thomas Dufau, Juan del Álamo y Jesús Duque. 


Se lidiaban novillos de Javier Molina, opositores en la teoría al escaño de Fuente Ymbro, en la práctica ganadería que está completamente por hacer, por designar en su sangre si quiere consagrarse entre el aficionado cabal o coquetear con los nuevos ministerios de las figuras de la torerimaquia. Cualquier otro día de cualquier otro año -veintinco o treinta atrás- tendríamos que haber escrito que la corrida de Molina ha sido un pestiño, que han tirado más al mulo, coceador eso sí, que al arquetipo soñado de toro de lidia. Bordeando peligrosamente el límite entre la casta y el genio. Excepciones hubo dos: el segundo, encastado y manso, que cantó la gallina al final; y el tercero, que recibió, sin pesarle en el tercio de muleta, tres puyazos en cuatro visitas al "practicante". No porque las mereciese, ni su casta y fuerza las exigieran, sino por incompetencia de su "colaborador". El caso es que en el adocenamiento, repetitivo y vulgar, en el que se encuentra la Fiesta del presente, todo comportamiento diferente a la nobleza aborregada es recibido como agua de mayo. Hartos que estamos de ver novilladas en las que los utreretes embisten como los carretones de las academias taurinas y jovenzuelos que llevan la lidia aprendida desde casa. Muy interesantes pues los jandillas de Javier Molina. Y muy mal presentados, dicho sea de paso.


Con este material el suspenso se lo llevó un Tomas Dufau que, posiblemente con el lote más noble, pecó de toreo perfilero, mal colocado y desangelado. No se puede pretender ser más pegapasista que el pegapases. Por la mera casualidad geográfica de ser francés no debiera de querer ser como Castella, que parece ser su finalidad como torero. Está muy hecho, a ese estilo, y toma la alternativa en julio. Se le antoja un camino lleno de piedras.
Para examinarse en septiembre se quedará el local Jesús Duque, al que le han hecho la trastada de anunciarlo en Fallas cuando no está ni para un tentadero. Bastante ha hecho con no salir demasiado trasquilado de la encerrona. Hacía mucho tiempo que no veía un novillero con caballos tan verde, con verdaderas dificultades para resolver el jeroglífico de como coger el capote. Con la muleta, a trallazos, medio se defendió. De la lidia de ausentó. Tienen sus mentores mucho trabajo por delante, la buena noticia es que el alumno va sobrado de voluntad y valor.

Y Del Álamo aprobó con solvencia, pero sin brillantez. Tiene hechuras de torero, con todos los vicios del presente, el retraso de la pierna de salida para alargar muletazo y la comodidad en la colocación. También arrecian sospechas desde hace tiempo de su querencia por un encaste y repugnancia hacia otros... Valor, temple y cabeza no le faltan para ser figura en esto. Otra cosa es que alguna vez pueda llegar a emocionar con su toreo.



PD: Debido al poco valor de los trofeos, de esas cosas carnosas y peludas aquí no se habla. Se piden disculpas al personal.




lunes, 14 de marzo de 2011

Orejas de verbena y color rosa

Foto: Moratalla Barba. Aplausos.es






Tarde de domingo. Cartel dominguero. Público facilón y bondadoso. Una mezcla perfecta para que los toreros mediáticos, los que salen todos los días, todos, en los magacines televisivos de por la mañana hagan de las suyas. En este caso el inefable Rivera Ordóñez, con diferencia el más mediático de toda la farándula taurina, se llevó el gato al agua. Y no me refiero al gato que tuvo delante. Me refiero a que consiguió el fervor de su público, ese que todas las mañanas sigue sus andanzas amorosas a través de Ana Rosa y compañía.

El animalejo de Jandilla fue una delicia de nobleza y bondad. Hasta Rivera se dió el lujo de gustarse, él, que es un torero tan tosco como un picapedrero. La gente le ovacionó todo y no le importó que Rivera matara de un alevoso bajonazo en el costillar. El programa de Ana Rosa del que este torero es un personaje diario, puede más que la ortodoxia taurina. Y el presidente en ofensiva actitud hacia la seriedad de una plaza de primera concedió el despojo sin sonrojarse.

Otra orejita infame le dierona El Fandi que puso banderillas, corrió de lo lindo y toreó en la periferia. Dos faenas burdas y de ínfimo nivel técnico. Pero en la tarde de las bondades también tuvo su recompensa en el quinto.

A Talavante le faltó un segundo para escuchar el tercer aviso en el sexto toro. Su lote no fue bueno, porque la corridita de Jandilla se paró, desfondada y sin casta. Pero el torero volvió a las andadas de frialdad y amaneramiento que lo están arruinando artísticamente.

domingo, 13 de marzo de 2011

Regalos envenenados. Barrera y el sobrero.

Puro Berlanga. El maestro buscando a la alcaldesa, para que llame al presidente, para que éste llame al que se sepa el Reglamento, para el que se sabe la norma le dé, o no, permiso para echar otro toro. Foto: Alberto de Jesús




Plaza de toros de Valencia. Feria de Fallas. Primera del ciclo. Lleno de no hay billetes. Toros de Victoriano del Río y de Cortés para Enrique Ponce, Vicente Barrera y el Juli. 



Se celebraba la reinauguración de la plaza de toros de Valencia, un acto pomposo, anunciado a bombo y platillo, con el que algunos políticos se han pretendido apuntar un tanto por el simple hecho de cambiar el aspecto de la gradería de una plaza que cuenta con siglo y medio de historia. Cuando pongan la cubierta es de esperar que hagan otra reinauguración. Ya metidos en faena, antes de empezar el festejo, se obsequió con una placa conmemorativa, supongo, a Vicente Barrera, diestro valenciano retirado como quien dice, y al que se le ha dado la oportunidad de estar en Fallas en detrimento de otros, ¡ay Urdiales!, en forma de homenaje. El caso es que la tarde se convirtió en el Festival pro Vicente Barrera.

El ganado, digno de tan cascabelera cita, con animales feucos, chicos, muy mal presentados, unos entipados en la lagartija serrana, muy abundante por la sierra de Guadalix, otros, como el sexto, amorfo en sus hechuras. En cuanto a presentación, sólo se salva de la quema el cuarto. Un fraude para la afición levantina, que paga a precio de billete de bussines class viajes en clase turista. Eso era por fuera, porque por dentro, yacían la más absoluta podredumbre, estériles de casta, inválidos como un veterano de la guerra del Vietnam, dieron con sus esqueletos varias veces por los suelos. No hemos tenido que lamentar la pérdida de ningún rocín en el tercio de varas. El quinto, tan descastado y parado que no pudo terminar de hacer su trabajo, se murió apuntillado por un tercero después de echarse cuando no iría más de media faena. El garbanzo blanco de la corrida ha sido el buen tercero, cumplidor sin más en varas, y que regaló veinte embestidas francas para terminar rindiéndose al final. En séptimo lugar saltó a la arena el sobrero de Zalduendo, que resultó según tipo y comportamiento de la casa: una porquería soberana.

No merece demasiado la pena explayarse en la labor de los toreros. A Ponce se le vió como siempre, contra el toro de siempre y sus maneras de siempre. Para unos habrá estado bien, sin más; mientras que para otros ha aburrido sin más, pero bien. Vuelve a dejar la sensación de que es un torero que no tiene nada ya que contar, más aún si renuncia a las grandes citas, que es donde se ve más exigido de sacar a reluciar su maestría, que la tiene.

Vicente Barrera, del que decían en la retransimisión que se parece a Manolete, por esa comparación simplista y facilona en la que cualquier torero que haga su eje más vertical ya es el Monstruo*, topó con un lote soso e inválido. El quinto, como hemos reseñado anteriormente, murió de descaste. Su primero, pasaba y se movía con la misma expresión del que oye llover, con la famosa toreabilidad por bandera, se dejó hacer y no se vió correspondido. Sin alma, abúlico, apagado, Barrera no fue capaz de calentar a un personal que no necesita de mucho combustible para caldearse. La vergüenza, indigna, vino con el séptimo, un pitorrito de Zalduendo, regalado en moda importada del otro lado del charco. Con la plaza ya vacía, pues había empezado a llover a la muerte del sexto, seguramente de manera profética, pues estas materias negras de Zalduendo son para la tauromaquia como una de las plagas de Egipto. Dicen los estudiosos del reglamento que tiene un vacío, y que por ello suceden estas cosas. Yo no iría tan allá, pues con un poco de torería y profesionalidad esto no pasaría. No es entendible, ni excusable, que Vicente Barrera negocie en el burladero y barrera con la alcaldesa de Valencia, el padre del Juli -que no tiene porqué estar durante la lidia en el burladero de matadores-, el presidente de la Diputación o Isidro Prieto entre otros. Sólo faltó allí la mujer barbuda. Es de buen compañero, y buen torero, estar atento al ruedo cuando hay un tio jugándose la pelleja. Creo que le cortó una oreja, y tan contento. Tanto que amenaza con volver.


El Juli le dió fiesta al tercero, bravucón y noble. No estuvo por encima del toro. En su haber, la mano baja, arrastrando la muleta, sin perderle pasos al oponente, que por momentos embestía con cierta transmisión. En su contra, el poco ajuste, ninguno, la falsa hondura del muletazo, desplazar al negrito para afuera y lejos no es torear hondo. Sorprendió tambien negativamente la falta de temple, uno de los puntos fuertes del torero de Velilla, que dió muchos muletazos -otro de sus "puntos fuertes"- de una manera muy acelerada y descompasada. No mató a la primera y perdió las dos orejas. Al toro, se le ovacionó, injustamente.  En el sexto, con hechuras más para topar que embestir, estuvo envalentonado, sin volverle la cara a un animal que llevaba la suya por los aires y que no se pirraba por seguir las telas del madrileño. Como no anduvo muy acertado ahora tampoco con los aceros perdió otra hipotética oreja. Tampoco estuvo fino Julián yéndose nada más doblar el séptimo, sin despedirse de la plaza saliendo por la puerta de cuadrillas. Sus motivos tiene: torea el domingo por la tarde en Olivenza y tiene que viajar. Colaría sino fuera porque Ponce torea también el domingo, y por la mañana, en Olivenza y no abandonó la plaza antes de tiempo... 

Detalles, hay que cuidarlos.



* Hará un par de semanas, el bueno de Gerardo Ortega, en el programa radiofónico "Va por Ustedes" (Onda Cero Navarra) comentó que Thomas Joubert "Tomasito" se parece a Manolete hasta hablando. Que ya es coincidencia, que compartan acento un cordobés de principios del siglo XX y un francés de principios del siglo XXI. Y raro que alguien conozca perfectamente el timbre y tipo de voz de Manolete...

viernes, 11 de marzo de 2011

¿Uso y abuso de las fundas?

Foto: Enrique Romero



A raíz del artículo publicado ayer aquí y hace días en la revista Bous a Les Alqueries, titulado "Uso y abuso de las fundas", el crítico taurino Patxi Arrazabalaga, nos comenta que no está para nada de acuerdo, y que, por motivos del escaso espacio que hay en la zona de comentarios del blog, ha escrito un artículo en su bitácora, Toros y Sanfermines, en el que pretende aclarar algunas cosas sobre el enfundado, siempre desde su punto de vista. Lo transcribo a continuación. Al final, y por alusiones, dejo un breve comentario:





A raíz de un artículo publicado, según el plumilla con mucho rigor, sobre el uso de las fundas, hay muchas apreciaciones a realizarle al mismo, por fallos en su decir, en algún caso, y por datos que aporta sin contrastar, simplemente dado por su fobia a los condones pitoneros, que desde luego no gustan ni a los que los usan porque está claro que el animal es bello y hermoso visto sin ellas, en el campo, en la dehesa, en su entorno, pero vale ya de pensar que hablamos de un animal salvaje, tipo gorila en la niebla.

La idea ya estaba en el aire cuando en el año 2.005 comenzó a colocarlas Alfonso Vázquez, mayoral de Fuente Ymbro con unas resinas plásticas, y desde entonces, y debido al continuo estudio, al seguimiento riguroso y mesurado de los comportamientos de cada animal enfundado, la situación ha evolucionado y mejorado una barbaridad, y en muy poco espacio de tiempo. 
 
Es curioso que, a personas que no estamos de acuerdo con las fundas, que nos parecen horribles para el lucimiento de la cámara, que nos vuelve y devuelve a la verdadera realidad del campo bravo, de la explotación del ganado de lidia, los datos que nos presentan, los aperos que utilizan, el haber sido testigo de puesta de fundas en diversas casas, de diferentes encastes, precisamente esos informes que llevan desde el principio son los que nos han abocado a comprender su utilización, al igual que tenemos que entender al animal como producto, que para eso es de creación humana, en su transformación de su estado salvaje a su continuo cuidado y estancia en cercados humanos, con vaqueros humanos, aparatos de tracción humanos, comida diaria humana, saneamiento y sanidad humanos...el manejo diario que según la RAE es manipular.

La palabra huele al personal como si de estafa se tratara, pero luego van al mercado a comprar alimentos manipulados que llevar a boca del propio y su familia, por ejemplo, o entran sin desmayo a la manipulación sanitaria con sus vacunas, sus intervenciones, sus medicamentos, y aquí no se va nunca lo deprisa que la 'peña' desea por culpa de las listas de espera, como segundo ejemplo. De todas las acepciones de la RAE para la entrada manipular solo se habla de una de manera artera y referida a los negocios. ¿O acaso darles alimentos procesados, cercarlos, sanearlos, tentarlos a campo abierto o en las placitas, vacunarlos y demás labores a realizar no es manipulación?
Por otro lado, ¿cuál es el fin de la crianza de este espectacular bóvido? Estaré equivocado, pero creo que es que el toro llegue intacto a la plaza y sea de la satisfacción del pagano. Lo malo, para mí, es que me gusta el toro y mi visión no suele coincidir con la del público en general. ¿Eso me hace mejor o peor aficionado?

Que me llamen defensor de las fundas por intentar comprender el uso dado ¿me hace formar parte de lo que el Sr. Antonio llama fariseos informadores taurinos? Pues será que sí, será que solamente se puede pensar de una forma, y todos los demás somos malos aficionados, manipuladores, colaboracionistas de estafas y demás frases que anónimos me han llegado a decir.

¿Que no hay datos? Será que no interesa demostraciones. El argumento de la existencia de este animal único no es otro que el económico. Un criador no tiene toros como se tiene un perro en casa, sino por un fundamento económico y ególatra, cría animales para venderlos en las mejores plazas y al mejor precio, sea en arenas o en calles. ¿O seguimos pensando que son gente romántica que tira el dinero al río?

La fama, la gloria, el desafío, el respeto a los antepasados suelen ir de la mano de ese fin económico, porque si no ¿cómo continuar en el negocio? Y hay que ser muy bruto para no pensar que el beneficio del ganadero es la suerte de sus animales. 
 
Y lo de los datos que aporta son inciertos, ya que si un ganadero pierde un toro de saca lo que pierde será el valor del lote al que vaya. Si es un toro de Pamplona costará una cantidad muy superior y si es un toro de una talanquera no llegará a esa cifra, por lo tanto la merma no se cuantifica en euros tan fácilmente. Y en cuanto al coste de enfundar por toro decir veinte euros es hasta pasarse.

Siguiendo el artículo, decir que es un afeitado encubierto, que es lo mismo que afeitar es faltar al respeto del criador y al toro en sí mismo. Lo digo porque el afeitado viene hecho por los apoderados o gente cercana al torero en cuestión, el ganadero necesita los pitones íntegros, pero muchas veces tiene que tragar, y ¡ anda! que las fundas que hace que no se rompan, se desgasten, se mellen las puntas son reprobadas y rechazadas por los toreros. Así que yo me preguntaría el porqué, aparte de poder fusilar al personal contrario a las fundas como colaboradores en el afeitado torerista tal y como el respetable contrario a ellas nos tacha a quienes, aún siendo contrarios, entendemos su porqué.
Otra cosa que me asombra es que se pueda decir que las fundas en vez de proteger al pitón lo enferman por falta de oxigenación por trombosis en los vasos que riegan la membrana queratógena del asta. ¿Eso está demostrado o es una cana al aire? Si es así, ¡ qué tontos son los criadores enfundadores que van a perder sus productos, su fin económico y van a llevar a la ruina a su casa! 
 
La realidad es que los toros se enfundan de diversas formas, y algunas no son las adecuadas, mientras que la ideada por Angel Pérez, mayoral de Jandilla y usada por primera vez en algunos utreros en el otoño de 2.007 y a partir del 2.008 en todos los futuros de saca, junto a Andrés Tirado, mayoral de Victoriano del Río que fue el que rápidamente le siguió en la forma de enfundar, es sin duda la mejor. El sistema de la venda con la punta del pitón protegida con un artefacto casero que deja libre de aireación, que no engaña la punta del pitón porque queda al ras de la tuerca y además se ve, es el progreso hasta ahora. El coste del artefacto y de la venda no llega a veinte euros. Los resultados examinados, con datos, de los toros de ese 2.008 fueron de plena satisfacción para el criador y su plantel.

El maltrato y la tortura, que adivina el articulista, que el animal nunca olvidará (debe ser vidente o mentalista que puede meterse en el cerebro del burel) me parece fuerte de veras. Los únicos estudios admitidos por un menda son los científicos hechos por el Dr. Illera sobre el stress con quince mil toros a lo largo de muchos años, y en todo ello se dice que el animal no recuerda, funciona por instinto y que su sufrimiento viene mermado por la multiplicación por diez de las betaendorfinas y endorfinas que le producen placer y hace que sea un rumiante que pelee hasta la extenuación. ¿Saben que los antitaurinos niegan la fiereza de un rumiador? ¿Saben que para que el toro se ponga así les echan ácidos en las patas, les queman los ojos para no ver, les hacen comer carnes para volverlos locos....y demás cosas que dicen los antitaurinos? ¿Se lo creen? Así que por favor no me llamen ni me comparen con ellos. Además, el momento de más dureza para el animal se produce en el herradero, que es cuando realmente se le hace daño y castigo al animal. Pero, ¿no fue eso un logro para aficionado? No fue la pelea continua de Navalón en defensa de la obligatoriedad del guarismo la que forzó su uso, por lo que no seré yo quien pida su eliminación para quitarle al animal ese padecimiento. Y si un aficionado va hablando de tortura, la única que el animal va a recordar es el espadazo de la suerte suprema, sobretodo cuando es reiterativo por lo malo de su ejecución. Hay chotos que pierden a su madre en el parto, son alimentados a biberón un montón de meses y cuando los sueltan al campo en el destete junto a sus semejante olvidan absolutamente todo, de tal forma que si pillan a su vaquero amamantador en algún descuido se arrancan a por él.

El mueco existe por varios motivos, desde siempre, no por las fundas, por lo que debemos suponer que llevamos toda la historia faltando a la integridad del toro. ¡ La manga y el mueco!. ¿ Los toros embarcan en mitad del cercado por su propia voluntad? No sé, digo yo que es necesario alguna otra fórmula. Por cierto, uno de los momentos más estresantes para el burel. La vacunación, desparasitación, herrado legal y obligatorio por disposiciones nacionales y europeas ¿dónde se hacen? En el mueco, por lo que el Sr. Antonio nos deja claro que jamás se ha respetado la integridad del toro. ¡Ay! El mueco o cajón de curas, ¡maligno habitáculo donde el ganadero engaña al público pagano! Ahí nos dice el bueno del Sr. Antonio es donde se arregla, se afila, se saca punta, se iguala a los toros, y es posible que sea así, pero, ¿cómo curas las heridas de guerra de los animales que llegando a su momento culmen no se dan ni los buenos días?

No sé cómo sabe que llevan las fundas de diez a doce meses. Yo pensaba que algunos animales que se lidian en Fallas o Castellón apenas llegan a cuatro o cinco meses y otros aún menos. Depende de cada ganadería. Sin ir más lejos hace un mes estuve siendo partícipe y colaborador de la manipulación en Los Bolsicos para toros que se van a matar en junio. Desde luego, los que vayan al Pilar maño o los 'sanlucas' jienenses puede que pasen del año. La verdad, yo no lo sé. 
 
Y lo de readaptación de las distancias como motivo de librarles de la tortura manipuladora con antelación no se sostiene. Se desenfunda quince o veinte días antes del embarque en los toros reseñados para una feria, y claro que puede pasar cosas como cambios de toros, rechazados, y hay que ir a por ellos a esa u otra finca e igual aún están enfundados, pero yo tenía entendido que se desenfundaba no por la readaptación, porque si está al ras ¿qué readaptación necesita? Mayorales enfundadores te dan su versión, y yo, al contrario de mucho universitario titulado, a la persona que más respeto en el planeta toros es al conocedor que vive todos los días de la vida del animal junto a él, así que tiendo a creerles cuando me dicen que lo hacen para que se vayan haciendo al nuevo peso de su encornadura al aliviarle de la venda dura, para que se limpie él mismo de sus restos, para que olvide el paso por la manga, que le llega la prueba asfixiante y estresante del embarque hacia destino final.

¿Los cabeceos a la pañosa o al capote son culpa de la enfermedad del enfundado? Si esto es así, antes de 2.005 ¿ por qué cabeceaban entonces? ¿Y por la indefensión que tienen se pelean menos? Ahí no, Sr. Antonio. Ahí no. Precisamente es cuando más se pelean. Está demostrado el aumento de las peleas por la reducción de cercados, por llevar fundas y no hacerse el daño de antaño siendo ahora eternas. Empujan y empujan sin parar. Mi cámara ha recogido seriales enteros de toros enfundados. Sin embargo, cuando caigo en las casas no manipuladoras, según su apreciación, apenas las peleas duran un instante, siendo además más peligrosas. ¿han visto toros muertos en el campo? Es una pena, una desgracia para un aficionado y en muchas casas se dan media vuelta, lo toman como ley de vida, algo natural y a otra cosa, cuando ese toro estaba a poco de ejercer su cometido. Un toro enfundado está continuamente picado entre sí, y ejerce la pelea con más brusquedad y empujan y empujan sin parar. Por contra los toros más tranquilos que he conocido en mi vida en el campo son los de Dolores Aguirre e Isaias y Tulio Vázquez, y que sepa siguen el método tradicional de no enfundar en ese hermoso paraje de la Sierra Norte.

Y definitivamente, las casas que enfundan, que son más de las que tiene Vd. en su lista de manipuladores, le dirán que gracias a ese “torturador” método los toros ya no van tantas veces al mueco, ya no hace falta 'arreglarlos' de sus estropicios, y claro que es importante el tema económico. Más aún, fundamental, si no por qué he podido ver en la primera casa 'fraudulenta', según su opinión, a los toros de Valencia desenfundados siguiendo con sus peleas y saltar el ganadero del defender a separar a los toros jugándose la vida.

Sepa que recibiré mil críticas, me llamarán de todo, seguiré siendo el defensor de las fundas, un mal aficionado, un manipulador colaboracionista, como si de los nazis en la Francia ocupada se tratara a los ganaderos y yo un renegado colaborador. Y la verdad es que lo lógico es no estar de acuerdo con las fundas y decir todo lo que dice Vd. que es lo fácil, pero es que mi sueño es volver a ser ganadero y por eso paso tantas y tantas horas como puedo en el campo aprendiendo de todo el mundo, manipulador o no, y acabas dando razones cuando te informan y detallan los porqués. Y respecto al Toro, opino que actualmente es el animal mejor preparado, comido, saneado, cuidado que lo que ha estado nunca, y los 'ganaduros' que dice, cobran lo mismo que hace quince o veinte años por sus lotes, mientras los piensos suben y suben, y es complicado perder quince toros de saca en año sin enfundar contra ninguno al siguiente, uno al siguiente, ninguno al siguiente....

Así que tiene razón, el tema económico es muy importante y por eso las ganaderías siguen cerrando la cancela, que es difícil sostener las pérdidas año tras año.





Hasta aquí llega la opinión del Sr. Arrizabalga sobre las fundas o, mejor dicho, sobre la opinión aquí vertida sobre ellas. Lo que yo pienso de las fundas ya lo saben, y no voy a entrar en la reiteración de explicar siempre lo mismo. Ya tienen dos puntos de vista, opuestos, para sacar sus propias conclusiones. Sólo quiero dejar claras algunas cosas, para que no haya malentendidos con el lector.

Primeramente, que nada de lo escrito en Uso y abuso de las fundas, está sacado de la inventiva, ni de la narrativa del género de ficción. Son opiniones cimentadas en entrevistas, coloquios, charlas entre gente del toro y aportaciones de los propios profesionales en medios de comunicación. No hay que irse muy lejos, últimamente el tema fundas está en el candelero. Este invierno, por ejemplo, en Burladero ganaderos anti y pro fundas participaron en una trilogía de reportajes sobre el tema. Hay mucho escrito por ahí, sólo es cuestión de bucear. Ayer mismo, en el nuevo Canal Plus Toros, durante el documental sobre Lagunajanda, Don Salvador de la Puerta indicaba que el tiempo en que sus toros estaban enfundados oscilaba entre ocho y diez meses, y que se les retiraban estos condones ortopédicos entre quince días y un mes antes de ser lidiados. El caso es que seis, cuatro, diez, nueve meses, qué más da. Es una cuestión de ética más que de aritmética.

Tampoco me gusta la hipocresía, y entiendo que no se puede comparar la manipulación del toro para ser enfundado con la manipulación humana que se produce al vacunar a un crio con dos años o la manipulación alimentaria de meter una pechuga de pavo en en un tupperware del Mercadona. Igualar en tratamiento al hombre con el animal es cosa de Mosterines y demás sacacuartos. Bajo mi punto de vista, de aficionado arcaico como ve, al toro cuanto menos se le toque, mejor. Usted me dice que el mueco se usa para más cosas, como los saneamientos, y es cierto, pero si es que por mí fuera -y por mucha gente, que no sólo es cosa del menda-  no habría tanto saneamiento, ni tanto mueco. Lo del biberón y el becerro, que yo lo he visto en Toros para Todos con músiquita como de película romanticona, lo veo más como una fábula facilona con mensaje para antitaurinos que como una realidad biológica. En mi dehesa ideal, ese becerro moriría, o cuando menos, si dijese de amamantarlo, nunca se lidiaría. Es duro, pero entiendo que es la ley de la naturaleza. Esa misma que cacareamos que es mantenida por la tauromaquia y sus ganaderías. 

Por no explayarme más quiero dejar claro que esa "canita al aire" que según Don Patxi, me marco con "la falta de oxigenación del pitón que provoca trombosis en los vasos que riegan la membrana queratinosa del asta", no es atribuible a mí, sino a Don Luis Alonso Hernández, veterinario colegiado y escritor -algunos de sus escritos pueden leerse en Veterinarios de Andalucía y Toros Tarifa-. Pero hay más, mientras junto estas cuatro letras, leo -enlazo más abajo- que Don Francisco Salamanca, Profesor de la Facultad de Veterinaria de la Complutense de Madrid y miembro de VETASE, anoche en el Aula de Tauromaquia del CEU, estuvo hablando de la influencia del enfundado sobre el toro de lidia, y aportó datos de un estudio, en el que analizó 2664 toros, con sus 5328 cuernos, y en el que habla a las claras de la "queratinización del asta por la falta de oxigenación". 

Sigo pensando que las fundas sólo hacen bien al bolsillo del ganadero, sin importarles lo que pueda pasar con el futuro comportamiento del toro y lo que piense el aficionado, que no lo olviden,  es el cliente, el verdadero eje de la Fiesta. 


Nota: Enlazo al blog del Rincón de Ordoñez en dónde se comenta la exposición de Don Francisco Salamanca sobre el enfundado citada anteriormente. Click AQUÍ.


jueves, 10 de marzo de 2011

Uso y abuso de las fundas







Han pasado ya más de diez años desde que Alfonso Vázquez, mayoral de Fuente Ymbro, destapara la caja de los truenos. O de las fundas. Mucho se ha dicho y escrito sobre tan macabro instrumento. Sin embargo, nadie se ha puesto a estudiarlo con detenimiento y mesura, utilizando los avances tecnológicos que hoy tenemos a nuestro alcance. Por no haber, ni se ha planteado un gran congreso en el mundo del Toro, en dónde se reúnan ganaderos, toreros, empresarios, veterinarios y sobre todo, representantes de los aficionados. Únicamente hemos podido asistir atónitos a entrevistas y reportajes en revistas temáticas y programas televisivos cuyo rigor y seriedad informativa dejan mucho que desear. En un mundo cerrado a cal y canto, como empieza a ser el taurino, morder la mano del que te da de comer, en este caso la del taurinismo –la mafia taurina- no es conveniente para las aspiraciones laborales de muchos. De ahí, salvando contadísimas excepciones, que la prensa del toro peque de farisea, falsa e impostora hasta límites cuasi antitaurinos.



Para empezar, hay que localizar la verdadera raíz del problema. No se engañen, no es una cuestión de mejorar la presentación del ganado; tampoco por hacer más cómoda la vida del toro en la dehesa; ni mucho menos por garantizar la sanidad e integridad del pitón. El motivo único y exclusivo por el que se enfunda es el económico. Y con el enfundado no cabe más que un beneficiario: el dueño de los toros, que ve como el tanto por ciento de sus ganancias netas se incrementa sustancialmente. Un dato: las pérdidas por un toro despuntado pueden llegar a ser hasta de 6000 euros mientras el presupuesto para enfundar una res es de 150. Más vale prevenir que curar… Todo sea por la pureza e integridad del euro.


Como podemos imaginar, razones económicas al margen, la utilización de las fundas no se sostiene de ninguna de las maneras. Es un afeitado encubierto, una manipulación en toda regla, se mire como se mire. Según la RAE, manipular, en su primera acepción, significa “operar con las manos o con cualquier instrumento”, también aparece como segundo significado del término el “trabajar demasiado algo, sobarlo, manosearlo”. El mismo Joselito, actual ganadero del Tajo y la Reina, que ha visto como sus toros han sido sancionados en Logroño por afeitado, no dudó en afirmar: “no he afeitado a ninguno de los dos toros que han dado positivo, aunque reconozco que sí los he manipulado para ponerles y quitarles las fundas”. O sea, que reconoce implícitamente que ya sea manipulando mediante fundas, o afeitando, el resultado en el pitón es el mismo.


Este mayestático fraude, repercute en el toro de lidia en dos grandes aspectos: el fisiológico y el psicológico. Físicamente, las defensas de un toro, en condiciones normales, deben de poder atravesar sin dificultades los 6 cm de grosor que tenían las maderas de olivo con las que antes se hacían las barreras. No hay que irse al blanco y negro, ni a las críticas de Corrochano para ver y escuchar sobre toros que derrotaban en plazas de talanqueras contra el acero de las rejas y tablones de hierro que hacían de burladero o en cosos antiguos de piedra sin astillarse lo más mínimo un pitón. Aún recuerdo aquella visita de Joaquín Vidal a Comeuñas, de la que salió un artículo que describía como un Cuadri huraño, de esos que viven apartados de la manada, se les arrancó al galope, destrozando un muro de cemento y ladrillo, llegando al camino, dónde Vidal, acompañado del fotógrafo y el ganadero, se guarecía bajo una camioneta de la cólera de la bestia. Sorprendentemente, o no, los pitones de aquel barrabás estaban intactos, y el murete de obra, destrozado. Hoy día es frecuente ver toros que salen astillados ya de chiqueros, pitones que se parten, como si estuviesen huecos, en el primer encuentro con el burladero o contra el peto del caballo y, lo que es más preocupante, es común observar como los pitones que se parten más abajo, por la pala, incluso por la cepa, no sangran y dan la sensación de ser un caparazón inerte y seco. Más que proteger el pitón, las fundas lo terminan enfermando, merced a la falta de oxigenación, que suele provocar trombosis en los vasos que riegan la membrana queratógena del asta.


Psicológicamente, la colocación de las fundas supone un maltrato y una tortura que el animal nunca olvidará. Hay que recordar que el Toro es un guerrero creado por el hombre genéticamente a través de una selección artificial llevada a cabo durante siglos. El mueco, ese garrote encargado de castrar todo movimiento y toda ansía de liberación del toro, es el primer “torero” que se encuentra el bicho en vida. Si torear es dominar la fiereza del bruto, tenemos que decir entonces que el mueco tiene más poder que Joselito el Gallo. El paso por la manga y el mueco supone un atentado a la integridad del toro, que se ve humillado, derrotado y vejado por el hombre y sus armas. Sólo lo olvidará cuando esté ya en el desolladero. Inmovilizado el cuerpo por barras de hierro, la testa sujetada por una especie de guillotina, los cuernos amarrados con una soga y por si fuera poco, con un harapo le causan ceguera. La poca o mucha bravura que tenga el negrito, ahí se queda, en el armazón de fierro, un año antes de salir a la plaza. Todo, por una bolsa de dinero más opulenta.


El maldito mueco esconde más peligros. Como la posibilidad que presta al ganadero de aprovechar la ocasión para “igualar” exageraciones o “arreglar” puntas que no están como se espera. No es normal la proliferación de toros astifinos que se han venido viendo en los últimos años, coincidiendo con el reinado de las fundas, en plazas de primera categoría, sobre todo en aquellas dónde la televisión está presente. Hemos llegado a un punto en el que es complicado ver una ganadería que presente no digo ya pitones mogones, sino normales. Todos pasan la prueba de “la foto”. Cabe la duda de cuántos pasarían la prueba del afeitado en un laboratorio. La moda de sacar punta a los toros también debería de estar tan perseguida como el afeitado. No es cuestión de quitar o poner; es cuestión de no tocar, no manipular.


El toro lleva las fundas en la dehesa durante los últimos diez o doce meses, antes de ser embarcado para la plaza. Los ganaderos correligionarios de las fundas juran por lo más sagrado, que entre quince días y un mes antes de ser lidiado el toro vuelve al mueco y las fundas son quitadas. En teoría, en esas dos-tres semanas el animal vuelve a tener una readaptación de las distancias. Reprogramación, como le he escuchado a algunos. La realidad es bien distinta. Durante el ciclo isidril del año pasado, en el cual fue rara la tarde en dónde no hubo lío de corrales y los cambios de ganadería por parte de la empresa fueron el pan de cada día, se dieron varios casos que desmontaron esta tesis. A través de la red, en diferentes portales y bitácoras, pudimos ver fotos de toros enfundados realizadas con menos de una semana de antigüedad, y que fueron lidiados días después en Las Ventas, bien como sobreros, bien completando corridas que habían quedado cojas. Se han estado retirando las fundas, para abaratar personal y trabajo, durante el embarque o bien en los corrales de la misma plaza, con lo cual no hay readaptación posible. Se quiten cuando se quiten, lo que está claro es que el toro pierde las distancias y el objeto. El ejemplo más claro lo podemos ver cada tarde en el ruedo que es dónde los motivos pesan, observando con más frecuencia de lo normal, como un metro antes de llegar a las tablas el toro está derrotando al aire o incluso viendo otros que miden mal y se estrellan literalmente, y sin ayuda de peones malintencionados, contra el burladero. Los cabeceos que tiran cuando persiguen bien sea la capa o la franela también son típicos de la enfermedad del enfundado.


Merced a esta indefensión que el mismo animal se nota al tener inutilizadas sus defensas, su vida en la dehesa, según los “ganaduros”, es más tranquila y las peleas dejan de estar al orden del día. Las muertes por reyertas entre ellos desaparecen totalmente, me dicen. Es una media verdad. En algunas ganaderías, pertenecientes a determinados encastes de manejo más fácil, las peleas se reducen notablemente. Pero, a costa de hacer del toro bravo un animal cobarde y apacible, que rehúye de la pelea porque sabe que no tiene con que atacar y ahí se siente como un rumiante del campo más. En otras casas, en las cuales se crían otro tipo de encastes con temperamento más agreste, también se han puesto fundas –en algunas se siguen poniendo-. Juan Luis Fraile, ganadero de los queridos “gracilianos”, hizo la prueba con sus santacolomas, y el resultado no fue el esperado: fue peor el remedio que la enfermedad. El número de cornadas internas, que son mucho más difícil de ver -entonces curar-, para el ganadero, la cantidad de patas partidas y otras lesiones le hicieron recapacitar y dar marcha atrás. Con fundas, las fuerzas de los toros en las peleas se igualan, lo que produce mayor encelamiento en la pelea, aumentando el número y la virulencia de éstas.


Tras el traspaso de la autonomía de la Tauromaquia del Ministerio del Interior al de Cultura, y la “humanización” hacia la que la sociedad va arrastrando la Fiesta, no es fácil para el aficionado pretender buscar leyes que prohíban el uso de las fundas, ni tan siquiera que persigan con vehemencia el afeitado. Lo que sí sería de agradecer es que en los carteles se anunciaran, como se hace con los rejones, sí la ganadería del día enfunda o no. Se ruega, por lo menos, informen. Porque esto de las fundas, al menos para unos cuantos aficionados, no es cuestión baladí.


Y es que corren malos tiempos para la lírica. Peores aún para ser Toro.






Nota: Esta tarde en la Facultad de Derecho de la Universidad San Pablo - CEU, aula 206, en la calle Julián Romea nº 22- el Profesor de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, D. Francisco Salamanca, ofrecerá por título una conferencia titulada "Influencia del enfundado sobre el toro de lidia". Los que no podamos asistir supongo tendremos noticias de ella en Toro, Torero y Afición.




 



martes, 8 de marzo de 2011

Feria de Abril 2011






Hace días que son oficiales los carteles de la temporada sevillana. No ha habido demasiadas sorpresas, no puede haberlas, ya que durante las últimas semanas han pasado por las quinielas taurinas todos los toreros posibles, que sólo les ha faltado a los plumillas de la profesión resucitar a Lagartijo y Frascuelo para formar una corrida de dinastía con Cayetano o Paquirri.  

Por abreviar, contaremos que Oliva Soto comparecerá dos tardes, una con Alcurrucén y otra con la del Conde de la Maza, exigida por el gitanito de Camas, empeñado en desmotrar que el arte y las venidas de las musas no están reñidas con el Toro con lo que tiene que tener un Toro. Salvador Cortés, torero con muchos partidarios, se enfrentará a los toros de Dolores Aguirre y Victorino Martín. Aguilar, Alberto, se presenta en Sevilla con inmejorables credenciales francesas. Cayetano, dos paseíllos, en su caso, dos pasarelas. Miguel Tendero, Rubén Pinar, Antonio Barrera o Tejela también están anunciados para mala suerte del aficionado. Las figuras continuan con el adocenamiento de la Fiesta: no verán sus nombres anunciados con ganadería que no provenga de las ruinas bodegueras. Daniel Ruiz, Jandilla, Garcigrande, Torrehandilla, Ventorrillo o Cuvillo son los hierros elegidos por la élite del escalafón.


Vuelve Fuente Ymbro, también repudiada por muchos, y que con buen tino ha escogido Talavante para dar el aldabonazo que reinicie su meteórica, pero frenada, carrera. Sabiendo como está el personal con el torero extremeño y las preferencias toristas sevillitas, de este casamiento puede salir el triunfo de la feria. La corrida del Pilar, con la lujosa alternativa de Esaú Fernández -¡que nombre tienen los toreros hoy!- sería de garantías de no ser porque anda Morante en el cartel, con Curro Vázquez haciendo y deshaciendo lotes por tierras charras a su antojo, con lo cual es una incógnita, chiquitita y cornigacha, la que salga por chiqueros la tarde del 3 de Mayo.
   

El Sábado de Farolillos torean Juan Mora y Curro Díaz, con el Fandi de acompañamiento. Se caen del cartel los mediáticos, los de putiferio y oro. Eché en falta el gesto del torero placentino de mandar a Canorea a coger lilas. Es una cantada por su parte la rajada contra la empresa y su valiente posicionamiento como revolucionario de la Fiesta -alzado a ese pedestal por la afición, quizás desmedidamente- para terminar sustituyendo a última hora al hermano mayor de Paquirrín. Pseudo torero que por cierto, se ha borrado del mapa por el cambio de ganaderías, no le gustó nada en el campo la corrida de Manolo González y argumentando que quiere torear en día que no sea sábado ha dado la espantá. Yo le hubiera ofrecido la del domingo, a ver si ese día es mejor... El caso es que Juan Mora, con la de palos que le han dado en el lomo, se ha dejado humillar de mala forma a estas alturas de la película.


Para el domingo, si Paquirri no se anima, nos queda la miurada que cambia con respecto a los últimos abriles. Veremos al domingo valderrama murciano, Rafaelillo, doctor honoris causa en la Universidad de Zahariche, compartir cartel con José Luis Moreno, que ya no sabe lo que tiene que hacer para entrar en ferias, y el mexicano Israel Téllez, al que muchos le están cincelando la lápida sin saber que aunque poco, algo ha corrido por Francia y no está tan verde como se puede pensar. Llegados a este punto hay que decir que se ofreció el puesto antes a Macías, que lo rechazó ipso facto. Por no sé qué criterios, el lugar del Cejas se ofreció a otro mexicano. Canorea no es de los que rompen la cabeza pensando. Sus jaquecas son de nacimiento.


Se echan en falta Urdiales, Sergio Aguilar, un mejor trato a Macías, y por qué no, el Pauloba en uno de los sitios que se rellenan al mejor y más barato postor. Peor me lo pone si vemos qué bien se trata a Aparicio, de corte similar y peor preparado para estas lides. Dolor de estómago causa percatarse de la falta de una novillada, por lo menos, con lo escasos que estamos de ellas, durante el ciclo abrileño.


Y no me olvido de Luis Vilches, que traerá el toreo, aunque suyo no sea el triunfo.



lunes, 7 de marzo de 2011

I Curso de introducción a la Tauromaquia práctica para aficionados






La pasada semana se presentó, con gran repercusión en prensa y medios, el I Curso de Tauromaquia para Aficionados Prácticos Taurinos. Dicho Curso se celebrará los días 20, 25, 26 y 27 de este mes de marzo en Espartinas y estará dirigido por Eduardo Dávila Miura.



Se trata de una oportunidad inmejorable de aprender y conocer los secretos del toreo de manos de profesionales de reconocido prestigio. El precio total del curso es de tan sólo 180 € e incluye:





-22 horas lectivas de tauromaquia (programa adjunto).


-Alojamiento gratuito en el histórico Monasterio de Loreto (Espartinas, Sevilla)


-Comida del domingo día 27 de marzo.


-Tentadero con varias becerras bravas para salir a torear.


-Diploma acreditativo como “Aficionado Práctico Taurino” por la Fundación Europea del Toro y su Cultura.




Esta iniciativa, pionera en Sevilla y en Andalucía cuenta con el apoyo de entidades e instituciones como Territorio Toro, Revista “Siglos de Toros”, Fundación Europea del Toro y su Cultura, Fundación Andaluza de Tauromaquia y el Excmo Ayuntamiento de Espartinas.



Os comunicamos que están disponibles las últimas plazas del curso. Afortunadamente, estamos teniendo muy buena acogida por lo que, en caso de querer inscribiros, podéis hacerlo a través del correo aficionadospracticos@gmail.com o informaros mejor mediante los teléfonos 654 497 012 y 605 018 400.



Reserva ya tu plaza mediante ingreso en c/c 0049 1256 31 2790103194.



www.aficionadospracticos.blogspot.com


"Atrévete a sentir la magia del toreo"





Pincha en las imágenes para leer el Programa del Curso:







domingo, 6 de marzo de 2011

Uno de los nuestros XVI: Isaías y Tulio Vázquez

Tulio lidiado en la chata de Vista Alegre en 1973 por Pedrín Benjumea y que viene a desdecir las teorías cuvillomasónicas del toro carabanchelero






"LOS VÁZQUEZ", TODA UNA VIDA GANADERA




Para explicar la historia de "Los Tulios", hay que pasar muchas hojas hacia atrás en el calendario, hasta llegar al año 1935. Fue entonces ciando Isaías y Tulio Vázquez Román, el mayor y el menor de una familia numerosa de seis hermanos, compran un lote de reses del antiguo hierro del Marqués de Guadalest, que por esas fechas era propiedad de Don Joaquín Murube Turmo. A la conclusión de la guerra civil española echaron "los cimientos", al añadir 50 vacas, 20 éralas y añojos conjuntamente con los dos sementales "Grillito" y "Nocheysol", de Magdalena García Nátera, una de las hijas del prestigioso ganadero sevillano Don Antonio García Pedrajas, de pura estirpe Ibarra-Parladé.



Los hermanos Vázquez Román se estrenaron como ganaderos el 26 de octubre de 1941 en el coso de Valencia, y en muy poco años sus astados lograron una aureola de prestigio en las plazas de mayor relieve. No tardaron mucho en presentarse en Sevilla, donde el 18 de Julio de 1943 en la Maestranza el toro "Gamito" fue premiado con la vuelta al ruedo tras una brava y emotiva pelea. Lo mismo ocurriría el 23 de julio del año siguiente con "Topinera", nombre de éxito en una ganadería hermana a ésta, la de Maria Luisa Domínguez y Pérez de Vargas. El 19 de junio de 1946, acuden "Los Tulios" a la plaza vasca de Bilbao, se trata de una imponente y brava corrida, en la que los toros "Torbisquero" y "Acaudalado" reciben los máximos honores del pañuelo azul. En las Ventas, en Madrid, se presentan y toman antigüedad la tarde del 13 de 1948, con una soberbia novillada, en la que "Boticario" da la vuelta al ruedo en el arrastre, y "Cantarrana", "Frutero" y "Confitero" son fuertemente ovacionados. Esta racha de triunfos sonados, a los que se podría añadir el de "Caballero", el 28 de agosto de 1949 en Bilbao, disparan el cartel de los toros pedrajeños, y hacen de estos sus años más gloriosos.



LA EXTINCIÓN DEL PATRIARCADO



En 1956 Don Isaías fallece, anunciándose posteriormente la vacada a nombre de sus herederos y de su hermano Tulio. Los años sesenta, caracterizados por un nuevo relajamiento en la presencia y la casta del toro, no registran espectaculares éxitos para "Los Tulios", salvo una extraordinaria corrida lidiada en Madrid el 11 de abril de 1965, que fue estoqueada por Paco Herrera, Orteguita y José Luis Barrero. Los ganaderos sevillanos presentaron aquella tarde seis toros finos, lustrosos, con desarrollada y afilada cornamenta, que tomaron más de veinte varas; sus nombres fueron, por orden de salida, "Quemador","Neblino", "Quebrantable", "Quinto", "Unitario" y "Undécimo". El cuarto de los ejemplares fue premiado con la vuelta al ruedo.



Desde finales de los años sesenta, tras la muerte de Don Tulio, la divisa pertenece a los herederos de Isaías Vázquez Quintanilla. Tras una notable reducción operada hace algún tiempo, la vacada tiene alrededor de 150 madres y un número variable de sementales entre seis y siete, que dan tres o cuatro corridas de toros y un par de novilladas por temporada.

Este hierro ganadero siempre se caracterizó, por el trapío, poder, bravura y temperamento de los astados que con esos mimbres siguen hoy en día marcando la admiración de los públicos, gozando del respeto de los toreros y los taurinos, que sobre él tejieron una aureola de "terror" injustificada.

Esto sigue provocando en la actualidad el destino de esta soberbia ganadería a plazas de pueblo, ferias de segundo orden o carteles modestos en cosos de primera.




LOS TOROS PEDRAJAS



No se puede decir que los toros de Isaías y Tulio Vázquez sean mejores o peores que los de otras ganaderías, pero sí tienen una característica que los hace únicos: la sangre de Pedrajas que corre por sus venas, les da una casta y una movilidad diferentes a las de cualquier otra ganadería, que les han hecho triunfar en todas las plazas en donde estos toros han sido lidiados.



A tenor de los pelos y hechuras de estos toros se deduce que la sangre pedrajeña ha sido la única que se mantuvo, dando animales finos badanudos, musculados, anchos de frente, bajos y bien armados. Con la peculiaridad de presentar en el cuerno, un color verdoso con pintas oscuras muy típico del encaste "Parladé", "Gamero-Cívico" e "Ibarra". Extendiéndose desde la mazorca hasta el pitón y comúnmente descrito como "huevo de pato". El arranque del rabo lo tiene muy arriba con la caída del mismo hasta el suelo, suelen ser finos de manos y caracterizados en general por su ligera estructura ósea.



VACAS DISTINTAS



Desde siempre, la vacada de "Los Vázquez" se diferenció de las vacas que podían hallarse en las fincas próximas, como "Bucaré", de los Buendía, "Isla Mínima", de Escobar, "Juan Gómez", de los Urquijos, o "Los Arenales", del señor Conde de la Maza.



En los chiqueros de la plaza de tientas de "Valdevacas" podían verse unas utreras gordísimas, con pelo negro, reluciente y con unos pitones astiblancos finísimos. Durante los tentaderos, las vacas ponían de manifiesto una fuerza, una velocidad en la embestida y unas casta que nada tenían que ver con todo lo que se puede encontrar en la inmensa mayoría de las ganaderías españolas.



Las vacas, en líneas generales, se distinguen por ser muy cornalonas, con la frente muy pronunciada, aunque al igual que los toros, suelen ser finas de piel, rabo y huesos. En su pelaje abunda el chorrera, negro y entrepelao.



EN LA PLAZA



Finalizando nuestra larga jornada de campo, después de recorrer los distintos cercaos de la finca, nos adentramos en el amplio y viejo despacho de la casa ganadera. Es aquí, donde el buen Isaías nos relata y desvela en exclusiva las causas del comportamiento de sus toros en las corridas.



"Mis toros, en general, desde que salen por la puerta de chiqueros muestran una lógica desorientación, ya que no prestan una total atención al capote desde un primer instante.

A estos toros hay que enfadarles, con moderación y es quizás, en el primer puyazo donde el toro se cuaja de verdad. En la muleta existen dos versiones, pese a que los toros nunca humillen y siempre mantengan la cara a media altura; puede darse el caso de un toro que se brinde muy pronto a los cites con una especial suavidad y nobleza en su embestida. Con respecto al segundo tipo, éste no es tan boyante y andarín, pues quizá no te permita la situación anterior de poderte equivocar y rectificar. Hay que hacerle las cosas de forma decidida y evitar trompicones desde un primer momento".




 

viernes, 4 de marzo de 2011

Así se mendiga un indulto

Toros en Valverde del Camino



Me cuenta mi amigo Pablo, granaíno de cuna, nervense de adopción, los escabrosos detalles del circo montado hace unos días en Valverde del Camino. Se "celebraba" la inauguración del moderno callejón. El hechizo de la vieja plaza de toros de Valverde, que data de 1828, con sus ilustres burladeros y el Toro Toro que los quebrantaba, a tomar por saco. Que le pregunten al alcalde.

Son los nuevos tiempos, los mejores, dicen los que quieren seguir parasitando al toro en el siglo XXI, y a eso hay que resignarse. Los cuadris, prietos de la cal o adolfos han sido sustituidos por una birria de los Hnos. Sampedro de los que creo no habrá que especificar a que encaste pertenecen. Mucho se ha hablado a raíz del festival de Vistalegre, de la necesidad de que cierto grupo de aficionados entienda que cada coso taurino ha de tener su propia personalidad. Y bien verdad que es. Pero esa certeza no sólo reside en el tipo de toro que sale por chiqueros, las exigencias desde el tendido, la alegría del palco o la autonomía de la banda de música. Y no veo que pongan el grito en el cielo con el mismo énfasis cuando mutilan este ruedo onubense o cuando se aprobó el caro proyecto de poner cubierta a la plaza de toros de Valencia.

El caso es que no se habla de otra cosa que no sea el indulto, por parte de un Ferrera que sacó el javierconde que muchos toreros llevan dentro, a una ratita bodeguera. Nadie en la plaza pidió el perdón del roedor, que dió varias veces con sus bigotes en el suelo. El torero, que se encuentra sin confianza con la tizona, y dió un mitín en el primero entrando a matar, pidió el indulto con el único objetivo de no tener que volver a pasar nuevamente por el trance. Un ganadero mendicante y una presidencia inepta hicieron el resto. Las pruebas, un vídeo publicado en Ambitoros.

Así se mendiga un indulto.


jueves, 3 de marzo de 2011

La salida del toro




Antonio Bienvenida
El Ruedo



Se acabó el prólogo. La seda se refugió en los barandales de las barreras. El clarín agudo acaba de poner calma en el tendido; expectación en las ballas, inquietud en el espectador, desasosiego en el torero. Todas las miradas quieren converger a la par en un sólo punto. En el portón de los sustos. Como en esos escenarios donde al proyección de luz va recordando la siuleta de la cantante, en el reducido plano -antes de lo imprevisto- de la puerta del toril, se acaban de dar cita todas las miradas. Va a salir el toro. Pero no sale de una manera vulgar y corriente. Le acompaña un rito. La ceremoniosa actitud del encargado de los toriles, quien, pausadamente, se adelanta unos pasos, como el guardameta celoso, de su marco, mira a la derecha, luego a la izquierda, otea al fin en un mirada circular que barre todas las faldas de la roja barrera, y consciente de su responsabilidad, satisfecho previsión, descorre a una mano el grueso cerrojo.

Y... La salida del toro, fuente de inspiración de poetas y pintores, es ya motivo de honda preocupación para el torero de turno. Diríase que de su primera impresión, del choque primero con su negra mole -el color preciso del pelo del toro llega a nuestra retina más tarde- depende de nuestra felicidad o nuestra desgracia.

Si es de verdad que la vida lo que manda es la simpatía; si es cierto que amistades profundas, amores eternos, fundamentaron sus cimientos en la teoría popular del flechazo, no es menos cierto que de la simpatía o antipatía que le produzca a un lidiador, este su primer encuentro visual, depende en gran parte el acierto o desacierto de sus faenas.

Aunque palabras veraces, consejos inteligentes, pronósticos técnicos, le hayan hecho creer a uno, en la mañana, terminando el sorteo, que el toro tal o cual es así es asado, la verdad, lo único intangible, es que hasta que el toro no acaba de salir y se nos presenta tal cual nuestra ojeada lo estima, no se hace en nosotros esa materia de juicio que nos permite alentar o nos sume en el descontento. Un segundo -¡qué dificil es determinar este pedazo de tiempo!- después que el toro está en la Plaza, nuestra mirada, cierta ya en el tono de embestida, en su probable característica de pelea, se tropieza con la mirada del toro. ¿Qué dirán sus ojos?

No hay tiempo para traducir.

Ya está en el tercio, esperando, desafiante, nuestra decisión.

Y ya estamos delante de su furia.

Pero la luz de su mirada, en aquella primera salida al ruedo parece acompañarnos. Es como una invitación o una cadencia. "Miraba tan noblemente -nos queremos escuchar- que quizá nos tome el capote inocentemente".

Y en ese "quizá" de la salida del toro está en juego todo nuestro porvenir.

Este trascendental momento de la lidia tiene para nosotros los toreros otra mayor estimación. Y es que es, sin duda, el momento en que el torero vive desligado del público, sin la presión de su mirada vigente. Durante la salida del toro no hay más objeto preferido que ése: verle salir impetuoso y esperar que nos tome el capote, porqué quizás en ese segundo...

martes, 1 de marzo de 2011

Pepín Martín Vázquez




Ha muerto Pepín Martín Vázquez. Aunque me hace más feliz referir que su corpus torero, ese organismo emporio de gallardía, zurcido a cornadas, lleno de varetazos fruto de los trillones de palmadas con los que sus devotos lo adoraban e infinitamente zarandeado por entusiastas del arte de lo inexplicable, ya no alumbra vida. Porque es difícil que su recuerdo muera alguna vez, a pesar de que la mala sombra y el desprecio vandálico que tiene desde nacimiento este maldito país, lo hayan sepultado y deshonrado en vida.

A estas horas la Giralda, que es partidaria, luce luto con mantilla mientras el Guadalquivir, que mece sus aguas con la misma templaza, naturalidad y hondura que las telas el hijo del señor Curro, llora sus penas en la orilla. Madre biológica de musas, duendes y demás criaturas sobrenaturales, Sevilla, está de velorio. Uno de sus hijos pródigos, vástago de la calle Resolana que con su savia, derramada en ritual sobre el albero, regó cada centímetro cuadrado de terruño hispalita y avivó la Historia de una ciudad que no tiene parangón en el mundo. Mentira es lo que viejas coplillas arrabaleras y la lírica palmera de tan desmedido uso cantan, que Sevilla sea especial por el olor a azáhar, a incienso o cera ardiendo. Como si naranjos en flor, misas de doce o cera para hacerse las ingles brasileñas no hubiera en China, Villanueva del Trabuco o las Vegas. Que hasta al más pintao se le pongan vellos de punta cada vez que cruza la inamovible frontera que divide Sevilla y el resto del mundo tiene que ver con que uno entra en la querencia de Velázquez, la Roldana, Gustavo Adolfo Bécquer, los Machado, Joaquin Turina, Rafael de León, Ignacio Sánchez Mejías, Juan Belmonte o el mismo Pepín, sin reparar en Don Juan Tenorio, el Maese Pérez o el barbero de Sevilla, que después de unos cuántos siglos siguen con sus invisibles serenatas por callejuelas que para ellos nunca cambian. Así que aplíquesen el cuento quienes correspondan y se den por aludidos: respeten, homenajeen y guarden culto -a poder ser en vida- a aquellos que a su ciudad le dieron la fama y no se partan la camisa con cosas pueriles que carecen de valor.

Mis retinas no lo vieron, pero cuentan que Pepín Martín Vázquez supo dar con la receta alquímica que muy pocos han sabido encontrar. En ella se mezclaban el salero, la gracia, el arte quincallero, y todo tipo de adjetivo primoroso que se pueda aplicar a la tauromaquia, con el valor, la ética, el mando, la lidia y el clasicismo, salpimentado siempre con unos quintales de alegría marca de la casa. Diferente en todo, tomó la alternativa en Barcelona, de las manos de otro que de torería no iba corto: Domingo Ortega. El toro con el que se examinó como Doctor del Supremo Arte se llamaba, lo que son las cosas, "Partidario", seguro a sabiendas de la suerte que había corrido en el sorteo de ser honrada su muerte por el que será uno de los precursores de la gracia sevillana. Era un Alipio. Hoy apenas quedan partidarios, casi ni aficionados, Barcelona no verá más alternativas y los alipios, emblema de Salamanca, luchan como pueden por seguir siendo. Los tiempos cambian que es una barbaridad.

Tres años estuvo en la cúspide taurómaca hasta que un cornalón en Valdepeñas casi le cuesta la vida. Manolete, con el que compartía cartel esa tarde, le hizo el quite. Diez días después, en Linares, Manolete no tendría quien le devolviera ese quite. La historia se escribe así, en renglones que tuercen los negritos. Por su manera de torear, cobró mucho, y no me refiero a las bondades del empresario con el torero, sino a las maldades del Toro con su matador. En fín, qué decir que no se haya dicho ya.

Lo triste de verdad no es la muerte a los ochenta y tantos años de un hombre que ha vivido con grandeza, como ha querido. Es ley de vida. Lo que me apena y me revuelve las entrañas es que de aquí a unos meses, un ejército encorbatado, raya diplomática, olor a pachuli y miles de lágrimas de cocodrilo, irán al ministerio, o vaya a saber usted donde, a otorgarle una medalla a título póstumo a una persona que ha vivido casi noventa años y que llevaba retirada de su oficio más de medio siglo.

Que se metan la dichosa medalla en lo más hondo de sus Bellas Artes.