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lunes, 6 de febrero de 2012

¡Venga, Don July!

Tadeo Alcina. Aplausos

















¡Venga, Don July! se escuchó clamar a un entusiasta julyanista, que allá en el embudo de Insurgentes, son legión. Era durante el turno de quites al primero de la tarde. Un bichejo infame, de embestida nauseabunda, que nada más salir por chiqueros traía en su chocho galopito los espamos de la muerte, mientras su carita nos conmovía con una expresión que hubiese hecho llorar de pena a Hannibal Lecter. Un feto feo hasta para desecho de tienta, un mulo, pony más bien, sin una gota de sangre inflamable por las venas, desiertas del pasaje de la casta, cuyo argumento para saltar a una plaza de toros no se entiende: su comportamiento no trae el miedo, su trapío no goza de respeto, y la leyenda de su hierro es un chiste de leperos. Uno de esos toros que cada vez que salen bien merecen un brindis por la razón que llevan los antitaurinos.

El seguidor azteca, mientras se mesaba los bigotes relamiéndose del gusto, afortunado él, viendo una serie extraordinaria de zapatillazos, circulares, arrimones, desplantes, martinetes, y demás sainetes circenses, no se podía imaginar que un rato antes, al otro lado del charco, un paisa suyo, Sergio Flores, en Valdemorillo había matado, a pesar de pertenecer al escalafón inferior, a los padres de "Quinientos años", al que así bautizaron, como una condena penintenciaria, pobre bicho. El caso es que tras una voltereta y una faena dramática mal fingida, como un culebrón venezolano -no es creíble que el gusarapo utrero diera tanto miedo- le dieron al de Velilla las dos orejas. 



Faena con la que se les abren las carnes a los revistosos. Tadeo Alcina




















A la muerte de su segundo, éste apodado con gran erudición como "Arte" -el Juli desorejó el Arte, el Juli estuvo importante con el Arte, el Juli cuajó el Arte- le darían otro par, cuatro pelúas en total, por una tarde plena en decrepitud, con una exhuberancia pornográfica de las vergüenzas de la Fiesta, del cobismo de las figuras, redondeada con la triste y abolicionista suma del analfabetismo taúrico de los públicos y el chabolista desaucio del Toro como eje de la tauromaquia.

Cuántas tardes habrá echado el bueno de Sánchez Vara en esos pueblos castellanos de dios, con unos toracos que no cabían en la plaza, lejos de los flashes de las cámaras y las blackberrys de los revistosos. Cuántas veces habrá acabado a los lomos de belcebús de ganaderías que no salen ni en el Cossío. Cuántas veces, yo lo he visto, se han reído de él porque "no tiene arte". Cuántas faenas le ha ridiculizado la crítica por el exceso de martinetes, circulares y desplantes. Cuántos Toros ha matado uno, y cuántos becerros el otro.

Y cuánta diferencia entre nacer con estrella y hacerlo estrellado (o que te estrellen).



viernes, 28 de octubre de 2011

Tó pa ná

Talavante en Tlaxcala Mundotoro






Cifras, dineros, porcentajes, derechos, convenios,
comunicados, reuniones, abogados:  
tó pa ná. 



jueves, 10 de febrero de 2011

Aquí hay gato encerrado (nunca mejor dicho)




Lo cuenta bien en el Mundo de anteayer Zabala de la Serna: algo huele a podrido en los últimos triunfos de las figuras europeas en la México. Ponce, Castella, Juli y Perera han logrado sus conquistas con el mismo material que se llevan los párvulos de la tómbola del pueblo: con el torito de regalo. 

Indultos, el de Castella, -del morito que donó, se entiende-; rabos, el de Guapetón, que se llevó el July; la enésima renovación de Ponce como consentido de la México, sin dar un paso atrás: no dudó en regalar el ¡noveno! de la tarde. O ya de la noche; y lo último, la ofrenda de Perera, que falló a espadas y perdió los máximos trofeos del peludo obsequio.

Esta compra-venta de triunfos hace años que en España, a Dios gracias, está prohibida.

Al aficionado mexicano, solo decirle que no se lleve a engaños: los sobreros de regalo no son más que las limosnas de unos privilegiados que creen estar por encima del bien y del mal.



martes, 1 de febrero de 2011

Guapetón...

Guapetón, según las Brigadas Amarillas




... era su nombre, a pesar de ser más feo que Francisco Picio, pobre de cabeza, manso, justo de fuerzas y para colmo, regalado. Un puyazo con carioca tomó. Lo de Guapetón, sería por lo toreable, que es término bien guapo para los que ven el toreo como un baile regional. Así fue quitado por navarras. Ya con la franela acudió al cite con prontitud, derrengado, con la lengua lamiendo la arena, sin causar molestias al Juli, que le dió fiesta con su habitual tauromaquia, basada en el temple de lo ya templado y el dominio de lo ya dominado. Muy teatralizado todo, eso sí. La largura de los muletazos chocan de frente con el apocamiento de la suerte, descargada una y otra vez por norma, nunca enfrontilados toro y torero. Toreo por alto, circulares, invertidos o no, martinetes y molinetes. Derechazos poligoneros, en cantidades industriales. Y el toreo esencial, que brilla por su ausencia. Lejos quedó aquello de los veinte naturales por bajo. Ahora asistimos atónitos al número de la noria romana, en la que un pollino da vueltas alrededor de "la maquina" con el objetivo de rescatar del pozo un puchero con agua. Ese jumento, mal que bien, sacaba algo de la alberca. Guapetón, que de burro tenía su comportamiento, se hartó de caracolear en circulos infructuosamente, incapaz de sacar casta de dónde no hay. No sé las vueltas que daría sin decir nada con su embestida.

Un julipié le quitaría la vida a este Guapetón, que acabó sin rabo. Mal asunto.






martes, 11 de enero de 2011

Inauguración de la Monumental Plaza de toros México

   
  
Silverio y Manolete. *




La historia de la Plaza México resulta apasionante y llena de momentos que han hecho de éste escenario Monumental uno de los más importantes del mundo. Lo es por su cupo indudablemente: 45 mil espectadores.

La idea de su construcción fue concebida por un singular y visionario empresario de origen libanés nacido en México llamado Neguib Simón. Utilizó en la construcción de la plaza y del estadio ubicado a uno lado de ella –llamado Ciudad de los Deportes– toda su fortuna. Ambas construcciones se encuentran a sólo unos de metros de la Avenida de Los Insurgentes, la más importante de la ciudad de México.


Para los aficionados acostumbrados a ver las corridas en el Toreo de La Condesa, ubicada en la colonia Roma, cerca del centro de la ciudad capital, la lejanía del coso resultó un punto relevante, además del aparentemente poco taurino diseño y el costo del boletaje. Se hablaba en 1946 que los costos de los boletos para el festejo inaugural nunca habían sido vistos. Una barrera de sombra costaría cincuenta pesos.


La plaza de Toros México contaba con 49 filas además de los palcos. A pesar de la grandeza en la que nacía muchos deparaban un escaso éxito al proyecto hecho realidad por el ingeniero Modesto C. Roland en medio de una enorme ladrillera ubicada la sur de la Ciudad de México.









Antigua plaza El Toreo de la Condesa. *

 



En medio de la repulsa general La México estaba por nacer. Fue bendecida por el Arzobispo de México, Dr. Luis María Martínez quien dio la primera vuelta al ruedo.

Llegó la fecha del 5 de febrero y la plaza llena en su totalidad acabó con los negativos vaticinios.


Para tan señalada ocasión un cartel de postín: Luis Castro “El Soldado”, Manuel Rodríguez “Manolete” y Luis Procuna, diestros nacidos en los barrios capitalinos de Mixcoac y San Juan de Letrán, y un afamado diestro cordobés. Mataron un encierro de la ganadería prócer mexicana de San Mateo, de don Antonio Llaguno.


A pesar de la puntualidad del inicio de las corridas de toros y dadas las condiciones de la inauguración, el festejo dio principio diez minutos tarde. La mayor parte de los aficionados no encontraban la plaza, primero y después no daban con su localidad en los enormes tendidos de la misma.


El paseíllo fue encabezado por cuatro alguacilillos. Un enorme arreglo floral adornada el ruedo. Desde ese primer festejo ese adorno fue patrocinado por una casa productora de llantas.


El primer capotazo lo dio “Chato” Guzmán. El primer puyazo fue de José Noriega “El Cubano”, quien sufrió también el primer tumbo. El primer par de banderillas fue de “Chato” Guzmán. El primer muletazo y primer faena, la primera estocada y primer descabello, de Luis Castro “El soldado”, primer espada, quien vistió un terno marfil y plata.


El primer toro se llamó Jardinero, número 33, cárdeno oscuro caribello, al que le abrió la puerta de toriles José Medina.


“Manolete” cortó una oreja al ejemplar corrido en segundo lugar llamado Fresnillo. Para tan señalada ocasión el Monstruo de Córdoba vistió elegantemente de tabaco y oro. Fue la primera oreja en la historia de La México.


Luis Procuna cortó la segunda al tercero de la tarde llamado Gavioto, fue el primer apéndice para un torero mexicano.
Peregrino, quinto de la tarde fue devuelto. Para el ganadero, de manera indebida. Monterillo lo sustituyó. “Manolete” dio vuelta al ruedo a pesar de haberlo pinchado hasta en cuatro ocasiones.


Gallito fue corrido en cuarto lugar, en sexto Limonero. La tarde significó triunfos para “Manolete” y Luis Procuna. No para “El soldado”. Para las primeras corridas las localidades de barrera fueron improvisadas con unos asientos de tule. Sobre uno de los túneles aparecía el palco de la Autoridad. Esa tarde inaugural fue ocupado por Carlos Zamora, juez y Rosendo Bejar, quien cambiaba las suertes.




* Fotos publicadas en la Aldea de Tauro, del amigo Xavier Gonzalez Fisher. 

lunes, 11 de enero de 2010

Saqueos por América


Ponce sentando cátedra en Guanajuato. También cruzó el charco con el serrucho en el esportón.



Payaso, de la ganadería de Carranco. Lidiado por Pedrito el Capea en el DF. Mirada asesina.



JT toreando en Lima a un pariente emigrante de Idílico.



Finito en Lima. ¡ Ooooooolé!




El Fandi, en la México, más arte no se pué tener.




Una dura batalla de El Cid en Lima. Riánse de la de Rincón con Bastonito.




Castella, mandón con la muleta, toreando un pavo la mar de astifino.




¿ Céret ? ¿ Vic Fezensac? ¿ Cenicientos?




Rondeño, lidiado la tarde de la confirmación de alternativa de Cayetano en el DF.






Fotos: Landín-Miranda, Tauromaquias, Burladero.com, Suertematador.com.


jueves, 8 de octubre de 2009

Michelito Ponce




El otro día el chavea Michel Lagravère, conocido en el mundo taurino como Michelito, se hirió accidentalmente con una banderilla al entrar a matar a su becerro. Se quedó clavada la banderilla en su mano y fueron necesarios algunos puntos de sutura. El hecho en sí no tiene ninguna importancia, pero viendo el vídeo , colgado en innumerables medios y que yo vuelvo a colgar por si alguien no lo ha visto aún, me vuelven otra vez los viejos fantasmas y muchísimas dudas. Por mucha afición que tenga el chaval y por muchas cualidades innatas que tenga para el arte de torear, sigue siendo un niño. No me gusta ver los llantos y quejas de Michelito cuando se clava la banderilla, ni tampoco como sus dos subalternos le dan al crío un fraternal beso cuando sale de la enfermería... Me descoloca y me aturde, el toreo es otra cosa, esto no deja de ser un circo montado por un padre frustrado que proyecta sus ilusiones en un niño que es una marioneta en sus manos. Ya sé que ejemplos de niños toreros hay mil, pero lo de Michelito ya clama al cielo, se ha convertido más que en un torero en un show del disparate. Cualquier día la mujer barbuda deja el mundo del circo y se mete a torero. Seguro que llenaría plazas enteras. Los datos de Michelito esta temporada son estremecedores: hasta la fecha, 62 corridas, 89 orejas, 11 rabos y ¡ojo! 4 indultos. Ruego al padre le cambie el nombre artístico por Enriquito, con esos números es el pequeño Ponce.

Dejando bromas aparte, de las cualidades innatas del jovenzuelo no se puede dudar, tiene algo que lo hace diferente, al igual que hay imágenes de un chavea virguero con la pelota, llamado Diego que luego pasó a ser Maradona o de un muchacho afroamericano que bailaba raro que pasó a la historia como Michael Jackson. La solución está en que Michelito siga disfrutando y aprendiendo del toreo, pero como se ha hecho toda la vida, en tentaderos , en capeas, en las escuelas taurinas y de vez en cuando en algún festejo aislado. Pero lo otro, lo del maratón de corridas para llenarle los bolsillos al padre es una locura, un sinsentido que la gente del toro no debería de consentir. Ya puestos en ganar dinero a cualquier costa, que se encierre con seis Juan Pedros en Las Vegas, seguro que sería el súmmum para muchos.